viernes, 24 de junio de 2011

sábado, 4 de junio de 2011

El 15M ante el Parlament

Leo que la asamblea de indignados ha decidido acampar frente al Parlament de Catalunya para manifestar su oposición a los presupuestos de la Generalitat. Creo que no es una buena idea.
Desde el principio se supo que la dificultad 15M sería el día después. El movimiento refleja una insatisfacción profunda de un número muy alto de ciudadanos que piensan que la clase política no está a la altura de las circunstancias. Las deficiencias de nuestro sistema político (infrarrepresentación de algunos partidos y sobrerrepresentación de otros como consecuencia del sistema electoral, escasísima participación directa de los ciudadanos, disfunciones derivadas de la articulación de las distintas administraciones, etc.), unidas a la devaluación de la política y al monopolio de ésta por los partidos (la partitocracia), se denunciaban desde hace tiempo; pero, como siempre pasa, cuando las cosas van bien todo se tolera mejor que cuando van mal. La crisis económica ha hecho mucho daño a muchas personas, defraudado las expectativas de casi todas y puesto en serio peligro el Estado del Bienestar. Este es el escenario para que el malestar que se venía incubando desde hace años estalle; y a ese estallido responde el 15M.

Así pues el 15M es, ante todo, un grito de protesta (indignación), pero si se quedara solamente en eso no tendría casi ninguna relevancia. Para que tenga algún tipo de efecto han de producirse cambios en el sistema político, cuyas deficiencias están siendo aireadas en asambleas, concentraciones y, sobre todo, en blogs, medios de comunicación tradicionales y redes sociales. Aquí es donde se encuentra la dificultad, en identificar qué hay que cambiar y cómo se ha de cambiar. Lo primero exige reflexión y no son pocos los que en estas semanas han ido sumando su granito de arena para que podamos tener un catálogo de reformas necesarias que pueda ser asumido por una gran mayoría. Lo segundo exige reflexión y acción, y es, desde luego, mucho más difícil de conseguir. Encontrar las vías para que el movimiento 15M se prolongue de una forma eficaz sin descomponerse es realmente complicado, aunque no imposible.
Una de las posibilidades es que se convierta en un partido político. Desde luego es posible; pero creo que no aconsejable. El 15M aglutina mucha gente en torno a problemas muy básicos y generales; un partido político no puede limitarse a tales problemas, sino que tiene que tomar posición en todos los problemas relevantes para la sociedad, desde la forma de Estado hasta la crisis del pepino, pasando por la Ley Sinde y las multas a las prostitutas; es claro que si el 15M se convierte en partido perdería lo que le caracteriza, su carácter transversal.
Yo creo que lo más ajustado a la naturaleza del movimiento es que se convierta en una plataforma que impulse debates sobre los temas esenciales para el sistema político (la reforma electoral, la financiación de los partidos, las dimensiones del Estado de bienestar) y, a la vez, inspire la actuación en los partidos, en los sindicatos y en otras asociaciones; pero sin confundirse con estas otras instituciones.

Esta función de inspiración me parece muy importante. Tenemos reciente el caso de los militantes de base del PSOE que se han lanzado a la carrera de las primarias. Este es un tema interno del PSOE; pero que no se explica sin el 15M, es este movimiento el que, seguramente, ha dado el impulso necesario a estos militantes para dar este paso al frente en busca de una mayor participación ciudadana en la toma de las grandes decisiones. Creo que lo mejor sería que estos ejemplos cundieran y que de mil formas diferentes los ciudadanos penetraran en los partidos y en las instituciones aportando aire fresco a la vieja política. El 15M inspiraría tales actuaciones, pero sin inmiscuirse, dejando libertad a los individuos y grupos en la interpretación de cómo se ha de transformar la realidad.
Es por lo anterior que me parece que la acampada ante el Parlament me parece una mala idea. El debate sobre los presupuestos presentados por el Govern de la Generalitat para el año 2011 es un debate demasiado concreto para los objetivos del 15M, es una cuestión necesitada de demasiados matices como para que pueda aglutinar el amplio consenso social que precisa el movimiento. La crítica a los presupuestos es un tema de política concreta, en la que los partidos y los ciudadanos debemos pronunciarnos; pero cada uno desde su particular perspectiva sin negar legitimidad a quienes sostengan posiciones diferentes a las propias.
Y una acampada ante el Parlament es una actuación que pretende limitar la legitimidad del Parlament. No es lo mismo acampar en la Plaza de Catalunya que ante el Parlament, en el primer caso nos encontramos ante la ocupación de un espacio público dedicado hasta la acampada al asueto, al tránsito... y a los trileros y carteristas. Acampar ante el Parlament supone una medida de presión a quien, ahora mismo, representa a todos los catalanes. El sistema tiene sus limitaciones y ha de ser mejorado; pero de ahí a negar la legitimidad a quines fueron elegidos hace tan solo unos meses por todos los catalanes media un abismo. No, la acampada ante el Parlament es un error o una irresponsabilidad.
Y digo que podría ser un error porque cabe que quienes la han decidido no sean conscientes de las implicaciones que tiene manifestarse ante la sede del Parlament y que he intentado mostrar en el párrafo anterior. Pero también puede ser una irresponsabilidad, porque negar legitimidad al Parlament es técnicamente el inicio de una revolución, y las revoluciones se sabe cómo empiezan, pero no cómo acaban; ni siquiera los que las inician tienen la seguridad de que finalicen según lo planeado. Lo que me temo es que aquí la revolución se pretende iniciar sin tener ningún plan, y en ese caso lo mejor que puede pasar es que fracase; porque si triunfa serán otros, y no sus promotores actuales, quienes se beneficien de ello. Esto es lo que nos enseña la Historia que, de forma tan injustificada, ha sido expulsada del currículum educativo de muchos de los que ahora acampan en la Plaza de Catalunya.

domingo, 29 de mayo de 2011

T.I.M.


