Libre

domingo, 22 de julio de 2012

Sobre cómo comentar la Fórmula 1 y acerca de los problemas estructurales de una sociedad

Hace mucho que no escribo sobre Fórmula 1. Durante bastante tiempo comentaba casi cada carrera y especulaba sobre cómo podrían ir las siguientes. Hace un par de años se produjo un cambio significativo en la normativa y me dio la sensación de que me quedaba "descolgado", que ya había demasiadas cosas que se me escapaban. Ahora veo las carreras mucho más perdido que antes, y eso es bueno porque todo es bastante impredecible, lleno de sorpresas y cambios. Más divertido en definitiva.
Si hoy vuelvo a la Fórmula 1 no es para hablar de la carrera de este domingo o de carreras anteriores, sino -digámoslo con toda claridad- para meterme con los comentaristas de este deporte en televisión.
Este año ya no sintonizo a Lobato (que ahora está en Antena 3; pero que, me imagino, seguirá haciendo lo mismo que hacía en La Sexta y antes en Telecinco) y me he ido directamente a TV3. El año pasado y muchos de los anteriores los comentarios de Lobato eran soportables porque con él estaba el que, sin duda, es el mejor comentarista de Fórmula 1 que hay en España, Pedro Martínez de la Rosa. Como este año corre no comenta y aunque me alegra que esté en la parrilla echo de menos sus comentarios informados, ponderados y con el punto justo de gracia (¡qué listo Pedro, todavía recuerdo cómo toreaba hace unos años a un comentarista de Telecinco bastante osado y, a mi juicio, un tanto desinformado).
En TV3 hay un equipo que en general está bien y con el asesoramiento experto de Joan Villadelprat, quien normalmente ofrece comentarios que aportan, que muestran conocimiento y criterio; pero en los dos últimos grandes premios no han estado en su mejor momento.
Comencemos por el Gran Premio de Gran Bretaña en Silverstone hace quince días. La calificación fue una pesadilla, con condiciones cambiantes y tanta lluvia en un momento dado que se suspendió la Q2 por un buen rato. Al final Alonso, quien estuvo a punto de caer eliminado en la Q2, se hizo con la pole. Fue una calificación interesante en la que Alonso estuvo inconmensurable gestionando unas condiciones muy difíciles. Si uno consultaba la prensa extranjera no costaba mucho encontrar comentarios elogiosos de los periodistas especializados que se quitaban el sombrero ante la exhibición del piloto de Ferrari en la clasificación. Mientras esto sucedía en el extranjero, el comentarista de TV3 no dejaba de insistir en que "a Alonso le había tocado la lotería" y que qué pillo había sido al pedir la suspensión de la Q2 cuando estaba lloviendo tanto y él estaba fuera (como si se suspendiera la calificación porque lo pidiera un piloto, vaya).
Quizás haya una reacción contraria al forofismo de Lobato y compañía que pasa por tratar a Alonso como a cualquier otro piloto, no como al piloto local (y sobre si es local o no para TV3 tendríamos mucho que hablar y sería un debate que nos llevaría muy lejos); pero lo que no puede hacerse es irse al extremo contrario y minusvalorar lo que hace o consigue, porque se puede caer en el ridículo.



Hoy nuevo ejemplo de desinformación. Casi al final de la carrera Vettel adelanta a Button por fuera del circuito. La primera impresión de cualquier aficionado al ver la maniobra es que se trataba de una maniobra ilegal. Ningún comentario en ese sentido por parte de quienes transmiten la carrera y cuando se oye por radio que Button se queja a su equipo del adelantamiento Joan Villadelprat se burla del inglés ("se queja como un niño: ¡mira! me han adelantado por afuera", dijo) y se ratifican en que el adelantamiento de Vettel no planteaba ningún problema porque, según ellos (los comentaristas) "no había cortado ninguna chicane" y "Button no le había dejado sitio y por eso se había ido por afuera". Se trata de comentarios que muestran que no se conoce excesivamente bien el Reglamento de la FIA, que en su art. 20 claramente indica que si un coche se sitúa fuera de la pista ha de regresar a ésta cuando sea seguro y sin obtener ninguna ventaja; es decir, no se puede adelantar por fuera de la pista; más claro el agua. No es preciso que se corte ninguna chicane para que la norma opere. El hecho de que fuera Button quien forzara a Vettel a salir de la pista no habilita a éste último para que pueda volver a la pista obteniendo alguna ventaja.



