martes, 27 de septiembre de 2011

De crisis y prioridades

Decir que estoy estupefacto es poco. Si vives en España y, más en concreto en Cataluña, la presión permanente que sientes por la presencia constante de la crisis es insoportable. Recortes y más recortes, y la amenaza constante de nuevos recortes. Permanentes llamadas a la austeridad y a la responsabilidad; medidas absolutamente excepcionales como es el recorte de la mitad de la paga extra de Navidad a un colectivo tan importante para la sociedad como son los profesionales sanitarios. Recorte que se anuncia a finales de septiembre sin que haya acuerdo ni nada que se le parezca con el sector. Una auténtica expropiación de varios cientos de euros a médicos, enfermeros y demás personal de la sanidad pública. Un atraco, vaya; justificado, de acuerdo con el Gobierno, por la situación excepcional que vivimos.
Y en medio de este panorama, junto a la noticia del mencionado atraco al personal sanitario, y del retraso en el pago a las residencias concertadas, leemos la noticia de que se va a dedicar un millón cuatrocientos mil euros al doblaje de películas en catalán. Va a aumentar, se dice, el número de espectadores de películas en catalán. Pero, ¿se dan cuenta de que no habrá quien vaya al cine? ¿Se dan cuenta de que cada vez hay más personas en paro, más personas que han perdido el subsidio y que caen rápida e inexorablemente en el pozo de la exclusión social? ¿Se dan cuenta de que mientras hablan de aumentar el número de espectadores en los cines gracias al dinero de todos hay personas que ven retrasados meses su operación, que disminuye el número de maestros, profesores de instituto y de universidad? ¿Se dan cuenta de que es inmoral dedicar dinero a una distracción que ya solamente está al alcance de una porción de la clase media (unos sesenta euros por familia para una tarde de cine tirando para abajo)?
¿Cómo se nos puede convencer de que estamos prácticamente en una economía de guerra, en una situación excepcional en la que se nos asusta con que los empleados públicos no cobrarán la nómina del próximo mes, con que los recortes en la sanidad y en la educación no han hecho más que empezar, o con la insostenibilidad del sistema público de pensiones y, a la vez, introducir ayudas millonarias para el cine o mantener las existentes a espectáculos reservados a una muy pequeña parte de la población como son ciertas programaciones de ópera? ¿Cómo se puede reducir el presupuesto de educación o las ayudas a las escuelas municipales de música y mantener la ayuda pública al Liceo (11 millones de euros por parte de la Generalitat de Catalunya en la temporada 2008/2009), que se recorta en un 15%, muy por debajo del recorte que se aplica a las escuelas de música (23%) y no sensiblemente superior a los recortes que se están aplicando en sectores mucho más transcendentales como puede ser la sanidad?
Hace unos meses ya indicaba que CiU era un partido tremendamente coherente. Lo malo es que su coherencia nos acabará hundiendo a todos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

De sentencias y leyes

Parece que el virus de Zapatero se extiende a los miembros de su Gobierno. Hoy me han sorprendido las declaraciones del Ministro de Justicia en relación al auto del TSJC que establece un plazo de dos meses para que la Generalitat de Catalunya adopte las medidas precisas para que el castellano sea lengua vehicular en la enseñanza en esa Comunidad Autónoma. Según recoge entrecomillada La Vanguardia, el Ministro dijo que "las sentencias son para casos concretos" y que "lo que regula la conducta general de todos se llama ley, no sentencia".
Vamos por partes. Es cierto que lo que regula la conducta general es la ley, entendida "ley" no en sentido estricto (las leyes que elaboran las Cortes españolas y los Parlamentos de las Comunidades Autónomas) sino en sentido amplio, incluyendo junto a las leyes en sentido estricto las normas generales que dictan las Administraciones, lo que se conoce como Reglamentos. Tanto la ley en sentido estricto como las normas reglamentarias regulan la conducta general. Hasta aquí nada que objetar (así interpretado).
Lo que causa estupor es que este carácter general de la ley se utilice para hacer resaltar que las sentencias son para casos concretos, como queriendo excluir que por una sentencia se pueda modificar lo que establece una norma general. En el contexto en el que se dice la frase parece dirigida a mantener que el auto del TSJC (y la sentencia del TS que se ejecuta por medio de ese auto) solamente tendrá relevancia para las concretas familias que impugnaron, pero sin que pueda afectar al sistema educativo catalán en su conjunto, pues este está regulado por ley y no puede ser cambiado por una sentencia. Este, como digo, parece ser el sentido de la contraposición que hace el Ministro entre lo que hace la ley (regular la conducta general de todos) y lo que hace la sentencia (resolver los casos concretos).
Pues si esto es lo que quería decir el Ministro se olvida (y es mucho olvidar) que la jurisdicción contencioso-administrativa (la que dictó la sentencia de la que trae origen todo este follón) puede anular disposiciones reglamentarias, esto es, leyes en el sentido en el que utiliza la expresión el ministro. O sea que sí que es posible que una sentencia afecte a la conducta general; no regulándola directamente, sino anulando la norma que hasta la sentencia regulaba esa conducta general. Además, tampoco hay que olvidar que en nuestro sistema jurídico incluso las leyes en sentido estricto pueden ser anuladas por el Tribunal Constitucional. Cuando se trata de una ley en sentido estricto (no una norma reglamentaria) los tribunales no pueden anularla, tan solo el Tribunal Constitucional tiene esa potestad; pero esta posibilidad de anulación de la ley por el Tribunal Constitucional (del que fue Letrado el Sr. Caamaño) bien claro deja que las sentencias pueden afectar a la conducta general.
Por si lee esto alguien que no haya estudiado Derecho, le diré que todo lo que he explicado hasta aquí es materia más que sabida por los alumnos que hayan completado el primer curso de la carrera; se trata de cuestiones que, con frecuencia son explicadas en los primeros meses de la materia Derecho Constitucional. Creo que ahora se entenderá el estupor que me causaron las palabras del Ministro; y no tanto por su condición de Ministro; sino porque el Dr. Caamaño ha sido Letrado del Tribunal Constitucional y es Catedrático de Derecho Constitucional. ¿Será que la cercanía con el Sr. Zapatero tiene  el efecto de eliminar los conocimientos que se tuvieran con anterioridad al contacto con el todavía Presidente del Gobierno?

