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martes, 5 de abril de 2022

Los burócratas de Bruselas viajan a Kiev

Hoy hemos sabido que la presidenta de la Comisión Europa y el Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad viajarán a Kiev en los próximos días.


Dos burócratas camino de la guerra.
Cuántas veces en las últimas décadas hemos oído esa expresión "burócrata de Bruselas" para referirse en tono despectivo a los funcionarios y responsables políticos de la UE. La última que recuerdo en una entrevista a un profesor de la Universidad John Hopkins, Yascha Mounk; una persona que, por cierto, no aparenta acumular ninguna experiencia más allá de los libros y los papeles, pero que asume tener más claro cómo funciona la cabeza de un ex agente de la KGB que alguien que ha sido Ministro de Asuntos Exteriores de España y es desde hace un tiempo, el Responsable de Política Exterior y de Seguridad de la UE; o que quien ha sido Ministra de Defensa de Alemania durante más de cinco años.


La expresión no me parece equivocada, por lo que explicaré; pero sí que es un error dotarla de connotaciones negativas. Al fin y al cabo un burócrata es quien vela porque se respeten los reglas y, por tanto, cuida la armonía en sociedades complejas en las que los intereses contrapuestos solamente pueden ser canalizados de forma pacífica por un medio: la ley. En el caso de la UE, además, esas reglas están inspiradas por valores que, creo, no pueden ser despreciados. Democracia, Estado de Derecho, garantía de los derechos fundamentales son los ejes de las políticas europeas, así que velar porque se respeten no parece una tarea que deba ser menospreciada.
Ciertamente, no todo funciona como debiera en la UE, y seguramente, cada uno de nosotros puede hacer un buen puñado de críticas a las instituciones, desde el Tribunal de Justicia hasta la Comisión pasando por el Parlamento y el Consejo. Pero esas críticas no han de hacernos olvidar que, con todos sus problemas, nadie puede negar que la UE es una de las regiones del mundo donde mejor se combina respeto a los derechos humanos y a los principios democráticos con prosperidad económica y una relativa igualdad dentro de las sociedades. Ser, por tanto, un "burócrata" encargado de velar porque ese delicado mecanismo siga funcionando no parece que pueda ser considerado una crítica.
La referencia a los "burócratas de Bruselas" puede tener también otra connotación: haría referencia a quienes simplemente velan porque se mantenga el status quo, oponiéndolos así a los políticos con visión que protagonizan las grandes transformaciones. Este planteamiento, de nuevo, sería equivocado.
La UE es un fenómeno único en todo el mundo. En ningún lugar se ha dado una integración tan profunda entre diversos estados; una integración que, además, es progresiva. En ocasiones lenta, en otros más rápida; pero que se prolonga ya por décadas enfrentándose en cada generación con nuevos desafíos. El mantenimiento del proyecto europeo no sería posible sin los funcionarios y sin los políticos que han decidido apostar por él y dedicarse no solamente a conservarlo, sino a hacerlo avanzar. Pretender que la UE sestea mientras otros países actúan es un error de perspectiva importante. A veces costará verlo, pero recomiendo seguir el proceso de la negociación del Brexit para darse cuenta de la fuerza real de los burócratas frente a los políticos decididos a hacer cambiar el destino de su pueblo... y vaya si lo han cambiado.
Detrás de cada burócrata hay una persona, un profesional o un político. Conozco varios. Unos venidos de España, otros de Rumanía, de Bélgica, Italia o Alemania. Todos tienen su historia, una historia que nos habla de la historia de Europa. Algunos de ellos nacieron en dictaduras; otros en democracias; algunos de ellos vienen de países mediterráneos, otros de países del este. Unos son de familias acomodadas, otros de familias humildes. Algunos trabajaron por la democracia desde la clandestinidad (Borrell, por ejemplo), otros vienen de familias que han vivido en democracia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los que conozco tienen conocimiento, entusiasmo y dedicación. Acertarán unas veces y se equivocarán otras; pero creo que merecen nuestro respeto.
Es cierto que desde hace décadas lo único que hemos conocido es una paz que solamente se vio rota en territorio europeo por la guerra de Yugoslavia; una guerra sobre la que habría mucho que decir; pero en la que aquí no me detendré, porque reconozco que la duda de Yascha Mounk sobre la capacidad de reacción ante una situación de crisis por parte de quienes han vivido desde hace décadas en una paz generalizada no es completamente infundada.
Matizo, sin embargo, que esa duda tenía más sentido el 24 de febrero que el 21 de marzo -que es cuando se publica la entrevista- porque en unos pocos días a partir del 24 de febrero la UE adoptó medidas que han ido más allá de lo que podría esperarse de burócratas rodeados de polvo y ajenos a la realidad. En horas los acontecimientos se precipitaron, y lo que podría haber sido una situación de sorpresa y parálisis se transformó en la reacción más dura posible sin llegar a entrar en guerra abierta con Rusia.
Todos jugaron su papel. Sigo pensando que la visita del primer ministro polaco a Alemania fue relevante. Cambió la posición que parecía que quería mantener Berlín.