Es cierto que está prohibido echar a un coche fuera de la pista, tal como indica el art. 16.1 del Reglamento (y, como por cierto, intentó Vettel precisamente contra Button en la salida del Gran Premio de Japón del año pasado); y en el caso de que la salida de Vettel hubiera sido causada por Button se podría haber investigado la acción de éste último y, en su caso, sancionado al británico; pero esto no cambiaría el que la maniobra de Vettel era ilegal. Evidentemente, además, Button no fue el que echó de la pista a Vettel; el inglés simplemente seguía su trazada y Vettel no tenía sitio para adelantar; y como no tenía sitio se salió de la pista para adelantar lo que, como digo, esto está claramente prohibido. No es extraño, pues, que los comisarios hayan sancionado al alemán con veinte segundos de penalización. De libro, tal como me imagino que se habrá explicado en otras televisiones.
En TV3, como acabo de explicar, el incidente fue relatado de una manera completamente distinta: Button era un llorón y Vettel no había cometido ninguna irregularidad; eso es muestra de un desconocimiento de la normativa que no es admisible en quienes cobran por informarnos y que me molesta profundamente. No entiendo cómo se puede acudir a comentar un Gran Premio de Fórmula 1 sin haberse estudiado previamente el Reglamento; es de una falta de profesionalidad preocupante; y esto es lo más grave porque no sucede solamente en los comentarios de las transmisiones deportivas.




Me molesta, por ejemplo, comprobar que con frecuencia el cliente de la tienda de móviles sabe más de teléfonos que el vendedor. Y esto no solamente pasa en el campo de las telecomunicaciones. Todavía recuerdo mi sorpresa cuando al visitar un concesionario de automóviles le pregunté al vendedor cuántos litros de capacidad tenía el maletero del coche que estaba viendo y me dijo que no lo sabía. ¿Cómo es que un vendedor de coches desconoce los datos básicos del coche que está vendiendo? ¿Cómo es que un vendedor de teléfonos móviles no sabe desconectar la línea de datos de uno de los teléfonos que forman parte de su catálogo? ¿Cómo es posible que ninguno de los tres comentaristas de un Gran Premio de Fórmula 1 se conozca el Reglamento de la competición? Como dice mi hermano, España es el paraíso del "masbaratismo". El que las cosas se hagan bien, que los trabajadores estén formados y que haya seriedad no cuenta, lo único que interesa es pagar lo menos posible. Así estamos hundiendo el país y cuando me encuentro con ejemplos de falta de rigor me cabreo, lo mismo da que sea en un aula universitaria, en un banco, en la oficina de correos, en la tienda de móviles, en un concesionario de móviles o viendo por televisión una carrera de Fórmula 1. Son cosas que me sublevan y como no las escriba me subirá la tensión, cosa que no me conviene.

