jueves, 3 de junio de 2010

Seguidillas

Jose Zuñiga ha iniciado una serie en su blog a la que ha denominado "Estrofado". Nos va presentando distintos tipos de estrofas y anima a la participación. Hoy el tema que ha propuesto son los poemas formados por seguidillas. Aquí recojo el que él nos ha regalado y los que se han ido sumando a la iniciativa.


Gato negro (Jose Zúñiga)

En busca de su boca
voy caminando
(un murmullo de estrellas
me va arrullando).

Dime tú, gato negro,
dónde se esconde,
que el camino se pierde
y es ya de noche.

Así caigo en un sueño
sin horizontes.
Dónde estarán sus besos,
su boca, dónde.


Sino (Rafael, aunque, como comprobará quien vea los comentarios en la entrada original, con la incorporación de varias ideas del propio Jose Zúñiga)

Una mañana fresca
junto al camino,
entre robles y encinas,
hacia mí vino.

"Si caminamos juntos
serán más leves
las penas y fatigas
que te entretienen"

Miré sus ojos verdes,
me vi perdido,
y abracé sin pensarlo
mi triste sino.



Se me escapó la risa
tras de sus pasos
por perseguir de noche
al negro gato.

Háblame luna, dime
qué oscura sombra
esconde entre sus brazos
su dulce boca.

Con el corazón roto y
los pies cansados
a la luz de la luna
juré olvidarlo.

Porque es dos animales
gato y araña,
aquel en cuyos brazos
ayer soñaba.



Que por tí yo me vuelvo
gata en la noche
brilla mi pelo negro,
brilla y se esconde.
Busca esta gata negra
por los tejados,
que puede que me encuentres
ronroneando.
Pero si te arañara
tú no me llores,
que las lágrimas mías
son las mayores.



no te quejes viajero
del equipaje
de la luna en la sombra
del largo viaje
horizonte sin luna
dámelo tú
que mi boca te espera
fresca y azul

quéjate si te quejas
de la alborada
la luna está en mi boca
pero se apaga.

martes, 1 de junio de 2010

La utilidad del Derecho Internacional

Hay ocasiones en que pareciera que el Derecho Internacional es completamente inútil, y acontecimientos como el ataque por parte de Israel a la flotilla que intentaba llegar a Gaza podrían justificar este planteamiento. Sin embargo, creo que, precisamente, este ataque es muestra de la utilidad profunda del Derecho Internacional. Otra cosa es, como veremos, que se quiera utilizar o no.
Ayer, leyendo los comentarios de los lectores en varios periódicos e, incluso, los análisis de los periodistas, apreciaba que el debate sobre el ataque era inabarcable. A partir de él se discutía sobre el carácter terrorista de Hamás, de los activistas que iban en los buques, la vulneración por parte de Israel del Derecho Internacional en no sé cuantas ocasiones, las guerras iniciadas por los países árabes contra Israel, el Holocausto, la colonización de Palestina a comienzos del siglo XX... y así hasta llegar a Flavio Josefo, supongo. El debate se llena de tantas cosas que resulta evidente que cualquier acuerdo es imposible. La ventaja que ofrece el Derecho Internacional es que nos permite valorar ese suceso con independencia del resto de elementos que complican la discusión. De esta forma se avanza, poco a poco, modestamente, pero se avanza.
Y jurídicamente ¿cómo se valora el ataque de la Marina de Israel a la flotilla? Bien, existen aún puntos dudosos; pero hay algunas cosas claras. Israel no niega que el ataque se produjo fuera de sus aguas territoriales (me he leído la nota publicada por el Gobierno de Israel y en ningún momento intenta justificar su acción sobre esta base; de hecho, Israel no alega ninguna base jurídica para su actuación, quizás porque, como veremos, no existe tal base). Es también claro que los buques atacados no navegaban bajo pabellón israelí, sino turco, al menos el buque donde se produjeron los muertos y fallecidos. Lo que tenemos, por tanto, es un ataque, por parte de un buque de guerra de un Estado (Israel) a un buque de otro pabellón (Turquía) en aguas no territoriales de Israel. La normativa básica desde la perspectiva internacional que hemos de considerar es la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar. De acuerdo con esta norma, fuera del mar territorial los Estados ribereños solamente ejercen su soberanía en lo que se refiere a la exploración y explotación económica en la zona económica exclusiva (art. 56 de la Convención), gozando en dicha zona el resto de Estados de los derechos de navegación y sobrevuelo (art. 58). Es decir, salvo en lo que se refiere a los derechos económicos del Estado ribereño, la zona económica exclusiva debe ser considerada como alta mar. De esta forma, las facultades del Estado de Israel sobre la flotilla, que se encontraba, repito, fuera de las aguas territoriales de Israel, es el mismo que tendría en caso de que se encontrara en alta mar. Insisto en esto porque conviene dejarlo claro, ante la duda que podría surgir sobre si el ataque se produjo realmente en alta mar o en la zona económica exclusiva de Israel. Esta duda, en tanto en cuanto el ataque no se vincula a la pesca ilegal o a la realización de cualquier otra actividad económica por parte de la flotilla es, por tanto, irrelevante.
Así pues, lo que tenemos que considerar es el régimen de la alta mar. De acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas, en alta mar quien ejerce soberanía sobre los buques es el Estado de su pabellón (art. 92 de la Convención). ¿Quiere decir esto que resulte imposible que un Estado diferente del Estado del pabellón ejerza su soberanía sobre un buque en alta mar? No, la propia Convención recoge varios supuestos en los que es posible el ejercicio de dicha soberanía. En el art. 105 se recoge la posibilidad de apresamiento de buques piratas y de los buques y aeronaves capturados por los piratas; en el art 109 se prevé la posibilidad de apresar buques que realicen transmisiones no autorizadas que puedan ser captadas en el Estado que realiza el apresamiento; y en el art. 110 se recoge el derecho de visita a los buques que se sospeche que son buques piratas, que transportan esclavos, que realizan transmisiones no autorizadas, que no tienen nacionalidad o que, en realidad, tienen el mismo pabellón que el buque de guerra que realiza la inspección.
Los anteriores son los supuestos en los que un buque puede ser detenido en alta mar por un buque de un Estado diferente del Estado del pabellón. Israel no ha alegado ninguno de estos motivos para justificar su acción; seguramente porque es altamente improbable que la flotilla que se dirigía a Gaza pudiera, siquiera remotamente, ser incardinada en alguno de estos supuestos. Así pues, no cabe duda de que la actuación de Israel es una vulneración del Derecho internacional que atenta contra la soberanía del Estado del pabellón, en este caso, Turquía. Es, como siempre se suele decir en estos casos, opinión de quien suscribe que somete a cualquier otra fundada en Derecho.
Lo anterior, desde luego, no agota el análisis del problema. Habría que examinar la utilización de la fuerza dentro del buque. Israel ha alegado que los tripulantes del buque atacaron primero a sus soldados; pero eso, incluso aunque fuera así, lo que no está probado, no altera que quienes iniciaron la agresión fueron las Fuerzas Armadas de Israel, al ocupar un barco sobre el que no podían ejercer derechos soberanos y sobre el que ni siquiera podían ejercer el derecho de visita.
Además habría que detallar las consecuencias de la infracción del Derecho internacional cometido por Israel, las vías de las que dispone Turquía para obtener una satisfacción, sin olvidar el papel que pudiera jugar la OTAN, teniendo en cuenta que es un ataque sufrido por uno de sus miembros. No me he mirado el Tratado del Atlántico Norte y, por tanto, ni siquiera hipótesis tengo sobre qué podría derivarse de dicho Tratado; pero de lo que no tengo dudas es de que Israel ha infringido el Derecho internacional claramente. Si se le consiente, como apuntaba, eso ya no es culpa del Derecho Internacional, sino de los Estados; de los Estados europeos, de Estados Unidos y también de la Unión Europea, que ahora tiene el equivalente a un Ministro de Asuntos Exteriores y que debería adoptar una posición clara en relación a este asunto.
Porque si se deja pasar esta actuación ilícita de Israel se estará legitimando a cualquiera que quiera tomarse la justicia por su mano. Si la reglas básicas sobre libertad de navegación en alta mar no son respetadas todos salimos perjudicados. De hecho, si me permite ir un poco más allá, es más grave lo ocurrido que un ataque directo contra el territorio de otro Estado, ya que en el caso de la vulneración de la alta mar no solamente sale perjudicado el Estado del pabellón del buque atacado, sino también todo el resto de Estados, que son titulares del derecho a la libre navegación.



