domingo, 12 de mayo de 2019

Recuperar la UAB, recuperar la Universidad

En los últimos días hemos tenido dos noticias significativas respecto a la vida en la UAB y, por extensión, en la Universidad catalana. Por una parte, el Tribunal Superior de Justicia confirma que la decisión de la Rectora de la UAB de expulsar del directorio de colectivos a los estudiantes de Joves SCC-UAB (muchos de ellos ahora integrados en S'ha acabat!) vulneraba varios derechos fundamentales (no discriminación por razón de opinión, libertad de expresión, libertad ideológica y derecho a la educación). Por otra, se conseguía, finalmente, que la UAB borrara la significativa pintada con el lema "Independencia, socialisme i feminismo", acompañada de una bandera soviética y otra estelada, que presidía en un edificio de la Plaza Cívica la entrada a la UAB desde la estación de los ferrocarriles de la Generalitat.



La primera de las noticias nos retrotrae a la creación del colectivo "Joves SCC-UAB", hace más de tres años, y a cómo desde su aparición fue objeto de boicots constantes que llegaron a la agresión. La UAB no solamente fue incapaz de adoptar las medidas que garantizaran que todos los integrantes de la comunidad universitaria pudieran ejercer su libertad de opinión y de expresión, sino que, además, se procedió a expulsar al colectivo agredido del directorio de colectivos de la UAB, impidiéndole luego volver a inscribirse. Recurrida dicha decisión ante los tribunales estos dictaminaron que la expulsión vulneraba derechos fundamentales básicos y condenó en costas a la Universidad tanto en primera como en segunda instancia.
El segundo de los hechos nos remite a una situación que debería ser inusual: en un edificio público de la UAB lucía una pintada de una clara significación política que incluía, además, la firma del SEPC, un sindicato de estudiantes vinculado al nacionalismo y, además, extremadamente beligerante con los estudiantes que constitucionalistas boicoteados y luego expulsados, como colectivo, de la Universidad.
La falta de neutralidad de dicha pintada fue denunciada en varias ocasiones; pero la Universidad se ha negado sistemáticamente a retirarla. Dado que en período electoral la administración electoral es competente para ordenar directamente a las administraciones que velen por esa neutralidad de las instituciones, ha sido posible conseguir la retirada de la pintada; pero no sin que la Universidad se mostrara reticente a acatar las decisiones de la administración electoral y habiendo tenido que llegarse a la advertencia del recurso al Ministerio Fiscal para que la pintada fuera repintada.



Se trata de hechos graves. No creo que nadie pueda poner en duda que la declaración de que una Universidad ha vulnerado los derechos fundamentales de sus estudiantes es serio; y por ello sorprendente la falta de reacción de muchos partidos e instituciones -y de la propia Universidad- que han optado por no dar relevancia a la condena; lo que hace patente que para muchas fuerzas políticas la defensa de los derechos fundamentales y de los principios democráticos no es una prioridad.
Pero también lo es la permanencia de la pintada en la Plaza Cívica de la UAB. Para quienes duden de ello recordemos lo que implica que en un edificio público universitario luzcan la bandera soviética y una estelada acompañadas de la firma de un sindicato estudiantil que ha apoyado a quienes boicoteaban a estudiantes de esa misma Universidad. Imagínense lo que es para los miembros de la comunidad universitaria señalados por ese sindicato comprobar cada día el apoyo explícito de la institución a sus acosadores.
Más allá de lo anterior, resulta que la presencia en un edificio público de banderas soviéticas y esteladas supone una quiebra de la obligada neutralidad de todas las administraciones públicas, y esta es una obligación de la administración que no se limita al período electoral, puesto que el fundamento de esta obligación es el art. 103.1 de la Constitución, que no limita su aplicación al período que va desde la convocatoria de unas elecciones hasta la celebración de las mismas. Además, esta obligación de neutralidad de carácter general y no limitada a los períodos electorales ha sido establecida por los tribunales en varias decisiones relativas, precisamente, a la presencia de banderas esteladas en lugares de titularidad pública o en la adscripción de administraciones públicas a organizaciones cuyo fin era la promoción de la secesión de Cataluña. La continuada presencia de la bandera estelada en el edificio de la UAB era, por tanto, un recordatorio permanente de la quiebra de la legalidad y de la falta de neutralidad de la institución.
Así pues, tanto la condena por vulneración de derechos fundamentales como la orden de retirada de los símbolos partidistas presentes en edificios de la Universidad no son más que muestras de una situación de quiebra democrática que debería ser resuelta. En este sentido, es de lamentar que hasta ahora la Universidad haya actuado movida por decisiones judiciales, administrativas o por la advertencia de que el caso podría ponerse en manos de Fiscalía y no como consecuencia de una reacción interna; más allá de las denuncias interpuestas y que lo han sido por miembros de la comunidad universitaria. Esto es, la falta de reacción de las instituciones universitarias debería preocuparnos.
Porque si se ha tenido que recurrir a instancias externas ha sido como consecuencia de la inacción -en el mejor de los casos- de los propios órganos universitarios. El Sindic de la Universidad estaba al corriente de lo que sucedía, pues me consta que mantuvo reuniones sobre este tema y recibió denuncias en relación a él (yo mismo le presenté una), sin que su respuesta fuera más allá de defender la posición de la Universidad (negando, por ejemplo, que mereciera reproche la presencia de la pintada que la Junta Electoral Provincial ha ordenado retirar), absteniéndose de opinar sobre los temas que se encontraban sub iudice o negando que las tomas de postura de los órganos universitarios en relación al desafío nacionalista pudieran ser objeto de crítica alguna.
Comparto aquí la queja presentada en marzo de 2018 al Sindic de Greuges de la Universidad












