martes, 5 de enero de 2016

Macbeth para niños

El otro día vi la nueva versión de Macbeth para el cine. Al volver a casa tocaba contarles cuento a los niños, y elegí la historia de Macbeth, aunque, claro, adaptada. Esto es más o menos lo que salió:



"Hace muchos años, en un país lejano, había un rey. El rey gobernaba sabiamente, pero un rebelde se levantó contra él. El rey llamó a sus nobles y el mejor de ellos, que se llamaba Macbeth, se hizo cargo del ejército y luchó contra el rebelde hasta derrotarlo.
Habiendo vencido el rey le dio muchos regalos porque estaba muy contento, y Macbeth orgulloso se sus hazañas.
Un día Macbeth se encontró en un páramo solitario y cubierto de niebla con tres mujeres misteriosas. Una de ellas se dirigió a él y le dijo: "Tú, Macbeth, serás rey".
Macbeth se quedó muy extrañado de aquello y cuando llegó a su casa se lo contó a su mujer. Ésta le dijo que era un buen augurio y que eso quería decir que en algún momento llegaría a ser el rey de aquel país.
En ese momento anunciaron a Macbeth y a su mujer que el rey había avisado de que vendría a visitarlos. Entonces la mujer de Macbeth le dijo que era la oportunidad de ser rey. Que lo único que tenía que hacer era matar al rey aprovechando que estaría en su casa.
Macbeth se quedó pensando en lo que había dicho su mujer. Dudaba, pero al final decidió que era lo mejor, que si quería ser rey, tal como habían dicho la mujer del páramo, lo mejor era matar al rey porque si éste no moría él nunca podría serlo.
Cuando llegó el rey a la casa de Macbeth lo recibieron con mucha ceremonia y por la noche se hizo un banquete. Todos comieron, bebieron, bailaron y rieron hasta que se hizo tarde. Entonces el rey se fue a dormir.
Era el momento que buscaba Macbeth. Se dirigió a donde dormía el rey con un cuchillo para matarlo. Llegó hasta donde estaba su cama y levantó el cuchillo; pero justo cuando bajaba el brazo el rey abrió los ojos y paró el golpe. Se puso en pie y desarmó a Macbeth.
Éste estaba sorprendido. El rey le dijo que desde el principio había sabido de su propósito porque era muy sabio y veía en el corazón de las personas. Por eso se había hecho el dormido, para poder descubrirlo.
El rey ordenó que prendieran a Macbeth y lo desterró a una tierra muy lejana. Allí Macbeth estuvo mucho tiempo hasta que se dio cuenta de que se había portado muy mal, que el rey era bueno y que él no tenía que haber intentado matarlo. Entonces volvió al reino, visitó al rey, le dijo que estaba arrepentido y pidió que le perdonara.
El rey, al ver que se había arrepentido lo perdonó y Macbeth volvió a servir al rey por muchos años."

Al acabar los cuentos los niños suelen preguntar algo sobre el relato. En este caso la pregunta fue muy lógica: "¿Por qué Macbeth primero había ayudado al rey contra los rebeldes y luego había querido matarlo?"
"Por ambición", respondí. "Por ambición".



"Your face, my thane, is as a book, where men
May read strange matters. To beguile the time,
Look like the time: bear welcome in your eyes,
Your hand, your tongue; look like the innocent flower.
But be the serpent under't. He that's coming
Must be provided for; and your shall put
This night's great business into my despatch;
Wich shall to all our nights and days to come
Give solely sovereign sway and masterdom."
(Macbeth, Acto I, Escena V).

viernes, 1 de enero de 2016

Complemento salarial, renta de inserción y renta básica de ciudadanía


Si creemos en el mito del mercado laboral, resultará que en una sociedad sana las personas obtienen lo necesario para vivir básicamente a partir de su trabajo. Este trabajo es remunerado y esa remuneración será mayor en función de su calidad. A partir de ahí, serán el esfuerzo y la educación lo que determine el nivel de vida de las personas. Quien tiene una buena formación y capacidad de esfuerzo obtendrá un trabajo bien retribuido, quien carece de alguna de estas cualidades tendrá una vida peor.
La capacidad de trabajo es, en principio, innata al individuo. La educación, en cambio, no depende totalmente de él. La formación comienza cuando la persona es tan solo un niño que apenas ha roto a hablar. Es por eso que una sociedad, con independencia de su modelo económico, debería preocuparse por la educación de sus niños ya que de tal educación dependerá la riqueza futura de la sociedad.
Al final, por tanto, todo se reduce a educación y esfuerzo. El problema es que se trata tan solo de un mito o un cuento; pero condiciona de forma determinante los debates políticos, sociales y económicos. Así, por ejemplo, la constante llamada a orientar la educación a la satisfacción de las necesidades de la economía.



La realidad es otra. La remuneración que obtienen los trabajadores no dependen de la calidad de su actividad, sino del cruce entre la oferta y la demanda de la mano de obra. Cuanto mayor es la oferta de mano de obra para una misma demanda, más bajo es el salario. De igual forma, a igual oferta de mano de obra, cualquier disminución de la demanda hará que bajen los salarios, cuando disminuye la demanda de mano de obra y aumenta su oferta los salarios se desploman. Esta es seguramente la situación en la que nos encontramos ahora, tal como intentaba mostrar hace un tiempo. Este es el problema al que nos enfrentamos y ni un mayor esfuerzo por parte de los trabajadores ni una mejora de la educación conseguirán cambiar esto en su esencia, tan solo matizar o retrasar lo inevitable.
El problema al que debemos hacer frente, tanto en España como en otros países, es el de que el trabajo y el salario han dejado de ser un mecanismo adecuado para distribuir los recursos entre las personas. Algunos índices de que esto está pasando pueden encontrarse ya en nuestra política y sociedad.
Así, en las últimas elecciones generales se planteó de una forma concreta y precisa la necesidad de establecer un complemento salarial en España semejante a los que ya operan en otros países, Estados Unidos, por ejemplo. El diagnóstico es que en la actualidad nos encontramos con trabajadores pobres; es decir, personas que pese a tener un trabajo no obtienen los suficientes recursos como para vivir con un mínimo de dignidad. Esto es, el mercado de trabajo no permite que el salario que de él resulta sea adecuado para una sociedad equilibrada. Ante esto la propuesta es la de complementar con fondos públicos ese salario con el fin de que los trabajadores puedan alcanzar un nivel de vida suficiente.
La crítica que se ha lanzado a la propuesta es la de que su introducción supondría incentivar a los empleadores para que paguen salarios aún más bajos; pero creo que tal crítica no se sostiene. Lo que debemos preguntarnos es si en caso de que no se introduzca dicho complemento los empleadores subirán los salarios, y la respuesta es que no, porque el salario no viene determinado por las necesidades de los trabajadores, sino por el encuentro entre oferta y demanda de trabajo. Si existen tantos trabajadores buscando empleo que están dispuestos a contratarse tan solo por un plato de arroz los empleadores no pagarán más a salvo de que se les obligue. Y actualmente obligarles es complicado porque las imposiciones de salarios y condiciones laborales mínimos en un determinado país pueden ser sorteados mediante la deslocalización de la producción. Así pues, no parece tan descabellado establecer ese complemento salarial; porque de no hacerlo ¿cómo conseguiremos evitar la pobreza de los trabajadores?



Actualmente no tenemos en España este complemento salarial; pero sí tenemos otros instrumentos orientados a resolver las deficiencias del mercado laboral. Dado que el mercado laboral no da trabajo a todos los que lo necesitan es preciso ofrecer recursos mínimos a quienes no obtienen un empleo. Tanto las rentas activas de inserción como las rentas mínimas de inserción ofrecen recursos a quienes no pueden obtenerlos en el mercado laboral. Evidentemente, estas rentas tampoco están libres de críticas, entre ellas la más relevante la de que desincentiva la búsqueda de trabajo. Si alguien puede obtener sin trabajar unos ingresos que no son muy inferiores a los que obtendría trabajando ¿para qué trabajar? Dado que los salarios son cada vez más bajos resulta que el incentivo para trabajar y así perder la renta activa o mínima de inserción es cada vez menor. Como la renta es incompatible con el trabajo, supone una distorsión del mercado laboral, una distorsión que, seguramente, es perjudicial.
Para evitar esta distorsión sería necesario que la renta mínima de inserción fuera compatible con el trabajo; de esta manera no se perdería la renta al obtener un trabajo, sino que se seguiría percibiendo. Es decir, habríamos convertido la renta mínima de inserción en una renta básica de ciudadanía, lo que haría innecesario el complemento salarial defendido por Ciudadanos en la reciente campaña electoral.