lunes, 24 de mayo de 2010

Maravilloso final de Lost

Justo al terminar el último capítulo de "Perdidos", me sentía confuso; pero, a la vez, satisfecho tras haber visto un capítulo que me había emocionado, entretenido e intrigado. Las últimas escenas, volviendo al principio de la serie son bellas y, con expresión que los que me conocen saben me gusta mucho "inspiring". Se trata de un capítulo bien construido y que sabe mantener enredado al espectador en todo momento.
Queda por ver cómo resuelve las incógnitas que la serie ha ido abriendo; y creo que aquí también acierta. Durante las seis temporadas se había especulado con la posibilidad de que todos los habitantes de la Isla estuvieran muertos y lo que les pasaba fuera parte de una especia de "prueba post-mortem"; que la Isla fuera una especia de Purgatorio o de Infierno. En el último capítulo juegan con esa idea (y ahora te das cuenta que durante toda la Sexta Temporada); pero dándole la vuelta. Me explico. He oído en Cuatro a algunos mantener que el último capítulo daba a entender que todo había sido una especie de sueño de Jack. Nada más falso. En realidad este último capítulo te permite entender perfectamente toda la Sexta Temporada y elimina cualquier posibilidad de entender que todos los habitantes de la Isla habían muerto en el accidente. Lo que queda claro es que lo es una especie de sueño (no es real) es la Realidad Paralela que se ha desarrollado durante la temporada final de la serie.
Volvemos al final de la Quinta Temporada. Detona la bomba atómica, Juliet muere y Kate, Jack, Sawyer... son catapultados al año 2007, donde ya se encontraban el resto de personajes. A partir de aquí los hechos que se suceden "realmente" son los que pasan en la Isla en el año 2007 (olvidémonos de la Realidad Paralela). Sayid y los Kwon mueren en el submarino, Jack en el momento final del capítulo; Hugo y Ben se quedan en la Isla para protegerla durante no se sabe cuántos años; y Sawyer, Kate, Claire y el resto que suben en el avión regresan y no sabemos qué vida viven hasta la hora de su muerte.
Lo que sucede en 2004 es una especie de limbo en el que cuando ya todos están muertos (algunos muertos en la Isla, otros fuera de la Isla) se reúnen para recordar e "ir hacia la luz". Por eso en la realidad paralela todos tienen vidas más cercanas a lo que hubieran deseado (Jack tiene un hijo, Desmond es respetado por Charles Widmore, éste está casado con el amor de su vida, Faraday toca el piano...). Aquí sí que están muertos, y cuando son capaces de recordar su vida, entonces, están preparados para "marchar". Es significativo que Hugo (muerto) le indique a Ben (también muerto) que había sido un gran segundo; ¿qué aventuras durante los años compartidos por ellos dos en la Isla se esconden tras esa apreciación? El único que no quiere partir de momento es Ben, que vive feliz con su recién adquirida familia. Pobre Ben.
En fin, tratándose de Lost, es todavía más necesario recalcar el carácter de "hipótesis inconclusa" de lo que aquí digo; pero no quería dejar pasar la ocasión de ponerlo negro sobre blanco. Lo que se escribe parezca que supere viajes en el tiempo, cambios de realidad y el olvido que inexorablemente acompaña al paso de los años.