Polonia tiene más ascendiente sobre Alemania del que a veces parece. Hay viejos fantasmas que se encarnan cuando el demonio de la guerra parece estar cerca. Alemania se comprometió a aumentar su presupuesto de defensa y la UE adoptó duras sanciones contra Rusia [y sí, sigue comprando gas de Rusia; pero ahí la sanción es la que puede imponer Rusia a la UE cortando el gas. No es demasiado inteligente aplicar una sanción que perjudica más a quien sanciona que al sancionado]. Y lo más importante: la ayuda militar a Ucrania comenzó a llegar. Como digo, todo lo que se podía hacer sin entrar directamente en combate se hizo. Y si ese último paso no se dio es porque Rusia ha advertido con claridad que si eso sucede utilizará armas nucleares.
Así han reaccionado "los burócratas". Temía -lo reconozco- que la UE fuera incapaz de actuar de acuerdo con la gravedad de la situación frente a las que nos enfrentamos. Y no porque cada uno de los líderes por separado no tuviera una clara concepción de la situación. Son personas, en su mayoría, inteligentes, preparadas y bien informadas; sino porque la adopción de decisiones en la UE ha de afrontar, como en todos aquellos casos en los que varios han de ponerse de acuerdo, lo que se denomina "costes de transacción", que en ocasiones pueden hacer imposible que un grupo de persones adopte la solución objetivamente correcta, pese a que todos por separado sean conscientes de que lo es. Paradojas que van más allá de eso de que un burócrata de Bruselas no entiende cómo funciona la mente de un ex agente del KGB. Claro que lo entiende; otra cosas es que las decisiones en la UE se adoptan de una manera que tiende a primar los acuerdos de mínimos. No ha sido así en esta ocasión, afortunadamente.
Y ahora se da un paso más. Hace unos días la presidenta del Parlamento Europeo ya visitó Kiev. 


Y ahora irán a Kiev Von der Leyen y Borrell.


Es un mensaje, sin duda. Una respuesta a lo que hemos sabido estos días.




El horror, sin duda. Y no creo que seamos ingenuos. Sabemos que las guerras son así, por desgracia; pero precisamente por eso hay que ser claro en dos cosas: la primera, que no hay duda de quién ha empezado esta guerra. Todos los análisis sobre las consecuencias de la expansión de la OTAN, sobre las posibles amenazas que podía sentir Rusia, sobre lo que se quiera serán útiles; pero ninguno de ellos podrá restar un solo gramo la enorme, la terrible responsabilidad no solamente de quien ha iniciado la guerra, sino de quien ha cometido estas atrocidades que deberán ser investigadas y juzgadas... si la guerra se gana, claro.
Porque lo segundo que tenemos que asumir es que la guerra es contra nosotros. El llavero de la última fotografía lo deja claro; pero también las pintadas en las que los soldados rusos indicaban que esto les pasaba a los ucranianos "por querer entrar en la OTAN". Bueno, pues querámoslo o no, la OTAN somos nosotros, así que lo lógico es sentirse amenazado. Ya en diciembre Putin indicó que su objetivo es que no hubiera tropas de la OTAN más allá de sus fronteras de 1997. Esto es, la invasión era también para que las tropas que hay en los Países Bálticos (entre ellas las españolas) los abandonen. Esta es nuestra guerra y estos son también nuestros muertos.
Sí, todos los muertos deberían ser sentidos como propios; pero ese ideal ha de ser compatible con asumir que unos están más cercanos; que algunos son una señal más intensa del peligro que nos acecha a nosotros mismos, y que hay luchas en las que unos mueren por proteger lo que también es nuestro. Y este es el caso de la guerra de Ucrania. Más allá de las críticas que puedan hacerse a lo que se hizo aquí y allí en Ucrania, en este momento no hay duda de quiénes son los nuestros y quién es el enemigo; en término que ya utilizó Borrell pocos días después de iniciada la invasión.
Eso es algo que también viene con las guerras: hemos de tomar partido, o lo toman por nosotros. En el más cerebral de los discursos es necesario introducir emotividad, porque de otra forma no seríamos fieles a la realidad.
Y si hablamos de emotividad, hablamos de símbolos. Porque los símbolos importan, e importan mucho. Y el viaje de Von der Leyen y Borrell a Kiev es un símbolo. Es un símbolo de solidaridad con los ucranianos que sufren la destrucción de su país, el asesinato y la tortura, que han visto cómo sus calles se convierten en vertedero de blindados quemados.