Aceleras, aceleras; frenas fuerte, hacia la derecha; muchos coches alrededor, detras, al lado, delante. Aceleras, aceleras, subida, se puede adelantar, te pueden adelantar. Frenas un poco, curva rápida a la izquierda. Das gas entre los barreras, te rozan a derecha e izquierda; un poco más de acelerador, se puede, es una curva rápida. Ya estás en la siguiente, a la derecha, frenas y aceleras ¡guau! bajada acelerando, frenas fuerte, curva a la derecha, lenta, aceleras, baile entre ondulaciones y ahora frenas fuerte, muy fuerte, y en el sitio justo (el coche se puede quedar atravesado); es Loewe. Aceleras, frenas un poco, curva a la derecha, aceleras, ¡cuidado! casi trompea. Aceleras, frenas; curva a la derecha, ¡ya está! Aceleras. El túnel, más, más; sales del túnel, bajada ¿dónde frenas? un metro más, un metro más. ¡Aquí! Clavas el freno, giras el volante a la izquierda y a la derecha. ¡Acelera antes de que se pare! Acelera, acelera. Curva rápida a la izquierda. Tocas un pelo el freno giras y controlas el gas ¡ya está! Gas a fondo. Ahora la chicane. Hay que enhebrarla como se enhebra una aguja ¡justo por el medio, casi sin mover el volante! Frena, frena. Curva a la derecha. Acelera, acelera. La curva en que aparcó Schumi. Frena fuerte. Gira a la derecha, acelera y ahora al huequecillo que queda, un pelo de freno y acelera para entrar entre las barreras, sitio justo para un coche. ¡Ha pasado! Acelera, acelera. Aceleras, aceleras; frenas fuerte, hacia la derecha; muchos coches alrededor... Y así 78 vueltas.
This Is Monaco!

sábado, 21 de mayo de 2011

Y tras el 15M ¿qué?


¿Islandia?

Aún hay esperanza. Unos días antes del 15 M la convocatoria era vista por la mayoría como un ejercicio "alternativo"; un acto del que podrían apropiarse los antisistema, un brindis al sol que no tendría mayores consecuencias. Unos días antes en Barcelona se hablaba más de la convocatoria del día 14 contra los recortes de la Generalitat que de la manifestación del día siguiente... en unos días todo ha cambiado.
Ahora el 15M es un movimiento con identidad propia en el que muchos se ven reflejados. Es una vía para mostrar la frustración por la falta de realización de expectativas legítimas, la decepción ante los políticos y el desacuerdo ante la forma en que se está abordando la crisis económica que, causada por bancos y especuladores, está siendo resuelta a costa de los trabajadores y los servicios públicos.
Ahora bien, una ve mostrada la frustración, la decepción y el desacuerdo ¿qué hacer? Parece ser que hay un modelo, el modelo islandés, en el que la política ha pasado a la calle desarrollándose un movimiento asambleario que ha modificado completamente la forma de hacer política en Islandia. Islandia está detrás de mucho de lo que está pasando; pero el problema es que Islandia es un país de poco más de 300.000 habitantes. Lo que funciona en un país que tiene pocos más habitantes que l'Eixample, uno de los barrios de Barcelona, puede no funcionar en uno como España que tiene 150 veces más población.
A partir de un determinado tamaño es imposible prescindir de estructuras intermedias; en Islandia se puede prescindir de los partidos políticos; en España probablemente, no. Siempre será necesaria alguna estructura para canalizar la participación política.
El problema, además, se agrava si tenemos en cuenta otro factor, la globalización; el mundo globalizado nos obliga a tener estructuras políticas grandes; las estructuras pequeñas no pueden ejercer un contrapeso eficaz a las enormes fuerzas del mercado que en las últimas dos décadas han visto incrementada su fuerza como consecuencia de la globalización.
¿Cómo conseguir, por tanto, una democracia de mayor calidad y, a la vez, mantener estructuras políticas de gran tamaño que hacen imposible un sistema político asambleario?
Para mi la respuesta está clara: es preciso combinar tres factores: un sistema de democracia directa en los niveles más cercanos al ciudadano, organizaciones intermedias transparentes y honestas que permitan el mantenimiento de estructuras políticas de mayor tamaño y utilización masiva de Internet para potenciar la participación del ciudadano en todos los niveles de decisión. Pero para ver cómo podría funcionar algo semejante hay que ver antes qué es lo que falla en el sistema actual.

