domingo, 3 de febrero de 2008

Mañana

Todavía el mundo es joven - pensaba.
Los milenios -destellos- se han consumido,
desde aquel soplo de brisa sobre el trigo,
aquella caricia en el rostro y en el alma,
la despedida en aquel partir incierto.
La muerte, entretanto, serena, esperaba,
aguardando el encuentro entre filo y cuello,
dejándose peinar por el suave viento
y gozando de la sombra del ciruelo;
deseando enrojecer el rojo fruto
con sangre, tibia y espesa, de un guerrero;
presta, también, para ceder la guadaña,
que segará la vida de quien escucha,
tranquilo y descuidado, soplar el viento,
suave, sobre el campo de trigo, sereno.

lunes, 21 de enero de 2008

La Unión Europea y los tópicos

Casi me caigo de la silla. Hace un momento estaba curioseando en la página web de la Unión Europea (europa.eu) y allí encontré un rincón que se denomina "La UE en breve". Entre otras cosas incluye una pequeña nota sobre cada uno de los países de la Unión y sus datos básicos (extensión, población, bandera...). Por curiosidad entro en el apartado que se dedica a España y allí leo lo siguiente "los principales sectores económicos de España son la agricultura (especialmente frutas y hortalizas, aceite de oliva y vino), la pesca, la industria textil y automovilística y el turismo". Me froto los ojos y agarro la última edición del "Pocket World in Figures" que publica The Economist. Allí compruebo que en el producto interior bruto español la agricultura tiene un peso del 4,1%, la industria de un 29,2% y los servicios de un 66,8%. Es lo lógico. Hace ya tiempo que España dejó de ser un país subdesarrollado o en vías de desarrollo y en los países desarrollados el peso de la agricultura en la economía es reducido, siendo el sector servicios el que más aporta al PIB. Así sucede también en Alemania, Francia, Italia, Portugal... en fin, en cualquiera de los países con los que nos equiparamos.
¿Cómo puede ser, entonces, que la página oficial de la UE cometa un desliz como éste? No lo acabo de entender, aunque leyendo lo que allí se escribe sobre otros países quizás pueda aventurar una hipótesis. De acuerdo con la UE, España es un país agrícola, mientras que Alemania "es la tercera economía del Mundo: produce automóviles, aparatos de precisión, equipos electrónicos y de telecomunicaciones, productos químicos y farmacéuticos, y mucho más (sic.) y Francia posee "una economía industrial avanzada y un sector agrícola eficiente". Bien, se trata en cualquier caso de descripciones inexactas, pues tanto en Alemania como en Francia el sector servicios es mucho más importante que el sector industrial; pero lo que me preocupa es lo que hay detrás de la redacción, y que no es otra cosa que un claro respaldo a los tópicos más rancios. Los alemanes son industriosos y desarrollados, Francia es también un país industrializado, pero mantiene aún un importante sector agrícola, que hay que calificar de "eficiente", supongo que para no confundirlo con el sector equivalente de países "menos desarrollados"; y España es una nación eminentemente agrícola. En el caso de Portugal no hay ninguna mención a su economía (¿será que para los burócratas de Bruselas no existe la economía portuguesa?).
Sorprende esta defensa de los tópicos en una institución como la Unión Europea; pero que nadie piense que es inocente. La Unión Europea no es más que un club de Estados, y cada uno intenta tomar posiciones en beneficio propio. La imagen que se tenga del país que uno representa o del que procede es más importante de lo que pudiera pensarse. Cuidado con estas imprecisiones aparentemente ingenuas, porque no son más que la superficie de un mar oscuro y peligroso.
Además, el tópico contribuye a la separación, al aislamiento. Quien se instala en el tópico se negará a interpretar la realidad de una manera diferente a la que le marca el tópico. El tópico no es más que un prejuicio y como tal contribuye a la ignorancia y profundiza en el desconocimiento. Si queremos construir Europa desterremos los tópicos y, ¡por favor! que la Unión Europea dé ejemplo.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Los problemas de la educación

