Un libro

domingo, 28 de marzo de 2010

Es verdad ¡qué aburrida es la Fórmula 1!

Perogrullada de campeonato lo de que la velocidad es consustancial a la Fórmula 1; pero es que es verdad; y no sólo por lo rápido que van los coches, sino por lo poco que tardan en desaparecer los argumentos. Han bastado quince minutos de carrera hoy para que todo el debate sobre si las nuevas reglas hacían la Fórmula 1 más aburrida desaparecieran como por ensalmo.
Hace quince días decía que me parecía que las nuevas reglas favorecerían los adelantamientos. Durante estas dos últimas semanas casi todo el mundo se quejó de lo contrario, de lo aburridas que resultarían las carreras, y hoy han bastado diez vueltas para que todos nos diéramos cuenta de que de aburrimiento, nada. No sé cuántos adelantamientos, cambios de situación y luchas enconadas a lo largo de la hora y media larga de carrera ¡fantástico!
Bien es verdad que la lluvia siempre ayuda; pero sería un error pretender que solamente la lluvia explica lo que ha pasado. La clave está en la nueva regla que prohibe los repostajes. Al no tener que parar para llenar el depósito las entradas en boxes se limitan a los cambios de neumáticos. Forzosamente, salvo en las carreras de mojado, habrá que hacer uno, ya que es obligatorio usar los dos tipos de gomas que aporta el fabricante; pero, a partir de ahí, se puede jugar con introducir un cambio más y ser agresivo en la conducción o, por el contrario, conducir de una forma "más fina" con el fin de ahorrarse la parada en boxes. Hay que calcular si lo que se pierde en la parada (entre veinte y treinta segundos) se compensa con la mayor velocidad que se puede conseguir con neumáticos menos usados. Hoy pudimos asistir a una prueba extrema de este juego: como la carrera se declaró de lluvia ya no era preciso utilizar los dos tipos de neumático de seco (el blando y el duro). A mayor libertad, mayor espectáculo ya que algunos pilotos (Button y los Ferrari, entre otros) optaron por aguantar con un sólo juego de neumáticos de seco desde que dejó de llover hasta el final de la carrera. Esto hizo que en la parte final los coches más rápidos (los que habían cambiado el neumático entre las vueltas 25 y 35) estuvieran por detrás de los coches más lentos (los que no habían entrada a hacer un segundo cambio y tenían las ruedas mucho más gastadas). Este es el ABC del espectáculo automovilístico: que los rápidos estén detrás y los lentos delante, y esto es lo que se puede conseguir con la nueva normativa.
Creo, por tanto, que se va viendo que el cambio de las reglas no estaba mal pensado, incidir en el neumático para que aumente el espectáculo es una buena idea. Y si se mira bien, es lógico. Las ruedas son el elemento más importante del coche, más que el motor, porque yo ya he visto a un piloto empujar a su coche sin gasolina con el fin de cruzar la meta. Sin motor se puede competir, sin ruedas es imposible. Además, dentro de la sofisticadísima Fórmula 1 los neumáticos son comparativamente baratos en relación a la incidencia que tienen en la velocidad del coche. Cuando hace años había dos suministradores de neumáticos (Michelín y Bridgestone) Montezemolo (Ferrari, Bridgestone) se quejaba de que la Fórmula 1 se había convertido en un campeonato de neumáticos y no de coches. De un neumático a otro podía haber un segundo de diferencia por vuelta. Conseguir una diferencia de un segundo a base de mecánica y aerodinámica es una proeza prácticamente imposible. Si ya no estamos hablando de diferentes marcas de neumáticos sino de duros o blandos, o nuevos y gastados, las diferencias pueden ser de dos, tres, cuatro segundos.
Esto es lo que estamos viendo con las nuevas reglas: las diferencias entre gomas hacen que los adelantamientos sean posibles. Ahora bien, creo que la carrera de Australia nos deja otra lección. Si no hubiera habido lluvia no hubiéramos visto un espectáculo como el que hemos visto, y no por lo que sucedió en las seis o siete vueltas en que llovió. Lo importante es que, como decía hace un momento, al declararse la carrera en agua ya no hubo necesidad de "calzar" el neumático duro y unos cuantos pilotos pudieron arriesgarse a hacer toda la carrera con un sólo juego de neumáticos. Sin la lluvia todas las estrategias hubieran sido muy parecidas, la lluvia permitió que compitieran entre sí quienes optaron por cuidar neumáticos y llegar al final (chapeau aquí para Button, que aguantó ¡52 vueltas! con el neumático blando) y los que optaron por una conducción más agresiva a costa de tener que hacer un cambio adicional de gomas. En vista de lo visto quizás fuera bueno dejar libertad a los pilotos para utilizar los neumáticos que deseen; como si quieren probar a hacer toda la carrera sin cambiar ruedas. Habrá circuitos en los que esto no sea posible, pero visto lo de Australia podríamos encontrarnos con pilotos que optan por escoger el compuesto más duro posible e intentar llegar al final con él ahorrándose así veinticinco segundos de parada en boxes.
En fin, que esta temporada tiene muy buenas perspectivas. A ver qué pasa en Malasia.

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