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domingo, 11 de marzo de 2018

Canto de ira y fuego 2018

Cada año por esta fecha retomo la publicación que aquí comparto y que pretende ser un homenaje a las víctimas, a todas las víctimas.
Hace unos años me di cuenta, por casualidad, que el número de versos era 192. Acabo de comprobar que el de víctimas mortales fue de 193, así que he añadido un verso para que cada una de las líneas vaya dedicada a cada uno de los fallecidos; aunque, como no podía ser de otra forma, el recuerdo es igualmente intenso para los heridos y para todas las personas que han sufrido directa o indirectamente las consecuencias de aquel horror injusto y criminal. Un horror que cada poco se repite en tantos lugares del mundo y con tantas víctimas que igualmente merecen ser recordadas.

(Foto: Manu Arenas)


Una mano pequeña
te agarra como ancla;
es tan sólo un recuerdo
en la fría mañana.
Otros recuerdos vienen,
son los que te acompañan
desde aquel otro día,
gris memoria lejana.
Otra mano a lo lejos
que por ti se agitaba;
El asesino azul
tranquilo te aguardaba.
Pero antes las piedras
con sangre han sido untadas.
Él quedó en el camino
y en tu alma su mirada.
Ahora la estás viendo,
aquí, en esta mañana,
definitiva, ardiente,
caótica y extraña.

La sal seca la boca,
la ropa está mojada,
horizonte lejano,
miedo al crujir las tablas.

Regresabas del campo
cuando viste las llamas
cuando oíste los gritos,
tu nombre pronunciaban;
un silbido en el aire
te trajo la desgracia.
Aceptas el periódico
que en el metro regalan
te aprietas contra tantos
que el mismo aire exhalan.
¿Acaso hay diferencias
entre los que para vivir trabajan?

Una mano en el culo,
tragas saliva, pasas.
Los ojos distraídos
se fijan en su cara.
Guapa, morena, pálida.
Le clava la mirada,
ella también le mira,
parece contrariada.
Quiero olvidar su gesto
cuando el café tomaba,
y el sabor de su piel
cuando con él follaba.
Hoy acabo el informe
y hago ya la llamada.
Si estamos a primeros,
otro mes sin la paga,
cogeré los ahorros
para el envío a casa.
Es guapo el tío negro,
lástima que no vaya
al bar en el que entro;
que baje en mi parada,
le sigo, me lo cruzo,
caída de pestañas.
¿Y el móvil, dónde está?

Como cada mañana
entra en la habitación,
igual que la dejara
el día de desgracia;
bueno, hecha la cama.
La arregló el mismo día
al regresar a casa.
Vio en la mesita el móvil
que entonces olvidara
encendido y abierto;
y que ahora muerto también estaba.

En el Cielo tus hijos
están, a ti te aguardan.
Grita y golpea airado
ante las cajas blancas,
blancas como el metal
del cajón en que viaja.
De pie echa la cuenta
de lo que aún le falta
para acabar el pago
de la pierna moderna
que a su hija regala.
Sabe que allá muy lejos
ella por ella aguarda.
Ahora busca sombra
donde antes jugaba
¿Cuánto dinero cuestan
de un pájaro las alas?
Las manos en los guantes,
todo fluye y encaja,
incluso el traqueteo
con su mente acompasa.
Tranquilo en su palacio
goza de la mañana.
De nuevo han fracasado
los que la paz pactaban.
Superficial artículo,
por algo lo regalan,
luego lo mirará
en...
...y todo estalla.

Sí que es malo el café
del bar de la parada;
pero ella que no tiene
se siente como en casa
entre ruido de trenes
y churros en la barra.
De repente el estruendo
y el mundo que se acaba.
No te puedes mover,
estás petrificada.
El bar es un dibujo
de gente estupefacta.
Tiras del compañero,
hacia el andén avanzas.
Del túnel salir ves
el primer cadáver de la mañana.
Rojo, azul, alarido;
del infierno la entrada.
Tienes que ir, ahí.

Oscuro alrededor,
agua y sangre en la espalda.
Echa en falta su guante,
la mano que guardaba
y el brazo que movía
el mundo en que gozaba.
Fulgores de linternas,
una voz que le llama.
Vio el fuego, oyó la bomba;
la chica se quemaba,
su rostro se fundió;
el fuego rojo avanza
hacia él, indefenso,
la llama ya le mata.
En las piernas temblor,
los hierros ella salta,
la sigues, entras, rezas.

El silencio, el dolor;
muerte bajo la carpa.
Lloran y se estremecen
los que en ella trabajan
cuando en un móvil vivo
se oye la llamada
por la que amante, amigo,
padre, madre o hermana
palabras de un cadáver
con angustia reclaman.
Ve la sábana blanca,
encima la tarjeta,
alguien ya la levanta.
Pues sí, ha sucedido
un mundo así se acaba.
Unos ojos cerrados,
sangre seca en la cara,
no más mañanas juntos
perreando en la cama.
Muchos años después
aún recuerda aquella blanca mortaja,
de la que es una copia
la que la luz le tapa.

Llevas en ti la muerte
y un recuerdo en el alma.
El dolor es más fuerte,
sientes como te abraza,
casi te reconforta
en esta hora amarga.
Si tus hijos vivieran...
los sientes a tu espalda,
pronto serán reales;
muerte en vida tornada.
Hoy tiemblan los maestros
que a las cinco aguardan
a los que recogen
esta preciosa carga.
¿Alguno no vendrá?
No aguantan las miradas
que los chavales serios
asustados les lanzan.

