Antifascistas

viernes, 22 de abril de 2011

73 años




Setenta y tres años separan estas dos imágenes (la de la arriba está tomada en 2010 y la de la abajo en 1937). Toda una vida. Se echa en falta -y mucho- al hermano mayor; pero es ley de vida ir dejando este mundo. Lo importante es vivir bien los años que te tocan y, a ser posible, dejar algo detrás.
Las personas cambian, la playa es lo único que parece inalterable. La misma playa en la que jugó mi padre, donde jugué yo, donde juegan mis hijos...

jueves, 21 de abril de 2011

Sobre opciones de audio

Estaba ayer viendo la final de Copa por TV3 y escucho a los locutores informar que en una de las opciones de audio se puede seguir el partido en aranés. El aranés es una variedad del idioma occitano hablada en el Valle de Arán (norte de Lérida, Cataluña). Desde hace un año aproximadamente es lengua cooficial en Cataluña, y de utilización preferente en el Valle de Arán. El número de personas que lo tienen como lengua materna es de 2765 (datos tomados del artículo sobre el aranés en la wikipedia).
Me llamó la atención la posibilidad de escuchar el aranés e inmediatamente empecé a buscar en los canales de audio hasta dar con la emisión en dicho idioma. Estuve escuchando un ratito esa lengua, desconocida para mi, pero comprensible (bueno, se trataba de la transmisión de un partido de fútbol, quizás me planteara más dificultades un discurso más complejo) e, ingenuo de mi, me puse a buscar entre los otros tres o cuatro canales de audio el canal en castellano ¡no había! De los cuatro o cinco canales disponibles todos estaban en catalán excepto el que acababa de escuchar en aranés.
¿Por qué no se daba el partido en TV3 en castellano en alguno de sus canales? Sin duda se me dirá: "Si lo querías seguir en castellano podías sintonizar la 1, que también daba el partido". Pero ese no es argumento. Si vas con el Barça prefieres una transmisión en la que notas como el locutor suda cuando se acerca el Madrid a la portería que ayer defendía Pinto y, por el contrario, se alegra cuando el Barça marca un gol; prefieres seguir una transmisión apasionada a una transmisión neutra (que supongo que es la que se pretendía en la 1, no lo sé porque seguí el partido por TV3). ¿Por qué los millones de catalanes que tienen por lengua materna el castellano (lengua también oficial, de momento, en Cataluña) no pueden ver en la televisión de todos los catalanes el partido en su idioma si existen recursos técnicos para ello?
Quizá alguien piense que esto no deja de ser un tema menor; y ciertamente lo es porque no creo que ningún castellanoparlante tuviera ayer disgusto alguno por no poder ver el partido de "su" Barça en castellano. Ahora bien, si es menor el tema no lo es la respuesta a la pregunta que hacía en el párrafo anterior. La respuesta a esa pregunta sí que es importante y tiene consecuencias que van mucho más allá de la transmisión de un partido de fútbol. La respuesta, la tremenda respuesta es que quien tiene que decidir sobre estas cosas piensa que el auténtico seguidor del Barça ha de sufrir o alegrarse con él en catalán o en aranés, no en castellano; piensa que solamente se puede ser catalán en catalán o en aranés, no en castellano; piensa y actúa como si el idioma castellano fuera un cuerpo extraño en Cataluña. Y esto no es un tema menor.