lunes, 16 de julio de 2012

Leer el BOE y morir

Leo el BOE y no doy crédito. Esta mañana mi amiga y compañera Lídia Santos me comentaba que el último Decreto-ley perpetrado por el Consejo de Ministros, el de la subida del IVA, la reducción del sueldo de los funcionarios, y la disminución de la prestación por desempleo a partir del sexto mes "para incentivar la búsqueda activa de empleo" en palabras del Presidente del Gobierno; este Decreto-ley, el vigésimo en lo que va de año, incluía también una especie de prohibición de salida al extranjero de los desempleados. Comentamos por encima las dificultades de encaje que tendría esta prohibición con el Derecho de la UE y quedamos en mirar la norma. Nada más colgar el teléfono busco el Decreto-ley en la página web del BOE y me pongo a leerlo (puede consultarse aquí).
Enseguida aparece la disposición que ando buscando. La leo y no doy crédito, me froto los ojos y la vuelvo a leer. No hay duda, ahí está. Se trata del art. 21 del Decreto Ley que modifica el art. 2 del RD 1369/2006, de 24 de noviembre, por el que se regula el programa de renta activa de inserción para desempleados con especiales necesidades económicas y dificultad para encontrar empleo. En este RD se regula la renta activa de inserción, que va dirigida a personas que tienen una renta escasa y que se encuentran con especiales dificultades para encontrar trabajo. De acuerdo con el apartado 1 del art. 2 del RD pueden ser beneficiarios de la renta activa de inserción los mayores de 45 años que estuvieran inscritos como desempleados durante 12 meses o más, que no tengan derecho a las prestaciones o subsidios por desempleo o a la renta agraria y que carezcan de rentas de cualquier naturaleza que sean superiores al 75% del salario mínimo interprofesional.
El Decreto-ley del sábado lo que hace es añadir ciertas condiciones para poder ser beneficiario de la renta activa de inserción (haber buscado activamente empleo, no haber rechazado ofertas apropiadas ni haberse negado a participar en acciones de promoción, formación o reconversión profesional). Además -y este es el punto al que quería llegar- se establece que:

"La salida al extranjero por cualquier motivo o duración interrumpe la inscripción como demandante de empleo a estos efectos"

Es decir, si un desempleado sale al extranjero durante el período de doce meses de inscripción como demandante de empleo que ha de pasar antes de poder aspirar a la renta activa de inserción el cómputo de esos doce meses se interrumpe y si quiere aspirar a la renta deberán pasar otros doce meses ininterrumpidos de inscripción como demandante de empleo. El tiempo comienza a contar de nuevo.
Esta exigencia de permanencia en España plantea algunos problemas. Así, en primer lugar, puede darse de bruces con el Derecho de la UE sobre libre circulación de trabajadores, ya que, por una parte, coloca en peor posición a los que se desplazan a otro Estado miembro de la UE a buscar trabajo que a los que se limitan a buscar trabajo en España. Además podría suponer un fuerte desincentivo a que trabajadores de otros Estados miembros se desplacen a España, ya que en caso de hacerlo no podrán regresar a su país de origen por ningún motivo, aunque sea por un plazo breve, si no quieren perder la ayuda de la que podrían beneficiarse en España transcurridos los doce meses de inscripción como demandantes de empleo.
Y aquí nos vamos acercando a la auténtica barbaridad que supone la norma, porque ésta bien clarito especifica que la interrupción se producirá con independencia del "motivo o duración" de la salida al extranjero. Esto es, si un trabajador residente en España (español o extranjero, lo mismo da) recibe la noticia de que su padre o su madre o su hijo o su cónyuge han sufrido un accidente en el extranjero, se encuentran hospitalizados o han fallecido deberá elegir entre desplazarse a donde se encuentra su familiar accidentado, hospitalizado o muerto o perder la posibilidad de conseguir la renta activa de inserción ¿tiene esto algún sentido?
Es más, si el demandante de empleo no quiere perder la posibilidad de dicha renta de inserción deberá renunciar a viajar al extranjero para, por ejemplo, someterse a un tratamiento médico. A mi me parece que esto vulnera la normativa de la UE sobre libre prestación de servicios ya que restringe la posibilidad de desplazarse a un Estado miembro de la UE para recibir el servicio; y dicha posibilidad de desplazamiento ha sido considerada como parte integrante de la libre prestación de servicios. Veremos que opina la Comisión de esta norma.
Pero es que el absurdo puede ser todavía mayor. Un demandante de empleo en España ¿no puede visitar el apartamento que le ha dejado en herencia su tía de Perpignan si quiere aspirar a la renta de inserción? ¿no es esto contrario al derecho a la libre circulación que recoge el Derecho de la UE? Es más, tal como me indicaba mi compañero y amigo Josep Maria de Dios ¿qué sucede si el demandante de empleo vive en Llivia ¿no puede visitar Puigcerdà? Porque para ir de Llivia a Puigcerdà (o de Puigcerdà a Llivia) no hay más remedio que pisar suelo francés, y eso es una salida al extranjero que, dado que no importa el motivo o duración de la misma (véase el texto de negrita más arriba) supondría la interrupción del cómputo de los doce meses precisos para aspirar a la renta de inserción.
Finalmente me queda una duda ¿qué es el extranjero? ¿siempre que se sale de España estamos ante una salida al extranjero o, por el contrario, para que se produzca ésta es preciso entrar en el territorio de un país extranjero? La diferencia no es baladí, porque en cualquier viaje entre la Península y las Islas Baleares se sale de España, ya que parte del recorrido se hace por o sobre aguas internacionales. Si el extranjero es todo lo que no sea España, incluidos los espacios que no están sometidos a ninguna soberanía, los aspirantes de una renta activa de inserción tendrían vedado viajar entre las Islas Baleares y la Península. Desde luego lo que estaría completamente excluido es el viajar entre las Islas Canarias y la Península, pues el vuelo pasa por encima del espacio aéreo marroquí, y eso, técnicamente, supone que se está en territorio marroquí, por lo que es una salida al extranjero.
Quizás se me diga que estoy llevando las cosas al extremo, pero no soy yo el extremista, sino que me limito a leer la norma que se publicó en el Boletín Oficial del Estado del pasado sábado, 14 de julio (¡que ironía!, el día de la Fiesta Nacional de Francia en que se conmemora la toma de la Bastilla).