martes, 23 de agosto de 2011

El próximo congreso del PSC

A raíz de la última entrada de este blog, Eduardo Rojo me ha enviado la Ponencia Marco para el próximo congreso del PSC. Como creo que es importante que todos los ciudadanos (incluidos por supuesto lo que carecemos de militancia y nos limitamos a votar cuando se nos llama a ello) estemos al corriente del debate político más allá de los insultos, tópicos y vacuidades con que nos regalan los medios de comunicación tradicionales y los políticos en campaña electoral; cuelgo aquí la versión de dicha ponencia en su original catalán y su traducción al castellano.
En teoría este es un documento importante, pues servirá de base para adoptar el programa del PSC hasta el próximo congreso. Lo lógico es que las enmiendas que se planteen a esta ponencia la transformen; pero probablemente las grandes líneas se conservarán por lo que este documento de 60 páginas es una imagen bastante aproximada de lo que quiere ser el PSC. Otra cosa, desde luego, es que luego en la actuación política del día a día se sea más o menos fiel a este documento; pero si fuéramos un país serio este texto debería ser la base de los programas y las actuaciones de este partido en los próximos años.

¿Y qué es lo que quiere ser el PSC de acuerdo con estas 60 páginas? Advierto que me las he leído solamente una vez y en diagonal, por lo que puedo incurrir en imprecisiones o errores; pero me parece importante lanzar un debate que no se limite a eslóganes, creo que es nuestra responsabilidad como ciudadanos preocuparnos aunque solo sea mínimamente de estas cuestiones.
Los temas que se tratan en la Ponencia Marco son muy variados y me limitaré a hacer un recorrido breve por los que me han llamado más la atención. En primer lugar (no sigo el orden de la Ponencia) existe una llamada constante a la apertura del partido y a la implicación de la militancia. Se reconoce que el militante ha sido en ocasiones un mero espectador y se hace preciso que se le ofrezca un papel más activo en la toma de decisiones, en la configuración de la voluntad del partido a la vez que se insiste en la necesidad de ampliar la base del partido y tejer alianzas con diversos sectores de la sociedad. Desde luego esta vocación de apertura y participación me parece positiva y relevante; y seguramente no está desconectada de algunas de las demandas del 15-M.
En segundo término, existe una posición clara en materia de mantenimiento del Estado de Bienestar. En el debate que enfrenta a partidarios de la máxima liberalización y de la regulación la opción por la regulación, por la defensa de lo público y, en concreto, de los servicios públicos (sanidad y educación fundamentalmente) es clara. Se analizan las razones profundas que explican el retroceso actual del Estado de Bienestar, razones que se vinculan con la globalización, la desregulación y la disminución del poder del Estado y se apuesta por orientar la acción política en la línea de mantener unos niveles suficientes de protección social, incluyendo la posibilidad de una renta básica de ciudadanía. A mi esto también me gusta, soy un convencido de la necesidad de mantener lo público y encontrar mecanismos que garanticen la seguridad de las personas, lo que incluye sanidad y educación universales y mecanismos de prevención de las situaciones de exclusión social. Soy consciente de que no todo el mundo piensa así y que existen argumentos para defender un modelo diferente, un modelo basado en el Estado mínimo, la reducción de impuestos y la eficacia del mercado como mecanismo regulador; pero yo, como digo, soy de otra opinión y es por eso por lo que estoy de acuerdo con el planteamiento que de estos temas se hace en esta Ponencia; cosa distinta es cómo se consiga este objetivo de mantenimiento de unos servicios públicos de calidad; pero este es un tema que merece párrafo independiente.