lunes, 18 de abril de 2011

El principio del fin de la sanidad pública

Día de vacunas. Hoy tocaba que los mellizos (de dos años) se pusieran la vacuna de recuerdo del Prevenar. Se trata de una vacuna que no asume la sanidad pública, aunque es frecuente que los pediatras la recomienden. Claro, si tu pediatra te dice que mejor ponérsela al niño, pues qué vas a hacer; se la compras. Nos fuimos a la farmacia y compramos las dos dosis (cada niño ya se ha puesto tres de estas vacunas; como digo, hoy tocaba la de recuerdo), pagamos los 160 euros que costaban y nos fuimos al CAP. Allí la enfermera nos dijo que desde hacía unos meses se había establecido que nos tenían que cobrar por ponernos la vacuna. Nos quedamos un poco de pasta de boniato; pero qué vas a hacer, le dices que adelante y ya está. A la salida nos acompañó al mostrador de información donde nos cobraron la operación.
El precio de cada vacunación fue de 7,80 euros (15,60 los dos niños). Todo bastante cutre. Echamos como un cuarto de hora para que salieran las facturas, no nos hicieron recibo, sino un simple "pagado" a boli sobre la factura y, además, nos dijeron que teníamos que abonar el precio exacto (ni tarjeta de crédito ni vueltas ni posibilidad de pagar por transferencia). Está claro que el sistema no está adaptado a esta nueva circunstancia, la de que los usuarios tengan que pagar por los servicios recibidos y, como digo, todo resultaba bastante cutre.
Ahora bien, lo que me preocupa no es lo mal montado que está todo; sino la justificada indignación que va a producir y lo que implica para la desaparición de la sanidad pública.
Empecemos por la indignación. Doy fe de que cuando te dicen que vas a tener que pagar para que le pongan una vacuna a tu hijo te sienta como una patada. Ya habíamos asumido que teníamos que comprar nosotros la vacuna, pero que tengas que pagar la enfermera que te la pone en el CAP ya te parece que es entrar en otra dimensión. Si esto se extiende (que parece ser que se extenderá) la indignación será creciente. En una situación de crisis económica, con mucha gente con problemas económicos que, de pronto, te encuentres con un gasto con el que no contabas en un sector tan sensible como es el sanitario será fuente de tensiones y problemas. No me extrañaría que se montara más de un follón en algún CAP a causa de este motivo, pagándola los usuarios con quien menos culpa tiene, que es el personal sanitario.
Y sigamos con lo que supone para la sanidad pública. Si en la sanidad pública vas a tener que pagar ¿por qué no ir a una mutua? y si vas a una mutua ¿por qué tener que seguir pagando por la sanidad pública? El silogismo es diabólico, pero evidente. Un familiar a quien le contaba este incidente enseguida lo argumentó. Y esto es lo que resulta verdaderamente peligroso. Si se extiende la idea de que para esto mejor no tener sanidad pública será relativamente fácil que quienes están interesados en laminar el sistema público de sanidad encuentren apoyos para ello. Al fin y al cabo hay muchos interesados en favorecer a la sanidad privada, y convertir en poco atractiva la pública es una forma de favorecer a la privada.
Esto es lo que me da verdaderamente miedo. Basta ver cómo van las cosas en Estados Unidos, donde prácticamente no existe sanidad pública, para comprobar lo nefasto que es un sistema sanitario que renuncia a lo público. La sanidad pública no solamente es una exigencia básica en un Estado social; sino que es una opción mejor que la sanidad privada. Un sistema de sanidad privada es más caro e ineficiente que uno público; eso sí, la sanidad privada permite que unos cuantos ganen dinero, mucho dinero.
No caigamos en la trampa, sigamos defendiendo la sanidad pública, incluso ésta en la que te cobran por poner una inyección a tu hijo; defendámoslo y hagamos lo posible porque la tendencia se invierta, porque la sanidad pública sea cada vez mejor. Exijamos a los políticos que coloquen este tema en el eje de su actuación; y exijámoslo a todos, porque el discurso de la derecha mala está ahí, y la verdad es que CiU está haciendo todo lo posible para que nos lo creamos, pero no olvidemos que los recortes ya comenzaron en la época del Tripartito, lo que supuso para mi una tremenda decepción, tal como escribí hace un tiempo.