Las causas del desencanto: la globalización

En el fondo lo que nos cabrea es que tenemos la sensación de que nos están estafando; cobramos poco, incluso quienes tienen estudios y formación; no tenemos estabilidad en el empleo y los servicios sociales, el estado de bienestar está en retroceso. Y a la vez los más ricos, los dueños de los bancos, los altos ejecutivos, ganan cada vez más dinero; la brecha entre los ricos y los pobres se abre, se ensancha y, pese a que disponemos de los medios técnicos para disponer de bienes y servicios suficientes para todos a precios razonables tenemos la sensación de que cada vez obtenemos menos por nuestro cada vez más exiguo dinero.
Y lo cierto es que eso es lo que está pasando; al menos en Europa. Vivimos peor de lo que vivieron nuestros padres y muchos se encuentran a un paso de la exclusión social mientras otros se enriquecen ¿por qué?
Para mi la causa está en la globalización. Nos enfrentamos a una situación nueva, una situación que no se daba desde hacía siglos: el poder público, el poder que no está basado en el dinero o en el mercado, sino en la organización política, es cada vez más débil. Hace tan sólo cien años este poder público era tremendamente poderoso y podía ejercer una función de equilibrio del mercado. Ciertamente, no siempre ejercía esta función de equilibrio; al fin y al cabo también el poder público podía estar "secuestrado" por los poderosos que podían intentar utilizarlo en su beneficio; pero aunque no ejerciera siempre su enorme poder en beneficio de los más débiles la mera existencia de ese poder público suponía un condicionante de primer orden para la economía. Se podía hacer la revolución para apropiarse del poder público y, a partir de ahí, cambiar las cosas; el problema que tenemos hoy en día es que una revolución tendría menos eficacia porque el poder público del que se podría apropiar tiene menos influencia en el mundo que la que tenía a principios del siglo XX.
En los primeros años del siglo XXI estamos viviendo las consecuencias de ese debilitamiento del poder público: países enteros, potencias económicas de primer o segundo orden tiemblan ante los rumores de los mercados; oscuras agencias de calificación dictan a los gobiernos lo que tienen que hacer; los ministros acuden a las redacciones de los periódicos financieros para presentar sus planes de reforma.
Este carácter débil del poder público explica muchas cosas. Los poderosos tienden de forma natural a apropiarse de los recursos de los más débiles. Antes los Estados podían poner ciertos límites a este expolio de los más pobres por parte de los más ricos; ahora los Estados no tienen ese poder; el mercado es más poderoso que ningún Estado aislado; y esto no puede ser obviado.
¿Cuál es la consecuencia de lo anterior? Ninguna revolución aislada en un país o un grupo pequeño de países podrá tener ningún efecto duradero; solamente un cambio a nivel regional podrá ser eficaz.

Las causas del desencanto: la clase política

En España las dramáticas consecuencias de la globalización se están poniendo de manifiesto en toda su crudeza; un país que no había conseguido todavía plenamente su modernización se ha visto colocado en una peligrosa tierra de nadie, sin saber bien qué papel jugar; y la clase política no contribuye a facilitar las cosas. En España existe una profunda decepción hacia la clase política, que es percibida como un conjunto de arribistas únicamente preocupados por hacer dinero y tener una vida cómoda a cargo del dinero público.
A mi me parece que la inmensa mayoría de los políticos son honestos y no están guiados por el interés de medrar o aprovecharse; ahora bien, también creo que la práctica totalidad de los políticos ven la política como una profesión (o actividad) dirigida no a cambiar la sociedad, sino a ganar las elecciones. Si no se ganan las elecciones no se podrá llevar a cabo ningún programa; y quizás de esta forma justifiquen que los partidos políticos se hayan convertido en máquinas electorales; pero lo cierto es que la profundidad en el pensamiento y en la reflexión, el rigor y la búsqueda de lo mejor para la sociedad están prácticamente ausentes de los partidos mayoritarios.
Los partidos son percibidos desde afuera como máquinas oscuras de poder en el que alianzas, pactos y maniobras están destinados a conquistar y mantener posiciones que se traducen en dinero para pagar sueldos y lealtades; y la profesionalización de la política ha hecho realidad un escenario en el que las instituciones están al servicio de los partidos. Se hace carrera en el partido y el premio que se recibe es un cargo público. De esta forma personas con poca preparación, con poca formación, con poco curriculum "objetivo" se han visto catapultadas a las más altas responsabilidades, presumiblemente como pago a servicios al partido. La ciudadanía ha percibido esto como una estafa al conjunto de los ciudadanos y los políticos han perdido el respeto, la consideración, la admiración por parte de los ciudadanos.
En un mundo tan complejo como el que vivimos gobernar no es tarea fácil, al revés, es muy difícil. Si alguien piensa que gobernar es fácil es que no ha percibido la tremenda dificultad de una tarea que se asemeja a conducir un camión ancho y pesado por un alambre tendido entre montañas; siempre con el riesgo de precipitarse al vacío. En un mundo tan complejo como el actual se necesita que los partidos políticos se ocupen más de pensar cómo tiene que ser la sociedad que de ver cómo ganan las próximas elecciones. Los partidos políticos tienen que potenciar el debate y la participación ciudadanas, los estudios y análisis y ofrecer programas y campañas rigurosas. La devaluación del discurso político al que hemos asistido en los últimos años es decepcionante. Los partidos políticos tienen que abrirse a la sociedad, ser más transparentes, facilitar que sean los mejores los que ocupen los puestos de más responsabilidad y orientar su actividad al diseño de políticas serias y rigurosas.

Las soluciones: Europa

Vivimos en un mundo globalizado y eso no ha de cambiar. La globalización es buena; lo que es malo es que no exista un poder público global paralelo al mercado global. La creación de ese poder público global es una auténtica prioridad y el instrumento del que disponemos los europeos para contribuir a ese objetivo es la Unión Europea.
Actualmente la Unión Europea es un instrumento al servicio de los Estados y, por tanto, no tiene la suficiente fuerza como para plantear e implementar políticas eficaces que permitan gobernar la globalización. Es urgente que Europa gane fuerza como entidad política; para ello tiene que convertirse en un auténtico poder dependiente de los ciudadanos europeo y no de los Estados. Uno de los objetivos prioritarios debe ser conseguir esa transformación de Europa.
Antes decía que ningún cambio en un país aislado podría ser duradero; un cambio a nivel europeo sí que podría ser relevante, urge crear estructuras políticas paneuropeas, debemos darnos cuenta de que ya todos somos uno, queramos o no; y no tener estructuras políticas comunes fuertes nos debilita como ciudadanos y quedamos reducidos a meros consumidores.
Es necesario que la Unión Europea deje de ser un instrumento al servicio de los Estados y que las instituciones europeas dejen de estar tuteladas y dirigidas por los Estados. Se precisa un Parlamento Europeo con competencia legislativa plena y competencia fiscal y un Presidente europeo elegido directamente por los ciudadanos o por el Parlamento europeo.