La renta básica de ciudadanía evita, por tanto, los problemas que plantean tanto las rentas de inserción como los complementos salariales. Los complementos salariales no llegan a todos, tan solo a quienes ya trabajan, y las rentas de inserción pueden, en determinadas circunstancias desincentivar la búsqueda de trabajo. La renta básica ni desincentiva la búsqueda de trabajo -como veremos- ni se olvida de aquellos que no han logrado un puesto de trabajo.
Es verdad que quienes defienden el complemento salarial frente a la renta básica de ciudadanía mantienen que ésta supondría un fuerte desincentivo para la búsqueda de trabajo; pero esto no es cierto si consideramos compatible la renta básica con el trabajo. En ese caso, el salario se sumaría a la renta básica suponiendo un cambio relevante en el nivel de vida de las personas. Si, por ejemplo, en una familia de cuatro miembros (una pareja y dos hijos) se obtienen 700 euros mensuales como consecuencia del cobro de la renta básica de ciudadanía, en caso de que uno de los miembros de la pareja obtenga un trabajo por el que cobre 800 euros mensuales los ingresos de la familia más que se duplicarían ¿no estarían dispuestas la mayoría de las personas a trabajar a cambio de poder realizar un viaje de vacaciones, comprar una ropa mejor a sus hijos o poder adquirir un coche?
Quienes critican la renta básica de ciudadanía mantienen que eso implicaría que nadie trabajaría y la economía se hundiría. Bueno, eso es muy pesimista. Lo que en realidad tenemos que preguntarnos es cuántas personas renunciarían a trabajar a cambio de recibir una pequeña renta mensual que apenas le daría para comer, pagar un modestísimo alquiler y de vez en cuando comprarse un libro. Más aún ¿Cuántas deberían renunciar a trabajar para desestabilizar nuestra economía? Lo que quizá sorprenda es saber que bastaría con que la mitad de los adultos estuviera dispuesto a trabajar para que la economía siguiera como hasta ahora. En la actualidad solamente 45 de cada 100 españoles en edad de trabajar están ocupados, y con ello producimos más de un billón de euros anuales. En buena lógica, incluso aunque un porcentaje tan alto como un 50% de la población renunciara a trabajar por percibir la renta básica de ciudadanía, no se produciría ninguna contracción económica ya que el otro 50% podría producir lo mismo que producimos ahora.
De hecho, creo que mucho menso de ese 50% renunciaría al trabajo. La mayoría preferiría completar la renta básica con los recursos que pudiera obtener en el mercado de trabajo, como autónomo o como emprendedor. Sin la tensión que supone el temor a verse reducido a la indigencia tendríamos de una sociedad más sana, más equilibrada, menos crispada y donde se explorarían con más intensidad los beneficios del riesgo y la iniciativa económica. La renta básica simplemente equilibraría lo que ahora el mercado no puede dar: un salario suficiente como para que todos puedan vivir dignamente.



Frene a lo anterior aún se plantea que una renta básica de ciudadanía es muy cara; que no disponemos de recursos para convertirla en realidad. No creo que pueda afirmarse tal cosa.
El punto de partida es, por supuesto, el conjunto de lo que se produce en España cada año, el PIB. En el año 2014 fue de 1.041.160.000.000 de euros, más de un billón de euros. Lo que da como resultado, al dividirlo por el conjunto de habitantes del país, una renta per cápita de 22.780 euros. Esto es, a una familia de cuatro miembros (una pareja y dos hijos) le "corresponden" 91.120 euros. Se trata, por supuesto, de una media; pero debería costar explicar cómo un país en el que a una familia de 4 miembros le corresponderían más de 90.000 euros anuales en caso de un reparto igualitaria de la riqueza del país, le sería imposible garantizar que todos y cada uno de sus habitantes dispusieran de una renta mínima que evitara que cayeran en una situación de pobreza.
Si, por ejemplo, tan solo se dedicara un 10% del producto interior bruto a la renta básica de ciudadanía resultaría que a cada español, adulto, anciano o niño, le corresponderían 2278 euros anuales, 184 euros mensuales; para una familia de cuatro miembros, 736 euros mensuales. Y eso con tan solo un 10% del PIB. Evidentemente sí que hay recursos para hacerlo, otra cosas es que queramos dedicarlos a ello, y es claro que existe una profunda resistencia, pero creo que es más por razones ideológicas que por otro tipo de motivos.
De hecho, ahora mismo ya estamos operando en cierta forma con sustitutivos de esta renta básica de ciudadanía; en concreto a través del mecanismo de las pensiones. El gasto de pensiones en España es altísimo en relación a su PIB, alcanzando en 2016 un 13% del PIB. En contra de lo que creen la mayoría de los jubilados, esas pensiones no son el resultado de la devolución de lo que en su día cotizaron los trabajadores, sino que es un mecanismo de solidaridad basado en la idea de que aquellas personas que ya no pueden trabajar han de recibir del Estado una cantidad suficiente para vivir. En la práctica estas pensiones están sirviendo, en muchos casos, no solamente para el sustento de sus titulares, sino también de sus hijos y nietos en el caso de que estos no puedan obtener del mercado laboral lo que necesitan para vivir. Es decir, las pensiones ahora mismo funcionan en nuestra economía de una forma parecida a como lo haría una renta básica de ciudadanía pero con la diferencia de que al atribuirse de forma directa a los mayores no se percibe como un mecanismo que desincentive la búsqueda de empleo.



Este prejuicio -la idea de que una renta básica de ciudadanía implicaría que nadie trabajaría- es, creo, el que dificulta en mayor medida la implantación de la medida. Se trata de un obstáculo meramente ideológico y que descansa en el error con el que comenzaba esta entrada: el mercado de trabajo es el mejor mecanismo para distribuir la riqueza entre los ciudadanos garantizando que todos reciben lo que merecen de acuerdo con su esfuerzo y capacidad. Si partimos de esta asunción la renta básica sería un error porque alteraría el mercado de trabajo: los individuos, que ya no temerían el hambre o la pobreza para ellos o sus hijos dejarían de trabajar y la maquinaria de producción se detendría.
Ante esto se ha de replicar que, como hemos visto, en realidad no es necesario que todo el mundo trabaje para que la economía funcione. Ahora mismo lo está haciendo pese a que menos de la mitad de los adultos trabajan. En segundo término creo que deberíamos reflexionar sobre si queremos una sociedad en la que se trabaja por el temor al hambre o a la miseria. Quienes niegan la renta básica de ciudadanía porque supone un desincentivo al trabajo asumen -consciente o inconscientemente- que es adecuado que sobre las personas pese el temor a la pobreza para forzarlas a buscar empleo. No creo que sea un presupuesto asumible cuando la sociedad dispone de recursos suficientes para todos los individuos. Se hace necesario cambiar la cultura del trabajo para convertirla en un elemento de realización y justificar su búsqueda y desempeño por razones diferentes de las de mera subsistencia.
Claro está que este sería un cambio más profundo todavía. Quien teme caer en la pobreza está dispuesto a situarse en una situación de dependencia respecto a otros con el fin de evitar ese mal. En el fondo las relaciones económicas son relaciones de poder, y el mercado de trabajo es un elemento esencial en el juego de dominaciones, servidumbres y poderes en que consiste la sociedad. Si del mercado de trabajo extraemos los elementos inseguridad, hambre, frío y miseria podrían cambiar radicalmente las relaciones laborales. Algunos puestos de trabajo tendrían que ser rediseñados y las relaciones entre empleador y empleado se modificarían. El trabajo tendría que ser atractivo o estimulante, el trabajador tendría que sentirse corresponsable de la actividad económica y, probablemente, recibir una parte mayor de los beneficios que genera.
Esto ya son palabras mayores y, probablemente, no nos encontramos en situación de abordar ese cambio ahora mismo. Es algo a lo que ha de enfrentarse el conjunto de la sociedad, no solamente la española, teniendo en cuenta diferentes puntos de vista y posibles soluciones; pero es un problema que no podremos aplazar mucho más. Creo que ahora ya es evidente que tenemos un problema con los salarios y que en tanto no se dé el cambio de paradigma que acabo de comentar deberán explorarse soluciones parciales como el complemento salarial o las rentas de inserción, pero siendo conscientes de que se trata de parches que no resolverán el problema de fondo: una necesaria reubicación del trabajo y el salario en nuestra economía y sociedad.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Discursos