Quienes me conocen saben que una de mis mayores obsesiones, sino la mayor, es la educación. Desde hace años vengo diciendo a todo el que me quiere escuchar (y alguna vez también a quien no me quiere oír) que la enseñanza en vez de mejorar empeora, y que los discursos formales y huecos de quienes se dedican a la pedagogía no hacen más que enmascarar un auténtico declive en la formación general de la sociedad.
Mi planteamiento es que las cosas son mucho más sencillas de lo que nos quieren hacer creer. En una entrada anterior criticaba la falacia del "aprender a aprender", y junto a ésta nos podemos encontrar con toda una batería de planteamientos que, a mi juicio, ocultan la realidad. Así, se nos dice que nunca como hasta ahora la enseñanza había llegado a tanta gente, que puede ser que en algún punto el nivel de conocimientos haya descendido, pero que este descenso se ve compensado por la extensión casi universal de la educación y por la adquisición de los estudiantes de competencias que antes no eran apreciadas.Ya no se saben tantas cosas de memoria, pero la capacidad de comprensión, análisis y crítica de los alumnos ha aumentado...
Como digo, para mí las cosas son más sencillas. En cuanto a lo primero (extensión de la educación a cambio de intensidad), mantengo que se debe extender la educación a todas las personas, pero no a costa de disminuir su calidad, porque de otra forma lo que extendemos es engaño y miseria, no formación. En lo que se refiere al resto de argumentos... me parecen falaces. La educación ha de conducir a que los estudiantes aprendan cosas. Estas cosas que aprenden son variadas, y así siempre ha sido. Por una parte tienen que asumir conocimientos puros (los países de Europa, la tabla de multiplicar, una cierta ordenación de la historia, la clasificación de animales, plantas y minerales, la tabla periódica de los elementos...) y también deben "saber hacer cosas" (sumar, restar, multiplicar y dividir, integrar una ecuación, calcular probabilidades, determinar la fórmula de un compuesto químico, analizar gramaticalmente un texto, traducir de un idioma extranjero, entender una película en inglés, poder expresar una idea en ese mismo idioma...). Lo primero, la memoria, es impresindible para lo segundo, las concretas "cosas" que hay que saber hacer, por lo que el desprecio hacia la memoria me parece suicida.
Ahora podemos ponernos de acuerdo en qué cosas han de saberse y qué cosas han de saber hacerse; y ahí se puede discutir; pero lo que me preocupa es que este debate no se encuentra presente en los habituales debates sobre la enseñanza. La formalización del discurso hace que no se aborde el núcleo del problema, los contenidos. Buena prueba de ello es el reciente informe de la fundación Jaume Bofill sobre la educación en Cataluña. Un informe que ha sido motivo de debate y discusión durante unas semanas. Tuve ocasión de hojearlo. No sé si lo que ví era el informe entero o un amplio resumen de más de veinte hojas, pero, en cualquier caso, en aquellas decenas de páginas dedicadas a explicar la situación de la educación en Cataluña no ví ni una sóla referencia a lo que sabían los estudiantes catalanes. Los datos aportados se referían a tasas de escolarización, abandono escolar, repetición, etc.
Este abandono del debate sobre los contenidos es preocupante porque ahí se encuentra la clave de la falacia. Cuando tú planteas a un pedagogo que ahora los alumnos saben menos que antes te responden que saben cosas diferentes, que ahora no tienen tantos conocimientos memorísticos, pero que son capaces de abordar un problema complejo, encontrar vías alternativas para resolver dificultades, que tienen un mayor espíritu crítico... Para mí son tonterías. Es algo así como si le dices a un profesor de idiomas que sus alumnos no tienen ni idea de inglés. Él te responde que estás equivocado, que sí que saben inglés. Tú replicas que les has dicho "How are you?" y te han respondido "Five o'clock" y el profesor te contesta "No tienes ni idea de pedagogía, el conocimiento memorístico del significado de las palabras carece de relevancia, lo importante es que los alumnos dispongan de herramientas para continuar un diálogo a partir de cualquier frase inicial". Y entonces tú te marchas desolado, porque pensabas que sabías inglés y, en realidad, no tienes ni idea de pedagogía.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