La estación está cerca,
los pasos no engañan.
Primaveral calor
de la luz en la cara;
fúnebre negra máscara.
Color de la mañana,
que tras ella se oculta,
ven a mi y me regalas
tan solo dos minutos
para ver la muchacha,
perfume penetrante,
que tan suave me habla
con voz entrecortada.

¡Oh, tristes odios imperecederos!

sábado, 30 de diciembre de 2017

De donde viene Tabarnia




Las calles, los aeropuertos
volverán a ser lo que eran,
lo que eran antes del solsticio,
antes de que la balanza dudara,
antes de que las nubes y el aire se alejaran,
se disiparan.
Lo que eran antes que las semanas
se alargaran como meses de invierno.
Antes de la gran desazón.
Antes de que supiéramos del temor.
Antes.
Cuando el  pie no sentía el frío de la piedra.
Cuando había lugar a la ironía.
Lo que eran antes que nosotros fuéramos.
Quizás entonces olvidemos
los días de la soledad;
las horas de la convicción
-puño en el pecho, desazón;
mercurio en la garganta, dolor.
Quizás entonces recordemos
quiénes sufrieron y dijeron,
quienes alzaron la cabeza,
quienes extendieron la mano.
También
los de puño y cerrado corazón.
También.
Ese día el verde cubrirá el blanco
de la nieve y la escarcha en las aceras.
y los que entonces vivan no sabrán
de la música y el olor,
del frío en días de calor,
del beso y del abrazo,
de las calles engalanadas
de los amigos y de los extraños.
No sabrán el sentido de las páginas.
La vida ya no habitará en relatos,
Las fotografías nada dirán.
Entonces nadie quedará
de quienes por unos meses
sentimos el suelo temblar,
de quienes vimos las puertas abiertas
al horror que todo lo acabará.
Los libros no explicarán
que el futuro una hora tenía, no más.
Callarán que la noche podía a mediodía
comenzar.
Dejad ahora que todo acabe de pasar,
abramos los ojos para empezar a soñar.

Tabarnia tiene nombre de sueño, de tierra mítica. Tabarnia se emparenta con Góndor y Rohan, con Colquidia y, claro, también con Ítaca. Tabarnia no es un lugar, sino una carcajada y una mano abierta. Tabarnia es el fruto de la angustia y la rabia, del temor y la desazón de años de proceso; pero, sobre todo, de los meses de septiembre y octubre. La espuma con la que la roca contesta a la ola que la golpea. Tabarnia es la respuesta de los que han callado, la voz de los que han sido ninguneados, la de los ignorados, de los minorizados. Tabarnia es una respuesta y una idea; pero no tiene límites, no tiene fronteras. El mapa de Tabarnia es tan solo un reflejo de la Tabarnia real, la que habita en cada rincón de Cataluña donde alguien se ha sentido avasallado por las esteladas y las AMIS, por los lazos amarillos y los gritos de "las calles serán siempre nuestras".
Tabarnia no es Tabarnia, Tabarnia es un juego y una bandera que nos ayudarán a levantar la cabeza, a mantener los pies en la tierra, a no callar, a continuar hasta que se recupere la sensatez en esta tierra nuestra.


domingo, 7 de mayo de 2017

Childhood (Infancia)

To see
who's going
to see it, is almost
seeing
what's going to be
when -night and dark sea-
no more you'll be.
Your trace lost,
your forgotten name,
somebody who sees
and won't know
that her face was sought
by a dead soul
when he still was
flesh and joy.

El recuerdo a las madres es, inevitablemente, también, el recuerdo de la infancia


El bebé soy yo, en 1968, supongo. Con mi madre y un amigo de la familia, Ernesto


Cecilia y Laura hace unos diez años, cerca de la casa de Blanca, en el Ampurdán

En castellano el texto del inicio sería más o menos así:

Infancia

Ver
a quien va
a verlo
es casi
ver
lo que será
cuando -noche y mar oscuro-
tú ya no seas.
Tu huella perdida,
tu nombre olvidado,
alguien que mira
y no sabrá
que su rostro fue contemplado
por un alma muerta
cuando aún era
carne y alegría.

lunes, 16 de enero de 2017

Libre






Si la muerte llega ahora,
si libre entregas tu sangre y tu luz,
si dejas que la ola el pecho quiebre,
si te abandonas,
si las palmas de las manos ofreces,
si no temes la soga ni el puñal...
nadie por ti vendrá.
Los ojos vivos, la carne que tiembla
mientras aguarda la sombra que llega
y tu rostro comienza ya a tocar.
Ver más allá del final
la brisa entre las hojas,
las conversaciones plácidas,
jóvenes que caminan descuidados,
piel que brilla en el claro atardecer.
Gozar más allá de la oscuridad
sonrisas y amores, suaves caricias
que ya no sentirás.
Si cambias el temor de este instante
por vidas sin violencia ni injusticia
que otros -desconocidos- tendrán;
si hoy la muerte aceptas
sin reproches ni esperanzas, confiando

que algún día la hierba crecerá,
cubrirá las piedras ensangrentadas,
verdearán las rocas arrojadas
y nadie entonces ya recordará
este dolor fatal.
Confiando, sí
que esta noche a punto de llegar
sueño será, oscuro y frío, mortal;
pero sueño al fin, un sueño del que alguien,
-otro- despertará.
Confiando, sí
en la mañana en que el niño o la joven,
la mujer o el anciano,
serenos y tranquilos, aburridos quizás,
ignoren que la libertad que tienen,
la seguridad, la prosperidad
aquí fueron ganadas,
la tarde en que supiste
que esa mañana que no verás
más importa que la vida que pierdes,
que el recuerdo y la memoria
que contigo desaparecerán.
Si estas cosas haces,
un beso -el mío- en la frente, al morir,
recibirás.