Es este BOE del 14 de julio el que incluye una norma que leída en su literalidad (y la literalidad de la norma es siempre el primer criterio de interpretación) permite a la administración negar la renta de inserción a quien se hubiere desplazado a Francia o a Portugal a ver si encontraba trabajo, a quien viajó a Burdeos para ser operado mediante una técnica que solamente se practica allí, a quien tuvo que ir a recoger el cadáver de un ser querido en cualquier país del mundo, a quien se desplazó a casa de unos primos en Toulouse para pasar un fin de semana o a quien, simplemente, se perdió en una excursión en el Pirineo y acabó en un pueblecito francés sin darse cuenta de que había salido de España.
Se me podrá decir también que el legislador no quería llegar a este resultado; pero entonces la pregunta es: si no quería ¿por qué lo hizo? ¿no podía expresarse de una manera más ajustada a sus verdaderos propósitos? ¿No podría decir, por ejemplo, que las salidas al extranjero, salvo que fuesen de corta duración y por razones de necesidad, supondrían la interrupción de la inscripción como demandante de empleo, a salvo siempre de los desplazamientos que vengan permitidos por el Derecho de la UE? Podría, pero no lo hizo, y no creo que sea inocente.
Lo que se quiere no es solamente mandar, sino amedrentar y humillar; este "por cualquier motivo o duración" tiene la misma carga de desprecio y afrenta que la explicación de Mariano Rajoy para la disminución de la prestación por desempleo a partir del sexto mes con la que empezaba esta entrada (hacia el minuto 2 del vídeo que cuelgo a continuación):


o el ya tristemente famoso "que se jodan" de la diputada Fabra


Alguien tendría que recordar a esta gente que el ganar las elecciones no da derecho a hacer lo que a uno le venga en gana, despreciando no solo los principios básicos del ordenamiento, sino la lógica, la coherencia y, lo que es peor, la dignidad de las personas, de las personas a las que tendrían que servir.