El incidente de Chile: tres perspectivas

Me ha dejado muy preocupado el rifirrafe entre el Rey, Zapatero y Chávez. Me ha dejado una inquietud que no se acaba de calmar. No por el incidente en sí, que, aislado, es más inspiración para humoristas y diletantes comentaristas políticos que otra cosa; sino por lo que denota. Porque denota algo, aunque no sé muy bien qué (en este caso la hipótesis está más lejos de la conclusión que en ninguna otra ocasión).
En primer lugar denota una cierta falta de conocimiento acerca de la etiqueta y modos de un acto formal como es una conferencia diplomática. El orden en las palabras y el respeto a los turnos es y ha de ser sagrado. Si existe una estricta organización de los debates no es por un capricho anacrónico o por una absurda rigidez, sino, precisamente, para evitar incidentes como el del otro día. Si alguien está en el uso de la palabra no se le interrumpe como hizo Chávez; y el que está en el uso de la palabra y es interrumpido no ha de entrar a dialogar con el provocador, sino que ha de limitarse a reclamar que se respete su turno, y no dirigiéndose a quien interrumpe, sino al presidente de la conferencia, solicitando su amparo. Hasta que el silencio no se haga de nuevo debe permanecer callado, dejando que quien pretende reventar el diálogo se retrate solo. Se trata de cuestiones que son bastante evidentes y me sorprende que en una reunión en la que se encuentran jefes de Estado y jefes de Gobierno haya podido pasar algo así ¿dónde se han formado quienes nos dirigen para que resulten incapaces de gestionar un conflicto tan inocuo como el que se planteó el otro día? Y este reproche va dirigido tanto a quienes intervinieron en el rifirrafe como a la presidenta de la conferencia, que no supo evitar que se desarrollara una situación tan poco elegante.
En segundo lugar, denota que nos encontramos ante una nueva quiebra de consensos fundamentales. En una entrada anterior me quejaba del debilitamiento de ciertos consensos en España. Ahora se puede comprobar que este progresivo cuestionamiento de ciertas reglas básicas se extiende también a la esfera internacional. Los escasos minutos que duró el enfrentamiento entre Chávez, Zapatero y el Rey fueron fuente de varias situaciones insólitas en el ámbito diplomático. De hecho, el incidente, con la retirada posterior del Rey durante la intervención de Daniel Ortega fue calificado como un hecho "sin precedentes", y últimamente no son pocas las veces en que alguna situación tiene el "honor" de recibir este calificativo. Creo que no es una casualidad, sino muestra de que estamos abandonando a velocidad de vértigo el marco tradicional de las relaciones internacionales. Como no sabemos a dónde nos dirigimos y soy timorato la percepción de este movimiento acelerado hacia lo desconocido me produce cierta inquietud.
En tercer lugar, y es, para mí, lo menos importante, puesto que es lo más coyuntural; muestra que las relaciones entre España y los países Latino americanos están cambiando. Existe una tensión entre diferentes formas de entender la forma en que ha de dirigirse el desarrollo de estos países, y en esta ocasión el debate coge (y aquí empleo la expresión en el doble sentido que tiene a ambos lados del Atlántico) a España en medio. Es lógico. En los últimos veinte años el papel de España y de las empresas españolas se ha hecho más relevante; ahora España es un agente que tiene cierta capacidad de influencia, tanto política como económica. En este último aspecto las empresas españolas se han instalado en muchos países latino americanos y, por lo que me cuentan, no en todos los casos su ejecutoria ha sido ejemplar. Incluso sin tener esto último en cuenta, y con que simplemente se comporten allí como se comportan aquí, es fácil entender ciertos ataques de ira. En España también nos quejamos de las comisiones de los bancos, de lo mal que funcionan las compañías eléctricas y de las tácticas que utilizan las compañías telefónicas; pero aquí no podemos recurrir a echarle la culpa a otro país; al otro lado del Atlántico sí que tienen ese recurso.
En definitiva, ignorancia, incertidumbre e ira. Y encima no acabo de entender las claves de la situación ¿se entiende por qué estoy preocupado?

