Libre

domingo, 27 de agosto de 2017

Manifestación

"No sé si seremos un Estado, pero lo que es seguro es que no seremos una nación".
Una querida compañera que algo sabe de política me hizo la reflexión anterior hace ya unos cuantos años, como cinco o seis, cuando comenzaba esto del proceso.
Desde entonces hemos pasado por varias fases: "un sol poble", "el poble català vol". Al principio parecía que los nacionalistas conseguirían atraer a la gran mayoría de catalanes hacia el secesionismo y que los que se resistieran serían considerados extravagancias irrelevantes para la marcha de la sociedad.
Luego vino lo de que es comprensible que haya opiniones diferentes sobre la independencia, pero todos estamos de acuerdo en el "derecho a decidir". Cuando se mostró que no todos los catalanes estaban por el derecho de autodeterminación y que las posiciones se radicalizaban la fractura de la sociedad comenzó a hacerse evidente.
Y la factura es profunda y grave. Hoy se ha visto.
Acudí a la manifestación de rechazo al terrorismo, de solidaridad con las víctimas. Había estado en otras manifestaciones antes relacionadas con el terrorismo en el Paseo de Gracia. En 1997, con motivo del asesinato de Miguel Ángel Blanco y en 2004 tras el 11-M.
¡Qué diferencia entre aquellas manifestaciones y la de hoy!



En 1997 una pena personal nos afectaba a todos. Los más jóvenes que no compartieron la experiencia del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco quizás no lo entiendan, pero durante días todos vivimos como propia la amenaza que pesaba sobre la vida de aquel chico. Cuando lo mataron teníamos la sensación de que habían matado a algún compañero o amigo, a alguien a quien conocías personalmente. El Paseo de Gracia se convirtió en un lugar de duelo y rabia, un lugar para compartir un sentimiento común.
En 2004 estuve también en el Paseo de Gracia, en la manifestación de condena al atentado perpetrado el 11-M. El 11-M fue un horror que nos conmocionó. En el asesinato de Miguel Ángel Blanco nos quebró la muerte tras la esperanza de que fuera liberado. El 11-M nos golpeó sin previo aviso, nos sumió en una noche para la que no estábamos preparados. De nuevo el Paseo de Gracia se llenó de manifestantes a una hora tardía (recuerdo la oscuridad) que compartíamos nuestro dolor y desconcierto.



Hoy hemos vuelto al Paseo de Gracia con motivo de un atentado, pero hoy no he tenido ese sentimiento de unidad, no he percibido esa comunión con el resto de manifestantes. La manifestación que debería haber servido para canalizar el horror vivido en los días pasados, para solidarizarnos con las víctimas, para defender una sociedad tolerante frente a quienes quieren confundir musulmanes con terroristas, para reafirmarnos en nuestros valores democráticos; se convirtió en una lucha sorda -y en ocasiones sonora- entre quienes querían convertir la manifestación en una reivindicación independentista y quienes no compartíamos ese planteamiento. Banderas independentistas y ropa azul; banderas españolas, eslóganes contra unos y contra otros y una constante sensación de crispación. Una manifestación que debería ser por la unidad en una sociedad dividida.

Hoy no he querido marchar bajo ninguna bandera. No soy mucho de banderas, pero ha habido ocasiones en las que he tomado alguna entre mis manos. Hoy no lo hice porque la que yo hubiera ondeado en una ocasión como ésta, la española, no hubiera sido sentida como suya por algunos de los manifestantes. No comparto este rechazo a la bandera que ahora es de todos nosotros y que nos representa a todos como comunidad política, y entiendo que sería lógico que hoy pudiera ser utilizada con normalidad, igual que la francesa fue profusamente mostrada tras los atentados en nuestro país vecino; pero por un personal sentimiento no quería ni siquiera con este gesto tan legítimo perturbar la unidad que deberíamos hoy buscar.
Confiaba en que la mayoría de los manifestantes acudieran con el mismo espíritu con el que yo acudía, aunque era consciente de que los independentistas pretendían convertir la manifestación en un ejercicio de reivindicación nacionalista. Poco antes de empezar la manifestación ya tuve la certeza de que eso es lo que pasaría. Banderas esteladas cerca de la cabecera de la manifestación en palos altos para que pudieran ser vistas desde lejos, una referencia para las otras banderas que se mezclaban entre los manifestantes y que sorprendían a quienes habían acudido con la sincera voluntad de manifestar su rechazo a la barbarie perpetrada hace nueve días.