Es un símbolo del apoyo a Ucrania, de dejar claro que es aliado y que se le ayudará hasta llegar al límite que sea posible, el que ha marcado Putin al amenazar con la utilización de armas nucleares. Y es un símbolo de que Rusia ha perdido la iniciativa. Hace unas semanas hubiera sido imposible ese viaje. Cuando tres primeros ministros europeos viajaron a Kiev en tren hubo preocupación en Bruselas. Creo que fue Borrell quien dijo entonces que había incidentes que podían provocar guerras. Una manera de trasladar el mensaje de que de haberle pasado algo a los dirigentes que habían visitado Kiev, la implicación de la UE y de la OTAN debería ser mayor de la que ya era entonces. Obviamente, cuando la visita es de la presidenta de la Comisión Europea y del Alto Representante par Política Exterior y de Seguridad, el riesgo para la paz es todavía mayor. Viajan a un país en guerra para mostrar el apoyo a uno de los contendientes y arriesgándose, por tanto, a ser considerados como objetivo legítimo por el agresor.
La UE no ha puesto tanques en Ucrania, pero la política exterior y de defensa no se limita a los tanques (aunque estos sean necesarios). La visita de los dirigentes no es solamente un apoyo a Ucrania, sino una advertencia a Rusia y una señal para todo el mundo.
No está mal para unos burócratas de Bruselas que, además, asumen, es obvio, un riesgo personal.
Pero nadie dijo que no tuviera costes servir a ese proyecto inefable que es la Unión Europea; o, lo que es lo mismo, la traducción, imperfecta, pero reconocible de la democracia, los derechos humanos, la justicia y la libertad.

sábado, 2 de abril de 2022

Motomami


No recuerdo que me haya pasado nada semejante con ningún otro disco. Y casi diría que con ninguna otra cosa (película, libro...).

La primera vez que escuché algo de Motomami me dije ¿qué es esto? ¡qué horror! o, quizás, ¡qué chorrada!

Pero me puse a escuchar el disco entero, de Saoko a Sakura y me dije: "No está tan mal, ahí hay algo".

Luego lo escuché varias veces más y tras acabar cada una de ellas sucedía lo mismo: el disco me parecía mejor que en la audición anterior y tenía más ganas de volver a él.



Eso sí, casi siempre escuchándolo entero. Escuchar temas sueltos es -a mi juicio- peor que escuchar un movimiento aislado de una sonata. Es como leer versos sueltos de un soneto y pensar que les vas a encontrar sentido. Para mi gusto el encadenado de unos temas con otros transmite bastante y contribuyen a trasladar esa imagen de mensaje más o menos profundo.

Creo que algunas de las críticas que han hecho al disco parten de esa sensación -en el álbum hay más de lo que aparenta a simple vista- y se pretende encontrar "la explicación"; pero esto no sé si es un propósito sensato. Para mí, lo llamativo es que tantos intuyan (intuimos) que hay un "algo más" y nos devanemos los sesos intentando encontrarlo.

Confieso que yo todavía no he llegado al punto en el que diga que lo entiendo. Me imagino que en mi caso será difícil llegar a ese punto porque mi desconocimiento musical es oceánico. No solamente es que no tenga ni idea de solfeo sino que no tengo ni idea de estilos musicales, cantantes o todo ese mundo. Por ejemplo: hoy le preguntaba a mi hija si Weekend, quien interpreta con Rosalía el tema "Fama", era un cantante conocido. Me miró con estupefacción y dijo muy despacio, casi separando las sílabas: "muy famoso, mucho". Bueno, para mí un desconocido.



Así que lo tengo mal para llegar a la comprensión del disco. Ahora bien, eso no impide, y ahí creo que radica una de las claves de lo que es su éxito, que pueda disfrutarlo ¡y eso que los estilos de música con los que juega no me atraen!

Por especular, creo que Rosalía juega con elementos que contribuyen a esto. Elementos sencillos, pero que en su conjunto son eficaces:

- Encadenado de temas con estilos muy diferentes.

- Cambio de estilo dentro del mismo tema.

- Letras que incluyen palabras incomprensibles, términos de otros idiomas o una pronunciación que a veces dificulta el entendimiento.