La Ponencia, como digo, me gusta en sus grandes líneas; sobre todo en lo que se refiere a la apertura del partido y a la defensa de lo público; ahora bien, tratándose de la ponencia de un partido político y no un texto doctrinal creo (pero puedo estar equivocado) que debería ir más allá de este análisis general; debería ser algo diferente de, por ejemplo, "Algo va mal" de Tony Judt; libro que acabo de leer y que recomiendo vivamente. Y es aquí donde hay algo que no encaja. Existen propuestas concretas en el tema de la organización del partido (refuerzo de las agrupaciones sectoriales, eliminación de la sectorial virtual, preferencia por el sistema de primarias...); pero ¿qué se hará para conseguir el mantenimiento de los servicios públicos en una época de crisis como la actual? Aquí la concreción es mucho menor, y esa falta de concreción deriva en parte, en mi opinión, de un problema mucho más básico, que es el de la falta de concreción del marco de actuación del PSC (y esto nos remite al problema que trataba en la entrada de ayer).
Leyendo la ponencia, como digo, quedaba convencido con sus análisis más generales, válidos no solamente para Cataluña, sino para todo el mundo occidental; pero a la hora de examinar las políticas concretas me quedaba un tanto desconcertado; tan pronto se habla de una coordinación a nivel europeo o internacional (la reforma de las Naciones Unidas y del FMI, por ejemplo, son mencionadas, p. 48) como se dedica un análisis bastante detallado a la política Euromediterránea o se habla de la armonización fiscal a nivel español y europeo. La pregunta que me hago es ¿qué papel juega el PSC en todo esto?
Y es que como decía ayer el PSC es un partido catalán; pero, que, a la vez "representa" en Cataluña (permítaseme esta expresión poco técnica) a un partido español, el PSOE. Creo, por tanto, que debería estar claro en el PSC qué proyecto tienen para Cataluña pero también qué proyecto tienen para España ¿nos encontramos aquí ante una mera remisión a los planteamientos del PSOE o, por el contrario, existe un proyecto de España propio del PSC? Y esto no es una mera cuestión de principios, puramente teórica o testimonial ya que algunas de las propuestas que se hacen en la Ponencia solamente pueden ser abordadas a nivel estatal. En este sentido la articulación de las relaciones entre el PSC y el PSOE es fundamental y en la Ponencia sobre este tema se pasa de puntillas. He hecho un recuento de las veces en que aparecen las siglas PSOE en el documento y el resultado es que solamente sale en seis ocasiones.
Ahora bien, la cuestión de cuál es el proyecto del PSC para España o, más propiamente, cuál es el papel de España en el proyecto del PSC no se limita a la articulación de las relaciones con el PSOE; más allá de esto es preciso, y más en el momento actual, determinar cuáles son las líneas maestras para el PSC del encaje de Cataluña en España. Y aquí de nuevo el planteamiento del ponencia es, a mi juicio, insuficiente.
En primer lugar, en ningún momento se plantea de forma directa (salvo error u omisión por mi parte) la posibilidad de la independencia de Cataluña y se hacen múltiples referencias a la búsqueda de una España federal. Si se quisiera buscar un titular se tendría que decir que el objetivo del PSC es una España federal. Ahora bien, esto aún no es decir mucho. Federales son Estados Unidos y Alemania y las competencias de la federación y de los estados en uno y otro país varían sensiblemente. En España, sin ser un Estado federal, algunas competencias autonómicas superan a las que tienen los Länder en Alemania. La palabra federal sin una concreción de competencias no dice mucho. La única concreción significativa que encuentro en la Ponencia es el apoyo a un pacto fiscal solidario; aunque sin concretar su contenido.
Así pues, en la concreción del futuro de la relación entre Cataluña y el conjunto de España la Ponencia es ambigua; no se si conscientemente ambigua; pero sí ambigua. Existe una referencia al Estatuto de 2006 votado por los catalanes como objetivo; pero a la vez se habla de pleno autogobierno (¿qué quiere decir pleno?), no exclusión de una España confederal (que implicaría el derecho de separación de los Estados soberanos que la integrarían) y acercamiento a los grupos soberanistas de izquierdas. La conclusión que saco es que tanto está abierta la permanencia en España como la independencia pasando por todos los estadios intermedios. Es lógico que en el marco de esta ambigüedad las relaciones con el PSOE no sean objeto de un especial tratamiento pese a las evidentes tensiones que se han vivido en los últimos tiempos como consecuencia del proceso que condujo al Estatuto de Autonomía de 2006 y a la Sentencia del Tribunal Constitucional. Encuentro así explicación a las declaraciones de Francesc Vallès a las que me refería ayer. El PSC parece querer suficiente espacio como para poder atraer a todos los votantes progresistas de Catalunya sin que la cuestión, capital, de la estructura del Estado y sus relaciones con el PSOE sean un obstáculo para esta llamada universal al voto de izquierdas. El resultado es un planteamiento en el que hay mucha socialdemocracia teórica pero muy poca acción política. Y si se pretende escamotear el debate sobre el encaje de Cataluña en España al Congreso, órgano máximo del Partido (art. 6 de sus Estatutos) ¿cómo nos podemos creer la voluntad que manifiesta la Ponencia de dar una mayor participación a los militantes y a la que me refería antes? Pareciera que esa mayor participación está reservada a aquellos ámbitos en los que ni hay decisión tomada por quien manda ni tampoco un especial interés en cuál sea la solución. Desde esta perspectiva resultaría que los temas que aparecen tratados con mayor detalle en la Ponencia (globalización, servicios públicos, participación, el papel de Europa, las relaciones euromediterráneas...) son, precisamente, los menos relevantes. Como dijo Wittgenstein, la parte más importante de un libro es la que no está escrita.