El rey no ha superado ninguna oposición para acceder a su cargo, tampoco ha tenido que competir políticamente o ganar unas elecciones. El puesto que ocupa le viene dado por ser el único hijo varón del anterior monarca. Ser miembro de una familia determinada y nacer en cierta posición dentro de esa familia son los únicos requisitos que vinculan a la persona con la más alta institución del Estado. Desde luego, no es racional. Se trata del residuo más relevante que en nuestra sociedad actual se mantiene de la época feudal, aquella en la que las personas se encontraban rígidamente encasilladas en las clases sociales en función de su nacimiento.
¿Implica lo anterior que la monarquía carece de sentido? No lo creo. Incluso en un estado moderno la figura del rey puede tener significado y utilidad; pero para ello debemos tener presente lo que es y lo que no es, lo que es exigible a la figura del soberano y lo que no.
En primer lugar, debemos ser conscientes de que el rey no tiene por qué ser ni más inteligente ni más capaz que cualquier otro ciudadano. Como hemos visto, para acceder a su cargo no se le exigen pruebas de conocimientos o habilidades ni ha de competir con nadie por el puesto. El rey puede ser un sabio o una persona corriente, un intelectual o un individuo de cultura media; cualquiera de estas opciones ha de ser compatible con el desarrollo de sus funciones, puesto que ninguna de ellas es requisito necesario para acceder a su responsabilidad.
Lo único que en buena lógica se le ha de exigir al rey es que ejerza bien la función simbólica que tiene atribuida constitucionalmente y para la que se viene preparando desde que es un niño. Esta función simbólica es la esencia misma de la realeza en los sistemas parlamentarios modernos, el rey encarna eso tan abstracto que es el Estado y le dota de corporeidad. Cuando se dice, por ejemplo, que la justicia se administra en nombre del rey evidentemente no se quiere decir que la persona del rey sea la titular del poder judicial, sino, precisamente, que es el rey el que simboliza esa soberanía nacional de la que dependen todos los poderes del Estado, incluido el judicial.
En nuestra Constitución también se atribuye al rey una relevante función constitucional: la de proponer el nombre del candidato a la presidencia del gobierno; además de arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones; pero estas funciones han de interpretarse siempre de la manera más formal posible, ya que una participación activa del monarca en la vida política no responde al papel que ha de tener un rey en una democracia avanzada en pleno siglo XXI. El rey ya no es aquella persona que en los cantos de gesta medievales encarnaba la sabiduría divina y que tenía un poder que en cierta forma se conectaba con el de los magos antiguos. Tal como hemos visto, no se le ha de presumir una mayor habilidad, capacidad o inteligencia que a cualquiera de sus súbditos, y eso no es óbice para que pueda desempeñar de manera plena sus funciones. Es más, en el caso de que el rey tenga efectivamente una mayor sagacidad o inteligencia de las que son normales, no sería bueno que hiciera especial gala de ellas, pues, como se ha reiterado, no se espera de él que resuelva los problemas del país, sino que lo simbolice y represente con dignidad y elegancia.
Algunos todavía se resisten a admitir esta función del rey y reclaman su presencia activa cuando algún problema o crisis grave nos afecta. Quienes así actúan no se dan cuenta -desde mi punto de vista- que la época de los reyes medievales ya ha pasado y que, como digo, el rey no lo es por los méritos que pueda tener para resolver los problemas de los españoles, lo que le hace carecer de legitimidad para interferir en la vida política, limitando o condicionando a quien ha recibido el apoyo popular en el marco de unas elecciones. Este rey taumaturgo o salvador in extremis de la patria podría ser tranquilizador para algunos, que quizás se resisten a admitir que somos el conjunto de los ciudadanos quienes debemos resolver los problemas a los que nos enfrentamos; pero, como digo, ese rey activo no es nuestro modelo, radicalmente democrático y, por tanto, la función del monarca ha de concretarse en lo simbólico y formal y precisamente su mérito está en la forma en que interprete este papel que tiene asignado desde la cuna.



Es por esto que me ha satisfecho tanto el discurso real de ayer, día de Nochebuena. Algunos parece que le pedían más al monarca; así, por ejemplo, en el editorial de "El País", donde se señala correctamente que el rey había optado por ser prudente en vez de "dar un paso al frente para poner en valor su papel constitucional como árbitro y moderador"; pero con un deje de decepción; cuando, como he señalado, en la actualidad no es dable exigir al rey ese papel activo en la política que pondría de manifiesto la incoherencia de la magistratura con la forma en que es ocupada. Para mí, precisamente el acierto del rey es el de haber sabido presentar aquellos puntos de encuentro tan amplios que permiten conectar con una gran parte de la sociedad; puntos de encuentro que, además, son reflejo de lo que formalmente somos; es decir, que responden a la idea de España que se desprende de nuestra Constitución.
No es fácil identificar consensos y presentarlos en forma ordenada. Cuando se consigue, además, la impresión que puede transmitirse es la de que se trata de una mera reiteración de tópicos, y en los países que no tienen especiales problemas podría ser que esto fuera así realmente. En aquellos en los que, por el contrario, nos encontramos con tensiones de calado tales tópicos solamente se lo parecerán a quienes no reparen en los problemas a los que nos enfrentamos.
El recordatorio de la importancia de la Historia como instrumento para entender el presente y la identidad del país no es baladí cuando se pretende tergiversar la Historia y cuando se utiliza como ariete contra los adversarios políticos actuales, por eso que resulte tan oportuno combinar esta mención de la Historia con la afirmación de que se debe mirar hacia adelante porque nadie espera a quien "solo" mira hacia atrás. Quien quiera ver en esta afirmación un tópico es que se ha perdido gran parte de los debates políticos que cruzan España de norte a sur, con la insistente redacción de listas de históricos agravios y el afán desmedido por reescribir callejeros.
De igual forma tampoco es tópica actualmente la llamada al respeto a la ley y la afirmación serena de que la Constitución no será quebrada. Es obvio que en estos momentos estas reglas tan básicas son amenazadas de forma grave y explícita y, por tanto, parece conveniente recordar también de forma expresa cuáles son las bases de nuestra convivencia.
Es también significativa la referencia al papel que juega el castellano como lengua común de todos los españoles y la importancia del resto de lenguas españolas que, como indica el rey "también explican nuestra identidad"; esto es, la identidad de todos los españoles, no solamente la de quienes las hablan. De nuevo es una afirmación que responde a nuestros consensos básicos de la época de la Transición, pero que no es actualmente una aserción libre de debates. La referencia a las regiones y nacionalidades y a las diferentes formas de sentirse español forma parte también de un discurso que es claro en el monarca -ya desde su proclamación como rey- y que, a mi juicio, debería asumirse con más radicalidad de lo que hemos hecho hasta ahora. Ni que decir tiene que las referencias al diálogo, la concertación y el compromiso no son tampoco mera retórica tras el 20 de diciembre, así como la inmediata relación entre esta llamada al diálogo y el recordatorio de que el objeto de la política es la resolución de los problemas de los ciudadanos.
Finalmente, si se piensa que es otro tópico el recordatorio de que el empleo que se ha de crear ha de ser empleo digno, es que no se han seguido muchas de las declaraciones que en el último año se han hecho por parte de personas relevantes en el ámbito económico. Ni siquiera la mención a los refugiados y a los inmigrantes es retórica en un momento en el que se habla con tanta claridad de la conveniencia de cerrar fronteras.
En definitiva, que el discurso acierta con lo que a muchos nos preocupa y lo formula de tal manera que conecta estas preocupaciones con aquellos consensos que han construido la España democrática de la que disfrutamos desde hace casi cuarenta años. No es fácil y hay que felicitar al rey su acierto y agradecerle la forma en que cumple con el papel tan especial que le toca desempeñar. Un papel que es más modesto de lo que podría parecer si nos fijamos en palacios, tronos y oropeles, pero que resulta esencial para nuestro sistema democrático.
Como he intentado mostrar, el rey desempeña una función simbólica y en esa clave han de entenderse sus gestos y palabras. De igual manera ha de entenderse que un "¡Viva el Rey!" con el que bien podría acabar esta entrada es, ante todo, un reconocimiento a esa comunidad en la que todos participamos y a ese proyecto que compartimos con nuestros antepasados y que queremos transmitir a nuestros hijos, en el que colaboramos personas de aquí y de allí y que tiene por objeto que todos vivamos mejor, de una manera más justa, más rica y, en definitiva más feliz.
Así pues, ¡viva el Rey!


miércoles, 4 de noviembre de 2015

Momentos excepcionales

Vivimos momentos excepcionales, los acontecimientos mudan en horas. Ya no es momento de preparar convocatorias con semanas, hay que reaccionar con rapidez, responder al desafío con decisión.
Societat Civil Catalana convoca en la Plaza de Sant Jaume para mañana, jueves, a las 19:00. Se ha hecho con prisa, porque con prisa quieren que se apruebe una resolución que destruiría el autogobierno de Cataluña. Se ha hecho con riesgo y sin mirar atrás porque en un momento así no nos podemos quedar en casa, es necesario mostrar nuestra preocupación, nuestro dolor, nuestro rechazo.
Se ha hecho esta semana porque no sabemos qué deparará la semana que viene, se ha hecho ahora porque es ahora cuando hay que actuar.
Se ha hecho confiando en los millones de ciudadanos catalanes que no son independentistas, los  millones de ciudadanos que sienten que su voz no es escuchada, a los que se ningunea como si no fueran la Cataluña real, la que siempre ha estado integrada en España, la que no desea ser separada de Europa.
Se ha hecho para dar una oportunidad a tantos y tantos que no están de acuerdo con unos gobernantes que han aprovechado instituciones y dinero público para sus fines partidistas, que han tergiversado y engañado, que nos conducen al desastre y a la quiebra de la sociedad.
Vivimos momentos excepcionales, cierto; y debemos responder a ellos, reaccionar ante un desafío que no imaginábamos, que creíamos imposible.
Mañana nos vemos en la Plaza de Sant Jaume.



