Páginas

Artículos en "The New York Times"

Artículos en "El País"

Artículos en ABC

Artículos en "El Periódico"

Artículos en "El Mundo"

Artículos en "El Español"

Artículos en "Crónica Global"

Artículos en "Te interesa"

Artículos en "El Universal"

Artículos en "La Razón"

Páginas

martes, 10 de julio de 2018

El lazo amarillo es la centralidad política




Sánchez recibió a Torra en La Moncloa y la buena noticia es que Torra, de momento, no dará otro golpe de Estado. Eso sí, a cambio se ponen en marcha las comisiones bilaterales que prevé el Estatuto de Autonomía, el Gobierno retira varios recursos de inconstitucionalidad y Pedro Sánchez asistirá a los actos de homenaje a las víctimas de los atentados de agosto pasado; actos a los que, según informa "El País", no se invitará al Rey.


Un despropósito. El Gobierno no ha de ir a donde no puede ir el Rey, o, mejor dicho, el Gobierno debe garantizar que el Rey vaya a cualquier parte de España sin que nadie imponga vetos. Parece lógico. Pero, más allá de esto la pregunta es ¿a qué se ha comprometido Torra en su encuentro con Sánchez?
Torra entró en La Moncloa con el lazo amarillo, símbolo de los nacionalistas, y salió dando mensajes que inciden en lo ya sabido: para ellos Cataluña son ellos y nada más que ellos. El resto de los catalanes, los que no comulgamos con el lazo amarillo, no existimos o si lo hacemos es tan solo como molestia que más tarde o más temprano deberá ser extirpada de esa pura sociedad catalana que el supremacista Torra defiende.
Quedaba la esperanza de que el Gobierno de España hablara de lo que no quiere hablar Torra. Cosas como, por ejemplo, el requerimiento del Parlamento Europeo para que en Cataluña se cumpla la ley y las sentencias judiciales en lo que se refiere a la presencia mínima del castellano en la educación; el sistemático incumplimiento de las decisiones de las Juntas Electorales que denuncian la parcialidad de las administraciones en época electoral -una minucia, vaya-, o el adoctrinamiento en las escuelas, documentado sobradamente y sobre el que, incluso, hay procesos judiciales abiertos. En definitiva, quedaba que Sánchez hablara de los déficits democráticos en Cataluña, del acoso a los no nacionalistas, de la ocupación del espacio público por símbolos partidistas, de la prohibición de actos políticos de los partidos no nacionalistas... Temas que deberían producir escalofríos a cualquier demócrata, pero que para el Gobierno de España simplemente no existen.
La entrevista de ayer entre Sánchez y Torra dio carta de naturaleza al lazo amarillo y dejó claro que todo el terreno ocupado por los nacionalistas seguirá siendo suyo y que solamente nos queda esperar a su nuevo intento de avance hacia la independencia, lo que hizo expreso Torra en su comparecencia posterior al advertir que no renunciaban a la República Catalana.
¿Podría haber pedido Sánchez que cualquier avance o concesión por parte del Gobierno se condicionara al compromiso de la Generalitat de ajustar su comportamiento a la legalidad? Creo que no solamente podría, sino que debería; pero no parece que haya sido así y, en cualquier caso, esta exigencia -si existió- no se transmitió a la opinión pública por lo que los efectos letales de una tolerancia con el nacionalismo supremacista y enfrentado a la ley que representa Torra ahí están.
En Cataluña, lo hemos dicho muchas veces, no se vive una situación normal. El Estado de Derecho ha sido laminado en buena medida como resultado de la imposición del régimen nacionalista y no se trata de guardar silencio para que parezca que no pasa nada, sino de llevar a cabo políticas (sí, política, no solo de tribunales vive el hombre) que pongan fin a una situación de excepcionalidad que el Gobierno de España no quiere reconocer.
En vez de ello ha dado carta de naturaleza al lazo amarillo, la nueva centralidad política, por lo que parece. Una centralidad política en la que lo que hacen los nacionalistas no tiene sanción política y en la que, en cambio, quienes defienden el respeto a los derechos fundamentales, los principios democráticos y la igualdad entre todos los ciudadanos simplemente no existen. Una centralidad política en la que el supremacista Torra es una persona dialogante y quienes vemos vulnerados sistemáticamente nuestros derechos "provocamos".
Una centralidad política en la que las propuestas para los catalanes no nacionalistas se resumen en una frase: "traga, calla y no molestes".
Es lo que hay.

No hay comentarios:

Publicar un comentario