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jueves, 5 de mayo de 2016

Lo normal




Lo normal es que si plantas una carpa informativa para explicar la conveniencia de que los catalanes sigamos siendo españoles y ciudadanos europeos, aparezcan unos cuantos violentos para intimidar y coaccionar, acaben sacando unas navajas, arrancando la bandera española que luce en una esquina de la carpa y la destrocen delante de tus narices a la vez que llaman a sus amigos para boicotear tu mensaje.



Lo normal es que, habiendo pasado lo anterior en un campus universitario y en el marco de un acto organizado por la propia Universidad, ésta se niegue en redondo a mostrar la más mínima muestra de solidaridad con los agredidos, no vaya a ser que se piense que condenan las actitudes violentas e intolerantes de los navajeros y acosadores. Lo normal es que si se vuelve a colocar la carpa informativa unos días después a escasos metros de donde se produjo la primera agresión unos y otros te miren como diciendo "pero ¿por qué montas estos follones? ¡con lo fácil que es dejar hacer a los violentos y que estos te dejen en paz!". Evidentemente, esto es lo normal: dejar hacer y no meterse en líos.


Lo normal es que delante de los guardias de seguridad los mismos violentos de antes se dediquen a decorar las paredes de los edificios con dibujos y pintadas "revolucionarios". Por supuesto, ni se te ocurra plantear que lo que hacen, en tanto en cuanto supone estropear bienes públicos, podría ser delito. Como digo, lo normal es que los violentos hagan lo que les da la gana y que si tú les molestas te agredan para expulsarte de ese espacio público que con tan poco esfuerzo han conquistado y del que no están dispuestos a irse.




Lo normal es que estos mismos individuos, cuando deciden que no se ha de hacer clase, coloquen barricadas por el campus para convertirlo en remedo de un campo de batalla. Eso es tan normal que me he encontrado con profesores que cuando han de ir a uno u otro sitio en medio de tan singular "ocupación" no tienen inconveniente en mostrar a los encapuchados que guardan los controles y barricadas los correos electrónicos en los que se les cita para esta u otra reunión. Con suerte estos encapuchados, tras comprobar los datos, dejarán pasar al profesor que les premiará con una sonrisa: "Estos chicos -pensará- en el fondo no son tan malos".


¡Por supuesto! No son tan malos, cuando ajustas tu comportamiento al que ellos desean todo es fluido. Para no tener problemas basta con tolerar sus pintadas y sus barricadas, además de hacer la vista gorda cuando coaccionan, boicotean o agreden a quienes piensan diferente. Bueno, en esto último exagero. Está asumido que, si quieres, puedes pensar diferente; pero eso sí, cuando ese pensamiento no se ajuste a los límites del nacionalismo guárdate mucho de expresar públicamente lo que piensas. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Mientras tus ideas sean solamente tuyas o te limites a compartirlas en torno a un café no habrá problema. Si vas más allá, si pretendes que tú también tienes derecho a expresar lo que piensas te encontrarás con alguien que te recuerde que eso que quieres hacer no es normal y que, por tanto, cualquier cosa que te pase será, por supuesto, responsabilidad tuya, no de aquellos que te insulten, boicoteen o agredan.
Esto es lo normal, y lo peor es que muchos parecen asumir que, efectivamente, lo normal pasa porque solamente unos tengan la palabra y porque quienes piensan "diferente" se vean amordazados. Muchos parecen estar de acuerdo en expulsar del debate público a quienes tienen ideas que no se ajustan a los mantras nacionalistas y en dar por buenos los intentos de colocar a quienes no piensan así en eso que se llama "extrema derecha" o, más habitualmente, "fascistas"; esa palabra comodín que sirve para insultar a todo aquel que se opone a estos violentos que con tanta habilidad han ocupado paredes y plazas, megáfonos y pancartas.



Pues bien, yo digo y seguiré diciendo que todo esto no es normal, que lo normal es que todos puedan utilizar la palabra y exponer sus ideas, que nadie tiene que ser boicoteado o agredido, que la libertad de expresión es básica y que las instituciones han de apoyar a los agredidos y no a los agresores. Quiero creer que somos muchos los que pensamos así y que más pronto que tarde los que no se atreven a levantar la voz y afirmar con serenidad y firmeza que la violencia no puede prevalecer, darán el paso de exigir que lo normal sea la convivencia y que la violencia y el odio queden desterrados al baúl de los malos recuerdos.
Entonces nos daremos cuenta de que casi nada de lo que está pasando en Cataluña en los últimos años es normal y lo cerca que hemos estado de perder la democracia que tanto costó recuperar. Porque cuando se ve normal el acoso, la violencia y el silencio ante las agresiones es que ya hemos comenzado a abandonar la senda de la libertad.

5 comentarios:

  1. Gracias por este valiente post. Coincido 100%

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  2. Gracias! Es curioso, pero esto mismo me lo han dicho últimamente más de una vez. Se agradece. Tenía diez años cuando vi "La Guerra de las Galaxias" y todo ese universo me es familiar. Espero que, como en esas pelis, al final todo acabe bien.

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  3. Muy bueno, esta pasando lo que gente como tu o como yo, llevamos años advirtiendo, que al final los nacionalismos tan extremistas, acaban siendo violentos por narices, ya paso en Alemania en los años 30 y en Italia, ahora esta pasando en Cataluña, antes ya ocurrió en el país vasco. En fin, parece que nadie aprende nada.

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