domingo, 17 de abril de 2011

La hora de los estrategas

Al principio lo único que importaba era el motor. Cuanto mejor y más potente fuera el motor más correría el coche. Luego los constructores se dieron cuenta de que la forma del coche podía tener una incidencia decisiva en la velocidad y el agarre del mismo. Así no tuvieron más remedio que desarrollar tanto el motor como la aerodinámica. Cuando los distintos coches se igualaban detalles cada vez más pequeños marcaban la diferencia: una fracción de segundo menos entre marcha y marcha, la mejora del diferencial... cada circunstancia contaba y podía aportar una décima o décima y media por vuelta que ahora resultaba crucial.
Ahora bien, así y todo, con los coches tan igualados el elemento decisivo pasaron a ser los neumáticos. Hace unos años el jefe de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo se quejaba de que el Mundial de F1 se había convertido en un mundial de neumáticos. Ferrari llevaba neumáticos Bridgestone, que daban un rendimiento menor que los Michelín de otros equipos. Al final Renault se llevó el campeonato calzando estos neumáticos.
Ahora motores, caja de cambios, gran parte de la aerodinámica y los neumáticos son uniformes para todos los equipos. Desde luego que la forma en que encajan todos los elementos sigue siendo fundamental y de ahí que, por ejemplo, Red Bull tenga la ventaja que ahora tiene. El diseño del coche y la articulación de todos sus elementos sigue siendo fundamental; pero este año tenemos otro elemento relevante: los estrategas.
La clave fundamental de esta temporada está en la alta degradación de los neumáticos. La temporada pasada resultaba obligatorio hacer al menos una parada porque por normativa era (y es) preciso montar durante la carrera dos tipos diferentes de neumáticos; pero el neumático podía aguantar toda la carrera sin excesivos problemas, al menos en algunos circuitos. De hecho vimos varios casos en los que el cambio obligado se hizo bien el primera vuelta (Alonso en Mónaco) o en la última (Kobayashi no recuerdo ahora dónde).
Este año esto no es posible. La degradación varía de circuito en circuito; pero no parece posible que el neumático aguante toda la carrera. En la de hoy hemos visto como 20 o 23 vueltas era el límite para el neumático duro y unas 15 para el blando. Esta circunstancia hace que sean posibles varias estrategias. En un extremo está intentar limitar el número de paradas a costa de correr muchas vueltas con un neumático que ya no responde bien y, por el otro lado, realizar muchas paradas (con lo que supone de pérdida de tiempo en boxes) a cambio de correr siempre con un neumático "fresco". Evidentemente, el que en la misma carrera coincidan ambos tipos de estrategía es música angelical en los oídos del espectador, ambrosía en su paladar, un gozo permanente. Desde la perspectiva de los equipos el resultado es que el diseño de la estrategia es fundamental, los estrategas pueden hacer ganar y perder carreras.
En la carrera de hoy lo hemos visto. Véase sino los resultados divergentes de Vettel y Webber, ambos con el mismo coche (Red Bull). Vettel salía primero, siguió una estrategia de dos paradas y acabó segundo; Webber salía ¡en el puesto 18! y con una estrategia de tres paradas concluyó en tercera posición. En otro orden de cosas podemos ver cómo Hamilton se benefició de una estrategia de tres paradas, de tal forma que acabó ganando la carrera pese a salir tercero (bien es verdad que en la primera curva ya estaba primero) mientras que los Ferrari, que optaron por una estrategia de dos paradas, acabaron o bien la misma posición en que habían empezado (Massa) o perdiendo dos puestos respecto a la parrilla (Alonso).
Evidentemente, lo anterior no quiere decir que el piloto no siga siendo fundamental; de hecho este año me parece que es más determinante incluso que en otros años. Así Hamilton y Webber se han mostrado en todo momento rápidos y decididos, tal como señalaba en facebook mi amigo Xavier Cecchini; lo que en una carrera de las características de la actual es determinante (que se lo digan si no a Alonso y a las vueltas que estuvo detrás de Schumacher sin poder adelantarlo, ahí tiró completamente la carrera). El piloto es fundamental; pero el estratega, que contempla la batalla desde una atalaya, que no se mancha de sangre, que no muerde el polvo, que se limita a consultar la orientación del viento, a intuir las fuerzas del enemigo, a calcular el tiempo que resistirá un ataque; ese estratega es el auténtico artífice del resultado de la batalla, más allá del estruendo será su inteligencia la que decidirá el resultado.