A quienes debemos lo que ahora somos, lo que damos por sentado; a quienes con su sacrificio, a veces olvidado, hicieron posible un mundo mejor

viernes, 11 de marzo de 2016

Canto de ira y fuego 2016

Cada año, el 11 de marzo, retomo esta publicación que pretende ser un homenaje a las víctimas, a todas las víctimas. El año pasado me di cuenta de que por una extraña casualidad el número de versos es de 192, el mismo que el de víctimas mortales en el atentado del 11-M si se incluye entre ellas al policía fallecido en el asalto al piso de los terroristas.

(Foto: Manu Arenas)


Una mano pequeña
te agarra como ancla;
es tan sólo un recuerdo
en la fría mañana.
Otros recuerdos vienen,
son los que te acompañan
desde aquel otro día,
gris memoria lejana.
Otra mano a lo lejos
que por ti se agitaba;
El asesino azul
tranquilo te aguardaba.
Pero antes las piedras
con sangre han sido untadas.
Él quedó en el camino
y en tu alma su mirada.
Ahora la estás viendo,
aquí, en esta mañana,
definitiva, ardiente,
caótica y extraña.

La sal seca la boca,
la ropa está mojada,
horizonte lejano,
miedo al crujir las tablas.

Regresabas del campo
cuando viste las llamas
cuando oíste los gritos,
tu nombre pronunciaban;
un silbido en el aire
te trajo la desgracia.
Aceptas el periódico
que en el metro regalan
te aprietas contra tantos
que el mismo aire exhalan.
¿Acaso hay diferencias
entre los que para vivir trabajan?

Una mano en el culo,
tragas saliva, pasas.
Los ojos distraídos
se fijan en su cara.
Guapa, morena, pálida.
Le clava la mirada,
ella también le mira,
parece contrariada.
Quiero olvidar su gesto
cuando el café tomaba,
y el sabor de su piel
cuando con él follaba.
Hoy acabo el informe
y hago ya la llamada.
Si estamos a primeros,
otro mes sin la paga,
cogeré los ahorros
para el envío a casa.
Es guapo el tío negro,
lástima que no vaya
al bar en el que entro;
que baje en mi parada,
le sigo, me lo cruzo,
caída de pestañas.
¿Y el móvil, dónde está?

Como cada mañana
entra en la habitación,
igual que la dejara
el día de desgracia;
bueno, hecha la cama.
La arregló el mismo día
al regresar a casa.
Vio en la mesita el móvil
que entonces olvidara
encendido y abierto;
y que ahora muerto también estaba.

En el Cielo tus hijos
están, a ti te aguardan.
Grita y golpea airado
ante las cajas blancas,
blancas como el metal
del cajón en que viaja.
De pie echa la cuenta
de lo que aún le falta
para acabar el pago
de la pierna moderna
que a su hija regala.
Sabe que allá muy lejos
ella por ella aguarda.
Ahora busca sombra
donde antes jugaba
¿Cuánto dinero cuestan
de un pájaro las alas?
Las manos en los guantes,
todo fluye y encaja,
incluso el traqueteo
con su mente acompasa.
Tranquilo en su palacio
goza de la mañana.
De nuevo han fracasado
los que la paz pactaban.
Superficial artículo,
por algo lo regalan,
luego lo mirará
en...
...y todo estalla.

Sí que es malo el café
del bar de la parada;
pero ella que no tiene
se siente como en casa
entre ruido de trenes
y churros en la barra.
De repente el estruendo
y el mundo que se acaba.
No te puedes mover,
estás petrificada.
El bar es un dibujo
de gente estupefacta.
Tiras del compañero,
hacia el andén avanzas.
Del túnel salir ves
el primer cadáver de la mañana.
Rojo, azul, alarido;
del infierno la entrada.
Tienes que ir, ahí.

Oscuro alrededor,
agua y sangre en la espalda.
Echa en falta su guante,
la mano que guardaba
y el brazo que movía
el mundo en que gozaba.
Fulgores de linternas,
una voz que le llama.
Vio el fuego, oyó la bomba;
la chica se quemaba,
su rostro se fundió;
el fuego rojo avanza
hacia él, indefenso,
la llama ya le mata.
En las piernas temblor,
los hierros ella salta,
la sigues, entras, rezas.

El silencio, el dolor;
muerte bajo la carpa.
Lloran y se estremecen
los que en ella trabajan
cuando en un móvil vivo
se oye la llamada
por la que amante, amigo,
padre, madre o hermana
palabras de un cadáver
con angustia reclaman.
Ve la sábana blanca,
encima la tarjeta,
alguien ya la levanta.
Pues sí, ha sucedido
un mundo así se acaba.
Unos ojos cerrados,
sangre seca en la cara,
no más mañanas juntos
perreando en la cama.
Muchos años después
aún recuerda aquella blanca mortaja,
de la que es una copia
la que la luz le tapa.

Llevas en ti la muerte
y un recuerdo en el alma.
El dolor es más fuerte,
sientes como te abraza,
casi te reconforta
en esta hora amarga.
Si tus hijos vivieran...
los sientes a tu espalda,
pronto serán reales;
muerte en muerte tornada.
Hoy tiemblan los maestros
que a las cinco aguardan
a los que recogen
esta preciosa carga.
¿Alguno no vendrá?
No aguantan las miradas
que los chavales serios
asustados les lanzan.