Todo lo anterior y más hace que el oyente tenga casi que forzarse a ponerse en disposición de preguntar ¿qué nos está queriendo decir?

Ese es el truco, porque cuando piensas que hay algo más ya te volverás loco buscándolo.

A partir de aquí hay una clave bastante sencilla que hace que todo encaje bastante. Rosalía, aparentemente, nos está hablando de sí misma y de un proceso de transformación que se basa en la mezcla.



Lo anterior no es que necesite mucha exégesis. Ya está en la primera canción del disco y es una idea que se repite de mil maneras a lo largo de todo el álbum. Entre otras cosas con la imagen de la mariposa (que sale en varios temas) y con esa mezcla de temas y de diferentes estilos dentro de los temas. Se trata, además, de una mezcla con unos elementos básicos bastante claros: el "Moto", lo urbano, lo oriental, lo sofisticado, lo artificial; y el "Mami", lo íntimo, lo natural, lo cercano y hasta familiar.

No es nada para catedráticos de filosofía. Lo anterior es muy sencillo, está al alcance de todos y todos se ven gratificados por haber "pillado" una especie de mensaje oculto que, como digo, es bastante evidente.

Pero Rosalía, como comentaba, lo rodea de misterio, y le añade elementos que inciden en ello: la referencia a una especie de alfabeto "formalizado" y "sorpresas" como la inclusión en uno de los temas de un mensaje de voz de su abuela (¡vaya narices que hay que tener para hacer una cosa así!).



Y a lo anterior se une un buen gusto o un instinto o un conocimiento (cada uno que opte por lo que prefiera) que contribuye a que todo esto funcione. Aquí los que saben de música encontrarán muchos elementos para juzgar; pero incluso los que no sabemos podemos darnos cuenta de algunos de ellos. Quizás, precisamente, porque, en el fondo son bastante sencillos, y el talento está en haber acertado en cada momento con un recurso simple y, a la vez, potente. Pondré dos ejemplos.




En "Bulerías" es su voz, unos coros (¿se puede decir así?) y una caja. Justo en el momento en el que habla de que la maldicen, la voz de Rosalía pasa a un segundo plano y la caja pasa al primero. De alguna forma la vemos a ella en la lejanía y a nuestro lado a quienes la maldicen. Es un momento, porque luego el coro alegre nos devuelve al espíritu del tema. Es una cosa sencilla, trivial y, quizás, incluso a quienes sepan de música les dejará fríos porque habrán percibido el mecanismo antes de haber gozado del efecto; pero puede ser esa la razón de que sea tan popular. A quienes no conocemos tanto de música nos llega primero el efecto y luego, en algunos casos, se nos descubre el mecanismo.

Otro. En el artículo en El Confidencial sobre el álbum de Héctor García Barnés, se habla del ¿verso? "Pa’ ti na’ ki, Chicken Teriyaki". Bueno, una chorrada, quizás, pero hoy me fijaba en lo que viene antes: "Rosas sin tarjeta, se las mando a tu gata, te la tengo con roleta". Aquí lo que produce el efecto es el contraste de las vocales abiertas que preceden al "Pa'ti na'i, Chicken Teriyaki", en el que la "i", cerrada, domina. No creo que sea muy común buscar un efecto mediante el contraste de vocales abiertas y cerradas; pero el caso es que funciona.



Mi impresión es que el álbum está lleno de recursos que unen la sencillez a la eficacia; esto es, que son aptos para gente como yo que no tiene ni conocimientos ni sensibilidad musical y que se ha quedado enganchado a un  álbum que suma estilos que, por separado, aborrezco.

No creo que el mensaje sea más profundo que lo que aparenta: Rosalía quiere sacar un nuevo álbum en el que mezcle los diferentes estilos que ha ido probando; esa mezcla es para ella una combinación de lo urbano y artificial con lo personal y profundo, y eso se traslada a los estilos de las canciones, a las letras y a los temas. Sabe que es un cambio y que desafía con él a los que habían disfrutado de su álbum anterior, pero asume los riesgos porque cree que es su tarea como artista.

Este es el mensaje del álbum. No es la cura del cáncer ni la solución de las desigualdades sociales. Es un mensaje estrictamente personal en el que habla de su éxito, su familia, sus deseos y cómo ve el futuro.

Pero en las obras de arte lo importante no es el mensaje, sino cómo se transmite ese mensaje. Y aquí Rosalía ha encontrado una vía para atraparnos y conseguir que algo trivial y sencillo sea arte. Pero, precisamente por eso lo es.

Voy a volver a escuchar el álbum... 


* Originalmente, esta entrada fue un comentario en el muro de Facebook de Leyre Iglesias.