Las soluciones: regulación

Gran parte de nuestros problemas derivan de la falta de regulación: los mercados han mostrado que necesitan la tutela pública, tutela de la que carecen en el mundo globalizado. Una Europa fuerte podría imponer esta regulación que estaría basada en un reparto justo, salarios dignos y normas rigurosas que eviten abusos y engaños. El fin de los paraísos fiscales es necesario para que la tributación, base de los servicios sociales, sea suficiente y adecuada a un mundo cada vez más desarrollado. No será tarea fácil poner coto a los mercados financieros globales, que se resistirán como gato panza arriba a cualquier intento de reducción de sus beneficios; pero si el poder político es suficientemente fuerte, y Europa lo podría ser; podría conseguirse el objetivo. Es claro que los Estados actuales son incapaces de llevar a cabo esta tarea, por lo que la profundización en la integración europea que se defendía hace un momento es de todo punto imprescindible.
Es necesario que las diferentes entidades políticas del Mundo, entre ellas Europa, regulen los mercados de forma que se garanticen salarios justos y tributos adecuados. Los paraísos fiscales deben ser eliminados.

Las soluciones: participación

Hoy en día es posible ya que los ciudadanos participen en la toma de decisiones de una forma directa. Internet y las redes sociales facilitan esta participación que debe ser potenciada por los poderes públicos. No basta con votar cada cuatro años; antes hablábamos de la apertura de los partidos políticos a la sociedad, y esta apertura debe darse también en todas las instituciones. Se avanza en esta línea, pero aún se puede hacer mucho más: los ciudadanos tienes que poder acceder sin trabas a toda la información posible sobre la administración, los ciudadanos tienen que tener vías de participación en la toma de decisiones a todos los niveles y los ciudadanos deben ser consultados siempre que la entidad de la medida que deba adoptarse lo requiera.
Para que esta democracia participativa funcione es preciso que se den dos elementos adicionales: por una parte los medios de comunicación tienen que ser responsables y rigurosos. Escandaliza en la actualidad la cantidad de barbaridades que pueden leerse en los periódicos. Es inasumible que medios serios publiquen noticias que son más bien atentados a la inteligencia. La información correcta y suficiente es un elemento imprescindible para la participación política, y ahí los medios de comunicación tienen mucho que mejorar.
Junto con la información la formación es también necesaria; una democracia participativa conducirá al desastre si quienes participan carecen de formación suficiente como para adoptar las mejores decisiones en cada momento. Una formación de calidad, una enseñanza de calidad son imprescindibles; la democracia participativa exige también al ciudadano, el ciudadano debe informarse y formarse para adoptar las decisiones responsablemente. No es tarea de un día ni de dos conseguir que todos asumamos que una mayor participación es también una mayor exigencia para todos.
En definitiva, hay que profundizar en la democracia participativa, lo que implica facilitar a los ciudadanos la información de la que dispone la Administración, y establecer cauces de debate y participación de los ciudadanos. Esta democracia participativa exige también que los medios de comunicación sean responsables y rigurosos, que la formación y la educación sean excelentes y que los ciudadanos asumamos como un deber formarnos y conocer los temas sobre los que tendremos que decidir.

Conclusión

Así pues, tras el 15M tenemos que conseguir que no solamente España, sino todo Europa se transforme. Hay que transformar los partidos políticos para que sean organizaciones abiertas a la sociedad, más preocupadas por el diseño de políticas rigurosas que por ganar elección tras elección; hay que transformar la Unión Europea para que sea una entidad al servicio de los ciudadanos y no de los Estados; tenemos que regular los mercados mundiales eliminando los paraísos fiscales y regulando los mercados de forma que salarios y tributos sean los justos; finalmente, es preciso profundizar en una democracia participativa que exige transparencia de la administración, cauces para el debate y participación públicas; además de medios de comunicación rigurosos, excelentes formación y educación y asunción por los ciudadanos de su responsabilidad como tales, lo que exige que seriamente formen opinión propia y fundamentada sobre aquellos asuntos sobre los que se pronuncien.

viernes, 22 de abril de 2011

73 años




Setenta y tres años separan estas dos imágenes (la de la arriba está tomada en 2010 y la de la abajo en 1937). Toda una vida. Se echa en falta -y mucho- al hermano mayor; pero es ley de vida ir dejando este mundo. Lo importante es vivir bien los años que te tocan y, a ser posible, dejar algo detrás.
Las personas cambian, la playa es lo único que parece inalterable. La misma playa en la que jugó mi padre, donde jugué yo, donde juegan mis hijos...