lunes, 22 de agosto de 2011

PSC - PSOE

Acabo de leer una noticia que me ha dejado un tanto sorprendido. El responsable de la elaboración del programa del PSC para las elecciones generales del 20-N, Francesc Vallès, indica que se está preparando un programa muy ambicioso en materia de autogobierno (de Cataluña) que dará visibilidad al PSC. Queda pendiente, sin embargo, la articulación de los diputados del PSC con (o en) el grupo socialista; cuestión sobre la que no parece haber una decisión definitiva, decisión que deberá adoptarse en el congreso del PSC ¡que se celebrará en diciembre!
Aquí es donde me he perdido. Las elecciones son en noviembre; pero no será hasta diciembre cuando el PSC decida si se integra en el grupo socialista o si forma grupo propio en el Congreso (y, supongo, en el Senado también). Quien en noviembre vote PSC no sabrá si los diputados que elegirá se integrarán en la disciplina del grupo socialista (PSOE) o si, por el contrario, formarán un grupo aparte que, con independencia de que, evidentemente, estará muy próximo al PSOE, actuará con independencia de criterio.
Esta incertidumbre no tendría mayor importancia si se asumiera hasta sus últimas consecuencias lo que es formalmente cierto: que el PSC es un partido distinto del PSOE. De hecho las declaraciones de Vallès son perfectamente coherentes en esta clave; esto es, se asume sin complejos que el PSC es un partido con programa y planteamientos propios, soberano en el juego político. El mensaje no puede ser otro que quien vota PSC vota PSC, no PSOE.
El planteamiento es, como digo, formalmente impecable; pero las dudas vienen de que la realidad no es tan clara. Basta pasearse por cualquier ciudad del extrarradio de Barcelona para darse cuenta de que muchos votantes del PSC lo son, en realidad, del PSOE. Muchos votantes ni siquiera se dan cuenta de que están votando a un partido distinto del PSOE. Por coherencia sería necesario explicar con mucha claridad a todos esos votantes que pensarán el 20-N que "votan a Rubalcaba" (cuando no que votan a Felipe, lo he oído más de una vez) que en realidad su voto va a un partido distinto del PSOE, a un partido que puede decidir, por ejemplo, que en el Congreso votará en ciertas cuestiones de forma diferente a lo que hará el PSOE.
Y esa tarea de explicación la tendría que hacer fundamentalmente el PSOE porque si el PSC marca con tanta claridad su personalidad propia, su diferenciación del PSOE, su perfil propio ¿por qué el PSOE no se presenta en Cataluña? La respuesta es clara: si PSC y PSOE se presentan por separado los dos perderán. Seguro que se tienen hechos estudios profundos sobre ese escenario; estudios que yo desconozco, pero que intuyo que indicarán que una parte de los actuales votantes socialistas se quedarán en casa ante la confusión generada; y una parte de los que vayan a votar se inclinarán por otras opciones (ni PSOE ni PSC). Parte de los votos actuales del PSC podrían irse a IC o a CiU y una parte muy importante iría al PSOE. El PSC seguramente bajaría, sin que pudiera compensarse esa bajada por la hipotética afluencia de votos "catalanistas" que no votaban a un PSC vinculado al PSOE pero que sí votarían a un PSC independiente. El PSOE, por su parte, evidentemente no capitalizaría todos los votos del actual PSC y la suma de los obtenidos por ambos partidos sería así inferior a la cantidad que se consigue actualmente. Como remate, esta disminución de votos tendría, probablemente, una repercusión mucho mayor en los diputados obtenidos ya que el sistema electoral español prima a los partidos grandes sobre los pequeños, y PSOE y PSC por separado serían probablemente dos partidos medianos en Cataluña que, incluso sumando sus diputados, se verían superados por CiU y quizás, hasta por el PP.
Ante este panorama no es extraño que ni PSC ni PSOE quieran aclarar sus posiciones. Lo lógico ante un planteamiento como el que está haciendo el PSC es que el PSOE se presentara en Cataluña; pero eso no pasará. Cuando se acerque el momento de las elecciones las dos partes harán votos por su unión sin fisuras sin reparar en que el PSC plantea "unas altas cotas de autogobierno" que, probablemente, no podrían ser aceptadas por los socialistas asturianos, gallegos, andaluces o madrileños si se tomaran en serio. El tema del grupo propio será aireado en Cataluña e ignorado por el PSOE en el resto de España confiando en que de esta forma la cosecha de votos en Cataluña, especialmente en Barcelona, sea máxima. Se intentará pescar a los más catalanistas con un planteamiento rupturista confiando en que, a la vez, el "votante PSOE" no se entere mucho de estas cuestiones. Para ese votante basta con el discurso sobre los peligros de la derecha y la eterna dialéctica "pobres/ricos".
Lo que más me molesta es que se nos tome por tontos.

sábado, 6 de agosto de 2011

¿Quién es el autor de Hamlet?