Y la respuesta del Síndic





No puede negarse que se ha intentado resolver este problema dentro de la propia Universidad; pero los órganos de ésta se han negado sistemáticamente a reconocer la existencia de las carencias democráticas que aquí se explican. En este sentido es significativo que cuando ya se esperaba una sentencia que declararía la vulneración de derechos fundamentales por parte de la Universidad el Consejo de Gobierno de la misma emitió un comunicado... de apoyo al equipo de gobierno y de crítica a quienes habían denunciado la vulneración de sus derechos


No creo que éste sea el camino adecuado. A ninguno de los integrantes de la comunidad universitaria le gusta que su institución sea conocida por noticias como las que aquí se comparten; pero para evitarlo lo que hay que hacer es impedir que los órganos rectores de la Universidad hagan caer en ésta en actitudes que merecen el reproche de los tribunales o de la administración electoral. Yendo un paso más allá: es necesario que la comunidad universitaria se comprometa con firmeza en la defensa de los derechos fundamentales y de los principios democráticos.
Este compromiso no ha existido hasta ahora. Son pocos los profesores, estudiantes o PAS que se han manifestado en defensa de estos derechos. Son muchos lo que han permitido que se llegue a esta situación y que aún ahora negarán la evidencia: que se ha producido en nuestra Universidad la quiebra de derechos fundamentales básicos y se ha infringido la obligación de neutralidad de la institución que tiene su fundamento en el art. 103 de la Constitución. Y esto último no es una apreciación subjetiva mía, sino que está recogido en decisiones judiciales y en acuerdos de la administración electoral.
Y esto que pasa en la UAB no es específico de nuestra Universidad. En otras Universidades catalanas se viven situaciones parecidas, encontrándose, por ejemplo, en la web de alguna de ellas símbolos claramente partidistas.


¿Hasta cuándo permitiremos los universitarios que nuestros centros se aparten de aquello que es obligado legal, democrática y moralmente? ¿Hasta cuándo permitiremos el acoso a algunos de los miembros de la comunidad universitaria; la privación de derechos de una parte de nuestros estudiantes, profesores o PAS; la apropiación de lo que es de todos por los nacionalistas; las tomas de posición partidistas de los órganos universitarios? ¿Hasta cuándo fingiremos que todo lo anterior es normal o culparemos a los agredidos y boicoteados o a los que denuncian la vulneración de sus derechos?
Creo que es necesario que todos den (demos) un paso en la defensa de la democracia en nuestras universidades y convirtamos este tema en uno más de los que deben ser objeto de debate dentro de la Universidad.
Es necesario recuperar la UAB y el resto de Universidades catalanas, no para el constitucionalismo -si se quiere emplear ese término-, puesto que tanto constitucionalistas como nacionalistas tienen derecho a ser reconocidos por la institución; sino para la democracia.

lunes, 6 de mayo de 2019

El silencio



Hace algo más de tres años un grupo de estudiantes de la UAB vinculados a Societat Civil Catalana, creaban un colectivo que se inscribía en el directorio de la UAB. Un directorio en el que hay agrupaciones de estudiantes de lo más variado. Algunas con finalidades políticas, otras culturales, deportivos...


El propósito de estos estudiantes era trasladar a la comunidad universitaria el mensaje en el que creían: la secesión no convenía a Cataluña, Cataluña es una tierra diversa y España debe estar orgullosa de su diversidad.



Tenían también un firme compromiso europeo. No en vano la organización a la que pertenecían, Societat Civil Catalana, había recibido el premio "Ciudadano Europeo" que concede el Parlamento Europeo.







Nada de lo anterior fue posible. Desde su primera aparición pública los jóvenes constitucionalistas de la UAB fueron acosados, sus carpas boicoteadas, sus banderas robadas, rajadas y quemadas delante de ellos.
Su voz no podía escucharse porque era acallado por los gritos de quienes a sí mismos se califican, con un cinismo absoluto, de "antifascistas".

No es posible reproducir aquí la crónica de todos los asaltos que sufrieron. He recopilado lo que he escrito sobre ellos y puede encontrarse aquí.