jueves, 14 de abril de 2011

El debate de ayer

El debate que se vivió ayer en el Parlament de Catalunya en relación a la propuesta de declaración unilateral de independencia de Cataluña ha resultado al final de lo más interesante. La propuesta había sido presentada por Solidaritat Catalana per la Independencia (3 diputados) e implicaba autorizar al Gobierno de la Generalitat a negociar la independencia con la comunidad internacional (art. 8), además de prever la constitución de una asamblea de representantes de la Nación catalana para conseguir la independencia de todos los países catalanes (art. 9). La independencia, una vez aprobada la Ley y negociada con la comunidad internacional, sería efectiva cuando la aprobase por mayoría absoluta el Parlament de Catalunya (art. 10).
La lectura del texto presentado por Solidaritat Catalana per la Independència es ciertamente sorprendente, incluyendo posibles efectos internacionales, ya que algunos de los países catalanes a los que se refería en su art. 9 son parte del territorio de Estados extranjeros; pero más allá de este análisis lo que me interesaba era ver cómo reaccionaban ante esta propuesta los distintos grupos parlamentarios. Y me interesaba porque es evidente que el debate sobre la independencia de Cataluña es un debate vivo, y tratándose como es de una cuestión de gran transcendencia, de implicaciones profundas y seculares es fundamental que la posición de los partidos políticos, auténticos gestores de la voluntad popular, sea clara para que todos seamos conscientes de lo que votamos.
Nunca se está de acuerdo al cien por cien con ningún partido político; pero hay temas más y menos importantes. La cuestión de si Catalunya se convierte o no en un Estado independiente tiene la suficiente transcendencia como para que resulte absurdo votar a un partido "unionista" si se es independentista y, al revés, votar a un partido independentista si se prefiere que Catalunya siga siga siendo parte del Estado español; en ese sentido, determinar la posición de cada partido en este asunto me parece fundamental; y para ello ayer no solamente había que calibrar el sentido del voto ("sí" o "no" a las enmiendas a la totalidad presentadas) sino el contenido del discurso de los representantes de los partidos; y, desde luego, al menos para mí, las expectativas se vieron cumplidas: los partidos fueron bastante claros en sus planteamientos.
Evidentemente Solidaritat, Joan Laporta (inicialmente en Solidaritat y ahora diputado independiente) y ERC se mostraron a favor de la independencia ya, es decir, a favor de la propuesta. Iniciativa per Catalunya-Verds no votó a favor de la propuesta; pero no porque estuviera en contra del fondo de la misma, sino más bien por cuestiones de forma y oportunidad; en cualquier caso dejó claro que consideraba un objetivo la plena autodeterminación de Catalunya; y esto, no nos engañemos, es en el fondo otra forma de buscar la independencia de Catalunya.
CiU también se mostró favorable a la independencia, aunque no por ahora; lo que coincide con sus planteamientos primero implícitos y cada vez más explícitos en favor de la separación de Catalunya del resto del Estado. De hecho hace tiempo que vengo diciendo que Convergència es un partido independentista, pese a lo que en ocasiones quiere aparentar; y me parece que el tiempo me da la razón. Unió no da signos de ser independentista; pero cada vez entiendo menos que puedan formar coalición un partido independentista y uno que no lo es. Como decía antes hay temas que tienen tanta transcendencia que es imposible transigir sobre ellos.