La estación está cerca,
los pasos no engañan.
Primaveral calor
de la luz en la cara;
fúnebre negra máscara.
Color de la mañana,
que tras ella se oculta,
ven a mi y me regalas
tan solo dos minutos
para ver la muchacha,
perfume penetrante,
que tan suave me habla.

¡Oh, tristes odios imperecederos!

miércoles, 27 de mayo de 2015

Últimas rimas


Hace tiempo que no cuelgo intentos de poema en este blog. Comparto los últimos que he ido publicando  en "Impresiones Rimadas"

Palmira

Es la tarde,
las ruinas de Palmira destellarían bajo las estrellas.
Pero no hay ruinas, ya no las hay.
Gota a gota, la sangre desciende por los muslos,
crece y se embalsa
hasta llenar subterráneas ciénagas,
colmarlas y ascender
hacia la oscuridad primordial.
Sal con agua y rubíes,
brillan en el cielo las gotas suspendidas
y caen como lluvia
sobre el solar
que fue una ciudad.
En las calles de Palmira también
hubo dolor y sangre insatisfecha
como ahora la hay.
Envuelven los cadáveres en mantos
que deambulan cubiertos de polvo,
arrancados los ojos,
cerrados los labios, manos segadas,
mundo amputado,
el crimen ancestral.
El dolor es mudo y crece,
crece sobre tierras, sobre ciudades;
se dilata el dolor sólido
que no nos llega.
Un niño muerto al lado del camino
no es ya nada en el mundo...
Pero su padre ¡ay su padre!
Odiará y el dolor
al cielo de rubíes llegará;
desgarrará,
romperá nuestros oídos
en silencio mortal.
Ese desgarro nos hará mirar
las niñas torturadas,
las mujeres cegadas,
los niños enterrados.
Ese día entenderemos
que las ruinas de Palmira
no valen el clítoris de la niña
que indefensa suplica,
mientras una madre,
impotente y vencida,
entre lágrimas llora
la pérdida del gozo que su hija
ya no podrá soñar.



¡Oh, tristes odios imperecederos!


(Fotografía Fernando López)




To see
who's going
to see it, is almost
seeing
what's going to be
when -night and dark sea-
no more you'll be.
Your trace lost,
your forgotten name,
somebody who sees
and won't know
that her face was sought
by a dead soul
when he still was
flesh and joy.








La casa abierta
no existe ya, se mezcla con el aire.
Cimbrean las paredes bajo el sol,
descubre la luz rincones secretos.
Desaparece la casa en la tarde
y ya todo es afuera,
natural y sin tiempo.
Respiro verde y azul,
me someto al fulgor.
Abríllase la piel
perdida de su oscuridad mortal.
Vuelve el latido espeso de la sangre,
entórnanse los párpados,
aquiétase el fulgor,
reposan las palabras
que dan sentido al mundo.
Habitación cerrada en la penumbra,
apenas yo.



martes, 10 de marzo de 2015

Canto de ira y fuego

Cada año, cuando se acerca el 11 de marzo, retomo esta publicación que pretende ser un homenaje a las víctimas, a todas las víctimas.

(Foto: Manu Arenas)


Una mano pequeña
te agarra como ancla;
es tan sólo un recuerdo
en la fría mañana.
Otros recuerdos vienen,
son los que te acompañan
desde aquel otro día,
gris memoria lejana.
Otra mano a lo lejos
que por ti se agitaba;
El asesino azul
tranquilo te aguardaba.
Pero antes las piedras
con sangre han sido untadas.
Él quedó en el camino
y en tu alma su mirada.
Ahora la estás viendo,
aquí, en esta mañana,
definitiva, ardiente,
caótica y extraña.

La sal seca la boca,
la ropa está mojada,
horizonte lejano,
miedo al crujir las tablas.

Regresabas del campo
cuando viste las llamas
cuando oíste los gritos,
tu nombre pronunciaban;
un silbido en el aire
te trajo la desgracia.
Aceptas el periódico
que en el metro regalan
te aprietas contra tantos
que el mismo aire exhalan.
¿Acaso hay diferencias
entre los que para vivir trabajan?

Una mano en el culo,
tragas saliva, pasas.
Los ojos distraídos
se fijan en su cara.
Guapa, morena, pálida.
Le clava la mirada,
ella también le mira,
parece contrariada.
Quiero olvidar su gesto
cuando el café tomaba,
y el sabor de su piel
cuando con él follaba.
Hoy acabo el informe
y hago ya la llamada.
Si estamos a primeros,
otro mes sin la paga,
cogeré los ahorros
para el envío a casa.
Es guapo el tío negro,
lástima que no vaya
al bar en el que entro;
que baje en mi parada,
le sigo, me lo cruzo,
caída de pestañas.
¿Y el móvil, dónde está?

Como cada mañana
entra en la habitación,
igual que la dejara
el día de desgracia;
bueno, hecha la cama.
La arregló el mismo día
al regresar a casa.
Vio en la mesita el móvil
que entonces olvidara
encendido y abierto;
y que ahora muerto también estaba.

En el Cielo tus hijos
están, a ti te aguardan.
Grita y golpea airado
ante las cajas blancas,
blancas como el metal
del cajón en que viaja.
De pie echa la cuenta
de lo que aún le falta
para acabar el pago
de la pierna moderna
que a su hija regala.
Sabe que allá muy lejos
ella por ella aguarda.
Ahora busca sombra
donde antes jugaba
¿Cuánto dinero cuestan
de un pájaro las alas?
Las manos en los guantes,
todo fluye y encaja,
incluso el traqueteo
con su mente acompasa.
Tranquilo en su palacio
goza de la mañana.
De nuevo han fracasado
los que la paz pactaban.
Superficial artículo,
por algo lo regalan,
luego lo mirará
en...
...y todo estalla.