miércoles, 31 de octubre de 2007

En la noche de Todos los Santos

Húmedos los labios,
brillo en los ojos.
Leve aleteo al respirar.
Piel y carne en su lugar,
vientre y garganta,
manos, y pies para caminar.
Saberes y esfuerzos
Bellos y tristes recuerdos
que ahora torna a invocar,
frágiles vínculos
que está a punto de desligar.
Abandono y frialdad.
Búsqueda de una presencia.
El amor total ¿dónde estará?
Unos pasos más.
Aún siente el corazón palpitar,
el frío en el rostro,
el reflejo en sus ojos
de la gris inmensidad.
En unos instantes,
todo desaparecerá.
Tiemblan las piernas,
no puede vacilar.
El orgullo, lo último que morirá;
una última mirada,
y la oscuridad.
Un aleteo, un sonido
en el mundo que seguirá.
Un escalofrío al imaginar
el filo de acero bajando,
el final.

jueves, 25 de octubre de 2007

Lo del tren

Ayer me comentaban que algunas empresas de Barcelona habían decidido no contratar a quienes vivieran fuera del municipio de Barcelona, aunque se tratase de núcleos separados por unos pocos kilómetros del centro de la ciudad. La razón es que con el actual caos en el transporte del área metropolitana es previsible que tales trabajadores lleguen sistemáticamente tarde a sus oficinas, talleres o fábricas.
No se trata de una anécdota. Es el primer síntoma claro de la fragmentación del área metropolitana. El primer indicio de que corremos el riesgo de que la "gran Barcelona" quede rota, desde una perspectiva económica y sociológica, en una docena de núcleos aislados entre sí. De suceder esto nos encontraríamos ante un escenario que tendría que preocuparnos.
Desde hace años vengo comentando que echo en falta una auténtica red de transporte público del área metropolitana. Las infraestructuras existentes permiten conectar -más mal que bien, como se está viendo- la periferia con el centro de la ciudad; pero las conexiones entre puntos diferentes de la periferia son lamentables (véase, por ejemplo, la experiencia de viajar desde Granollers hasta Bellaterra que relato en una entrada anterior). Tengo la intuición de que esta falta de integración perjudica gravemente el desarrollo económico de la región, pues impide aprovechar todas las ventajas que ofrecería una auténtica conurbación en la que las empresas, los trabajadores y los consumidores pudiesen desplazarse, elegir y ofrecer servicios fácilmente en todos los puntos. Es claro que a mayor integración mayor desarrollo, y es por eso que la falta de ambición a la hora de plantear la mejora de las infraestructuras de transporte impide que veamos cuál es nuestro auténtico potencial.
Ahora bien, en estos momentos estamos asistiendo a los inicios de la fase de aislamiento del núcleo del área metropolitana, ya no hablamos de cómo podemos mejorar lo que tenemos, sino de que corremos el riesgo de hacer quebrar la situación actual. No se trata sólo de molestias para los usuarios o de cabreo, sino de un problema con graves consecuencias económicas y sociales.

lunes, 22 de octubre de 2007

"We were racing Fernando..."