Y finalmente el PSC. Estaba muy interesado en escuchar lo que decía el PSC sobre este tema. El martes leí un muy interesante artículo de Ferrán Pedret en el que señalaba que el PSC ni había sido independentista ni lo era ahora. La intervención de Tura (extraordinaria como discurso: medido, bien construido, con las ideas claras y el sentimiento en su justo término) no fue, sin embargo, en ese sentido. Se opuso a la propuesta de Solidaritat Catalana, pero más por razones de forma que de fondo. Mantuvo que no tenían temor a la independencia, planteó que era necesario buscar el encaje en España y que Catalunya debía ver satisfechas sus necesidades de autogobierno, aunque siempre en el marco legal vigente ("leyes cambian leyes" repitió en varias ocasiones). Esto es, la forma no es la correcta; pero no es descartable que el fondo lo sea. La verdad es que es un discurso próximo al independentismo, ya que no plantea como un prius irrenunciable, como un axioma, la permanencia de Catalunya en España; y la independencia a término o si se dan determinadas condiciones es también independencia.
En el fondo, tal como dije hace unos meses, el PSC se encuentra ahora en una situación parecida a la que ocupaba CiU hace diez años, y ésta última en una semejante a la que tenía ERC en aquella época; esto es, el PSC está a un paso de optar por la vía de la independencia. Ayer Montserrat Tura lo confirmó, pues en ningún momento dio un solo argumento a favor del mantenimiento de la unidad del Estado y sí, en cambio, hizo abundantes referencias al deseo de autogobierno de Cataluña y a la lucha histórica de esta Nación por sus derechos. En el fondo -interpreto- se está lanzando el mensaje de que o se producen cambios en la estructura del Estado o Catalunya se va; este me parece interpretar que es el discurso del PSC. En cualquier caso no es el discurso de que el proyecto común entre Catalunya y el resto de España es absolutamente irrenunciable y hemos de trabajar dentro de ese marco para conseguir los avances o mejoras que sean necesarios.
A mi me parece bien, desde luego; no estoy de acuerdo pero me parece bien; lo que no me parece tan bien es que este proyecto, que es de ruptura condicionada o a plazos se aproveche de muchos miles de votos de personas que piensan que cuando depositan una papeleta en favor del PSC piensan que están "votando a Felipe". Que en los mítines del PSC para las generales se diga en castellano lo que Tura dijo ayer en catalán. Me gustaría ver la reacción si en el mitin del Sant Jordi Zapatero concluye su discurso diciendo "...porque no tenemos miedo a la independencia de Cataluña".
Claridad, la claridad es necesaria en este tema porque no estamos hablando de cosas sin importancia (aunque algunos parecen pensar que la independencia es una especie de trámite intranscendente).
En contra de la independencia solo se posicionaron claramente el PP (con un discurso patético, más por la forma que por el fondo) y Ciutdadans. No sé si este desequilibrio entre partidarios de la independencia y partidarios de la unidad que se vio ayer en el Parlamento responde a lo que es la sociedad catalana; quizás no; pero me atrevo a profetizar de que sí que responde a lo que será... y me parece que estas no son buenas noticias para casi nadie.