Sí que es malo el café
del bar de la parada;
pero ella que no tiene
se siente como en casa
entre ruido de trenes
y churros en la barra.
De repente el estruendo
y el mundo que se acaba.
No te puedes mover,
estás petrificada.
El bar es un dibujo
de gente estupefacta.
Tiras del compañero,
hacia el andén avanzas.
Del túnel salir ves
el primer cadáver de la mañana.
Rojo, azul, alarido;
del infierno la entrada.
Tienes que ir, ahí.

Oscuro alrededor,
agua y sangre en la espalda.
Echa en falta su guante,
la mano que guardaba
y el brazo que movía
el mundo en que gozaba.
Fulgores de linternas,
una voz que le llama.
Vio el fuego, oyó la bomba;
la chica se quemaba,
su rostro se fundió;
el fuego rojo avanza
hacia él, indefenso,
la llama ya le mata.
En las piernas temblor,
los hierros ella salta,
la sigues, entras, rezas.

El silencio, el dolor;
muerte bajo la carpa.
Lloran y se estremecen
los que en ella trabajan
cuando en un móvil vivo
se oye la llamada
por la que amante, amigo,
padre, madre o hermana
palabras de un cadáver
con angustia reclaman.
Ve la sábana blanca,
encima la tarjeta,
alguien ya la levanta.
Pues sí, ha sucedido
un mundo así se acaba.
Unos ojos cerrados,
sangre seca en la cara,
no más mañanas juntos
perreando en la cama.
Muchos años después
aún recuerda aquella blanca mortaja,
de la que es una copia
la que la luz le tapa.

Llevas en ti la muerte
y un recuerdo en el alma.
El dolor es más fuerte,
sientes como te abraza,
casi te reconforta
en esta hora amarga.
Si tus hijos vivieran...
los sientes a tu espalda,
pronto serán reales;
muerte en vida tornada.
Hoy tiemblan los maestros
que a las cinco aguardan
a los que recogen
esta preciosa carga.
¿Alguno no vendrá?
No aguantan las miradas
que los chavales serios
asustados les lanzan.

La estación está cerca,
los pasos no engañan.
Primaveral calor
de la luz en la cara;
fúnebre negra máscara.
Color de la mañana,
que tras ella se oculta,
ven a mi y me regalas
tan solo dos minutos
para ver la muchacha,
perfume penetrante,
que tan suave me habla.

¡Oh, tristes odios imperecederos!



domingo, 16 de diciembre de 2012

Un ojo azul


Un ojo azul,
uno tan solo,
perdido su hermano,
reventado en la noche.
Noche de carreras y de gritos,
noche.
Se levantan los brazos en las calles
como hierba bajo el viento y la lluvia,
se levantan.
Se alzan del suelo
y desafían
la oscuridad.
Busca lo negro el azul
de un ojo hermoso
que en vientre obrero
el amor conformó.
Que en barrio obrero creció
y en tardes de primavera
de esperanza se llenó.
Ojo que leyó y estudió,
amó y guiñó.
Ojo que aprendió y luchó;
aquella noche
por última vez miró.
Del asfalto nacen las garras
que roban los ojos a las muchachas,
llenan de lágrimas los corazones.
De la ciudad surgen los gritos
que agrisan nuestras voces y las callan.
De los coches salen monstruos feroces
que rompen, pegan, engañan y matan.
La ciudad ha callado
y un ojo solo aguarda
que vuelva su hermano,
perdido en la oscuridad.
No, ojo hermoso,
tu hermano no volverá.
Tú solo has de mirar,
tú solo has de gritar,
tú solo has de acusar,
tú solo has de mirar;
tú solo nos has de guiar.
Tú solo, tú;
Tú serás fanal, tú serás altar,
tú serás signo y señal
tú serás quien ha de despertar
a tantos que duermen y consienten
a tantos que aún no saben
que tenemos que gritar
y que jamás, jamás
se ha de olvidar.



Esta entrada fue publicada en el blog "Impresiones Rimadas"; pero creo que tiene casi más acomodo aquí, en "El jardín de las hipótesis inconclusas", que allí

viernes, 31 de agosto de 2012

Del cine a la palabra

Dejo aquí dos cosas que escribí y que están inspiradas por películas. No sé si será muy fácil o muy difícil adivinar de qué películas se trata:

Otros dioses

Ya son ancianos
quienes fueron engendrados
entre paracaídas,
en noches luminosas,
en tierras lejanas.
Son los dioses humanos;
pero más hermosos, honestos, sanos.
Si mueren, se les recuerda;
ninguna palabra en ellos es vana.
No hay dudas ni errores;
un devenir perfecto, inmaculado.
No son los dioses
espíritus solitarios,
siempre están en el centro
de mil miradas.
La luz restalla en sus rostros hermosos,
sol y lluvia respetan
el momento en que su boca
besa de otro dios sus bellos labios.
Son los dioses crueles y generosos,
su camino no se tuerce,
derriba los obstáculos,
aplasta a quien se opone.
No son misericordiosos los dioses,
matan y mueren,
mueren y matan.
Son dioses de la guerra,
dioses que engendran,
dioses que aman,
dioses que viven,
dioses que matan,
dioses que mueren.
Habitan en el tiempo,
como nosotros.
No son eternos,
como nosotros no somos.
Son como somos,
pero no existen,
como nosotros.