El otro día vi el cartel que anuncia la película "Anonymous", cuyo estreno está previsto para el otoño y que, parece ser, vuelve sobre la cuestión de la autoría de las obras atribuidas a Shakespeare. Como es sabido, desde hace bastante se cuestiona que una persona como Shakespeare (bajo origen, escasos estudios, poco latín y menos griego) tuviera los conocimientos y cultura necesarios para componer la pléyade de trabajos que integran una de las más esplendorosas (o, quizás, la más esplendorosa) aportación individual a la literatura occidental. Desde luego, doctores tiene la Crítica Literaria para debatir sobre esta cuestión, yo tan solo he leído una parte de la obra de Shakespeare (quizás diez o doce trabajos, no más) y no sé nada de crítica literaria; así que se me escapan buena parte de los argumentos que se emplean en debate sobre la mencionada autoría.
Es verdad que a mí también me extraña que una persona del perfil de Shakespeare hubiera asimilado el conocimiento de la historia de Inglaterra, de los clásicos latinos y griegos y de la ciencia política que muestran sus obras; y si tuviera que apostar apostaría que más tarde o más temprano se encontrará quién fue el verdadero autor no solamente de Hamlet, sino también de todo el resto de maravillosas obras atribuidas al actor de Stratford-upon-Avon.
Pero ¿cómo abordar esta búsqueda, más propia de Sherlock Holmes que de sesudos catedráticos de Filología? Una primera pista nos la da que Shakespeare deja de escribir abruptamente, o casi abruptamente. Una rápida consulta a la wikipedia confirma que la última obra no escrita en colaboración es "La Tempestad", que data del año 1611. Si esto fuera una película de detectives la conclusión es que el verdadero autor que se esconde tras Shakespeare (su ghost writer) habría muerto en 1611 o 1610 dejando sin materiales al actor y empresario. A partir de ahí solamente habría que consultar, también en la wikipedia, quien murió en Inglaterra en 1610 y en 1611 para encontrar una lista de candidatos a ser el verdadero Shakespeare. En principio, el auténtico autor debería ser una persona de relieve, porque no tendría explicación alguna que una persona de escasa presencia pública tuviera motivos para ocultarse tras la fachada de un actor de provincias.



Y la consulta de los fallecimientos acaecidos en 1610 nos aporta un nombre que podría resultar interesante, Richard Bancroft, arzobispo de Canterbury. Este Richard Bancroft tuvo una excelente formación, incluyendo una estancia en Cambridge. Nacido en 1544, obtuvo su doctorado en 1585, siendo ese mismo año nombrado tesorero de la Catedral de San Pablo, en Londres. En 1589, cuando Shakespeare comienza a dar a conocer sus obras se encuentra, por tanto, en Londres en una posición acomodada y de prestigio; pero que, desde luego, le imposibilitaba para ejercer de autor teatral. En caso de que tuviera veleidades artísticas le sería forzoso recurrir a alguien que quisiera prestarle su nombre, puesto que él mismo no podría nunca figurar como autor dada su condición eclesial. Ya hemos dicho que fallece en 1610, justo el año antes de que se represente la última obra de Shakespeare escrita en solitario y, sorprendámonos, en 1600 Richard Bancroft es enviado a Emdem (norte de Alemania) como miembro de una embajada dirigida a resolver ciertos problemas entre Inglaterra y ¡el reino de Dinamarca! Curiosamente, Hamlet, príncipe de Dinamarca, fue escrito entre 1599 y 1601. ¿Casualidad?
En fin, no sé si Richard Bancroft figura en la larga lista de personajes a los que se han atribuido las obras de Shakespeare. Si es así seguramente ya habrá sido refutada su autoría; si no está todavía en esa lista quizás mereciera la pena que alguien se detuviera a examinar la posibilidad de que el Arzobispo de Canterbury fuera el verdadero autor de las obras completas de William Shakespeare.