sábado, 22 de mayo de 2010

No se puede desaprovechar la crisis


Esta mañana he estado comprando en un centro comercial. Me dio la impresión de que volvía a haber mucha gente, cestas más o menos llenas, movimiento, actividad, televisiones de plasma o LCD que iban y venían... en definitiva, vitalidad de la economía de nuevo. No soy economista y me fío más de estas pequeñas cosas (el movimiento de la gente, sus caras) que de los datos macroeconómicos. Tantas veces se han equivocado (o nos han engañado) con estadísticas, que me parece sensato volver a contar con los dedos.
La impresión que tengo, la misma que tenía hace un par de semanas, es que la crisis va remontando, incluso en España, que siempre va con retraso para todo; y es por eso que la medida de la brutal bajada de sueldo a los funcionarios no podía realizarse en mejor momento. Hasta ahora la reducción del consumo de los funcionarios podría ser la puntilla que acelerase la recesión; ahora que este temor se va alejando es posible castigar a este colectivo; castigo que, además, es justo y necesario.
Es cierto que existen razones coyunturales que explican un fuerte recorte del gasto público; en concreto el ataque sufrido por Grecia y por el euro justo la semana anterior a la transcendental reunión de los Ministros de Economía y Finanzas europeos el 9 de mayo; pero estas razones coyunturales no deben hacernos olvidar que también hay motivos más profundos para debilitar la función pública; y son estas razones las que hacen que el castigo a los funcionarios no sea solamente posible; sino también necesario, como acabo de decir. Esta necesidad se vincula a la evidencia de que la función pública no deja de ser una anomalía y un problema para el actual sistema.
En una sociedad en la que los sueldos miserables y la precariedad se extienden como mancha de aceite o de petróleo la Administración sigue manteniendo unos sueldos que, sin ser excesivos, son dignos, y una gran estabilidad laboral. La existencia de este grupo de personas que aún mantienen los derechos que tenían todos hace veinte o treinta años es un indeseable ejemplo para quienes todavía se oponen a la versión más salvaje del capitalismo depredador. Mientras existan empleados altamente cualificados que cobran dos o tres mil euros al mes seguirá existiendo presión en las empresas para que los sueldos suban; mientras se mantenga la estabilidad laboral de los funcionarios habrá quien piense que el despido libre y sin indemnización no tiene por qué ser inevitable; en definitiva, los funcionarios dan un mal ejemplo al conjunto de la sociedad, pudiendo algunos llegar a pensar que otro mundo es posible.
Además la función pública está integrada por personas que han llegado a su puesto tras demostrar en ciertas pruebas su capacidad; ciertamente, el sistema de oposiciones es perfectible, como todo lo humano; pero no deja de ser también ejemplo de exigencia y objetividad: no se puede concurrir a una oposición de Abogado del Estado si, previamente, no se tiene la Licenciatura en Derecho; no se puede pretender el acceso a un puesto de cirujano en un hospital público si no se han concluido los estudios de Medicina, superado el MIR y los cursos de especialización posteriores, y se presentan méritos mayores que el resto de candidatos al puesto. La función pública se convierte así en un ejemplo de exigencia en una sociedad en la que el esfuerzo no es un valor que cotice al alza; y es, además, muestra de objetividad, ya que la rigidez del sistema de acceso limita la posibilidad de que los políticos coloquen a sus fieles y amigos en esos puestos de la Administración que, a veces, parece que son considerados botín de guerra tras unas elecciones.
De esta forma, la devaluación de la función pública tiene varias ventajas. En primer lugar, los puestos que ahora son ocupados por personas que han superado una oposición y que pueden tener independencia de criterio gracias al carácter casi inamovible de su puesto de trabajo pasarían a personas designadas por los partidos, creciendo esa legión de asesores (ya varios miles) que ven recompensada su capacidad de organizar mítines o su lealtad en la recaudación de cuotas mediante puestos directivos en empresas municipales de recogida de residuos o con cargos de responsabilidad en materia medioambiental, sanitaria o cualquier otra alejada de sus capacidades y conocimientos reales. Personas fieles a la voz de su amo porque su puesto depende de la voluntad de éste.
En segundo término, si los tres millones de funcionarios entrasen en el mercado laboral sería más fácil todavía para los empresarios reducir salarios y ventajas laborales. Además, y tal como se ha adelantado, se cerraría la última puerta que quedaba abierta a un mundo en el que uno podía vivir dignamente de su trabajo. El mileurismo podría pasar a ser paradigma sin que se pretendiese siquiera que es posible cambiar la situación.
Es por todas estas razones que antes de que se diera por concluida la crisis debía darse un buen golpe a la función pública. A la hora de reducir gastos públicos no podía optarse por eliminar los miles de asesores designados digitalmente por los partidos políticos, porque tal cosa podría poner en peligro la profesionalización de la política que tantos beneficios ha traído al país. Al contrario, debía aprovecharse el momento para castigar a los funcionarios; envidiados por quienes prefirieron en su día las fiestas a hincar codos; despreciados por los especuladores que en los momentos de bonanza loan la iniciativa privada y cuando surgen dificultades exigen la ayuda del Estado; y temidos por los partidos, que ven en ellos el último obstáculo para la definitiva apropiación de lo público.
¿Existe alguna duda de que la reducción del sueldo de los funcionarios no era solamente posible, sino también absolutamente necesaria?

lunes, 17 de mayo de 2010

Canto de ira y fuego

Hace unas semanas colgué esto en mi blog "Impresiones Rimadas". En realidad aunque rime es un relato, por eso creo que su sitio adecuado está aquí, en el apartado de "Bocetos".

Una mano pequeña
te agarra como ancla;
es tan sólo un recuerdo
en la fría mañana.
Otros recuerdos vienen,
son los que te acompañan
desde aquel otro día,
gris mañana lejana.
Otra mano a lo lejos
que por ti se agitaba;
El asesino azul
tranquilo te aguardaba.
Pero antes las piedras
con sangre han sido untadas.
Él quedó en el camino
y en tu alma su mirada.
Ahora la estás viendo,
aquí, en esta mañana,
definitiva, ardiente,
caótica y extraña.
La sal seca la boca,
la ropa está mojada,
horizonte lejano,
miedo al crujir las tablas.

Regresabas del campo
cuando viste las llamas
cuando oíste los gritos,
tu nombre pronunciaban;
un silbido en el aire
te trajo la desgracia.
Aceptas el periódico
que en el metro regalan
te aprietas contra tantos
que el mismo aire exhalan.
¿Acaso hay diferencias
entre los que para vivir trabajan?