Pero no era solo el acoso y el boicot. Junto a esto encontrábamos el silencio. No importaba la gravedad del acoso que hubieran (hubiéramos) sufrido: ni condenas institucionales ni siquiera solidaridad de los compañeros. Al revés, en ocasiones la acusación velada o franca de que lo que hacíamos era "provocar". ¡Qué poca idea se tiene de lo que es la democracia si se insinúa algo así! ¡qué interiorizado se tiene el fascismo en el que algunos crecieron cuando ante el golpe se mira con reproche al golpeado y no a quien golpea!
Pero se llegó más allá. Los estudiantes que habían sido acosados y boicoteados se encontraron con que la UAB había decidido expulsarlos del directorio de colectivos. Expulsarlos de la comunidad universitaria. La excusa que se puso fue que no habían cumplido con un trámite administrativo. Pacientemente solicitaron el reingreso y éste fue rechazado; entre otras razones por sus críticas al equipo de gobierno de la UAB.
Recurrieron la expulsión ante los tribunales. El año pasado el Juzgado de lo Contencioso Administrativo núm. 7 de Barcelona declaró que la expulsión del colectivo de estudiantes había supuesto la vulneración de varios derechos fundamentales: a no ser discriminado por razón de opinión, libertad ideológica, libertad de expresión y derecho a la educación.


Debería ser piedra de escándalo; pero no lo fue. Pocos días antes de la sentencia el Consejo de Gobierno adoptó un comunicado... de apoyo al equipo de gobierno de la UAB que suponía una recriminación a quienes denunciaban la vulneración de sus derechos fundamentales. En vez de preocuparse porque esa situación fuera enmendada y no se repitiera, el Consejo de Gobierno apoya a quien entonces estaba a punto de ser condenado por vulnerar los derechos fundamentales de los estudiantes.



Tampoco hubo reacción por parte del Gobierno o de la CRUE... Un silencio espeso y nauseabundo que daba cobertura a la exclusión y a la censura (son los términos de la decisión judicial).
La UAB, condenada en costas por el Juzgado de lo Contencioso Administrativo, recurrió la decisión. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha desestimado el recurso, confirmado la Sentencia dictada el año pasado y condenado a la UAB a unas nuevas costas.  No sé yo cuánto dinero público no habrá perdido ya la Universidad para litigar contra unos estudiantes cuyos derechos fundamentales, según la justicia, han sido vulnerados.

Y sigue el silencio. Y sigue en la UAB la pintada a favor de la independencia que encabeza esta entrada; y eso que hace casi un mes la Junta Electoral Provincial ordenó retirar las pintadas partidistas de los edificios públicos de la UAB.
Y este acoso, esta vulneración de derechos fundamentales y este silencio no son algo singular o anecdótico. Es lo que sucede en Cataluña de mil maneras diferentes cada día. Los catalanes sabemos qué es un régimen; y lo único que nos permite tener un asidero para luchar contra él son los tribunales, que aún son capaces de dictar sentencias en las que se declara que el boicot que sufrimos es contrario a Derecho, ilegal, injusto.
Pero no es suficiente. Estamos solos, y el silencio nos lo muestra cada día.
Lo peor es ese silencio.












domingo, 5 de mayo de 2019

Tere








Tere hacia 1948 con dos de sus sobrinos. Sí, esa niña seria que está de pie delante del coche a sus tres años ya tiene sobrinos.



















Primera Comunión. 1952.



En el Instituto, hacia 1958.















Al finalizar el Instituto, hacia 1960.
En la foto de abajo trabajando en ENSIDESA, hacia 1964.











Viaje de novios. En Madrid, septiembre de 1966


















En la playa, en el verano de 1968. El niño pequeño soy yo. Quien está con mi madre y conmigo es Ernesto, un amigo de la familia.













En la boda de mi tío Kicho. 1971.
























Con mi abuela Carmen en Covadonga. Año 1978.











En el día de mi boda, 24 de junio de 2002.











Con Cecilia, 27 de diciembre de 2003.















En agosto de 2008.












En junio de 2009, con Cecilia y Héctor.















En agosto de 2014. Seis de los que se ven en la foto descienden del abuelo de mi madre: dos nietas, un bisnieto y tres tataranietos.







En noviembre de 2018


Hoy es un día en el que muchos niños han entregado a sus madres murales, dibujos o escritos. También en mi casa. No es solo cosa de niños. También los mayores hacemos nuestros murales en homenaje a nuestras madres. Este es el mío, entregado en la distancia y a través de las redes sociales.
El sentimiento es el mismo que el de los niños. Intentar expresar lo inexpresable, esa relación que te une con quien te lo dio todo, te cuidó y mimó, alimentó y vistió, se preocupó y guió. Sentirse amado sin condiciones ni contraprestaciones.
Es cierto que, tal como me habían dicho, hasta que no eres padre no acabas de entender lo que tus padres sentían por ti. Hace años que lo vislumbré y sigo pensando que en esa relación que pasa de padres a hijos, de una generación a otra, está la clave de casi todo.
De casi todo