Entre dos revueltas (15 de agosto de 2015)

No deja de sorprender la llamada de Rabell, candidato a la presidencia de la Generalitat por “Catalunya sí que es pot” (CSQEP) a un acuerdo con ERC tras las elecciones del 27-S. A voz de pronto apetece indicarle que ERC no se presenta a las elecciones, embebida como está en el batiburrillo que junta a Guardiola con Mas y que encabeza (formalmente) Romeva; pero es claro que no nos podemos quedar en esa evidencia. Obviamente, hay algo más.
Es cierto que la lista de “Junts pel Sí” (JPS) y las CUP plantean un golpe de estado en forma de secesión unilateral de Cataluña; pero en el caso de que no consiguieran ni siquiera la mayoría absoluta de escaños en el nuevo Parlamento ¿qué pasaría? No es impensable que los diputados electos de JPS dejaran de actuar como grupo. En ese caso ¿qué papel jugarían los diez o doce diputados que quizás pudiera colocar ERC? ¿Podrían apoyar un gobierno de izquierdas en el que se juntaran las CUP, CSQEP y diputados sueltos de JPS; quizás incluso con el apoyo del PSC? Si los resultados se ajustan a las últimas encuestas publicadas no estamos hablando de un imposible.
Ese hipotético gobierno de coalición entre CSQEP, CUP y otras fuerzas de izquierda cambiaría el marco del debate. Mas pasaría a la irrelevancia y su plan de secesión express habría fracasado; pero para enfrentarnos a un proceso constituyente catalán que no responde a las competencias que tiene atribuidas la Generalitat y que no solamente no rehúye una transformación de las fronteras, sino que también pretende la completa remodelación de la sociedad. Pasaríamos de un proceso de secesión liderado por quienes se pretendían “business friendly” a uno de cambio de modelo social encabezado por el movimiento okupa.
Entre dos revueltas o, quizás, entre dos fuegos.