Una mano en el culo,
tragas saliva, pasas.
Los ojos distraídos
se fijan en su cara.
Guapa, morena, pálida.
Le clava la mirada,
ella también le mira,
parece contrariada.
Quiero olvidar su gesto
cuando el café tomaba,
y el sabor de su piel
cuando con él follaba.
Hoy acabo el informe
y hago ya la llamada.
Si estamos a primeros,
otro mes sin la paga,
cogeré los ahorros
para el envío a casa.
Es guapo el tío negro,
lástima que no vaya
por donde yo me muevo;
que baje en mi parada,
le sigo, me lo cruzo,
caída de pestañas.
¿Y el móvil, dónde está?

Como cada mañana
entra en la habitación,
igual que la dejara
el día de desgracia;
bueno, hecha la cama.
La arregló el mismo día
al regresar a casa.
Vio en la mesita el móvil
que entonces olvidara
encendido y abierto;
y que ahora muerto también estaba.

En el Cielo tus hijos
están, a ti te aguardan.
Grita y golpea airado
ante las cajas blancas,
blancas como el metal
del cajón en que viaja.
De pie echa la cuenta
de lo que aún le falta
para acabar el pago
de la pierna moderna
que a su hija regala.
Sabe que allá muy lejos
ella por ella aguarda.
Ahora busca sombra
donde antes jugaba
¿Cuánto dinero cuestan
de un pájaro las alas?
Las manos en los guantes,
todo fluye y encaja,
incluso el traqueteo
con su mente acompasa.
Tranquilo en su palacio
goza de la mañana.
De nuevo han fracasado
los que la paz pactaban.
Superficial artículo,
por algo lo regalan,
luego lo mirará
en...
...y todo estalla.

Sí que es malo el café
del bar de la parada;
pero ella que no tiene
se siente como en casa
entre ruido de trenes
y churros en la barra.
De repente el estruendo
y el mundo que se acaba.
No te puedes mover,
estás petrificada.
El bar es un dibujo
de gente estupefacta.
Tiras del compañero,
hacia el andén avanzas.
Del túnel salir ves
el primer cadáver de la mañana.
Rojo, azul, alarido;
del infierno la entrada.
Tienes que ir, ahí.

Oscuro alrededor,
agua y sangre en la espalda.
Echa en falta su guante,
la mano que guardaba
y el brazo que movía
el mundo en que gozaba.
Fulgores de linternas,
una voz que le llama.
Vio el fuego, oyó la bomba;
la chica se quemaba,
su rostro se fundió;
el fuego rojo avanza
hacia él, indefenso,
la llama ya le mata.
En las piernas temblor,
los hierros ella salta,
la sigues, entras, rezas.

El silencio en la carpa
vuelve sólido el aire.
Muchos allí trabajan
y casi nada se oye;
tan solo las llamadas
en los móviles vivos,
triste y vacua humorada
entre cientos de muertos.
Ve la sábana blanca,
encima una tarjeta
alguien ya la levanta.
Pues sí, ha sucedido
un mundo así se acaba.
Unos ojos cerrados,
sangre seca en la cara,
no más mañanas juntos
perreando en la cama.
Muchos años después
aún recuerda aquella blanca mortaja,
de la que es una copia
la que la luz le tapa.

Llevas en ti la muerte
y un recuerdo en el alma.
El dolor es más fuerte,
sientes como te abraza,
casi te reconforta
en esta hora amarga.
Si tus hijos vivieran...
los sientes a tu espalda,
pronto serán reales;
muerte en vida tornada.
Hoy tiemblan los maestros
que a las cinco aguardan
a los que recogen
esta preciosa carga.
¿Alguno no vendrá?
No aguantan las miradas
que los chavales serios
asustados les lanzan.

La estación está cerca,
los pasos no engañan.
Primaveral calor
de la luz en la cara;
fúnebre negra máscara.
Color de la mañana,
que tras ella se oculta,
ven a mi y me regalas
tan solo dos minutos
para ver la muchacha,
perfume penetrante,
que tan suave me habla.

¡Oh, tristes odios imperecederos!