Sangre

Llama la atención
la poca importancia
que tiene.
Un líquido rojo,
fluye poco a poco.
Llevas la mano al vientre
y es como un pequeño
riachuelo
Refresca la mano
y ves el final.
Sientes como te vas.
Miras abajo,
al precipicio
por el que caerás.
Es extraño,
tu estás inmovil
en medio del caos
de piedras y árboles,
nubes y azules.
Tu amor ya no está,
se borra mientras viene
la oscuridad.
Pronto te llegará
el final.


viernes, 22 de junio de 2012

La dansa de la primavera

Gracias a la recomendación de una compañera llegué al disco "Anells d'aigua", de Maria del Mar Bonet, y en ese disco me enamoró esta canción. Aquí dejo una interpretación de la misma cantada por Mª del Mar Bonet y otra que es responsabilidad de "Orquestra Alternativa". Me gusta más la de Mª del Mar Bonet (aunque prefiero las versiones con menos instrumentos que ésta, en la que la cantante está acompañada por una orquesta; pero no he podido encontrar en youtube ninguna grabación de aquélla). La segunda versión al principio me dejó un tanto frío; pero ahora le encuentro su gracia.
Para estropear la entrada incluyo al final una cosa mía, solo por capricho




Un manto negro pálido, rosado
en azul se transforma poco a poco.
Gotas de rocío en el pelo toco,
penetra un gemido purificado,
de los labios el hueco ya cerrado.
Son dioses antiguos los que yo invoco,
son males eternos los que revoco
en este aire puro transfigurado.
Que este primer rayo de la mañana
selle el sacramento de nuestro amor.
Que esta claridad sea luz que sana
de olvidos y reproches el ardor
y que al saber la oscuridad cercana
la esperemos juntos y sin temor.

viernes, 29 de octubre de 2010

Hueso y estrella

Mide el hueso y apunta.
Libreta y bata, blancas y ceras.
Luz clara de la tarde
en las estancias quedas.
Polvo bajo las uñas,
amarillo en el cielo;
se vacían las cuencas;
el tiempo corre en relojes de arena.
Hace su tarea el gusano,
deshaciendo la carne en la tierra.
Arriba pican terrones
y hablan de la guerra.
Mañana gris, aire de la sierra.
El alba ha visto
mujeres llorando
monte arriba, en el bosque,
cerca del santo.
Barro húmedo y negro
sobre corazones tibios.
Los últimos latidos
los dieron bajo tierra.
En la noche tiemblan,
buscan los ojos una esperanza,
baten los corazones,
aguantan las tibias
el peso de la carne
que aventuran ya muerta.
Repara en que en el hueso ha prendido
la punta de una estrella.

jueves, 3 de junio de 2010

Seguidillas

Jose Zuñiga ha iniciado una serie en su blog a la que ha denominado "Estrofado". Nos va presentando distintos tipos de estrofas y anima a la participación. Hoy el tema que ha propuesto son los poemas formados por seguidillas. Aquí recojo el que él nos ha regalado y los que se han ido sumando a la iniciativa.


Gato negro (Jose Zúñiga)

En busca de su boca
voy caminando
(un murmullo de estrellas
me va arrullando).

Dime tú, gato negro,
dónde se esconde,
que el camino se pierde
y es ya de noche.

Así caigo en un sueño
sin horizontes.
Dónde estarán sus besos,
su boca, dónde.


Sino (Rafael, aunque, como comprobará quien vea los comentarios en la entrada original, con la incorporación de varias ideas del propio Jose Zúñiga)

Una mañana fresca
junto al camino,
entre robles y encinas,
hacia mí vino.

"Si caminamos juntos
serán más leves
las penas y fatigas
que te entretienen"

Miré sus ojos verdes,
me vi perdido,
y abracé sin pensarlo
mi triste sino.



Se me escapó la risa
tras de sus pasos
por perseguir de noche
al negro gato.

Háblame luna, dime
qué oscura sombra
esconde entre sus brazos
su dulce boca.

Con el corazón roto y
los pies cansados
a la luz de la luna
juré olvidarlo.

Porque es dos animales
gato y araña,
aquel en cuyos brazos
ayer soñaba.



Que por tí yo me vuelvo
gata en la noche
brilla mi pelo negro,
brilla y se esconde.
Busca esta gata negra
por los tejados,
que puede que me encuentres
ronroneando.
Pero si te arañara
tú no me llores,
que las lágrimas mías
son las mayores.



no te quejes viajero
del equipaje
de la luna en la sombra
del largo viaje
horizonte sin luna
dámelo tú
que mi boca te espera
fresca y azul

quéjate si te quejas
de la alborada
la luna está en mi boca
pero se apaga.

lunes, 17 de mayo de 2010

Canto de ira y fuego

Hace unas semanas colgué esto en mi blog "Impresiones Rimadas". En realidad aunque rime es un relato, por eso creo que su sitio adecuado está aquí, en el apartado de "Bocetos".

Una mano pequeña
te agarra como ancla;
es tan sólo un recuerdo
en la fría mañana.
Otros recuerdos vienen,
son los que te acompañan
desde aquel otro día,
gris mañana lejana.
Otra mano a lo lejos
que por ti se agitaba;
El asesino azul
tranquilo te aguardaba.
Pero antes las piedras
con sangre han sido untadas.
Él quedó en el camino
y en tu alma su mirada.
Ahora la estás viendo,
aquí, en esta mañana,
definitiva, ardiente,
caótica y extraña.
La sal seca la boca,
la ropa está mojada,
horizonte lejano,
miedo al crujir las tablas.