domingo, 24 de julio de 2011

La carrera perfecta

Quizás hoy hayamos visto una carrera de Fórmula 1 perfecta; perfecta para el espectador, claro. En el Gran Premio de Alemania se han dado casi todos los elementos que contribuyen a que la Fórmula 1 sea un deporte apasionante y no, como piensan muchos, "un mero ver a unos coches detrás de otros".
El primer requisito para que la Fórmula 1 sea divertida es que los coches se encuentren igualados. Evidentemente, si hay mucha diferencia entre un coche y el resto el espectáculo se resiente; para que pueda haber diversión tenemos que contar al menos con dos escuderías igualadas. En Alemania no han sido dos, sino tres. Ahora mismo Red Bull, McLaren y Ferrari tienen coches bastante próximos en prestaciones, por lo que se dan las condiciones para ver batallas interesantes.
Con los coches igualados el talento de los pilotos puede ser apreciado; y en este fin de semana hemos podido disfrutar de una pelea en la que el carácter y habilidades de cada piloto se han puesto de relieve. Si hay igualdad y los pilotos que están sobre la pista son buenos, son agresivos sin llegar a la locura, conocen el coche y saben gestionar una carrera el espectáculo está asegurado, tal como vimos hoy. En estas circunstancias uno tiene la sensación de que quien ha ganado es realmente el mejor piloto, el que ha sabido sacar más de su vehículo fajándose con otros pilotos que también son buenos y que también han intentado sacar lo mejor de los coches de los que disponen.
Finalmente, en la Fórmula 1 la estrategia es fundamental; si los vehículos están igualados y los pilotos pelean con uñas y dientes por cada posición la estrategia es un elemento que contribuye a convertir un combate de boxeo en una partida de ajedrez. Si no hay igualdad en los coches, si los pilotos no son buenos o simplemente no pelean la estrategia convierte la Fórmula 1 en una simple burocracia; si, en cambio, se dan los elementos anteriores (igualdad y lucha entre los pilotos) la estrategia y el box hacen la carrera aún más interesante.
Hoy, como decía, se dieron todos los elementos. La igualdad entre las tres primeras escuderías del Campeonato ya ha sido señalada; en cuanto a los pilotos, hemos visto una pelea excelente entre Hamilton, Alonso y Webber, por una parte; y entre Massa y Vettel, por otra; ya sin contar los muchos enfrentamientos singulares que se vivieron en el medio del pelotón y en las posiciones más retrasadas. Examinando estos enfrentamientos y el conjunto del fin de semana no me cabe duda de que quien se llevó la victoria fue el mejor piloto del fin de semana. Hamilton estuvo sublime en la calificación, llevando el coche más allá de donde parecía que podía estar (le sacó ¡un segundo! a su compañero Button); y luego en carrera mantuvo en todo momento la perfecta conjunción entre agresividad y cabeza fría. La pelea con Webber en la salida es miel en los labios para los amantes de la lucha cuerpo a cuerpo; mientras que la tensión entre él y Alonso durante la mayor parte de la carrera, pelea casi siempre en la distancia de unos cuantos segundos; es un goce para el estudioso de los tiempos vuelta a vuelta, de la forma de aprovechar la ventaja en los parciales que son ventajosos; de la increíble eficiencia de quien es capaz de repetir los mismo parciales vuelta tras vuelta, compensando el desgaste de los neumáticos con el menor peso del coche por el consumo de gasolina.
Alonso estuvo también fenomenal, sacando partido a un muy buen coche que, sin embargo, sufre cuando la temperatura es baja. Se le vio atacar en la distancia corta (adelantó en pista a Vettel y, si no me falla ahora la memoria, también a Hamilton, aunque luego éste le devolvió el adelantamiento) y mantener un ritmo constante para evitar los riesgos que podían venir desde atrás. Lo intentó con Hamilton, pero al final no pudo, quizás con problemas en el consumo de combustible. Webber, por su parte, superó a su compañero, que no es poco y a punto estuvo de asustar a Alonso en su arreón final en el entorno del último cambio de neumáticos. Quien desentonó en esta lucha fue Vettel. Se salió y luego pareció perder el ritmo durante buena parte de la carrera ¿estará nervioso? No debería, desde luego, con estar en el podio o en sus cercanías en el resto de carreras tiene prácticamente asegurado el título mundial. Toca jugar con la calculadora, como le venía a recordar su ingeniero durante la carrera.
Y, finalmente, la estrategia. Hoy hemos visto una hermosa batalla también en los muros. Seguramente la estrategia inicial sería la de dos paradas; sin embargo cuando Webber paró en la vuelta 14 Hamilton y Alonso variaron su estrategia; de nuevo le copiaron en su segunda parada (Webber en la 30, Hamilton en la 31, Alonso en la 32), mientras que Vettel y Massa jugaban con otra estrategia retrasando mucho más esa segunda parada. Dos estrategias diferentes sobre la pista, equipos que se copian unos a otros y, para rematar esa maravillosa vuelta final; el mensaje del ingeniero de Vettel a Vettel: "Haz lo contrario que Massa"; y la ¿equivocación? de Vettel que copia a Massa. Ambos habían estado peleando casi toda la carrera con Massa delante y sin que Vettel encontrase un hueco para adelantarle. Ambos tenían que cambiar neumáticos antes de que acabara la carrera para utilizar los compuestos más duros, que no habían montado hasta entonces. En la penúltima vuelta el ingeniero de Vettel (que va por detrás) le da la instrucción que acabo de recoger. Massa no entra en boxes y debía ser Vettel quien lo hiciera para así, al hacer algo distinto a Massa, tener una oportunidad para adelantarlo. Vettel, sin embargo, no entra, sino que sigue en pista. Ahora ya no queda otra que parar en la última vuelta; sabemos que tanto Massa como Vettel entrarán en boxes en esa última vuelta, y que entrarán con Massa por delante. Así sucede, sin embargo, los mecánicos de Vettel son más rápidos y consiguen que el alemán salga por delante del brasileño. Jarro tremendo de agua fría para Massa, que había peleado toda la carrera con Vettel para que, al final, sea la parada en boxes la que le haga perder la cuarta posición.
En definitiva, una carrera perfecta para el espectador: adelantamientos, iguldad, agresividad en los pilotos y varias estrategias sobre la pista ¿quién dice que la Fórmula 1 es aburrida?