Gente también con banderas españolas. No es extraño mostrar esta bandera cuando lo que se ha producido es un ataque contra España, tal como fue reivindicado por los terroristas del Estado Islámico, y teniendo en cuenta también que la bandera española es la que en muchos países del mundo fue utilizada para hacer visible su rechazo a los atentados y su solidaridad con las víctimas, como es natural. Como digo, nadie debería tener que justificar hoy que saliera a la calle con una bandera de nuestro país. Personalmente, como explicaba hace un momento, hubiera preferido una manifestación sin banderas; pero entiendo que se hubiera optado por llevar la bandera española. Tal como acabo de indicar, nada extraño en ninguno de los países en que se han cometido atentados terroristas.
Así pues, ya iba mentalizado de que me encontraría en una manifestación donde se mezclarían banderas que actualmente representan opciones políticas enfrentadas. Es, sin duda, una anormalidad que no seamos capaces de encontrar símbolos aceptados por todos, y que esto se pusiera de manifiesto en una ocasión como la de hoy resulta especialmente triste; pero optimista como soy, aún esperaba que el motivo que hoy nos unía sirviera para que las diferentes banderas compartieran espacio sin mayores conflictos.



No fue así.
Los nacionalistas no solamente pretendieron dominar la escenografía de la manifestación mediante la estratégica colocación de las banderas esteladas, sino que también se distribuyeron eslóganes contra el Rey y el Gobierno, de tal forma que lo que tenía que ser una manifestación unitaria se acabó convirtiendo en un escrache contra quien representa a todos los españoles y contra el presidente del Gobierno de todos. Y no fue un exceso de unos pocos. El presidente de la ANC ratificaba que aprobaba los abucheos que se produjeron.
Me parece intolerable.
Quienes pretendieron convertir la manifestación en una crítica al gobierno deberían darse cuenta de que lo que allí nos unía era un atentado, el dolor por los fallecidos, el apoyo a las víctimas y la unión frente a la amenaza terrorista. Quienes increpaban a Rajoy y al Rey debían ser conscientes de que entre los manifestantes que ocupaban la calle como ellos había personas que respetan al Rey y apoyan a Rajoy, y hoy no era un día para insultar ni a unos ni a otros, hoy no era un día para atacar a quienes participan en la misma manifestación, una manifestación que, como digo -y muchos parecen haber olvidado- se convocó para dar respuesta a la barbarie de la semana pasada, no para cargar contra España ni contra el Gobierno.



Pero es que la cosa no acabó ahí. Algunos manifestantes se volvieron contra los propios manifestantes. Cuando Societat Civil Catalana desplegó su pancarta ("Todos unidos contra el terrorismo", ponía la pancarta) hubo abucheos, y otros manifestantes que mostraban banderas españolas fueron increpados.


Al final estos manifestantes tuvieron que ser protegidos por la policía.



Los ataques no se dirigieron solo a los manifestantes. Los mensajes que se dejaban en la calle fueron también objeto de las iras nacionalistas. En el vídeo que sigue se puede ver a dos mujeres que con rabia destrozan mensajes escritos en castellano.


¿Unidad?
Un sociedad dividida en la que los nacionalistas -basta ya de equidistancias, estos incidentes los han protagonizado nacionalistas contra quienes "osan" utilizar una bandera que ahora mismo es la de todos o contra mensajes que parece ser que el único daño que hacen es que están escritos en una de las lenguas oficiales en Cataluña- se creen con el derecho a ocupar la calle y pretenden que quienes no compartan sus ideas deban permanecer al margen incluso en momentos como éste en los que todos hemos sido golpeados o amenazados por el terrorismo.
Basta ya de odio y sectarismo.

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