Regresabas del campo
cuando viste las llamas
cuando oíste los gritos,
tu nombre pronunciaban;
un silbido en el aire
te trajo la desgracia.
Aceptas el periódico
que en el metro regalan
te aprietas contra tantos
que el mismo aire exhalan.
¿Acaso hay diferencias
entre los que para vivir trabajan?

Una mano en el culo,
tragas saliva, pasas.
Los ojos distraídos
se fijan en su cara.
Guapa, morena, pálida.
Le clava la mirada,
ella también le mira,
parece contrariada.
Quiero olvidar su gesto
cuando el café tomaba,
y el sabor de su piel
cuando con él follaba.
Hoy acabo el informe
y hago ya la llamada.
Si estamos a primeros,
otro mes sin la paga,
cogeré los ahorros
para el envío a casa.
Es guapo el tío negro,
lástima que no vaya
por donde yo me muevo;
que baje en mi parada,
le sigo, me lo cruzo,
caída de pestañas.
¿Y el móvil, dónde está?

Como cada mañana
entra en la habitación,
igual que la dejara
el día de desgracia;
bueno, hecha la cama.
La arregló el mismo día
al regresar a casa.
Vio en la mesita el móvil
que entonces olvidara
encendido y abierto;
y que ahora muerto también estaba.

En el Cielo tus hijos
están, a ti te aguardan.
Grita y golpea airado
ante las cajas blancas,
blancas como el metal
del cajón en que viaja.
De pie echa la cuenta
de lo que aún le falta
para acabar el pago
de la pierna moderna
que a su hija regala.
Sabe que allá muy lejos
ella por ella aguarda.
Ahora busca sombra
donde antes jugaba
¿Cuánto dinero cuestan
de un pájaro las alas?
Las manos en los guantes,
todo fluye y encaja,
incluso el traqueteo
con su mente acompasa.
Tranquilo en su palacio
goza de la mañana.
De nuevo han fracasado
los que la paz pactaban.
Superficial artículo,
por algo lo regalan,
luego lo mirará
en...
...y todo estalla.

Sí que es malo el café
del bar de la parada;
pero ella que no tiene
se siente como en casa
entre ruido de trenes
y churros en la barra.
De repente el estruendo
y el mundo que se acaba.
No te puedes mover,
estás petrificada.
El bar es un dibujo
de gente estupefacta.
Tiras del compañero,
hacia el andén avanzas.
Del túnel salir ves
el primer cadáver de la mañana.
Rojo, azul, alarido;
del infierno la entrada.
Tienes que ir, ahí.

Oscuro alrededor,
agua y sangre en la espalda.
Echa en falta su guante,
la mano que guardaba
y el brazo que movía
el mundo en que gozaba.
Fulgores de linternas,
una voz que le llama.
Vio el fuego, oyó la bomba;
la chica se quemaba,
su rostro se fundió;
el fuego rojo avanza
hacia él, indefenso,
la llama ya le mata.
En las piernas temblor,
los hierros ella salta,
la sigues, entras, rezas.

El silencio en la carpa
vuelve sólido el aire.
Muchos allí trabajan
y casi nada se oye;
tan solo las llamadas
en los móviles vivos,
triste y vacua humorada
entre cientos de muertos.
Ve la sábana blanca,
encima una tarjeta
alguien ya la levanta.
Pues sí, ha sucedido
un mundo así se acaba.
Unos ojos cerrados,
sangre seca en la cara,
no más mañanas juntos
perreando en la cama.
Muchos años después
aún recuerda aquella blanca mortaja,
de la que es una copia
la que la luz le tapa.

Llevas en ti la muerte
y un recuerdo en el alma.
El dolor es más fuerte,
sientes como te abraza,
casi te reconforta
en esta hora amarga.
Si tus hijos vivieran...
los sientes a tu espalda,
pronto serán reales;
muerte en vida tornada.
Hoy tiemblan los maestros
que a las cinco aguardan
a los que recogen
esta preciosa carga.
¿Alguno no vendrá?
No aguantan las miradas
que los chavales serios
asustados les lanzan.

La estación está cerca,
los pasos no engañan.
Primaveral calor
de la luz en la cara;
fúnebre negra máscara.
Color de la mañana,
que tras ella se oculta,
ven a mi y me regalas
tan solo dos minutos
para ver la muchacha,
perfume penetrante,
que tan suave me habla.

¡Oh, tristes odios imperecederos!

jueves, 1 de abril de 2010

Algunos intentos de soneto

Hace tiempo que no cuelgo aquí rimas. Ahora casi todas ellas van al blog "Impresiones Rimadas". Hoy, sin embargo, me apetece juntar aquí cinco intentos de soneto que ya tengo por ahí publicados.


Esmeralda

El sentimiento viene en un instante:
fresco olor de una tarde de verano,
luz excelsa de un perfume cercano,
corriente interior, fría y penetrante.
Hondo placer y dolor lacerante.
En la herida del pecho hundes la mano,
con rabia buscas anhelado arcano
mientras te apaga la llaga sangrante.
Rozar deseas la fría esmeralda
cuyo brillo sospechas en el centro.
Suave, exangüe, la vida ya se salda;
pero tienes fuerzas y miras dentro,
contemplas de estrellas una guirnalda
mientras viene la muerte para adentro.


Mar

Si dejaras que el mar los pies te bese,
que se empapen tus muslos de sal y olas,
que se llene tu vientre de amapolas
y que el agua tu pecho sumergiese;
si nadaras a donde nada hubiese,
donde habitan las almas que están solas
y lucen a la noche agrias farolas;
si el rostro un beso helado recibiese
y el frío del océano quemara
la piel que envuelve el corazón durmiente;
si algún día tal cosa te pasara,
y sólo te encontraras, impotente;
abre los ojos para ver la cara
del que en la mar nos mata, complaciente.