miércoles, 13 de julio de 2011

Vivienda y trabajo

Leo una noticia que me deja un tanto preocupado. Parece ser que una promotora en Jaén ofrece un contrato de trabajo por tres años a quien adquiera un piso. En principio parece una buena idea, y seguramente lo es. La gente no se anima a comprar, entre otras cosas por la inseguridad en el trabajo, y aquí el propio vendedor resuelve el problema facilitando trabajo al comprador. De esta forma se estimula el mercado de la vivienda y se da cierta seguridad al trabajador que en los tiempos que corren falta hace. Hasta aquí, ningún problema. Todo suena bastante bien.
El problema -para mi- es que este tipo de ofertas va marcando una tendencia que me parece peligrosa; y para explicar el peligro que yo veo tenemos que remontarnos casi mil años; pero será una excursión corta, lo prometo.
Hace mil años la mayoría de la población en Europa Occidental era libre. Había siervos y esclavos, pero la mayoría de los campesinos eran libres para moverse de un lugar a otro, buscar nuevas tierras si les apetecía o dejar las que estaban cultivando. En el siglo XI, en un período relativamente corto, el lapso de una generación, todo cambió. Los poderosos del momento consiguieron que todas esas personas libres quedaran inexorablemente fijadas a la tierra que cultivaban, el poder público y el poder privado se confundieron y dio comienzo el feudalismo; una época en la que unos pocos abusaron de casi todos fundamentalmente a través de la imposibilidad de que las personas se desplazaran de las tierras que tenían atribuidas y de la imposición de monopolios (no se podía moler más que en el molino del señor feudal, no se podía utilizar más herrería que la del castillo, etc.).
¿Qué tiene esto que ver con la noticia con la que comenzaba? Pues que cierta relación hay entre los antecedentes del feudalismo y la situación en la que si uno quiere una vivienda ha de trabajar para la empresa que le facilita dicha vivienda. Es cierto que la libertad sigue existiendo: yo puedo dejar la vivienda, puedo dejar el trabajo y cambiarme a otro, etc. Pero estas libertades pueden convertirse en meramente teóricas: si la vivienda lleva aparejada una hipoteca de cuarenta años de la que no podré librarme ni siquiera entregando el piso y que me perseguirá allá donde vaya; si las condiciones del mercado laboral son tales que no tengo una posibilidad real de buscar un trabajo mejor ¿dónde se queda esa libertad formal de la que creo gozar? La situación no es tan diferente de la que se vivió en el siglo XI, en la que el golpe definitivo a la libertad vino precedido de múltiples pactos "voluntarios" por los que las personas quedaban inexorablemente ligadas a los que en poco tiempo se convirtieron en señores feudales.
¿Exagero? Ojalá. Como digo me preocupa que estemos asumiendo cambios que suponen una transformación profunda de la sociedad y un retroceso significativo de lo público (y, al fin y al cabo el feudalismo no es más que la sustitución del poder público por el poder privado, la confusión de ambos). Cuando ya no haya sanidad pública ¿qué no estaremos dispuestos a hacer por quien nos ofrezca medicinas para nuestros hijos? Cuando ya no haya educación pública ¿qué hará la sociedad con los inevitables analfabetos que resultarán de los hijos de quienes no dispongan de medios para pagar una escuela? Y si cuando se habla de reducir el estado de bienestar no se está hablando de menos médicos y de menos escuelas ¿de qué se está hablando?
De momento algunos ya están dispuestos a vincularse a una empresa que les encadenará con una hipoteca y con un trabajo en el que el empleador asumirá la doble posición de jefe y amo; porque que nadie se engañe, cuando se compra una casa con hipoteca el dueño de la casa es, en realidad, el banco. Siempre se había dicho en tono de broma, los desahucios recientes nos muestran que de broma, nada.

domingo, 10 de julio de 2011

El mayor placer de la vida

Leo a través del twitter de Jordi Sevilla una frase que procede de ifilosofia (otro twitter). La frase es la siguiente: "El mayor placer de la vida es hacer lo que la gente te dijo que jamás podrías hacer".
Yo no creo que este sea el mayor placer de la vida; pero lo que cuenta es que me vino a la cabeza lo que Genghis Khan decía sobre el mayor placer de la vida, el conquistador mongol pensaba que el mayor placer de la vida era "matar a tus enemigos, acostarte con sus mujeres y montar sus caballos". Desde luego, nada que ver con lo que plantea ifilosofia; y es que la contestación a esta pregunta, "¿cuál es el mayor placer de la vida?" no nos dice nada sobre su respuesta, sino sobre la persona que responde, un auténtico retrato de cada uno de nosotros a partir de la respuesta a una pregunta bien sencilla.

domingo, 26 de junio de 2011

Lo que muestran las palabras (a propósito de un fragmento de Jorge Semprún)