domingo, 16 de mayo de 2010

Por las calles de Montecarlo

Mónaco suele ser una carrera aburrida, una hilera de coches que ni intentan adelantarse, monotonía que tan sólo los accidentes alteran. Lo estrecho del circuito urbano convierte los adelantamientos en casi imposibles salvo que existan circunstancias especiales. Una de estas circunstancias es la lluvia. Hace dos años se corrió con tiempo cambiante y tuvimos una carrera divertida. Este año no hemos tenido esa suerte; pero contamos con otra circunstancia favorable, en este caso que Alonso tuviera que salir último, esto hizo que la primera parte de la carrera estuviera bastante interesante.
Ya había dicho en alguna ocasión que el ABC del espectáculo en la Fórmula 1 es que los rápidos estén detrás y los lentos delante. Alonso destrozó su coche en los libres del sábado, no pudo hacer la calificación y, por tanto, tuvo que salir desde el pit lane. Uno de los coches más rápidos en última posición ¿qué pasará? pues pasa que si hay diferencia de coche hasta en Mónaco se puede adelantar. Ya lo demostró Schumacher hace cuatro años, cuando salió último (sancionado por haber "aparcado" el coche en la última curva durante la calificación impidiendo así que los pilotos que venían por detrás mejorasen sus tiempos) y acabó quinto gracias a una remontada en la que regaló unos cuantos adelantamientos espectaculares. Hoy Alonso ha protagonizado una remontada también espectacular, más, incluso que la de Schumi, porque solamente dos abandonos beneficiaron directamente a Alonso (los de Button y Hulkenberg), mientras que en el 2006 Schumacher ganó varias posiciones por los abandonos de Raikkonen, Webber, Rosberg y Trulli, si la memoria no me falla.
La remontada de Alonso se debió a dos factores. El primero de ellos es su rápida primera parada. En la primera vuelta ya entró a cambiar neumáticos para cumplir con la normativa que obliga a utilizar dos tipos diferentes de gomas durante la carrera. La idea era parar cuando era último, pegarse al grupo y adelantar posiciones cuando los demás entraran a cambiar. Las posiciones que ganara dependerían de lo compacto que estuviera el grupo y de las coches que pudiera adelantar en carrera. Es claro que si el grupo se estiraba y el no conseguía adelantar a nadie en la pista, una vez que los demás entrasen a cambiar neumáticos tan sólo adelantaría a los más lentos, acabando seguramente no más adelante del quince.
Pero no sucedió eso. El grupo se compactó por la entrada del coche de seguridad y cuando éste se fue Alonso se lanzó a adelantar a todo lo que pilló. Los Hispania cayeron rápidamente, Di Grasi le hizo sufrir, pero le pasó en la llegada a la chicane tras el túnel, y ahí dio cuenta también de Trulli, Glock y Kovalainen. Situado ya en el grupo, cuando se produjeron las paradas subió hasta la sexta posición. Ahí sólo quedaba ya conservar neumáticos para no tener problemas en la parte final de la carrera, y eso fue lo que hizo. Misión cumplida.
Se ha criticado que Alonso se quejara de Di Grasi. A mi me parece que sí que tenía motivos para quejarse. Es claro que Di Grasi no debía dejarse adelantar y que tenía que ponerle las cosas difíciles a Alonso; pero en la Fórmula 1 no todo está permitido: si un coche está adelantándote no puedes variar tu trayectoria para echarlo del circuito. Una cosa es la Fórmula 1 y otra los coches de choque. Di Grasi varió varias veces su trayectoria cuando Alonso estaba ya en situación de adelantarle, metiéndole, incluso, la rueda. Ahí Alonso, que se juega mucho, levantaba el pie. En otras circunstancias, metido en la pelea con otros pilotos (Webber, Hamilton...), quizás no hubiera levantado pensando "si me da le sancionan"; pero con Di Grasi no podía arriesgarse. En fin, sea como fuera cumplió con el objetivo y la estrategia de Ferrari funcionó.
Merece también comentario la última acción con Schumi. Llama la atención que Schumacher haya cometido un error tan grueso como es el de adelantar en un momento en el que no está permitido. Los pilotos hablan con sus equipos y los equipos hablan con dirección de carrera; me extraña que no hubieran advertido a Schumacher que no podía adelantar ya que se entendía que la carrera concluía con safety car. O bien no funcionó correctamente la comunicación con el equipo (o del equipo con dirección de carrera) o al Kaiser le pudieron las ganas de evitar que Alonso, que salía desde la calle de garajes, acabara por delante suyo. La otra explicación que se me ocurre es que se produjo una confusión con la regla del safety car. Veamos:
Parece ser que la regla por la que han sancionado a Schumacher es la que establece que cuando concluye la carrera con el safety car en pista, éste entra en el pit lane al final de la última vuelta y los coches continúan hasta meta sin adelantarse. Se trataría de una "deferencia" del safety para evitar que la meta fuera cruzada en primer lugar por éste; pero sin que se llegue a poner fin "sustancialmente" a la situación de safety. La duda que tengo es la de si la entrada del safety en el pit lane se debió a la aplicación de esta regla o, simplemente, a que había concluido la situación que exigía la presencia del coche de seguridad en pista. Si fuera esto último la carrera se habría relanzado en el momento en el que el safety entró, a falta de doscientos metros para la meta, por lo que el adelantamiento sería legal.
Si dirección de carrera hubiera decidido esto segundo me parecería absurdo. Establecer una diferencia entre la entrada del safety por fin de carrera y por reanudación de la misma cuando quedan doscientos metros para la conclusión es el tipo de distinción que gusta a los juristas, pero que es muy difícil de explicar a las personas con sentido común. En cualquier caso, si así fuera tendría que haberse explicado con claridad a los equipos y éstos a sus pilotos, y no parece haber sido el caso, pues en Ferrari indicaron a Alonso que no intentara adelantar a Hamilton una vez que el safety entrara en el pit lane. No es posible que dirección de carrera diera una explicación a Ferrari y una diferente a Mercedes. En fin, como la sanción ha sido recurrida supongo que podremos salir de dudas.
¡Ah! y por cierto, los Red Bull, imparables. Como no mejoren Ferrari y McLaren para Turquía esto puede ser un paseo militar para Webber (a quien Hamilton quería retirar hace unas semanas, qué cosas se dicen, desde luego) y Vettel. Esperemos que no sea así por el bien del espectáculo.

sábado, 15 de mayo de 2010

¿Qué está pasando?