sábado, 12 de septiembre de 2015

Partido y Gobierno

Existen algunas cosas que parecen tonterías teóricas y que, en realidad, son muy importantes.
En los primeros cursos de Derecho te explicaban bastante bien la diferencia que existe entre los partidos políticos y las instituciones. Los partidos son organizaciones privadas con finalidad política y que concurren a las elecciones. A través del mecanismo de las elecciones miembros de los partidos o personas afines a ellos acaban accediendo a cargos institucionales (presidencia del gobierno o de una comunidad autónoma, alcaldías, congreso de los diputados o senado, etc.).
Se accede a las instituciones a través de los partidos y con el fin de desarrollar las políticas que se han defendido en las elecciones; pero en su calidad de autoridad pública los miembros del partido o sus afines que han accedido a los cargos públicos han de velar por el interés general, no el del partido. Es cierto que ese interés general, que es interpretable, se traducirá en el cumplimiento de las políticas que han sido contrastadas en las elecciones; pero siempre dentro del límite que marca la ley y sin que las instituciones puedan favorecer a los intereses del partido.
El equilibrio entre partido y gobierno, entre intereses partidistas e interés general es clave en nuestros sistema político, en las democracias occidentales caracterizadas no solamente por la celebración de elecciones periódicas, sino también por el respeto a las minorías, el imperio de la ley, la separación de poderes y un amplio catálogo de derechos y libertades públicas. Todos estos elementos son necesarios para que podamos hablar de democracia y, como digo, la separación entre partido e instituciones es clave para que pueda afirmarse que nos encontramos en un régimen democrático.




Han existido ejemplos de regímenes políticos en los que esta distinción entre lo público y lo partidista o estaba difuminada o no existía. Esto es, regímenes en los que sin ningún tapujo se confundía partido y gobierno, llegando esta confusión también a lo simbólico. Esto es, los símbolos del partido pasaban a convertirse en símbolos del Estado.


La confusión simbólica es paradójicamente, extraordinariamente grave. Con frecuencia se afirma que los símbolos no tienen importancia y que discutir acerca de símbolos es una pérdida de tiempo o muestra de un ánimo susceptible. Es un error. Cuando se ha llegado al punto en el que se considera que es posible afirmar de modo expreso, mediante símbolos, que gobierno y partido están confundidos; cuando se utilizan sin tapujos las instituciones que tienen que servir el interés general para servir el interés particular es que la degradación democrática ha alcanzado ya un punto preocupante.
Y esto es lo que pasa en Cataluña y en la manifestación de La Meridiana pudimos comprobarlo de manera sangrante.
La manifestación se realizaba en el primer día de la campaña electoral para los comicios autonómicos del 27 de septiembre, y la Junta Electoral Central había determinado que se trataba de un acto que incidía en los comicios y que, por tanto, debía dársele el trato informativo de un acto electoral. Es claro que aunque los convocantes no eran formalmente los partidos políticos la concentración coincidía con los planteamientos de dos de las formaciones que concurren el 27 de septiembre: Junts pel Sí y las CUP.
El acto era, por tanto, un acto electoral, así establecido por quien tiene competencia para determinar estas cosas en campaña, la Junta Electoral Central. Los medios públicos de comunicación han de informar de estos actos de campaña, aunque respetando los tiempos que corresponden a cada una de las formaciones que concurren a los comicios; ahora bien, esta información ha de ser eso, información, no participación o adhesión. La transmisión de ayer de TV3 fue, sin embargo, una loa al acto que incluyó, por ejemplo, hashtags específicos sobre la concentración y recogida de mensajes de solidaridad con la concentración. Sería bueno un análisis detallado de las cinco horas y pico de transmisión (incluyendo la del Telenoticies, que continuó la difusión de la concentración) para concretar la falta de objetividad de la misma.



Así pues, nos encontramos conque la televisión pública adopta una posición claramente partidista en el marco de la campaña electoral y en relación a un acto partidista. Pero eso no es lo peor.



Concluido el acto, los organizadores visitan a Artur Mas en la sede de la Presidencia de la Generalitat, y allí Artur Mas les recibe y dirige un mensaje en su calidad de Presidente en el que alaba el acto y muestra su solidaridad con el mismo. Afirma, cínicamente, que no participa en la concentración para preservar su posición institucional, pero, sin embargo, recibe a los convocantes y les arropa en el Palau de la Generalitat. Es, como digo, un acto de cinismo.
Artur Mas podía haber acudido como un ciudadano más a la manifestación. No hay problema en ello ni supone confusión entre poder público y partido. Los gobernantes siguen estando integrados en partido y pueden realizar funciones dentro del mismo; pero dejando bien claro que lo hacen no en su calidad de autoridades públicas. Así pues, no había ningún problema en que Artur Mas hubiera participado, como candidato que es, además a las elecciones del día 27, en la concentración de La Meridiana.
Lo que es inadmisible es que reciba en el Palau de la Generalitat a los organizadores y dirija un mensaje institucional en relación a la concentración. Esto es una muestra clara de confusión entre gobierno (intereses generales) y partido.
Y todo ello transmitido por la televisión pública.
Gravísimo.

viernes, 28 de agosto de 2015

La princesa dormida


El cuento de ayer para Amanda...



Era una princesa que vivía en un castillo. Allí tenía amigos y sus papás la querían mucho. Se divertía y era muy buena.
¿Qué fue lo que pasó? Un día, al despertarse llamó como siempre a su mamá y no contestó nadie. Se levantó y se sorprendió de que no hubiera ningún ruido, como si nadie habitara el castillo. Recorrió las habitaciones sin encontrar ni a sus papás ni a sus amigos ni a los criados ni a los caballeros del castillo. Además todo estaba sucio y viejo, lleno de telarañas y polvo.
El castillo parecía abandonado, sin presencia humana y comenzó a asustarse. Entonces se le ocurrió ir a la biblioteca, porque en la biblioteca están los libros y los libros te ayudan a aprender y la princesa ya sabía leer.
La biblioteca estaba también llena de polvo. Vio que en la mesa central había un libro abierto. Se acercó, era un diario.
Un diario es un libro en blanco en el que las personas escriben lo que les ha pasado durante el día. Aquel libro era el de su padre, el rey.
Abrió el libro y buscó la fecha en la que estaban ¡ya estaba escrita! ¿qué es lo que ponía?
El rey había escrito lo siguiente: "nuestra princesa no se despierta, duerme profundamente, como un angelito. Debe de estar muy cansada, la dejaremos dormir todo el día".
Pasó la página: "Hoy tampoco se despierta nuestra princesa, estamos preocupados, pero no parece que le pase nada, sonríe y da vueltas en su camita, pero siempre dormida".
Pasó varias páginas: "Los mejores médicos del reino no saben qué es lo que le pasa a la princesita. Duerme desde hace meses y no sabemos qué hacer".
Pasó más páginas: "Veinte años lleva durmiendo la princesa. Cada día esperamos que sea el que despierte, pero siempre muere nuestra esperanza. No crece, no envejece, está como el día que se durmió hace tantos años, pero nosotros ya somos ancianos."
Muchas más páginas: "Hace cuarenta años que se durmió nuestra princesita y no ha vuelto a despertar, pronto moriremos..."
Y ahí se acababa el diario. Pobre princesita. Había dormido muchos años, sus padres, los criados, sus amigos, los caballeros habían muerto y ahora estaba sola. Lloraba sobre el diario de su padre, muerto hacía tantos años.



Seguía llorando cuando un ruido le hizo levantar la cabeza. Ante ella estaba un hombre muy anciano y muy delgado, con una barba blanca muy pero que muy larga y un sombrero alto y puntiagudo sobre la cabeza.

- No llores más pequeña.
- Tú ¿quién eres? - dijo la niña restregándose las lágrimas con el antebrazo.
- Soy un mago. Tu padre me buscó hace muchos años, cuando supo que moriría antes de que tu despertaras. Buscaba a alguien que pudiera cuidarte cuando llegara el momento en el que dejaras tu sueño y solamente los magos podemos vivir tantos años. Entonces me comprometí a que seguiría en el castillo hasta que despertaras y que cuidaría de ti.
- Entonces ¿mis padres están muertos?
- Hace muchísimos años que murieron tus padres y tus amigos. Has estado durmiendo muchos, muchos, muchos años.

La niña volvía a llorar ahora muy quedamente, metiendo la cabeza en el pecho.

- No llores niña.
- Aunque tú me cuides yo quiero a mis papás.
- Lo sé; pero hay algo que podemos hacer.
- ¿Qué?
- Llevo muchos años esperando que despiertes, y en todos estos años he leído varias veces todos estos libros - y diciendo esto con su mano hizo un gesto que abarcaba toda la biblioteca- he estudiado y aprendido mucho, he averiguado muchas cosas y ahora sé por qué te quedaste dormida todos estos años.
- ¿Por qué?
- La tarde del día en el que te quedaste dormida una bruja disfrazada de ancianita se te acercó y te rozó con su dedo. Con ese roce te transmitió un malefició, el que te ha hecho dormir todos estos años.
- Y esa bruja ahora ¿dónde está?
- Se murió hace muchos años. Pero no solamente he averiguado eso, también he aprendido otra cosa.
- ¿Cuál?
- Te puedo hacer volver atrás en el tiempo, a esa tarde en que ocurrió el encantamiento.
- ¿Puedes hacer eso?
- Sí, te puedo hacer regresar a ese momento. Lo que tienes que hacer cuando vuelvas es decirle a tus padres que no dejen que en todo el día se te acerque ninguna anciana y que si se acerca alguna que la detengan los guardias. ¿Lo harás?

