Canto de ira y fuego 2018

domingo, 11 de marzo de 2018

Médicos, maestros y ejércitos europeos

El gasto militar anual de los 27 países de la UE (excluyo ya el RU en esta lista y en toda la exposición) es de unos 160.000 millones de euros. Es una cantidad enorme, más del doble de lo que gasta Rusia en defensa, aunque tan solo supone un 25% de lo que dedica Estados Unidos a sus ejércitos.
En cualquier caso, la pregunta es qué se consigue con ese gasto militar, un gasto que supone para cada uno de los 440 millones de europeos dedicar 363 euros anuales a defensa. La respuesta es que si todo ese dinero se dedicara a un único ejército probablemente estaríamos ante unas fuerzas armadas con cierta capacidad y eficacia. Tan solo hay que pensar que esos 160.000 millones de euros son más de tres veces el presupuesto de defensa de Francia, un país que opera submarinos y portaaviones (portaavión en realidad) nucleares. Ahora bien, lo que sería una enorme cantidad para un solo ejército puede resultar asombrosamente ineficiente si la dividimos entre 27 fuerzas armadas. Pondremos un par de ejemplos:
- En los 27 países de la UE hay cuatro buques capaces de operar aviones de combate: un portaaviones francés, dos portaaviones italianos y el Juan Carlos I español. Dado que estos buques requieren largos períodos de mantenimiento podría darse la circunstancia de que los cuatro buques tan solo 1 o 2 pudieran ser operados en caso de necesidad. De hecho, el portaaviones francés permaneció inoperativo durante el año 2017 para proceder a su modernización.
- Casi cada país parece tener la necesidad de contar con algún destructor o fragata. Entre los 27 estados europeos hay más de cien buques que pueden encuadrarse en estas categorías, una cantidad semejante a la de buques de ese tipo de Estados Unidos. Claro que los buques europeos pertenecen a clases diferentes, construidos en períodos muy variados y seguramente con capacidades muy diferentes ¿no sería más conveniente tener menos buques, más homogéneos y más eficaces?



Seguramente podrán encontrarse más ejemplos y quizás haya abundantes estudios sobre este tema: cómo las economías de escala que se conseguirían con uno único ejército europeo podrían permitir maximizar la eficacia del gasto de defensa europeo. Parece intuitivamente evidente que si en vez de 27 ejércitos nacionales la UE dispusiera de un único ejército europeo los 160.000 millones de euros anuales en defensa serían mejor aprovechados.
Pero, además, no creo que deba descartarse que incluso consiguiendo una mayor eficacia en la defensa se pudiera introducir un ahorro significativo en los gastos militares. ¿No sería suficiente para un ejército europeo un presupuesto igual a la suma de los presupuestos de defensa de Francia, Alemania e Italia, los tres países europeos con presupuestos militares más elevados? La suma de los gastos anuales de defensa de estos tres países es de algo más de 100.000 millones de euros; es decir, 60.000 millones menos que lo que actualmente se gasta.
Mi impresión es que el presupuesto de defensa de un ejército europeo que desplazara a los ejércitos nacionales actuales podría ser, incluso, inferior a esos 100.000 millones de euros anuales (el gasto de defensa de Rusia es de 70.000 millones de euros anuales); pero quedémonos en esos 100.000 millones de euros, que supondrían un ahorro anual de 60.000 millones de euros, lo que supondría de media, que el gasto per cápita en defensa en Europa pasaría de 363 euros anuales a 227 euros, un ahorro medio de más de más de 130 euros por persona, que en el caso de algunos países sería aún más significativo (el gasto medio actual per cápita de Francia, por ejemplo, es de 681 euros). En el caso de otros países el ahorro per cápita sería menor. Así España, por ejemplo, tiene actualmente un gasto per cápita anual de 260 euros, por lo que la creación del ejército europeo tan solo supondría un ahorro de algo más de 30 euros por persona y año.



¿Qué supondrían esos 30 euros por persona y año en el caso de España? Si decidiéramos dedicar ese ahorro a partes iguales a educación y sanidad, 15 euros por persona supondrían, por ejemplo, que en mi municipio, de 25.000 habitantes, dispondríamos de 375.000 euros más cada año, que nos permitirían contratar más de 12 maestros adicionales a los actuales, 2 para cada una de las escuelas e institutos del pueblo.
En cuanto a sanidad, si consideramos el área sanitaria de nuestro entorno más inmediato, la atendida por los hospitales de Mollet y de Sabadell, y que abarca aproximadamente a 300.000 personas, esos 15 euros por persona suponen 4.500.000 euros, suficientes para contratar a unos 150 médicos más para CAPS y hospitales.
Incluso con unas cifras como estas las implicaciones sociales de un ahorro como el planteado serían significativas en el caso de España.


Ciertamente, no son pocas las dificultades que plantea un ejército europeo, y entre ellas una no menor es que si se quiere que sea un ejército de verdad Francia tendrá que transferir a dicho ejército europeo su capacidad nuclear; ahora bien, la situación actual como hemos visto es que Francia, con una fuerzas armadas que sobre el papel tienen activos importantes, no goza de los recursos suficientes como para que dichas fuerzas armadas estén permanentemente operativas, tal como ya se ha comentado y, además, ha de asumir un gasto per cápita en defensa que inevitablemente lastra su economía y sociedad. Con un ejército europeo, como hemos visto, el gasto per cápita en defensa en Francia pasaría de 681 euros a 227; es decir, un ahorro de más de 450 euros por persona. Incluso incrementando los gastos sanitarios y educativos en la misma medida que en España aún quedarían 400 euros per cápita de ahorro; 26.400 millones de euros anuales de ahorro, más de un 1% del PIB de Francia.



Se trata, por supuesto, de decisiones de calado; pero no se trata de elegir entre seguridad, educación o salud. Un ejército europeo nos daría más seguridad con menos coste y permitiría aumentar la inversión en otros ámbitos. Lo único que impide este avance es la tensión entre la unificación europea y el mantenimiento de unas políticas nacionales que son caras e inefectivas.

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