Cuando hace casi veinte años se puso en marcha la OMC pensé que, curiosamente, a largo plazo supondría un perjuicio a los países desarrollados en beneficio de los menos desarrollados. No soy economista (creo que se nota) y mi razonamiento era de contar con los dedos: si, debido a la diferencia de salarios (fundamentalmente) en los países "pobres" se podía producir más barato que en los países "ricos" y, además, los productos de estos países pobres podrían entrar con aranceles bajos en los países ricos ¿quién produciría en los países ricos? Deslocalización y bajada de sueldos en los países ricos parecía inevitable.
Durante los años 90 del siglo XX y primeros del siglo XXI se insistió machaconamente en que la globalización perjudicaba a los países pobres y beneficiaba a los ricos y pensé que, de alguna forma, me había equivocado. La crisis actual, sin embargo, creo que muestra que lo que pensaba hace veinte años era cierto, al menos en parte.
Un dato que tenemos que tener en cuenta es que la proporción de la renta del trabajo en la riqueza nacional es cada vez menor en España y en los países de nuestro entorno. Este dato macroecónomico tiene, en el caso de España, un claro reflejo en la vida de cada uno de nosotros: todos experimentamos, directamente o por conocidos y familiares, que los salarios que se pagan son muy bajos (mileurismo). Quizás se muestre aquí una de las primeras consecuencias de la globalización: el mecánico que ajusta tornillos en una fábrica de Barcelona compite directamente con quien los está ajustando en Ucrania, la India o China. En tanto en cuanto en esos países los trabajadores están dispuestos a trabajar por mucho menos dinero que el que se paga a un trabajador español es probable que el trabajador español tenga que bajar su salario pues, de otra forma, la empresa se iría a esos países donde se cobra menos.
La disminución de los salarios en proporción a la riqueza nacional tiene una consecuencia bastante negativa para el conjunto del país: gravar con impuestos las rentas del trabajo es muy fácil, nadie se escapa. Mientras las rentas laborales fueron la mayor parte del PIB la recaudación impositiva reflejaba la situación real del país. A medida que las rentas del trabajo pierden peso la recaudación de impuestos se resiente. Quien no se gana la vida con un sueldo tiene más fácil eludir el pago a Hacienda de todo lo que debe; bien porque defrauda (y en España no es difícil que te encuentres con autónomos que tranquilamente te confiesan que declaran mucho menos de lo que realmente ganan. Recordemos que en España la renta declarada media de autónomos y empresarios es inferior a la renta declarada media de los trabajadores; venga Dios y lo vea); bien porque se aprovecha de las ventajas que ofrece la libre circulación de capitales a nivel internacional. La ingeniería fiscal permite a las empresas optimizar el pago de sus impuestos, cosa que no pueden hacer los trabajadores. La consecuencia de ello es que la disminución de los salarios supone también la disminución de los ingresos de las administraciones públicas.
¿Ante esta situación qué hacen las administraciones públicas? En primer lugar se plantea la reducción de los servicios públicos, la tan traída y llevada crisis del Estado de bienestar, consecuencia no de una falta de riqueza objetiva, sino de la dificultad que existe para traer parte de esa riqueza a las arcas públicas. En segundo lugar, recurre a la financiación mediante deuda, lo que hace que la estabilidad presupuestaria quede en manos de los mercados financieros internacionales, tal como se ha visto en las últimas semanas. En tercer lugar, hay que disminuir los costes de los servicios públicos, y aquí entra la rebaja de los sueldos de los funcionarios, lo que merece un apartado independiente.
Antes hemos visto cómo la globalización (entre otros factores) hace que las rentas del trabajo pierdan peso en la riqueza nacional y que los salarios bajen. Claro, los salarios que paga la administración no dependen de forma directa de los flujos del mercado, por lo que tardan más en ajustarse. Tarde o temprano, sin embargo, ese ajuste debe producirse; y ahora lo estamos viviendo: si los salarios en general bajan la recaudación baja y, por tanto, los salarios de los empleados públicos también tienen que verse disminuidos; es triste, pero es así.
Mi impresión es que esta disminución de la riqueza de los trabajadores y de los funcionarios, así como la rebaja del Estado de bienestar se estaba larvando desde hace tiempo; pero se había mantenido "artificialmente" una situación boyante. Acabo de leer que Angela Merkl ha dicho que Alemania ha vivido por encima de sus posibilidades durante décadas. Un lector de la noticia comenta, con mucho juicio, que cómo es esto posible si Alemania es una país con superavit en su balanza de pagos. Quizás lo que suceda es que se está poniendo de manifiesto que el recurso permanente a la deuda para financiar el Estado de bienestar no se sostiene cuando no se encuentran mecanismos para aumentar la recaudación. La brusca detención de la máquina del crédito como consecuencia de la crisis financiera de hace unos años ha destapado un problema mucho mayor que, de alguna forma, estaba oculto.
Y ante esto ¿qué se puede hacer? La primera posibilidad es no hacer nada, lo que implicará que aquellos que vivan de su trabajo (en el mercado laboral o en la función pública) serán cada vez más pobres. La competencia cada vez mayor a todos los niveles con los países menos ricos en todos los trabajos hará que poco a poco ninguna profesión quede excluida de la degradación. En este escenario únicamente vivirán bien aquellos que tengan capacidad de iniciativa, que sean capaces de crear empresas y negocios e ir modificándolos y adaptándolos, quienes, en definitiva, sean capaces de vivir realmente en un espacio transnacional. Esto supone un cambio de cultura importante. La tradicional admonición de nuestros padres "estudia si quieres ser una persona de provecho" dejará de tener sentido en gran parte.
La segunda posibilidad es hacer algo desde el poder público; pero esto exige algunos cambios significativos.
En primer lugar, los poderes públicos tienen que reforzarse. En el mundo actual cada Estado por separado tiene poca fuerza, ya que la economía se mueve, realmente, a escala global. Hace unos meses comprobamos que solamente podía intentarse algo en relación a la crisis desde el G20; es la demostración de que las soluciones tienen que articularse a nivel internacional. En lo que a nosotros toca, el refuerzo de los poderes públicos pasa por reforzar a la Unión Europea. Si la UE fuera algo parecido a un Estado tendría el poder suficiente como para, negociando con Estados Unidos y China, imponer ciertas reglas, entrar en los paraísos fiscales, aumentar la recaudación impositiva y regular de alguna forma el movimiento internacional de capitales.
En segundo lugar, hay que repensar toda la política fiscal. Quizás en las circunstancias actuales el recurso a los impuestos directos es poco realista y se haga necesario dotar de mayor protagonismo a los impuestos indirectos (el mes que viene aumentará el IVA en España). Quizás sea necesario inventar mecanismos que permitan gravar la riqueza que circula por el Mundo evitando, a la vez, que dicha imposición se repercuta en los paganos de siempre.
En tercer lugar. Echo en falta con frecuencia una cultura del rigor y del esfuerzo, tanto entre nosotros, los ciudadanos de a pie, como entre los políticos. A veces tengo la sensación de que lo mismo da hacer las cosas bien que mal, que lo misma da saber que ignorar, que lo mismo da acertar que equivocarse. En una situación difícil como la que vivimos esta actitud es suicida. Deberíamos todos actuar con rigor y exigir el mismo rigor en los responsables políticos. Si no intentamos hacer las cosas especialmente bien la tremenda competencia del mundo en el que vivimos acabará devorándonos. Tenemos que pensar que siempre, siempre, hemos de estar atentos y preparados, esforzarnos al máximo en todo lo que hacemos y no dejar pasar oportunidades. Demasiadas veces actuamos como nuevos ricos, y ahora va siendo evidente que no somos ni ricos ni nuevos.
En fin, este blog se llama "el jardín de las hipótesis inconclusas" y no es por casualidad. Quería tener un espacio para desarrollar impresiones e intuiciones sin tener que someterlas al previo estudio y a la comprobación meticulosa de datos y razonamientos; en esta clave tiene que tomarse lo anterior. Tengo muchas dudas en lo que planteo; pero el ponerlo por escrito me ayuda a pensar y si, encima, alguien me saca de los errores que cometo o me aporta los datos que ignoro, pues mejor que mejor.