La niña asintió con fuerza. Entonces el mago le dijo que cerrara los ojos y con su mano rozó la cabeza de la princesita.
Cuando la princesita abrió los ojos el palacio estaba como lo recordaba, lleno de vida y trajín. Todo estaba nuevo y los criados se movían de un lado a otro.
Rápidamente fue a donde estaban sus padres. Allí estaban como ella los recordaba. Se alegraba mucho de verlos y estaba emocionada, pero se acordaba de lo que le había dicho el mago, así que sin perder tiempo se dirigió a ellos.

- Princesita ¿qué tal estás?
- Muy bien, pero tengo que deciros una cosa, y tenéis que hacer lo que os diga.

Sus padres la miraron sonrientes y extrañados.

- Hoy no puede acercárseme ninguna anciana, y si alguna pretende venir a mi lado los guardias deben detenerla.
- Pero ¿por qué habrían de detenerla? - preguntó el rey.
- Porque es una bruja. No te lo puedo contar todo todavía papá, pero confía en mí, por favor, es muy importante.

El rey se lo pensó un momento, pero finalmente hizo una señal y llamó a los guardias.

- Hoy no os podéis separar de la princesa -les dijo- y si alguna anciana se le acerca, detenedla.

La princesa salió a jugar. Cerca de ella estaban los guardias atentos, pero la dejaban hacer sin quitar ojo a quiénes se movían por el jardín en el que estaba la princesa.
A media tarde, efectivamente, apareció una anciana de rostro angelical que parecía querer acercarse a la princesa. Los guardias rápidamente fueron hacia ella y la prendieron. Al hacerlo el rostro angelical de la anciana se transformó en una horrible mueca y todos se dieron cuenta de que era una bruja.
La encerraron en una mazmorra y el rey y la reina vinieron corriendo.

- ¿Cómo supiste que pasaría esto? - preguntó la reina.

Entonces la niña lo explicó todo. Sus padres no salían de su asombro y al acabar la historia la abrazaron emocionados.
Los reyes intentaron encontrar a aquel mago misterioso, pero nunca dieron con él y todos pudieron vivir felices el resto de sus días, gracias al mago y a que la princesa supo cumplir el encargo que el mago le había hecho.
Y cuento contado, cuento acabado.

sábado, 27 de junio de 2015

Matrimonio homosexual y blindaje de competencias


Un día histórico, sin duda. El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha declarado inconstitucionales las leyes de los Estados que impedían el matrimonio entre personas del mismo sexo. En el mismo día en el que ha sido dictada podemos afirmar sin temor a equivocarnos que se trata de una decisión histórica y que romperá definitivamente los límites al matrimonio entre personas del mismo sexo, no solamente en Estados Unidos, sino probablemente en otros muchos países del Mundo. Una gran victoria de la libertad y de la tolerancia. Sin duda Obergefell v. Kasich será una decisión que muchos conocerán por su nombre, y no solamente en Estados Unidos.
Aquí, sin embargo, no quiero fijarme en el aspecto sustancial de la sentencia, sino en la forma en que ejemplifica las relaciones entre la Constitución federal y la legislación de los Estados en EEUU. Se trata de un tema que, ya lo adelanto, presentaré en relación al debate sobre la estructura territorial en España y la forma en que en ese debate se inserta el tema del "blindaje" de competencias. Y lo haré porque me parece que en este tema se está vendiendo gato por liebre y la Sentencia del TS de Estados Unidos es un buen ejemplo de lo que sucede y no de lo que algunos quisieran que sucediera.



Seguramente no estaría escribiendo esta entrada si hace un par de meses no hubiera participado en un debate sobre el encaje de Cataluña en España en el que uno de los intervinientes loaba las ventajas de un modelo federal auténtico en el que hubiera una clara separación entre las competencias de los Estados y de la Federación, sin que cupiera la posibilidad de que la Federación entrara en aquellos temas que eran competencia de los Estados; es decir, el tan traído y llevado "blindaje" de competencias. Quien hablaba puso precisamente el ejemplo de Estados Unidos, un país, en el que explicaba, en unos Estados hay pena de muerte y en otros no, porque -según decía- esa era una competencia estatal en la que no podía inmiscuirse la federación.
Bueno, eso no es exactamente así; y en el caso de la pena de muerte tenemos decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos (que es un órgano de la Federación) en las que se admite expresamente la compatibilidad con la Constitución de la pena de muerte en determinados casos y, también, que determinadas formas de ejecución. Aquellas que causan un sufrimiento injustificado al reo, no son compatibles con la Constitución; lo que implica que este es un tema en el que sí hay una influencia federal. Es decir, no puede decirse que la competencia de los Estados de la Unión para establecer o no la pena de muerte se haga de forma autónoma e independiente de lo que establezca la Federación; en concreto la Constitución Federal.
Llamo la atención sobre esto porque me parece poco adecuado transmitir la imagen de que en Estados Unidos las competencias estatales se encuentran "aisladas" de la federación. No existe allí nada parecido al blindaje que algunos plantean para las competencias autonómicas y es bueno darse cuenta de que incluso en un sistema tan descentralizado como es el de Estados Unidos existen mecanismos de coordinación de la legislación estatal y de incardinación de ésta en una estructura común. El Estado Federal no puede, ni siquiera en Estados Unidos, plantearse como un sistema de celdas aisladas sino que es preciso que principios comunes articulen la convivencia entre las distintas instituciones y legisladores.
Reflexionar sobre todo esto la hilo de la regulación de la pena de muerte es menos gratificante que hacerlo en relación al matrimonio; en este caso al matrimonio entre personas del mismo sexo. Es por ello que aprovecho la Sentencia que hoy hemos conocido para volver sobre el tema de las relaciones entre el Derecho estatal y federal en Estados Unidos y la inexistencia del blindaje competencial que algunos venden como la panacea para los problemas de articulación territorial que padecemos en España.



Para entender la situación en Estados Unidos y la importancia de la Sentencia dictada por el Tribunal Supremo hay que tener en cuenta que en Estados Unidos hay legislación sobre el matrimonio tanto a nivel estatal como federal; es decir, los Estados regulan la institución matrimonial y también existe legislación federal al respecto. Esta última negaba desde 1996 reconocimiento federal a los matrimonios entre personas del mismo sexo, incluso aunque el matrimonio hubiese sido celebrado según lo previsto en alguno de los Estados que sí reconocían las uniones homosexuales. Es decir, una pareja podía ser considerada matrimonio desde la perspectiva de un Estado de la Unión, pero no desde la perspectiva federal. Hace dos años el Tribunal Supremo declaró inconstitucional esta ley federal, lo que implicaba que, aún manteniéndose las diferencias en la materia entre unos Estados y otros, no podía la legislación federal negar el reconocimiento a los matrimonios que hubiesen sido celebrados en algún Estado de Estados Unidos. Ahora el Tribunal Supremo ha ido un paso más allá y ha establecido que las legislaciones estatales que no reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo son inconstitucionales.
La diferencia entre la decisión del año 2013 y la del año 2015 es que en la primera el Tribunal Supremo (federal) de Estados Unidos verificaba la adecuación con la Constitución de una ley federal, mientras que en la segunda el mismo Tribunal Supremo federal se pronuncia sobre la compatibilidad con la Constitución (federal) de la legislación de los Estados. Es muestra, pues, de que la legislación estatal también está sometida a la Constitución y que, por tanto, no hay áreas inmunes en dicha legislación estatal a la incidencia de la Constitución federal.
Esto que digo es trivial para cualquier constitucionalista; pero se hace preciso destacarlo porque, como digo, en el debate territorial español en ocasiones se plantea como el sumum del federalismo la creación de dichas áreas inmunes, lo que se ha venido a llamar "blindaje" de competencias. Bien, si en Estados Unidos existiera tal cosa -que ya vemos que no existe- la Sentencia Obergefell v. Kasich no hubiera sido posible.
Probablemente en los próximos días, semanas y meses esta decisión del Tribunal Supremo será criticada, y tanto por razones sustanciales como por suponer una injerencia de la Federación en la competencia de los Estados y una actuación del Tribunal Supremo más como legislador que como Juez (algo así parece ser que ya se apunta en las opiniones disidentes de la Sentencia). Será curioso entonces ver cómo los activistas del Tea Party y otros grupos situados a la derecha del partido Republicano coinciden en sus argumentos con los que en España defienden el blindaje competencial autonómico; lo que no es excesivamente extraño si se repara en el origen tradicionalista o conservador de buena parte del nacionalismo español; pero que sí debería sorprender a quienes de buena fe piensan que son compatibles posiciones de izquierda con disparates como el mencionado blindaje competencial.
Al final las cosas son lo que parecen.

martes, 16 de junio de 2015

Declaración unilateral de independencia e independencia


Ahora que Artur Mas amenaza en la prensa extranjera con una Declaración Unilateral de Independencia (DUI) recupero esta entrada de noviembre de 2013 publicada en el blog "Puerta de Brandemburgo". No he cambiado nada de lo que entonces escribí. Por desgracia, sigue siendo necesario recordar que es eso de la DUI, que de festivo no tiene nada.