jueves, 21 de abril de 2011

Sobre opciones de audio

Estaba ayer viendo la final de Copa por TV3 y escucho a los locutores informar que en una de las opciones de audio se puede seguir el partido en aranés. El aranés es una variedad del idioma occitano hablada en el Valle de Arán (norte de Lérida, Cataluña). Desde hace un año aproximadamente es lengua cooficial en Cataluña, y de utilización preferente en el Valle de Arán. El número de personas que lo tienen como lengua materna es de 2765 (datos tomados del artículo sobre el aranés en la wikipedia).
Me llamó la atención la posibilidad de escuchar el aranés e inmediatamente empecé a buscar en los canales de audio hasta dar con la emisión en dicho idioma. Estuve escuchando un ratito esa lengua, desconocida para mi, pero comprensible (bueno, se trataba de la transmisión de un partido de fútbol, quizás me planteara más dificultades un discurso más complejo) e, ingenuo de mi, me puse a buscar entre los otros tres o cuatro canales de audio el canal en castellano ¡no había! De los cuatro o cinco canales disponibles todos estaban en catalán excepto el que acababa de escuchar en aranés.
¿Por qué no se daba el partido en TV3 en castellano en alguno de sus canales? Sin duda se me dirá: "Si lo querías seguir en castellano podías sintonizar la 1, que también daba el partido". Pero ese no es argumento. Si vas con el Barça prefieres una transmisión en la que notas como el locutor suda cuando se acerca el Madrid a la portería que ayer defendía Pinto y, por el contrario, se alegra cuando el Barça marca un gol; prefieres seguir una transmisión apasionada a una transmisión neutra (que supongo que es la que se pretendía en la 1, no lo sé porque seguí el partido por TV3). ¿Por qué los millones de catalanes que tienen por lengua materna el castellano (lengua también oficial, de momento, en Cataluña) no pueden ver en la televisión de todos los catalanes el partido en su idioma si existen recursos técnicos para ello?
Quizá alguien piense que esto no deja de ser un tema menor; y ciertamente lo es porque no creo que ningún castellanoparlante tuviera ayer disgusto alguno por no poder ver el partido de "su" Barça en castellano. Ahora bien, si es menor el tema no lo es la respuesta a la pregunta que hacía en el párrafo anterior. La respuesta a esa pregunta sí que es importante y tiene consecuencias que van mucho más allá de la transmisión de un partido de fútbol. La respuesta, la tremenda respuesta es que quien tiene que decidir sobre estas cosas piensa que el auténtico seguidor del Barça ha de sufrir o alegrarse con él en catalán o en aranés, no en castellano; piensa que solamente se puede ser catalán en catalán o en aranés, no en castellano; piensa y actúa como si el idioma castellano fuera un cuerpo extraño en Cataluña. Y esto no es un tema menor.

lunes, 18 de abril de 2011

El principio del fin de la sanidad pública

Día de vacunas. Hoy tocaba que los mellizos (de dos años) se pusieran la vacuna de recuerdo del Prevenar. Se trata de una vacuna que no asume la sanidad pública, aunque es frecuente que los pediatras la recomienden. Claro, si tu pediatra te dice que mejor ponérsela al niño, pues qué vas a hacer; se la compras. Nos fuimos a la farmacia y compramos las dos dosis (cada niño ya se ha puesto tres de estas vacunas; como digo, hoy tocaba la de recuerdo), pagamos los 160 euros que costaban y nos fuimos al CAP. Allí la enfermera nos dijo que desde hacía unos meses se había establecido que nos tenían que cobrar por ponernos la vacuna. Nos quedamos un poco de pasta de boniato; pero qué vas a hacer, le dices que adelante y ya está. A la salida nos acompañó al mostrador de información donde nos cobraron la operación.
El precio de cada vacunación fue de 7,80 euros (15,60 los dos niños). Todo bastante cutre. Echamos como un cuarto de hora para que salieran las facturas, no nos hicieron recibo, sino un simple "pagado" a boli sobre la factura y, además, nos dijeron que teníamos que abonar el precio exacto (ni tarjeta de crédito ni vueltas ni posibilidad de pagar por transferencia). Está claro que el sistema no está adaptado a esta nueva circunstancia, la de que los usuarios tengan que pagar por los servicios recibidos y, como digo, todo resultaba bastante cutre.
Ahora bien, lo que me preocupa no es lo mal montado que está todo; sino la justificada indignación que va a producir y lo que implica para la desaparición de la sanidad pública.
Empecemos por la indignación. Doy fe de que cuando te dicen que vas a tener que pagar para que le pongan una vacuna a tu hijo te sienta como una patada. Ya habíamos asumido que teníamos que comprar nosotros la vacuna, pero que tengas que pagar la enfermera que te la pone en el CAP ya te parece que es entrar en otra dimensión. Si esto se extiende (que parece ser que se extenderá) la indignación será creciente. En una situación de crisis económica, con mucha gente con problemas económicos que, de pronto, te encuentres con un gasto con el que no contabas en un sector tan sensible como es el sanitario será fuente de tensiones y problemas. No me extrañaría que se montara más de un follón en algún CAP a causa de este motivo, pagándola los usuarios con quien menos culpa tiene, que es el personal sanitario.
Y sigamos con lo que supone para la sanidad pública. Si en la sanidad pública vas a tener que pagar ¿por qué no ir a una mutua? y si vas a una mutua ¿por qué tener que seguir pagando por la sanidad pública? El silogismo es diabólico, pero evidente. Un familiar a quien le contaba este incidente enseguida lo argumentó. Y esto es lo que resulta verdaderamente peligroso. Si se extiende la idea de que para esto mejor no tener sanidad pública será relativamente fácil que quienes están interesados en laminar el sistema público de sanidad encuentren apoyos para ello. Al fin y al cabo hay muchos interesados en favorecer a la sanidad privada, y convertir en poco atractiva la pública es una forma de favorecer a la privada.
Esto es lo que me da verdaderamente miedo. Basta ver cómo van las cosas en Estados Unidos, donde prácticamente no existe sanidad pública, para comprobar lo nefasto que es un sistema sanitario que renuncia a lo público. La sanidad pública no solamente es una exigencia básica en un Estado social; sino que es una opción mejor que la sanidad privada. Un sistema de sanidad privada es más caro e ineficiente que uno público; eso sí, la sanidad privada permite que unos cuantos ganen dinero, mucho dinero.
No caigamos en la trampa, sigamos defendiendo la sanidad pública, incluso ésta en la que te cobran por poner una inyección a tu hijo; defendámoslo y hagamos lo posible porque la tendencia se invierta, porque la sanidad pública sea cada vez mejor. Exijamos a los políticos que coloquen este tema en el eje de su actuación; y exijámoslo a todos, porque el discurso de la derecha mala está ahí, y la verdad es que CiU está haciendo todo lo posible para que nos lo creamos, pero no olvidemos que los recortes ya comenzaron en la época del Tripartito, lo que supuso para mi una tremenda decepción, tal como escribí hace un tiempo.