lunes, 10 de mayo de 2010

La carrera más aburrida del año

Como cada año, el Gran Premio de España es un tostón de carrera. Montmeló es un gran circuito para probar coches. Su combinación de curvas rápidas y lentas, más una recta muy larga hace que resulte fiable para testar los vehículos. Si el coche va bien en Montmeló probablemente irá más o menos bien en todos los circuitos. Ahora bien, es un circuito en el que prácticamente no se puede adelantar, y eso hace que en carrera sea difícil el espectáculo. Ayer lo dio Hulkenberg (al que adelantaron en dos ocasiones después de la primera vuelta, una vez Alguersuari y la otra Rosberg), Hamilton al estrellarse a falta de una vuelta, y Vettel con sus sempiternos problemas. De no haber sido por estas circunstancias a ningún espectador le hubieran subido las pulsaciones durante la carrera.
No sé si lo de Hulkenberg es significativo; pero las otras dos circunstancias probablemente sí lo sean. Los problemas mecánicos de los Red Bull son una constante desde el comienzo del campeonato. Vista su superioridad casi habrá que alegrarse de ellos, porque de otra forma veríamos doblete tras doblete (o casi) y la cosa perdería emoción.
Lo de Hamilton también es significativo. Antes de llegar al accidente hay que destacar que fue capaz de meterse entre los dos Red Bull al hacer el primer cambio de neumáticos. Excelente actuación, propia de una piloto excepcional como es él.
Y el accidente. Parece ser que todavía no están claras las causas del mismo; pero ¿apostamos algo a que tiene que ver con el desgaste de los neumáticos? Hamilton es un piloto muy agresivo con las gomas. Llevaba casi cincuenta vueltas con los mismo neumáticos y dice que antes del accidente empezó a notar problemas en la dirección ¿les suena? Seguro que casi todos hemos notado alguna vez conduciendo nuestro coche una vibración en la dirección que se debía, casi siempre, a problemas con los neumáticos (presión o desgaste). Si se confirmara que el reventón estuvo ligado a la degradación de las ruedas se confirmaría también que Lewis puede tener un problema en este campeonato. Las nuevas reglas, al impedir el respostaje en carrera no favorecen las entradas en boxes a cambiar ruedas, por lo que tendrá que acostumbrarse a conducir tandas muy largas con los mismos neumáticos, algo para lo que, quizás, tenga que cambiar su estilo de pilotaje.
En fin, ya van cinco carreras, suficientes como para hacerse una idea de cómo discurrirá el título. Red Bull, McLaren y Alonso parecen ser los que van a disputar el título. Y digo Alonso y no Ferrari porque Massa va perdiendo pistonada a medida que avanza el campeonato. En clasificación está lejos de su compañero y en carrera no acaba de dar sensación de solidez. No se le puede culpar de no haber adelantado a Button. Probablemente era imposible; pero tampoco le presionó por ver si cometía un error. Sus declaraciones al finalizar muestran que no está cómodo con el coche y dudo que pueda volver a colocarse en posición de luchar por el campeonato. Además, me parece que Ferrari volverá a la estrategia de tener un primer y un segundo piloto; a diferencia de lo que ha hecho en las últimas temporadas, tras la marcha de Schumacher. No es que me guste demasiado; pero para luchar por el título es casi imprescindible.

martes, 4 de mayo de 2010

Abriendo paso

Nunca se le olvidó aquella mañana en que, cuando él era un niño, el Rey pasó por el pueblo durante un viaje oficial. Como otros, se fue con sus pantalones cortos de la mano de su abuelo a la vera de la carretera, cerca del guardia civil con el fusil terciado y el pitillo en la boca. Allí estuvieron mucho rato esperando el paso de la comitiva. De vez en cuando cruzaban algún comentario con el guardia. Aquella escueta conversación le hacía parecer casi humano, pese a los correajes, el tricornio, la pistola y la metralleta. Su abuelo hablaba lentamente, más lentamente de lo habitual y de vez en cuando sus ojos chispeaban. Entonces no sabía por qué. Ahora se daba cuenta que de el viejo republicano miraba la metralleta del guardia; sabe Dios qué recuerdos de la guerra lejana le traía aquel arma. Ahora eso ya no importaba, claro.
El día era gris; pero le excitaba la expectación, la gente mirando. Los primeros motoristas aceleraban y disminuían la marcha para indicar a los coches que se echaran al arcén. La carretera vacía, esperando, y los coches en la orilla; algunos salían de los vehículos, el guardia civil acariciaba el metal del fusil, daba dos pasos. Creía que él había sido el primero en oír las sirenas. Oído fino de niño; luego las luces a lo lejos. Motoristas delante y detrás, en el centro un coche azul con los cristales tintados y banderas en la parte delantera del capó. Dentro, se suponía, iban el Rey y la Reina. Sólo un momento ante sus ojos, arrastrado por la escolta a toda velocidad. El alivio del guardia y los coches que se reincorporaban a la marcha. La vida continuaba.
Ahora se daba cuenta de que, en realidad, durante toda su existencia lo que había buscado era ir dentro de ese coche, circular rápidamente escoltado por la policía mientras se le admiraba desde las cunetas. Todo lo que había hecho desde aquella mañana lejana de su infancia había ido encaminado a ese momento, aquél en el que las sirenas anunciaran su llegada mientras la gente se quedaba quieta para verlo aunque sólo fuera un instante.
Y ahora ahí estaba, al fin, las sirenas sonaban y el vehículo avanzaba veloz. Intentó ver a través de la alta ventanilla, pero las esposas se lo impidieron. El policía junto a la puerta del furgón le miró fríamente; dejo de revolverse. Metió la cabeza entre las manos y retomó el hilo de sus pensamientos, lo que le diría al juez que le iba a tomar declaración, la mejor estrategia a seguir, lo que le había recomendado su abogado.