I. INTRODUCCIÓN



Desde hace tiempo se viene hablando y escribiendo sobre una posible Declaración Unilateral de Independencia (DUI) proclamada por el Parlamento de Cataluña. Hace unos años era una mera hipótesis, luego pasó a contemplarse como una posibilidad real en determinadas circunstancias y actualmente parece estar ya en la agenda política, como muestra la advertencia de Duran i Lleida en el Congreso de los Diputados hace unas semanas. El escenario que parece dibujarse es el de que en caso de que no pueda llevarse a cabo la consulta sobre la independencia de Cataluña que reivindican determinadas fuerzas políticas, el Parlamento de Catalunya realizaría tal Declaración, presumiblemente tras unas elecciones en las que se planteara directamente esta posibilidad (lo que algunos denominan unas elecciones plebiscitarias; término que no se corresponde a ningún concepto jurídico en el ordenamiento español. Puede consultarse sobre esta perspectiva el Informe número 1 del Consell Assessor per a la Transició Nacional de la Generalitat de Catalunya (“La consulta sobre el futur polític de Catalunya”, pp. 142-148).
La impresión que uno saca de determinadas opiniones y análisis, incluido aquí el Informe del Consell Assesor per a la Transició Nacional (CATN), es la de que la DUI es una manifestación más de la dinámica parlamentaria que supondría la efectiva independencia de Cataluña. Esto es, que la independencia sería una consecuencia directa de la DUI. En este punto no es infrecuente la cita de la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre la conformidad con el Derecho internacional de la declaración unilateral de independencia relativa a Kosovo (Decisión de 22 de julio de 2010, Naciones Unidas, Asamblea General, A/64/281).
Se trata de planteamientos que incurren en algunas imprecisiones que, creo, han de ser puestas de relieve y matizadas si queremos tener una idea ajustada a la realidad de lo que es una DUI y de sus consecuencias desde la perspectiva internacional e interna. A continuación nos ocuparemos de estas cuestiones.
  
II. CONCEPTO Y NATURALEZA DE UNA DUI

            Una DUI es una manifestación solemne realizada por una persona, un grupo de personas o un órgano colegiado que pretende tener alcance general y, en la que se anuncia que un determinado territorio y su población pasarán a estar integrados en un nuevo Estado en el que el poder público será ejercido por una autoridad en cuyo nombre actúa quien proclama la DUI. No es casual la utilización de cada una de las palabras o expresiones anteriores y tiene que ver con el proceso por el que un nuevo Estado puede surgir en el orden internacional.
            En primer lugar, es importante destacar que la DUI es obra siempre de una persona o de varias personas. Ciertamente, lo habitual será que la Declaración se haga en el nombre de un pueblo o de un país; pero esto es una mera metáfora que pretende la legitimación del proceso, porque quien puede realizar una declaración -de este tipo o de cualquier otro- no es un territorio o una entidad abstracta como es el pueblo, sino personas concretas. Este es un matiz que no es irrelevante. Por ejemplo, se habla con frecuencia de la Declaración de Independencia de Kosovo; pero el Tribunal Internacional de Justicia, en la Opinión Consultiva que ya ha sido citada y sobre la que tendremos que volver, no emplea esta expresión, sino la de “declaración unilateral de independencia relativa a Kosovo” (la cursiva es mía), seguramente para no prejuzgar la atribución de tal declaración al territorio y limitarla a lo que es: una manifestación de personas concretas. Estas personas, las que realizan la declaración, a su vez, pretenden –y este es el objeto de la DUI- que el territorio y la población al que se refiere se constituyan en nuevo Estado, diferenciado de aquél en el que se encuentran integrados en el momento de realizar la Declaración.
            La voluntad de crear un nuevo Estado no supone, sin embargo, que el mencionado Estado surja. De acuerdo con el Derecho internacional, para que surja un nuevo Estado es preciso que exista un territorio y una población que sean efectivamente controlados por una autoridad. Por eso resulta relevante que, como se indicaba un poco más arriba, quienes realizan la DUI actúen en nombre de una estructura con capacidad para imponer su autoridad sobre el territorio y la población que constituyan el nuevo Estado. Solamente si se consigue ese efectivo control sobre el territorio y la población el Estado surgirá. Para eso será preciso que, o bien no exista ninguna estructura de autoridad anterior que haya de ser sustituida por la que plantea la secesión, o bien que se llegue a un acuerdo con las autoridades del Estado del que se pretende la secesión para que permitan su sustitución en el territorio que se pretende separar del resto del Estado o, finalmente, que se consiga por medio de la fuerza que las autoridades del Estado abandonen el territorio sobre el que pretende constituirse el nuevo Estado.
            En el debate público catalán esta perspectiva creo que no se tiene suficientemente en cuenta. Se percibe entre muchos la impresión de que una DUI supondría la inmediata independencia de Cataluña y que a partir de ahí tan solo se trataría de determinar qué Estados aceptan la mencionada secesión, dando por supuesto que más tarde o más temprano el Estado español debería también aceptarla. Conviene tener en cuenta, sin embargo, que tal como estamos viendo, la DUI en sí misma no hace surgir ninguna subjetividad internacional que pueda ser reconocida, y solamente el efectivo control del territorio y la población podría conducir a la independencia de Cataluña.



            Existe otro aspecto de cierta relevancia que debe ser considerado. La DUI, como hemos visto, es formulada por una persona, grupo de personas u órgano que pretenden crear una nueva organización estatal. No es imposible que tales personas u órganos partan de una legitimidad anterior, pero es importante destacar que la formulación de la DUI, precisamente al suponer la ruptura con el ordenamiento jurídico que ha creado el órgano de que se trate o de acuerdo con el cual se ha designado a la persona que realiza la DUI, implica que la legitimidad de la DUI es originaria; esto es, en nada se apoya en la legalidad anterior y se convierte, por tanto, en un nuevo poder constituyente. Esto supone, evidentemente, dar un salto en el vacío en el que quienes proclaman la DUI fían su propia continuidad como autoridades al hecho de que consigan imponer ese nuevo orden por alguna de las vías antes mencionadas. En el caso español, al existir una estructura estatal que ya ejerce sobre el territorio de Cataluña las funciones propias del Estado esas vías quedan reducidas a las dos últimas que han sido señaladas: o bien un acuerdo con el Estado español o bien el desplazamiento por la fuerza del Estado español en el territorio catalán.
            Esta imposibilidad de realizar una DUI a partir de la legitimidad previa del órgano que la proclama se aprecia con bastante claridad en el caso de Kosovo. La situación, en Kosovo era complicada desde una perspectiva internacional. Tras la guerra de 1999 que obligó a Serbia a abandonar el control del territorio éste fue asumido por una administración internacional que encontraba su respaldo en varias Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (pueden consultarse estos extremos en la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia que ha sido citada, en concreto en sus núms. 94 y ss.). Entre las instituciones que se crean a partir de estas Resoluciones está la “Asamblea de Kosovo”, que es quien realiza la controvertida DUI sobre la que se pronuncia la Opinión Consultiva. El problema que se plantea es el de que el marco legal que crea la “Asamblea de Kosovo” no permitía realizar una declaración de independencia del territorio, que no podría ser separado de Serbia de acuerdo con las Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que siguieron a la guerra de 1999. De haberse producido, por tanto, dicha DUI en el seno de la Asamblea de Kosovo ésta DUI hubiera sido ilegal por contradecir el marco legal internacional que había creado dicha Asamblea. El Tribunal Internacional de Justicia entiende, sin embargo, que la declaración de independencia, pese a realizarse en una reunión de la Asamblea, no pretende operar en el marco legal que la crea (vid los núms. 105 y ss. de la Opinión Consultiva) por lo que “los autores de la declaración no actuaron, ni pretendieron actuar, en su calidad de institución creada por este ordenamiento jurídico [el marco legal creado por las Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas] y facultada para actuar dentro de él, sino que decidieron adoptar una medida cuya significación y efectos se situaran fuera de ese ordenamiento” (núm. 105 de la Opinión Consultiva]. Es decir, los autores de la Declaración relativa a Kosovo actuaban como simples particulares desde la perspectiva del ordenamiento que abandonaban y, por tanto, el éxito de su DUI dependía tan solo de que consiguiera realmente conducir a un nuevo Estado.
            En el caso de Cataluña la propuesta generalizada es la de que la DUI fuera realizada por el Parlamento de Cataluña; pero es claro que éste órgano, creado y configurado de acuerdo con lo que prevé la Constitución Española, el Estatuto de Autonomía de Cataluña y la normativa electoral no está legitimado para realizar una declaración de independencia de Cataluña (así se reconoce expresamente en el Informe núm. 1 del CATN, p. 147), por lo que de realizarla debería ser como un órgano nuevo, integrado por miembros del Parlamento de Cataluña, pero que no podría confundirse con éste, o que, de confundirse, implicaría que el mencionado Parlamento hacía renuncia a su condición de órgano constitucional español por lo que ya no ejercería las funciones previstas en el ordenamiento vigente. No resultaría, por tanto, necesario ajustar el procedimiento de declaración a las previsiones del Reglamento del Parlamento (tal como, creo que ingenuamente, plantea el Informe del CATN en su p. 146), ya que podría realizarse de cualquier forma ya que adoptara la forma que adoptara siempre sería nulo de forma absoluta desde la perspectiva del Derecho vigente.
            De hecho, soy de la opinión de que ya la Declaración de Soberanía formulada por elParlamento en el mes de enero debería ser interpretada como esa renuncia delParlamento a continuar ejerciendo las funciones constitucional yestatutariamente atribuidas, y que resultan incompatibles con una declaración de soberanía; pero no quiero insistir en ello, estando pendiente, además, la resolución del Tribunal Constitucional sobre la mencionada declaración.