lunes, 11 de abril de 2011

Sobre periodistas y sanciones

Estaba decidido a dedicar esta entrada a la forma en que narran en La Sexta la Fórmula 1; nada podía decir sobre el Gran Premio de Malasia que no estuviera ya dicho en la entrada dedicada al Gran Premio de Australia: los cambios introducidos este año potencian el espectáculo, estamos viendo carreras divertidas con adelantamientos y emoción hasta el final. La superioridad de Vettel no nos permite dudar sobre quién ganará, pero todo lo que pasa por detrás tiene su miga, y eso está muy bien.
Como esto ya estaba dicho pensaba recrearme en cómo Lobato puede hacer que llegues a tomarle manía a Alonso, en cómo narrar de una forma tan poco objetiva, tan de colega empieza a resultar nauseabundo. Y que conste que soy seguidor de Alonso desde antes de que llegara a la Fórmula 1. Me parece que la mayoría de las críticas que se le hacen son infundadas y creo que es uno de los mejores pilotos que hay y, probablemente, que ha habido en el Campeonato. Pues bien, pese a todo eso no soporto la forma en que Lobato se alegra o hunde en función de cómo le va a Alonso en la carrera ¡leche, que hay más cosas que ver! Para empezar hay otro piloto español, Alguersuari, que está en la mitad del pelotón y con el que también nos podríamos entusiasmar un poquito. Y además hay emoción, adelantamientos, errores, pilotos como Vettel, Hamilton, Weber, Button, Schumacher, Rosberg... en fin, muchas cosas que contar aparte de cómo le va a Alonso.
Y luego está cómo todo lo que le sale bien a Alonso es porque es una máquina y todo lo que le sale mal es culpa de otros. Ayer cuando se llevó a Hamilton por delante el problema era que no le funcionaba el alerón móvil. ¡Si ya lo sabíamos! No le funcionaba, y a Vettel no le funcionaba el KERS ¿y qué? eso no da bula para luego cometer un error, hay que correr con lo que se tiene y si a tí te ha fallado el alerón a otros les ha fallado otra cosa.
Iba a hablar de todo eso; pero ya acabada la carrera surgió un tema mejor: las sanciones a Alonso y Hamilton. La sanción de Hamilton es debida que, parece ser que cambió varias veces de trazada en la recta para evitar el adelantamiento de Alonso, lo que está prohibido por el Reglamento. Si efectivamente fue así pocas dudas caben sobre la sanción a Hamilton: se trata de una vulneración consciente del Reglamento en un punto en el que, parece, es bastante claro (art. 20.2: "Manoeuvres liable to hinder other drivers, such as more than one change of direction to defend a position, deliberate crowding of a car beyond the edge of the track or any other abnormal change of direction, are not permitted"). Ciertamente esta regla puede resultar sorprendente, ya que implica que no pueden realizarse maniobras que "estorben" ("hinder") a otros coches, lo que parecería raro tratándose de carreras; pero es lo que hay, la Fórmula 1 no son los autos de choque, tal como expliqué en otra ocasión. La lucha debe hacerse buscando cada piloto la mejor trazada, no impidiendo la trazada del rival. Expresamente, además, se niega que pueda cambiarse más de una vez de dirección para evitar ser adelantado. Si Hamilton varió varias veces de posición en la recta su conducta era sancionable.
Y luego está la sanción a Alonso. Adelanto ya mi posición: debería haber sido considerado un incidente de carrera y ya está, porque puestos a hilar fino nos encontraríamos con que, si somos coherentes con la sanción, no podría intentarse siquiera el adelantamiento.
¿Cuál es la situación? Alonso está detrás de Hamilton en un punto en el que la trazada "normal" se sitúa en el extremo izquierdo de la pista y donde se va a fondo. Alonso se abre para adelantar y en ese momento Hamilton abandona también la trazada "normal", presumiblemente para cerrar la puerta a Alonso. Si Hamilton cambia la trazada antes de que Alonso inicie el adelantamiento bloqueándolo su acción sería correcta (el art. 20.2 permite un cambio de dirección). Ahí a Alonso no le queda otra que frenar y esperar o intentarlo por otro sitio. Si Hamilton cambia la trazada cuando Alonso ya está adelantando sería una maniobra prohibida por el art. 20.2 del Reglamento. En este caso la impresión que tengo es que ambos pilotos inician la maniobra de forma prácticamente simultánea: Hamilton no pretende echar a Alonso de la pista (lo que, de todas formas, no sería extraño en el inglés); pero lo cierto es que el choque coincide con una variación en la trayectoria del McLaren. Cuestión distinta sería que Alonso por no frenar lo suficiente o acelerar en exceso se comiera la parte de atrás del coche de Hamilton sin que hubiera ningún cambio de trayectoria; en ese caso sí que estaríamos ante un accidente provocado; pero en esta ocasión la maniobra de Alonso no hubiera producido ninguna colisión de no haber mediado el cambio de trayectoria de Hamilton que, de todas formas, no es punible puesto que no creo que Hamilton fuera consciente (ni podía serlo) de que Alonso ya había iniciado el adelantamiento. En resumen: un incidente de carrera que no debería ser punible. Sería preocupante que a partir de ahora los adelantamientos fallidos fueran penalizados, poco ganaría el espectáculo con ello.