Sé muy poco de Jorge Semprún. Me llamó la atención su nombramiento como Ministro hace casi veinticinco años porque, aunque no había leído nada suyo, su nombre me sonaba como escritor, no como político. Me pareció brillante que un intelectual reconocido ocupara la cartera de Cultura y creo recordar que algunas de sus intervenciones llevaban un sello distintivo que lo alejaba del discurso habitual de los políticos. Mucho más tarde leí una novela suya, "Veinte años y un día"; que me dejó bastante frío y de la que ahora apenas me acuerdo. Su reciente fallecimiento hizo que su nombre se multiplicara en los medios, tanto en los clásicos como en ese inmenso y atractivo océano apenas explorado que es Internet. Pude leer algunas semblanzas de las que la mejor, para mi, es la escrita por Blanca Vilà; seguramente porque en ella el personaje es un instrumento para hablar no del pasado sino del futuro, del futuro de Europa, un concepto que Semprún no sé si personificaba, pero del que, al menos, era un reflejo destacado.
Desde hace un par se semanas, además, varias personas me han recomendado la lectura de un libro de Jorge Semprún, "Federico Sánchez se despide de ustedes"; que no sé si ha sido ahora vuelto a imprimir o relanzado con motivo, precisamente, del fallecimiento del escritor (la primera edición del libro es de 1993). La conversación que el jueves tuve con mi compañera Sandra Camacho me acabó de convencer de que tenía que leer el libro e inmediatamente me lo compré.
El libro me gustó mucho; está escrito con agilidad (y algún descuido también, ciertas repeticiones que ya no pueden pasar por recurso estilístico y alguna rima que quizás se deba a que el libro fue escrito originalmente en francés, tal como explica el mismo autor). En él se narra la experiencia de Semprún como Ministro de Cultura entre 1988 y 1991; aunque también se traen a colación historias o anécdotas de otras épocas. El libro es entretenido, vivaz y no exento de ideas atractivas, tanto sobre la política como sobre el arte (en particular, la pintura; me han llamado especialmente la atención los pasajes dedicados a "Las Meninas" y a "El Guernica", cuadros que me apasionan y a los que había dedicado una entrada hace años en este blog) y la historia. Como en toda buena obra se intuyen, además, desarrollos ocultos, variaciones no explícitas (quizás no percibidas por el mismo autor) que enriquecen la lectura. Así, por ejemplo (y hay muchos) la ingenua forma en que Semprún interpreta la negativa de Felipe González a leer con antelación el discurso que ha preparado para el acto de entrega del Premio Cervantes a Roa Bastos.
Creo que la obra da para mucho; pero aquí me quiero limitar a comentar un fragmento que me parece muy significativo. Es de esos párrafos que no solo permiten ofrecer una lectura alternativa del libro, sino también -ya que se trata de unas memorias- del propio autor/protagonista. En la edición que he leído (Fábula. Tusquets Editores, 2010) se encuentra en la página 150. Aquí Semprún se refiere a los artículos en que se le tildaba de "francés"; se negaba su españolidad y se mantenía que resultaba chocante que el Ministro de Cultura de España fuera un "francés" (las comillas son necesarias porque, evidentemente, la nacionalidad de Semprún no estaba en duda, sino su vinculación preferente con la cultura francesa y, más ampliamente, con Francia, en la que había desarrollado la mayor parte de su vida desde el comienzo del exilio). Cuando Semprún se refería a los autores de esos artículos escribe:

"Debo decir que me infundían más bien piedad. Veía sus firmas, todos aquellos Rodríguez y Gutiérrez acumulados, y me hacían reír. Yo podía remontar la filiación de mis apellidos hasta el alba de los tiempos históricos y ellos pretendían excluirme de España. Yo podía oír a don Quijote decirle a Sancho Panza el nombre de los Gurrea de Aragón entre aquellos de las nobles familias de la época, sabía que la sangre de los Gurrea corría por mis venas y los Gutiérrez y Rodríguez que me trataban de afrancesado podían irse a paseo.
Me daban lástima, sencillamente".

En fin, ¿qué añadir? Aquí vemos que Semprún considera relevante, aunque sea a efectos de determinar su españolidad, la pertenencia a una determinada familia, tan importante que podía rastrearla hasta el alba de los tiempos históricos. Lo que no debería pasar de ser una anécdota es convertido en un dato esencial para fijar su españolidad frente a "aquellos Rodríguez y Gutiérrez", que supongo que también son apellidos españoles desde "el alba de los tiempos históricos", por emplear la misma expresión que emplea Semprún. La diferencia entre el Rodríguez y el Gurrea es que este último pertenece a una familia noble, mientras que el Rodríguez no hace más que marcar que los antepasados del periodista fueron campesinos, carne de cañón, artesanos o comerciantes como mucho. Y esto es lo que hace reír al antiguo comunista, a Jorge Semprún, Federico Sánchez en la clandestinidad.
A la luz de este párrafo las ocasionales referencias que se hacen en el libro al abuelo de Semprún, Antonio Maura, y a su parentesco con la duquesa de Medina Sidonia adquieren nueva luz; aunque estas menciones están dichas de pasada (en passant) probablemente eran muy relevantes para Semprún. Su pertenencia a una determinada clase parece darle seguridad y, en ocasiones, una superioridad que casan mal con un pensador "de izquierdas". Ciertamente quizás no sea justo ir más allá e intentar determinar hasta qué punto este indudable condicionamiento psicológico alcanzó a su actuación como hombre público. Puede ser que ahora ni siquiera tenga interés objetivo hacer ese esfuerzo. O quizás sí; la biografía de Semprún es apasionante, su pensamiento, como digo, quizás no sea tan profundo como él creía pero, desde luego tiene interés y si bien como novelista puro no parece muy bueno (juzgo únicamente su novela "Veinte años y un día", la única que leí) estas memorias que he leído me han gustado lo bastante como para estar deseando leer su "Autobiografía de Federico Sánchez" y otros trabajos suyos. En cualquier caso creo que merece la pena escrutar en qué forma pudo llegar a ser Ministro de un gobierno socialista alguien que se muestra tan orgulloso de que por sus venas corra la sangre de una noble familia de Aragón citada en "El Quijote" y al que causan risa los Rodríguez y Gutiérrez por el hecho de no poder remontar su filiación "al alba de los tiempos históricos".


viernes, 24 de junio de 2011