domingo, 17 de abril de 2011

La hora de los estrategas

Al principio lo único que importaba era el motor. Cuanto mejor y más potente fuera el motor más correría el coche. Luego los constructores se dieron cuenta de que la forma del coche podía tener una incidencia decisiva en la velocidad y el agarre del mismo. Así no tuvieron más remedio que desarrollar tanto el motor como la aerodinámica. Cuando los distintos coches se igualaban detalles cada vez más pequeños marcaban la diferencia: una fracción de segundo menos entre marcha y marcha, la mejora del diferencial... cada circunstancia contaba y podía aportar una décima o décima y media por vuelta que ahora resultaba crucial.
Ahora bien, así y todo, con los coches tan igualados el elemento decisivo pasaron a ser los neumáticos. Hace unos años el jefe de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo se quejaba de que el Mundial de F1 se había convertido en un mundial de neumáticos. Ferrari llevaba neumáticos Bridgestone, que daban un rendimiento menor que los Michelín de otros equipos. Al final Renault se llevó el campeonato calzando estos neumáticos.
Ahora motores, caja de cambios, gran parte de la aerodinámica y los neumáticos son uniformes para todos los equipos. Desde luego que la forma en que encajan todos los elementos sigue siendo fundamental y de ahí que, por ejemplo, Red Bull tenga la ventaja que ahora tiene. El diseño del coche y la articulación de todos sus elementos sigue siendo fundamental; pero este año tenemos otro elemento relevante: los estrategas.
La clave fundamental de esta temporada está en la alta degradación de los neumáticos. La temporada pasada resultaba obligatorio hacer al menos una parada porque por normativa era (y es) preciso montar durante la carrera dos tipos diferentes de neumáticos; pero el neumático podía aguantar toda la carrera sin excesivos problemas, al menos en algunos circuitos. De hecho vimos varios casos en los que el cambio obligado se hizo bien el primera vuelta (Alonso en Mónaco) o en la última (Kobayashi no recuerdo ahora dónde).
Este año esto no es posible. La degradación varía de circuito en circuito; pero no parece posible que el neumático aguante toda la carrera. En la de hoy hemos visto como 20 o 23 vueltas era el límite para el neumático duro y unas 15 para el blando. Esta circunstancia hace que sean posibles varias estrategias. En un extremo está intentar limitar el número de paradas a costa de correr muchas vueltas con un neumático que ya no responde bien y, por el otro lado, realizar muchas paradas (con lo que supone de pérdida de tiempo en boxes) a cambio de correr siempre con un neumático "fresco". Evidentemente, el que en la misma carrera coincidan ambos tipos de estrategía es música angelical en los oídos del espectador, ambrosía en su paladar, un gozo permanente. Desde la perspectiva de los equipos el resultado es que el diseño de la estrategia es fundamental, los estrategas pueden hacer ganar y perder carreras.
En la carrera de hoy lo hemos visto. Véase sino los resultados divergentes de Vettel y Webber, ambos con el mismo coche (Red Bull). Vettel salía primero, siguió una estrategia de dos paradas y acabó segundo; Webber salía ¡en el puesto 18! y con una estrategia de tres paradas concluyó en tercera posición. En otro orden de cosas podemos ver cómo Hamilton se benefició de una estrategia de tres paradas, de tal forma que acabó ganando la carrera pese a salir tercero (bien es verdad que en la primera curva ya estaba primero) mientras que los Ferrari, que optaron por una estrategia de dos paradas, acabaron o bien la misma posición en que habían empezado (Massa) o perdiendo dos puestos respecto a la parrilla (Alonso).
Evidentemente, lo anterior no quiere decir que el piloto no siga siendo fundamental; de hecho este año me parece que es más determinante incluso que en otros años. Así Hamilton y Webber se han mostrado en todo momento rápidos y decididos, tal como señalaba en facebook mi amigo Xavier Cecchini; lo que en una carrera de las características de la actual es determinante (que se lo digan si no a Alonso y a las vueltas que estuvo detrás de Schumacher sin poder adelantarlo, ahí tiró completamente la carrera). El piloto es fundamental; pero el estratega, que contempla la batalla desde una atalaya, que no se mancha de sangre, que no muerde el polvo, que se limita a consultar la orientación del viento, a intuir las fuerzas del enemigo, a calcular el tiempo que resistirá un ataque; ese estratega es el auténtico artífice del resultado de la batalla, más allá del estruendo será su inteligencia la que decidirá el resultado.