Pues al final Dennis se salió con la suya. En el gran premio de China dijo aquello tan significativo de que ellos no competían contra Kimi, sino contra Fernando ("we weren't racing Kimi, we were racing Fernando") y que les valía con que Kimi fuera primero y Hamilton segundo. Obviamente, se refería al resultado de la carrera, no del mundial; pero como se suele decir, ten cuidado con lo que deseas porque puede convertirse en realidad. Finalmente, Kimi ha sido campeón del mundo y Hamilton, subcampeón. Para que luego digan que es difícil cumplir con los objetivos de la empresa. En McLaren está chupado, tienes el mejor coche, los mejores pilotos y tu objetivo es ser el segundo. Así cualquiera...

sábado, 13 de octubre de 2007

Transporte público


No es en absoluto original quejarse del mal estado del transporte público en el área metropolitana de Barcelona. Yo mismo lo hago constantemente desde hace más de diez años. Y no porque los trenes vayan con retraso o existan averías, que es lo que está sucediendo últimamente, sino porque la propia infraestructura es absolutamente insuficiente para la magnitud de un centro como es Barcelona y su entorno. Aquí sí que soy original porque mi planteamiento es que hay que ir mucho más allá de solventar las ineficiencias actuales y ampliar aquí o allí alguna línea de metro o de cercanías. Mi planteamiento es que hay que diseñar un transporte público para el área metropolitana que sea una alternativa real al automóvil. Este planteamiento está muy alejado de los discursos oficiales. El otro día lo pude comprobar cuando en el Suplemento de El País con motivo del aniversario de la edición para Cataluña de ese periódico se indicaba que el futuro sería que hacia el año 2030 la red de cercanías funcionase como un metro del área metropolitana. ¡Dios mío! ¡En el 2030! ¡Pero si para el 2030 yo ya estaré casi jubilado! Además, ¿qué entenderán por un metro del área metropolitana? ¿algo así como lo que son hoy los Ferrocarriles de la Generalitat? No, yo no quiero algo que funcione "como un metro del área metropolitana". Quiero "un metro del área metropolitana"; porque sólo este tipo de transporte permitiría que dejáramos los coches en casa. Hasta que esto no suceda, las llamadas de los políticos, la Administración y los grupos ecologistas a la utilización del transporte público no serán más que brindis al sol. Hasta entonces la culpabilización al ciudadano por no utilizar el transporte público no será más que un ejercicio de hipocresía.
Y es que la gente no es tonta. Si el transporte público fuera eficaz ¡vaya si lo cogeríamos! Lo que sucede es que, actualmente, ocupa más tiempo realizar un desplazamiento en transporte público entre dos puntos del área metropolitana, uno de los cuales no sea Barcelona, que utilizar el automóvil o la moto. Pondré un ejemplo que padecí el 11 de octubre.
Tenía que desplazarme desde Granollers hasta la UAB, en Bellaterra. A las 8:30 inicie mi viaje. No llegué a la UAB hasta las 10:20, incluyendo aquí el desplazamiento a pie hasta la estación de Granollers y la conexión, también a pie, entre la estación de cercanías del Paseo de Gracia y la de los Ferrocarriles de la Generalitat de la calle Provenza. Es cierto que podía haberme equivocado y no haber optado por la mejor combinación. Es por eso que antes de escribir esto consulté lo que me proponía la web de Cercanías. Introduje los datos de mi recorrido y el resultado es que podría estar en la Estación de la UAB a las 9:59. Como la estación de la RENFE me queda bastante más lejos de mi destino final en la UAB que la de los Ferrocarriles de la Generalitat, no encontré ventaja significativa entre la opción que me proponía la web de RENFE y la que yo había tomado. Algo más de hora y media para un desplazamiento que en línea recta no son más de veinte kilómetros.
El mismo 11 de octubre por la tarde hice el desplazamiento entre Granollers y la UAB en automóvil. Salí de Granollers a las 16:25 y llegué a la UAB a las 16:45.
¿Alguien en su sano juicio optará por el transporte público en estas condiciones?

martes, 9 de octubre de 2007

La "Contra" de hoy (9 de octubre)