¿Dónde están?

Este escalofrío que ahora siento
¿es de esta vida? o, por el contrario,
recuerdo del frío aire estepario,
del océano helado o de aquel viento
que en lo alto henchía mi sentimiento.
Tiemblo ante la imagen de un sagrario,
un cuadro, el tañido de un campanario.
Si pudiera llenarme en un momento
de amores, muertes, lágrimas y risas;
de todo lo que sé que ya he pasado;
de labios y muslos; de suaves brisas;
de los instantes que me han embriagado
y de las negras horas indecisas;
si pudiera ¿sería iluminado?


Amor indiferente

La amistad del amado mueve al llanto
de quien ni fuerzas tiene para odiar
a quien bien quisiera poder amar
igual que ama a Dios un mártir santo.
Con leve sonrisa responde al canto
de quien la vida podría entregar
por unos labios altivos besar
que son puerta del Cielo y de su encanto.
Si amor te profesa el indiferente,
y aun así quieres mostrarle amistad,
hazlo; pero has de tener muy presente
que lo que tú tienes por gran bondad
herida es que marcará su frente,
semilla de una siniestra maldad.


Coloso

Se levanta el coloso no vencido;
ni lamento ni queja en él se encierra;
la rodilla que, fuerte, hinca en tierra
de elevarle es capaz con un chasquido.
Está de pie el guerrero y un aullido
avisa al mundo. ¡Vamos a la guerra!
Ya brilla el cielo de una a otra sierra;
contempla con ternura aquel latido
que la madre natura les regala
como beso enlutado a los poetas.
De una sonrisa el cielo hace gala
y la luz atraviesa altas grietas.
De la ira olvidado, ve la bala.
Sabe ahora que somos marionetas.



viernes, 21 de agosto de 2009

Poeta con bigote

Un poeta en un claustro universitario
¡qué extraño!
Todos se fijan un momento en un hombre
con bigote.
Y el poeta piensa que pensarán
que tiene respuestas
y se ríe porque sabe
que tan solo es
perito en aire,
doctor en nada
o lo que es lo mismo:
sabio de verdad.

Estas palabras surgieron como comentario en la blog "ámbar y spunk"; a la entrada titulada "¿Qué sabe el poema? (Juan Gelman)".

miércoles, 19 de agosto de 2009

Tubinga

Me gustaría viajar a Tubinga,
vivir en una casa de dos pisos,
contemplar cómo crecen los narcisos
y cómo cae la nieve en Tubinga.
Me gustaría enseñar en Tubinga
los conceptos jurídicos precisos
y redactar los libros más incisos
que se hayan escrito "en Tubinga".
Me gustaría sentirme seguro
en la tranquilidad de aquel hogar,
libre del mal de ojo y del conjuro.
Me gustaría llegar a pensar
que este pantano y este bosque oscuro
no existen y voy pronto a despertar.

miércoles, 27 de mayo de 2009

África

Uno tras otro fueron devorados
por leones hambrientos.
Los cachorros royeron sus huesos,
su carne les sirvió como alimento.
Solamente dos sobrevivieron.
Tan sólo ellos dos en la sabana,
postreros de una especie condenada.
Por azar se salvaron,
y por azar vivieron,
y procrearon.
Y sus crías se arrastraron
y sobrevivieron.
No sabemos su nombre,
ni siquiera si tenían nombre.
Sabemos que murieron,
y que cuando murieron
recordaron
un niño desgarrado
por leones hambrientos.
Y lloraron.
Y fue entonces,
en aquel tiempo sin nombre
cuando empezamos a ser
mujeres y hombres.

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti

Ha muerto Mario Benedetti; en modesto homenaje recupero este soneto inspirado en un cuento suyo que escribí hace unos meses.

Aeropuerto

Se refleja el cristal en las baldosas
y se yerguen palmeras contra el cielo,
barullo de maletas sobre el suelo.
Pasa veloz el joven y sus rosas,
se cruza con mujeres aún hermosas,
serias mientras esperan a su vuelo.
Ni una oreja sin móvil ¡qué revuelo!
Llora un niño abrazado a muchas cosas,
cansado por el lento discurrir
del tiempo en el brillante marcador
que rige de la vida el devenir.
Ninguno ve la sombra sin fulgor
que contempla impertérrita el partir
de quienes aún disfrutan del calor.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Enigma



A la memoria de Juan Miquel

Oculta la ironía en el dictamen,
dormida tanta gracia que escondía,
perdíamos del verbo la alegría.
Sólo como materia de un examen
o de algún académico certamen
aquel árido texto se leía.
Real creían lo que parecía,
sin ver en tan sutil trama el ligamen.
Ni polvo eran ya los fríos restos
del romano doctor que con su genio
se rió de los juristas peripuestos,
cuando otro empeñó todo su ingenio
en ver los artificios interpuestos;
y al final el enigma mostró al Genio.

lunes, 9 de febrero de 2009

Febrero 2009

Con gris satisfacción observas cómo
en clara vaguedad las voces fluyen
para que a los que escuchan suave arrullen.
En la mesa aparentan un aplomo,
que no oculta un latido agrio, romo,
ansioso de placeres que de él huyen.
Ideas y palabras lucen, bullen,
llenan los corazones sin asomo
de vida ni alegría ni verdad.
Jauría de corderos que de lobos
disfrazan, sin saberlo, su bondad.
Enfados y también tiernos arrobos
mudan las caras llenas de frialdad
de los que creen ser letales bobos.