viernes, 6 de julio de 2012

El fin de un escritor

Entristece leer noticias como ésta, en la que se da cuenta de que la demencia senil de García Márquez le impedirá volver a escribir. Me pregunto, sin embargo, por qué me entristece. No conozco personalmente a García Márquez y lo que le sucede tampoco puede ser calificado de una desgracia extraordinaria, ya que afecta a no pocas personas de su edad e incluso más jóvenes. Además García Márquez tampoco es uno de esos escritores que me hayan subyugado. Leí "Cien Años de Soledad" cuando estaba en el instituto y me entusiasmó, tanto como para animarme a leer la novela que por entonces acababa de publicar Gabo, "El amor en los tiempos del cólera". La acabé, pero no me gustó gran cosa, la verdad. Luego empecé, sin llegar a terminar, otros trabajos suyos y en ningún momento volví a sentir la pasión con la que devoré "Cien años de soledad". No es, por tanto, un escritor de cabecera para mí; y aún así sigue entristeciéndome la noticia de que no escribirá más; que vivirá probablemente todavía bastantes años; pero ya muerto como escritor.
Cuando intento averiguar por qué me entristece la noticia descubro que, como casi todo, tiene más que ver conmigo que con la persona a la que se refiere la noticia. "Cien años de soledad" es una obra especial para mí. Pueden ser tonterías, pero me siento unida a ella. Se publicó el mismo año en el que yo nací, 1967 y recuerdo oír hablar de ella cuando estaba en el colegio, allá por la mitad de los años 70. Entonces la novela era reciente y ya era un mito, algo extraordinario, como Cruyff en fútbol o la llegada del hombre a la Luna unos años antes. Ya entonces, con apenas siete u ocho años pensaba que debía leer ese libro. Afortunadamente no lo intenté hasta diez años después, cuando ya en el adolescencia devoré un ejemplar prestado (no recuerdo ahora por quién) y que lucía en la portada la imagen de una mujer vestida de negro y sentada en una silla; una imagen que en cierta forma también me era familiar (largas tardes en casa de mi abuela entre el final del cole y la hora de cenar, novelas en la radio, juegos y partidas de cartas).
Recuerdo la primera frase de la novela, una de las mejores primeras frases que he leído nunca: "Muchos años después, ante el pelotón de fusilamiento, el coronel José Arcadio Buendía recordó el día en el que su padre le llevó a ver el hielo" (no sé si la frase es exacta, me niego a comprobar ahora la cita y la dejo tal como la tengo en la memoria) y recuerdo la sensación de ligero abandono con que me perdía entre las sucesivas generaciones de Buendías como quien se pierde en un bosque misterioso sin el temor de más osos o lobos que los que quiera poner nuestra imaginación.
Recuerdo la fuerza de la historia, el calor de aquel Macondo imaginado, la forma en que la vida se colaba en esa catedral de la literatura que es "Cien años de soledad". Recuerdo haberla disfrutado y recuerdo, por tanto, cómo pasó a ser parte de mi vida; y de esa forma, inevitablemente, también García Márquez, su autor. Es curioso, porque comenzaba diciendo que no conozco personalmente a Gabo, y es cierto; pero a la vez siento que de alguna forma me es próximo por haber compartido sus obsesiones de forma intensa durante unas semanas (las que dediqué a leer su libro) y de manera más comedida pero constante desde entonces hasta el día de hoy. Entiendo ahora que los lectores quieran conocer a los autores y que se sientan traicionados si el autor niega una firma, un saludo o una foto. Racionalmente diríamos que el autor tiene derecho a mantener la distancia con quienes no son más que desconocidos; pero yo le diría que ese privilegio le fue retirado en el mismo momento en el que dio a leer su obra; a partir de entonces ha de sentirse obligado a corresponder a ese gesto de extrema intimidad que es leer lo que otro ha escrito, porque lo cierto es que los autores son parte de la vida de sus lectores, y parte normalmente más importante que la de los vecinos o, incluso, los parientes de esos mismos lectores.
Así voy entendiendo porque me ha entristecido la noticia de la demencia senil de García Márquez. En cierta forma la muerte como escritor del autor de "Cien años de soledad" traslada al pasado mi propia experiencia como lector de su obra, mi entusiasmo adolescente por la historia de Macondo, mi curiosidad infantil por aquella novela de la que hablaban todos los mayores, el recuerdo de aquella portada que me transportaba a las tardes que de niño pasaba en casa de mi abuela. En definitiva, me entristece no por García Márquez, sino por mí. Como dijo Donne, las campanas siempre doblan por nosotros.