Recomiendo la lectura de la "Contra" de la Vanguardia de hoy. Entrevistas a quien fue presidente de los abogados de Estados Unidos, quien reflexiona sobre los daños punitivos que se aplican en Estados Unidos. La conclusión del entrevistador (Lluís Amiguet) es la de que esta extraña figura podría ser útil en España para evitar situaciones como el apagón de Barcelona o el caos de las cercanías. Me alegra que la opinión se vaya extendiendo. En este blog ya se había adelantado en una entrada del 30 de junio ("¿Quién ha de proteger al consumidor? Él mismo").

viernes, 5 de octubre de 2007

Aprender a aprender

Desde hace años vengo oyendo machaconamente la frase del título: "lo importante no es saber, sino aprender a aprender". La idea es que en la sociedad actual el volumen de datos y conocimientos es excesivamente amplio como para que nadie pueda aprehenderlo, ni siquiera en un ámbito limitado de conocimiento. Además este volumen de información cambia rápidamente. Lo que es válido hoy puede que ya no sirva el año que viene, y casi seguro que en cuatro o cinco años se habrá quedado obsoleto. La respuesta a esta situación es la de que no importan tanto los conocimientos como adquirir herramientas intelectuales que permitan una permanente y constante actualización.
Muy bonito, pero la clave está en cuáles son esas herramientas que facilitan la actualización. De momento, en nuestro sistema de enseñanza hemos asumido la primera parte de la idea (adquirir conocimientos no es tan importante hoy en día), pero sin dar una respuesta adecuada a la segunda. El resultado es que hay muchas personas que no saben nada. El otro día me sorprendió que alumnos de último año de carrera me dijeran que el año 1648 era la fecha de la "caída de Occidente". No quise indagar que entendían por la caída de Occidente, aunque me temo lo peor.
Si preocupante es que se sepan menos cosas, sin que los ignorantes actuales dispongan de mecanismos efectivos para esa "permanente actualización" que se presenta como objetivo final de su formación; más inquietante es aún que esta filosofía haya pasado del aprendizaje a la enseñanza. Me explico. Dado que la enseñanza no ha de basarse ya en la transmisión de conocimientos no es preciso que quienes enseñen sean conocedores de aquello que enseñan, sino que es más útil que se trate de expertos en la enseñanza en sí, entendida como este ideal mecanismo de adaptación de las cabezas para que se conviertan en máquinas de aprendizaje. Así, será posible que sean Pedagogos quienes enseñen Matemáticas, Inglés, Filosofía o Derecho. Los expertos en estas ramas del conocimiento serán menos adecuados para este cometido, toda vez que sus inútiles conocimientos no sirven de nada si carecen de las destrezas propias del auténtico enseñante. Por contra, quien se maneje bien en las técnicas del aprendizaje moderno podrá suplir su ausencia de conocimientos, ya que, como digo, la transmisión de estos no es el objetivo de la enseñanza, como no es su adquisición lo que se pretende con el aprendizaje.
Yo me muestro escéptico con este planteamiento, que se extiende y apropia de todas las fases de la educación, llegando ahora ya a la Universidad. No pocas veces he discutido sobre estos y otros argumentos parecidos, sin que -como es evidente- me llegaran a convencer quienes mantienen este necesario repliegue de los conocimientos, tanto en el aprendizaje como en la enseñanza. He de advertir, sin embargo, que se trata de una manera de ver y practicar la "enseñanza" que, para nuestra desgracia (en mi modesta opinión) no tiene vuelta atrás. Podría poner algunos ejemplos bien concretos de cómo se practica esta "enseñanza sin conocimientos", pero esta entrada está siendo ya demasiado larga, así que lo dejaremos para otra ocasión.
En cualquier caso, recomiendo la lectura del "Panfleto Antipedagógico" de Ricardo Moreno Castillo, que puede encontrarse en la siguiente dirección: http://www.lsi.upc.edu/~conrado/docencia/panfleto-antipedagogico.pdf.