            Así pues, una DUI realizada por el Parlamento de Cataluña, en tanto que nuevo órgano creado por la voluntad de sus miembros (o de los miembros que se adhirieran a la secesión) supondría una manifestación de voluntad por parte de quienes representan a un grupo que pretende conseguir imponer su autoridad en un territorio y sobre unos ciudadanos hasta ese momento sometidos a otra soberanía. Esto es lo que supone una DUI. A continuación examinaremos su legalidad y consecuencias tanto desde la perspectiva internacional como interna.
  
III. LA DUI DESDE LA PERSPECTIVA INTERNACIONAL

Las dudas que pudieran existir sobre la consideración internacional de una DUI se han visto reducidas en los últimos años como consecuencia de la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre la declaración unilateral de independencia en relación a Kosovo, que ya ha sido citada. Esta Opinión Consultiva resultará útil para determinar tanto el carácter ilegal o ilegal de la DUI como los efectos de la misma. Interesará especialmente detenerse en estos últimos ya que en este punto se aprecia una generalizada mala lectura de la Opinión Consultiva que no es en absoluto inocua.
Un punto en el que existe un amplio acuerdo es que una DUI no es contraria al Derecho internacional. Así lo estableció el TIJ en su decisión sobre Kosovo que, seguramente, es extrapolable en su planteamiento esencial a otras DUI y, en concreto, a la que hipotéticamente pudiera darse en Cataluña. En el caso de Kosovo, y tal como se ha adelantado en el apartado anterior, se hacía preciso no solamente determinar la compatibilidad de la DUI con el Derecho internacional general, sino también con las normas internacionales específicas que regulan la situación de Kosovo. En casos diferentes, como podría ser el de Cataluña, tan solo sería necesario considerar el Derecho internacional general, y en este, de acuerdo con el TIJ no se encuentra ninguna norma que prohíba que se emita una DUI. La duda podría estar en si el principio de integridad territorial de los Estados supone una limitación a la emisión de declaraciones de independencia; pero la Corte de Justicia Internacional sostiene que ese principio opera en las relaciones entre Estados (es contrario al Derecho internacional que un Estado pretenda reducir el territorio de otro Estado); pero no opera en lo que se refiere a las declaraciones que realizan grupos de personas dentro del propio Estado en el que se pretende que se realice la secesión y sin que existan vinculaciones entre esas personas y Estados extranjeros (vid. núm. 80 de la Opinión Consultiva en el caso de Kosovo). El Tribunal basa su afirmación en el hecho de que desde el siglo XVIII se han producido no pocas declaraciones unilaterales de independencia que en algunos casos han llevado al nacimiento de nuevos Estados. Es cierto que desde la segunda mitad del siglo XX se produjo una cierta vinculación entre DUI y principio de libre determinación de los pueblos; pero, tal como indica el TIJ, “también ha habido casos de declaraciones de independencia fuera de este contexto [el ejercicio del principio de libre determinación de los pueblos]. La práctica de los Estados en estos últimos casos no revela la aparición en el derecho internacional de una nueva norma que prohíba la adopción de una declaración de independencia en tales casos [supuestos que no entran en el ejercicio del principio de libre determinación de los pueblos, como era el caso de Kosovo, donde resultaba evidente que la declaración no podía ampararse en esa libre determinación, al igual que tampoco puede hacerse en el caso de Cataluña (vid. el reciente documento de Roberto Augusto en “Puerta de Brandemburgo”)].
Así pues, pese a que en el caso de Cataluña no pueda utilizarse el argumento del principio de libre determinación de los pueblos, nada en el ordenamiento internacional impide que un grupo de personas proclame la independencia del territorio. Esta proclamación no es un ilícito internacional.



Ahora bien, una vez constatado que tal declaración no supone ningún ilícito internacional ¿qué consecuencias tiene desde una perspectiva internacional? No están claras todas las consecuencias de dicha declaración; pero sí que se puede afirmar que de la legalidad de la declaración no se deriva la efectividad de la independencia. En este punto la Opinión Consultiva del TIJ es clara. Tal como se insiste en ella, la Corte Internacional de Justicia no se pronuncia sobre los efectos de la declaración, sino solamente sobre su no contradicción con el Derecho internacional. Es muy claro en este punto el núm. 51 de la Opinión Consultiva: “No se pregunta sobre las consecuencias jurídicas de esa declaración. En particular, no se pregunta si Kosovo ha alcanzado la condición de Estado”.
De la Opinión Consultiva, además, parece derivarse que en ningún caso la DUI supone por si sola el nacimiento de un Estado. Así, en el punto 79 de la Opinión Consultiva se mantiene que en el caso de las muchas declaraciones de independencia realizadas entre los siglos XVIII y XX “a veces dieron lugar a la creación de un nuevo Estado, y otras no”. Podemos recordar la que es quizás la más famosa de las DUI infructuosas, el intento de secesión de varios de los estados integrantes de los Estados Unidos de América en el período comprendido entre 1860 y 1865, y cómo tal intento no concluyó con la creación de un nuevo Estado, pese a los esfuerzos de todo orden, incluido el militar, realizados por sus promotores para conseguirlo.

(Bombardeo del Fuerte Summter por tropas de los Estados Confederados en abril de 1861)


No parece, por tanto, que en este punto la Opinión Consultiva sobre la declaración unilateral de independencia relativa a Kosovo haya alterado la regulación tradicional en la materia, que indica que el Estado existe si tiene un territorio, una población y una cierta organización que permite encuadrar territorio y población; lo que, a su vez, implica que el nuevo Estado nacerá cuando consiga ese control sobre el territorio y la población en el marco de las fronteras que pretende fijar. Sin ese control la DUI será absolutamente inocua desde una perspectiva internacional. Algunos, incluso, añaden a estos requisitos un cierto reconocimiento internacional; lo que implicaría que sin este reconocimiento el control sobre el territorio y la población serían insuficientes para que surgiera un nuevo sujeto en la comunidad internacional. Así, por ejemplo, los Estados Confederados, pese a haber conseguido en algún momento el control sobre una parte significativa de su territorio no fueron capaces de obtener su reconocimiento por otras potencias, lo que implicaría que nunca llegaron a ser un auténtico Estado.
De acuerdo con lo que hemos visto hasta ahora, por tanto, no prohíbe el Derecho internacional que un grupo de personas proclame la independencia de un territorio; pero esa proclamación solamente implicará el nacimiento de un nuevo Estado cuando se consiga que las autoridades que han proclamado la independencia alcanzan el control efectivo dentro de las fronteras de ese nuevo Estado. ¿Qué implicaciones tiene esto para el caso catalán? Parece claro que supondría que para que Cataluña llegara a ser un Estado independiente sería necesario que esa nueva organización que surge de la DUI (y que, como hemos visto, ya no encuentra su legitimidad en el ordenamiento vigente hasta ahora) consiguiera, entre otras cosas, el control de las fronteras (desplazando a la Policía Nacional que ahora ejerce tal control en la frontera con Francia y en los puertos y aeropuertos catalanes) y estableciera mecanismos suficientes como para asegurar también el control de la nueva frontera que surgiría con España en lo que ahora son los límites con las Comunidades de Aragón y Valencia. Sería preciso también que el control sobre las comunicaciones y las infraestructuras dentro de Cataluña fuera efectivo (sobre los aeropuertos y las centrales energéticas, por ejemplo) y que se crearan instituciones propias que desplazaran a las estatales que ahora operan en el territorio de Cataluña (Hacienda y Seguridad Social, entre otras). En este punto deberíamos volver a consideraciones que ya se hicieron en su momento: este control solamente sería posible con el acuerdo del Estado español o desplazando por la fuerza a las instituciones y autoridades estatales en Cataluña. De otra forma, la DUI no sería efectiva y, por tanto, no implicaría la independencia de Cataluña. Ahora bien, esta dimensión del problema se considerará mejor si la examinamos en el marco de la valoración de la DUI desde la perspectiva del Derecho interno español.
  