domingo, 18 de abril de 2010

Aciertos y errores en China

A mi me parece que la carrera de hoy ha sido, fundamentalmente, una carrera de pilotos. En la Fórmula 1 el coche es fundamental, es cierto; pero actualmente las diferencias entre unos y otros monoplazas no son muy grandes (al menos si dejamos aparte los equipos del furgón de cola de la parrilla: Hispania, Lotus, Sauber). Con diferencias pequeñas carreras "extrañas" como las de hoy permiten aventurar algunas conclusiones sobre las diferencias de calidad de los pilotos, partiendo siempre de la base de que ninguno de los que están ahí puede ser considerado "malo"; cuesta demasiado llegar a la Fórmula 1 como para que se cuele alguien que no sea, realmente, un buen piloto.
La carrera de hoy era especialmente interesante porque las condiciones meteorológicas (lluvia intermitente y variable) hacían necesario que el piloto asumiera mayor protagonismo en la toma de decisiones estratégicas que en otros casos. Es sabido que las estrategias de los equipos en cuanto a paradas no son cosa de los pilotos, son los ingenieros y los programas los que determinan en qué vuelta es más adecuado parar. En temporadas anteriores, cuando era posible repostar durante la carrera esto era, creo, incluso más claro.
Cuando empiezan a caer gotas, en cambio, el "feeling" del piloto es fundamental. Saber si es posible utilizar neumáticos de seco o, por el contrario, se hace necesario poner intermedios depende en gran parte de lo que diga el piloto, quien, a su vez, estará condicionado por su pericia al manejarse en las deslizantes pistas mojadas. En estas circunstancias los diálogos entre los pilotos y los ingenieros se vuelven mucho más humanos. Ya no se trata tanto de traspasar datos sobre temperaturas y consumo como de transmitir impresiones. Además, en cuestiones meteorológicas la ciencia todavía no es exacta. Recuerdo una ocasión en la que el ingeniero informaba al piloto de que no había previsión de lluvia y el piloto le replicaba que le parecía muy bien, pero que a él ya le estaba cayendo el agua encima.
Por eso decía que la carrera de hoy era una carrera de pilotos, en el sentido de que se puede apreciar quién va mejor sobre el agua y, también, porque los que en mayor medida acertaron con sus decisiones sobre los neumáticos a utilizar acabaron llevándose el gato al agua (si se me permite el chiste fácil). Y en este apartado los más listos han sido Button, Rosberg y Kubica. Los tres hicieron su primera parada en la vuelta 20 para poner neumáticos intermedios. Entre la vuelta 19 y la 20 pararon también casi todos sus rivales, pero para hacer su ¡tercera parada! (en el caso de Alonso la cuarta, contando el drive through que tuvo que cumplir como sanción por salir antes de que se apagara el semáforo). Resulta que en la vuelta dos Alonso, Vettel, Massa, Hamilton, Schumacher...) se detuvieron para sustituir los neumáticos de seco con los que habían salido por neumáticos intermedios... y entre la vuelta cuatro y seis tuvieron que volver a entrar para sustituir los intermedios por neumáticos de seco otra vez. Rosberg, Kubica y Button aguantaron en la pista mojada con neumáticos de seco y se ahorraron dos paradas en boxes. El ahorro de tiempo en boxes para estos tres pilotos fue, respecto a otros pilotos, de unos cincuenta segundos (al final de carrera Button había estado en boxes 47,599 segundos; Hamilton había empleado en boxes 99,785 segundos). Hubo otros dos pilotos que también eludieron esas paradas en las primeras vueltas: Petrov, de Renault; y Kovalainen, de Lotus; pero Petrov estropeo su carrera con una salida de pista y Kovalainen, con su Lotus, no pudo obtener más renta que superar al Williams de Nico Hulkenger y a los Hispania.
Así pues, el tino de Button y Rosberg explica que, al final, obtuvieran el premio del podium, y eso que se vieron perjudicados por un safety car que anuló la ventaja que habían ido acumulando durante la carrera. Se me podrá decir que en todo esto también hay un componente de suerte, ya que si la lluvia hubiera arreciado a partir de la vuelta 2 Button, Kubica y Rosberg no hubieran sacado la ventaja que obtuvieron. Es cierto, pero también lo es que tampoco hubieran salido especialmente perjudicados. Midieron bien el riesgo y ganaron.
Es claro, sin embargo, que hubo otros pilotos destacados. El primero de ellos, Lewis Hamilton. De nuevo al ataque, pese a las dos paradas de más respecto a otros pilotos alcanzó el segundo puesto, y hubiera seguido atacando hasta el final para llevarse la victoria; pero, como le suele pasar, destrozó el neumático antes de poder culminar su objetivo. De todas formas, muy buena carrera la suya.
Y también hay que destacar a Alonso. Es cierto que tuvo un error grave al saltarse el semáforo rojo; pero sigo todavía sin entender en qué forma pudo, habiendo tenido que pasar por un drive through, superar a Vettel, Weber, Kubica y a su propio compañero, Felipe Massa, quien, sin penalización, solamente pudo ser noveno, sin haber podido superar a ninguno de los pilotos que le precedían en parrilla y habiendo sido él, a su vez, superado por los dos Renault. Es cierto que Massa se vio penalizado frente a los Renault por su doble parada entre las vueltas 2 y 6; pero ¿cómo es posible que Alonso acabara por delante de los Renault pese a haber hecho esas mismas dos paradas y, además, el drive through? Reconozco que no sé cómo explicarlo, debería ver otra vez la carrera, cosa que no haré; pero me queda el buen sabor de boca de haber disfrutado de un Gran Premio en el que han pasado más cosas de las que he sido capaz de asimilar. Así debería ser siempre.