jueves, 14 de abril de 2011

El debate de ayer

El debate que se vivió ayer en el Parlament de Catalunya en relación a la propuesta de declaración unilateral de independencia de Cataluña ha resultado al final de lo más interesante. La propuesta había sido presentada por Solidaritat Catalana per la Independencia (3 diputados) e implicaba autorizar al Gobierno de la Generalitat a negociar la independencia con la comunidad internacional (art. 8), además de prever la constitución de una asamblea de representantes de la Nación catalana para conseguir la independencia de todos los países catalanes (art. 9). La independencia, una vez aprobada la Ley y negociada con la comunidad internacional, sería efectiva cuando la aprobase por mayoría absoluta el Parlament de Catalunya (art. 10).
La lectura del texto presentado por Solidaritat Catalana per la Independència es ciertamente sorprendente, incluyendo posibles efectos internacionales, ya que algunos de los países catalanes a los que se refería en su art. 9 son parte del territorio de Estados extranjeros; pero más allá de este análisis lo que me interesaba era ver cómo reaccionaban ante esta propuesta los distintos grupos parlamentarios. Y me interesaba porque es evidente que el debate sobre la independencia de Cataluña es un debate vivo, y tratándose como es de una cuestión de gran transcendencia, de implicaciones profundas y seculares es fundamental que la posición de los partidos políticos, auténticos gestores de la voluntad popular, sea clara para que todos seamos conscientes de lo que votamos.
Nunca se está de acuerdo al cien por cien con ningún partido político; pero hay temas más y menos importantes. La cuestión de si Catalunya se convierte o no en un Estado independiente tiene la suficiente transcendencia como para que resulte absurdo votar a un partido "unionista" si se es independentista y, al revés, votar a un partido independentista si se prefiere que Catalunya siga siga siendo parte del Estado español; en ese sentido, determinar la posición de cada partido en este asunto me parece fundamental; y para ello ayer no solamente había que calibrar el sentido del voto ("sí" o "no" a las enmiendas a la totalidad presentadas) sino el contenido del discurso de los representantes de los partidos; y, desde luego, al menos para mí, las expectativas se vieron cumplidas: los partidos fueron bastante claros en sus planteamientos.
Evidentemente Solidaritat, Joan Laporta (inicialmente en Solidaritat y ahora diputado independiente) y ERC se mostraron a favor de la independencia ya, es decir, a favor de la propuesta. Iniciativa per Catalunya-Verds no votó a favor de la propuesta; pero no porque estuviera en contra del fondo de la misma, sino más bien por cuestiones de forma y oportunidad; en cualquier caso dejó claro que consideraba un objetivo la plena autodeterminación de Catalunya; y esto, no nos engañemos, es en el fondo otra forma de buscar la independencia de Catalunya.
CiU también se mostró favorable a la independencia, aunque no por ahora; lo que coincide con sus planteamientos primero implícitos y cada vez más explícitos en favor de la separación de Catalunya del resto del Estado. De hecho hace tiempo que vengo diciendo que Convergència es un partido independentista, pese a lo que en ocasiones quiere aparentar; y me parece que el tiempo me da la razón. Unió no da signos de ser independentista; pero cada vez entiendo menos que puedan formar coalición un partido independentista y uno que no lo es. Como decía antes hay temas que tienen tanta transcendencia que es imposible transigir sobre ellos.
Y finalmente el PSC. Estaba muy interesado en escuchar lo que decía el PSC sobre este tema. El martes leí un muy interesante artículo de Ferrán Pedret en el que señalaba que el PSC ni había sido independentista ni lo era ahora. La intervención de Tura (extraordinaria como discurso: medido, bien construido, con las ideas claras y el sentimiento en su justo término) no fue, sin embargo, en ese sentido. Se opuso a la propuesta de Solidaritat Catalana, pero más por razones de forma que de fondo. Mantuvo que no tenían temor a la independencia, planteó que era necesario buscar el encaje en España y que Catalunya debía ver satisfechas sus necesidades de autogobierno, aunque siempre en el marco legal vigente ("leyes cambian leyes" repitió en varias ocasiones). Esto es, la forma no es la correcta; pero no es descartable que el fondo lo sea. La verdad es que es un discurso próximo al independentismo, ya que no plantea como un prius irrenunciable, como un axioma, la permanencia de Catalunya en España; y la independencia a término o si se dan determinadas condiciones es también independencia.
En el fondo, tal como dije hace unos meses, el PSC se encuentra ahora en una situación parecida a la que ocupaba CiU hace diez años, y ésta última en una semejante a la que tenía ERC en aquella época; esto es, el PSC está a un paso de optar por la vía de la independencia. Ayer Montserrat Tura lo confirmó, pues en ningún momento dio un solo argumento a favor del mantenimiento de la unidad del Estado y sí, en cambio, hizo abundantes referencias al deseo de autogobierno de Cataluña y a la lucha histórica de esta Nación por sus derechos. En el fondo -interpreto- se está lanzando el mensaje de que o se producen cambios en la estructura del Estado o Catalunya se va; este me parece interpretar que es el discurso del PSC. En cualquier caso no es el discurso de que el proyecto común entre Catalunya y el resto de España es absolutamente irrenunciable y hemos de trabajar dentro de ese marco para conseguir los avances o mejoras que sean necesarios.
A mi me parece bien, desde luego; no estoy de acuerdo pero me parece bien; lo que no me parece tan bien es que este proyecto, que es de ruptura condicionada o a plazos se aproveche de muchos miles de votos de personas que piensan que cuando depositan una papeleta en favor del PSC piensan que están "votando a Felipe". Que en los mítines del PSC para las generales se diga en castellano lo que Tura dijo ayer en catalán. Me gustaría ver la reacción si en el mitin del Sant Jordi Zapatero concluye su discurso diciendo "...porque no tenemos miedo a la independencia de Cataluña".
Claridad, la claridad es necesaria en este tema porque no estamos hablando de cosas sin importancia (aunque algunos parecen pensar que la independencia es una especie de trámite intranscendente).
En contra de la independencia solo se posicionaron claramente el PP (con un discurso patético, más por la forma que por el fondo) y Ciutdadans. No sé si este desequilibrio entre partidarios de la independencia y partidarios de la unidad que se vio ayer en el Parlamento responde a lo que es la sociedad catalana; quizás no; pero me atrevo a profetizar de que sí que responde a lo que será... y me parece que estas no son buenas noticias para casi nadie.