IV. LA DUI DESDE LA PERSPECTIVA DEL DERECHO INTERNO

Lo primero que ha de quedar claro es que el ordenamiento internacional y el interno son dos esferas en principio separadas, lo que implica que el hecho de que la realización de una DUI no se encuentre prohibida por el Derecho internacional no implica que no pueda ser ilegal desde la perspectiva del Derecho interno. Además el Derecho internacional respeta las medidas que se puedan adoptar en el Estado respecto al que se produce la DUI para evitar que llegue a producirse la independencia de parte de su territorio. El Derecho internacional no prohíbe que un grupo de personas intente la secesión pero tampoco prohíbe que el Estado intente impedirla. Solamente si tras el conflicto que probablemente se produzca acaban triunfando quienes proponen la independencia el nuevo Estado habrá surgido y pasará a ser un sujeto del Derecho internacional. Entre la DUI y ese momento, sin embargo, los mecanismos de Derecho interno podrán operar con total libertad (siempre que tales medidas no vulneren otras normas de Derecho internacional y, en concreto, las relativas a la protección de los derechos humanos).
En el caso de una hipotética DUI proclamada por diputados del Parlamento catalán (ya hemos visto que no es correcto en términos estrictos mantener que la DUI la realizaría el Parlamento catalán, pero es claro que ésta es la apariencia que se le propone dar) nos encontraríamos con un acto claramente ilegal desde la perspectiva del ordenamiento español (así lo asumen, como hemos visto, los autores del Informe sobre la consulta realizado por el CATN). Se trata de un acto que carecería de efectos legales desde la perspectiva del Derecho interno, a salvo de los que se conectaran con su impugnación ante el Tribunal Constitucional y con la posibilidad de que diera pie a la aplicación de determinados preceptos de la Constitución, en concreto, su art. 155, que habilita al Gobierno a adoptar, con la aprobación del Senado, las medidas que considere oportunas cuando una Comunidad Autónoma incumple la ley o atenta contra los intereses generales.

En realidad, lo lógico es que la DUI no pretenda tener efectos legales desde la perspectiva del Derecho español ya que, como toda DUI, lo que se plantea precisamente es sustituir el Derecho vigente por uno nuevo. De la efectividad de la sustitución depende que el nuevo Estado surja o, por el contrario, que la DUI quede en una declaración infructuosa. En el caso catalán lo que parece desprenderse del debate público e, incluso, de las actuaciones que se han desarrollado hasta ahora, es que se pretende utilizar el aparato actual de la Generalitat de Catalunya para encuadrar la población y el territorio del que se pretende sea un nuevo Estado. Existen múltiples indicadores de esto que comento; pero basta con comprobar cómo el Informe del CATN lleva el sello de la Generalitat. Algo que debería sorprendernos pues implica la utilización de una institución constitucional española para planificar la forma en que ese ordenamiento constitucional pueda ser sustituido por uno nuevo. Quizás esta utilización de las instituciones para fines contrarios al ordenamiento vigente pueda ser objeto de alguna valoración jurídica desde la perspectiva del ordenamiento español; pero ahora no me detendré en ello porque no es el objeto de esta contribución.
Así pues, nos centraremos en la valoración de lo que parece ser el escenario más probable en el caso de que llegue a producirse una DUI: el gobierno de la Generalitat pondría al servicio de la construcción del nuevo Estado el aparato actual de la administración autonómica catalana. Sería probablemente esa la vía elegida para conseguir ese efectivo control sobre el territorio y la población que, tal y como insistimos, es la auténtica condición para que nazca un nuevo Estado.
            Lo primero que deberemos considerar es que la administración autonómica no es la única que opera actualmente en el territorio catalán. Es cierto que durante los últimos treinta años se ha trabajado con insistencia en transmitir la imagen de que el único ejercicio directo del poder público en Cataluña corresponde a la Generalitat, manteniéndose únicamente la vinculación con el Estado de forma mediata a través de las relaciones entre la Generalitat y el gobierno de Madrid, y se ha conseguido en buena medida que esta percepción cale entre la población; pero se trata solamente de una percepción, no de una realidad. El territorio catalán y los ciudadanos que vivimos en ese territorio nos integramos en el Estado español (como sujeto de Derecho internacional) y somos administrados tanto por la administración central del Estado, en el marco de las competencias que le son propias; como por la administración autonómica y la administración local. La “secesión” de la administración autonómica catalana, incluso aunque fuera efectiva y unánime (lo que, como veremos, no tiene por qué ser así) no implicaría la secesión de Cataluña, pues aún se mantendría la presencia de la administración estatal y de las administraciones locales que, en principio, no quedarían afectadas por lo que pudiera decidir la administración autonómica. De no existir acuerdo entre las distintas administraciones solamente una actuación por la fuerza podría conseguir el efectivo control sobre todo el territorio que se pretende separar del resto de España.



            Así, pues, ni siquiera una actuación sin fisuras de la administración autonómica implicaría una secesión catalana si no va acompañada de la complicidad de las otras administraciones que actúan en el territorio de Cataluña. Ahora bien, tampoco puede darse por descontada esta actuación unánime de la administración autonómica catalana (centros de enseñanza, mossos d’esquadra, centros penitenciarios, etc.). Como hemos visto en apartados anteriores, la DUI, por definición, implica la ruptura con el ordenamiento vigente para así forzar la sustitución de la organización estatal actual por una nueva y que no está todavía creada, sino que es meramente propuesta. Los funcionarios públicos, las distintas administraciones y entes lo son en el momento en el que se plantea la DUI del ordenamiento español, ya que se integran en una administración autonómica que tiene su fundamento en la Constitución. La renuncia del Parlamento de Catalunya a permanecer integrado en dicho ordenamiento no tiene que implicar necesariamente la renuncia de todas y cada una de las instituciones y personas que integran esa administración autonómica, máxime cuando, ante la ausencia de acuerdo con el Estado (la falta de ese acuerdo es lo que explica que estemos ante una declaración unilateral de independencia), este Estado seguirá considerando a todas las instituciones y personas como vinculadas por el ordenamiento vigente y no por el propuesto por quienes realizan la DUI.
            Lo lógico, por otra parte, es que ante una DUI el Estado adoptara ciertas medidas con el propósito de impedir su efectividad. La obligación de cumplir y hacer cumplir la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico que afecta a todos los cargos públicos -que así han de jurar o prometer hacer en el momento de acceder a sus puestos- implica que ante una DUI no es admisible simplemente dejar hacer. Esas medidas pasarían en primer lugar por asegurar la presencia de la administración central del Estado en Cataluña (fronteras, delegaciones de hacienda, aeropuertos y puertos, etc.) impidiendo que tales instalaciones pudieran ser ocupadas por quienes pretenden la secesión. Por otra parte, lo lógico sería recordar a las distintas administraciones y funcionarios la vigencia del orden constitucional y desautorizar cualquier orden o instrucción proveniente de quienes se han apartado de dicho orden constitucional. Evidentemente, es posible que quienes hayan promovido la DUI adopten, a su vez, medidas encaminadas a conseguir la efectividad de la misma; y la colisión entre unas y otras será la que de lugar al conflicto que antes mencionaba y al que estaría atento el orden internacional a fin de determinar si surge o no un nuevo Estado en el concierto de las naciones.

V. CONCLUSIÓN

            De lo que se ha examinado hasta ahora se derivan algunas conclusiones:

1-    La DUI no implicaría la efectiva independencia de Cataluña. Se trata tan solo de una declaración que por sí sola no supone el nacimiento de un Estado.
2-    La DUI no es contraria al Derecho internacional, pero éste no prohíbe que el Estado español adopte las medidas que resulten adecuadas según el Derecho interno para impedir la secesión de una parte de su territorio.
3-    La DUI solamente sería efectiva si consigue que tanto la administración estatal presente en Cataluña como las administraciones locales y la administración autonómica acepten el nuevo orden legal que pretende imponer la DUI. Los que promueven la DUI habrán dejado de estar integrados en el orden vigente una vez producida ésta y se situarían en una posición de conflicto con el Estado por el control efectivo del territorio y la población catalanes.

Lamento que este análisis no pueda eludir conceptos como conflicto, competencia e, incluso, enfrentamiento; tan alejados en ocasiones de planteamientos que presentan la DUI como un mecanismo parlamentario más, casi en el mismo plano que cualquier otra declaración institucional o que una proposición no de ley; pero es que no se puede olvidar que una declaración unilateral de independencia lleva en su propia naturaleza uno de los conflictos más graves que se pueden dar tanto en el ordenamiento interno como en el internacional: la ruptura por procedimientos no previstos legalmente del orden constitucional dirigida a la alteración de la integridad territorial de un Estado. Casi nada.

Rafael Arenas García