Libre

sábado, 3 de enero de 2015

Uvas y género (de transparencias y pajaritas)

Solamente había escrito una entrada antes en este blog sobre cuestiones de género ("Estrellas y perspectiva de género", hace más de dos años). Quizás no tenga una especial sensibilidad para estos temas (mea culpa), y podría ser que algunas cosas me escandalizasen menos de lo que debieran; pero con lo de las campanadas en la Sexta este año me he caído del caballo.

(Cristina Pedroche y Frank Blanco en La Sexta la Nochevieja del 2014)


Me tropecé de casualidad con la retransmisión y me sorprendió lo que vi. Y lo que me escandalizó fue la diferencia de estilo entre el presentador y la presentadora. Entiéndaseme, si ambos fueran de una guisa parecida, a medio vestir en el frío de la noche, pues no estaría ahora escribiendo esto; pero es que no había justificación para que ella, la presentadora, estuviera llena de transparencias mientras que él podría ir directamente de la transmisión a un club londinense a charlar con otros "gentlemen". Me pareció ofensivo, muy ofensivo; y añadiré, personalmente ofensivo, porque no se trata de una agresión (solo) contra las mujeres, sino (también) contra todos nosotros, tanto desde una perspectiva humana -porque asignar roles tan explícitos en función del género me parece denigrante- como cultural. Con frecuencia desde Occidente criticamos (y con razón) las imposiciones en la vestimenta según el género que se estilan en determinado países o entornos ¿nos damos cuenta de que la fotografía del miércoles por la noche es muestra también de una diferenciación de código de vestimenta en función del género que, además, y también claramente, tiene que ver con determinados roles sexuales?
No me extraña que hayan llovido las críticas sobre la puesta en escena (recomiendo, por ejemplo, este artículo en el blog "Genericidios"); aunque es de lamentar que otros se queden tan solo en que con el minidespliegue de ropa interior de la presentadora la Sexta consiguió subir su audiencia. Creo que merece una reflexión más profunda que no solamente se relaciona con la perspectiva de género, sino también con la función de los medios de comunicación que, no hemos de olvidarlo, aunque sean privados satisfacen un servicio público.

De la Sexta pasé a la 1. Ya decía que reconozco que quizás mi sensibilidad hacia las cuestiones de género no es excesiva; y quizás por eso a mi no me escandalizó especialmente la puesta en escena de la cadena de RTVE.


Es cierto que no es lo mismo llevar una capa sobre los hombros que una transparencia; pero en este caso no veo esa radical diferencia de estilos y roles que se apreciaba en la Sexta. Diría que tanto el presentador como la presentadora podrían ir después de las campanadas a la misma fiesta sin grandes problemas de etiqueta. Puede haber cosas más sutiles, como las que se apunta en el artículo de "Genericidio" que mencionaba hace un momento; sobre todo en lo que se refiere al papel que han de jugar unos y otros (ser escuchado y ser mirado, tal como ahí se indica); pero reconozco que en la 1 no sentí la repulsión que me produjo la Sexta con su explícita cosificación de la mujer. Una cosificación que también dice mucho sobre lo que la cadena piensa de su audiencia.