lunes, 11 de abril de 2011

Sobre periodistas y sanciones

Estaba decidido a dedicar esta entrada a la forma en que narran en La Sexta la Fórmula 1; nada podía decir sobre el Gran Premio de Malasia que no estuviera ya dicho en la entrada dedicada al Gran Premio de Australia: los cambios introducidos este año potencian el espectáculo, estamos viendo carreras divertidas con adelantamientos y emoción hasta el final. La superioridad de Vettel no nos permite dudar sobre quién ganará, pero todo lo que pasa por detrás tiene su miga, y eso está muy bien.
Como esto ya estaba dicho pensaba recrearme en cómo Lobato puede hacer que llegues a tomarle manía a Alonso, en cómo narrar de una forma tan poco objetiva, tan de colega empieza a resultar nauseabundo. Y que conste que soy seguidor de Alonso desde antes de que llegara a la Fórmula 1. Me parece que la mayoría de las críticas que se le hacen son infundadas y creo que es uno de los mejores pilotos que hay y, probablemente, que ha habido en el Campeonato. Pues bien, pese a todo eso no soporto la forma en que Lobato se alegra o hunde en función de cómo le va a Alonso en la carrera ¡leche, que hay más cosas que ver! Para empezar hay otro piloto español, Alguersuari, que está en la mitad del pelotón y con el que también nos podríamos entusiasmar un poquito. Y además hay emoción, adelantamientos, errores, pilotos como Vettel, Hamilton, Weber, Button, Schumacher, Rosberg... en fin, muchas cosas que contar aparte de cómo le va a Alonso.
Y luego está cómo todo lo que le sale bien a Alonso es porque es una máquina y todo lo que le sale mal es culpa de otros. Ayer cuando se llevó a Hamilton por delante el problema era que no le funcionaba el alerón móvil. ¡Si ya lo sabíamos! No le funcionaba, y a Vettel no le funcionaba el KERS ¿y qué? eso no da bula para luego cometer un error, hay que correr con lo que se tiene y si a tí te ha fallado el alerón a otros les ha fallado otra cosa.
Iba a hablar de todo eso; pero ya acabada la carrera surgió un tema mejor: las sanciones a Alonso y Hamilton. La sanción de Hamilton es debida que, parece ser que cambió varias veces de trazada en la recta para evitar el adelantamiento de Alonso, lo que está prohibido por el Reglamento. Si efectivamente fue así pocas dudas caben sobre la sanción a Hamilton: se trata de una vulneración consciente del Reglamento en un punto en el que, parece, es bastante claro (art. 20.2: "Manoeuvres liable to hinder other drivers, such as more than one change of direction to defend a position, deliberate crowding of a car beyond the edge of the track or any other abnormal change of direction, are not permitted"). Ciertamente esta regla puede resultar sorprendente, ya que implica que no pueden realizarse maniobras que "estorben" ("hinder") a otros coches, lo que parecería raro tratándose de carreras; pero es lo que hay, la Fórmula 1 no son los autos de choque, tal como expliqué en otra ocasión. La lucha debe hacerse buscando cada piloto la mejor trazada, no impidiendo la trazada del rival. Expresamente, además, se niega que pueda cambiarse más de una vez de dirección para evitar ser adelantado. Si Hamilton varió varias veces de posición en la recta su conducta era sancionable.
Y luego está la sanción a Alonso. Adelanto ya mi posición: debería haber sido considerado un incidente de carrera y ya está, porque puestos a hilar fino nos encontraríamos con que, si somos coherentes con la sanción, no podría intentarse siquiera el adelantamiento.
¿Cuál es la situación? Alonso está detrás de Hamilton en un punto en el que la trazada "normal" se sitúa en el extremo izquierdo de la pista y donde se va a fondo. Alonso se abre para adelantar y en ese momento Hamilton abandona también la trazada "normal", presumiblemente para cerrar la puerta a Alonso. Si Hamilton cambia la trazada antes de que Alonso inicie el adelantamiento bloqueándolo su acción sería correcta (el art. 20.2 permite un cambio de dirección). Ahí a Alonso no le queda otra que frenar y esperar o intentarlo por otro sitio. Si Hamilton cambia la trazada cuando Alonso ya está adelantando sería una maniobra prohibida por el art. 20.2 del Reglamento. En este caso la impresión que tengo es que ambos pilotos inician la maniobra de forma prácticamente simultánea: Hamilton no pretende echar a Alonso de la pista (lo que, de todas formas, no sería extraño en el inglés); pero lo cierto es que el choque coincide con una variación en la trayectoria del McLaren. Cuestión distinta sería que Alonso por no frenar lo suficiente o acelerar en exceso se comiera la parte de atrás del coche de Hamilton sin que hubiera ningún cambio de trayectoria; en ese caso sí que estaríamos ante un accidente provocado; pero en esta ocasión la maniobra de Alonso no hubiera producido ninguna colisión de no haber mediado el cambio de trayectoria de Hamilton que, de todas formas, no es punible puesto que no creo que Hamilton fuera consciente (ni podía serlo) de que Alonso ya había iniciado el adelantamiento. En resumen: un incidente de carrera que no debería ser punible. Sería preocupante que a partir de ahora los adelantamientos fallidos fueran penalizados, poco ganaría el espectáculo con ello.