Un libro

sábado, 3 de septiembre de 2011

De sentencias y leyes

Parece que el virus de Zapatero se extiende a los miembros de su Gobierno. Hoy me han sorprendido las declaraciones del Ministro de Justicia en relación al auto del TSJC que establece un plazo de dos meses para que la Generalitat de Catalunya adopte las medidas precisas para que el castellano sea lengua vehicular en la enseñanza en esa Comunidad Autónoma. Según recoge entrecomillada La Vanguardia, el Ministro dijo que "las sentencias son para casos concretos" y que "lo que regula la conducta general de todos se llama ley, no sentencia".
Vamos por partes. Es cierto que lo que regula la conducta general es la ley, entendida "ley" no en sentido estricto (las leyes que elaboran las Cortes españolas y los Parlamentos de las Comunidades Autónomas) sino en sentido amplio, incluyendo junto a las leyes en sentido estricto las normas generales que dictan las Administraciones, lo que se conoce como Reglamentos. Tanto la ley en sentido estricto como las normas reglamentarias regulan la conducta general. Hasta aquí nada que objetar (así interpretado).
Lo que causa estupor es que este carácter general de la ley se utilice para hacer resaltar que las sentencias son para casos concretos, como queriendo excluir que por una sentencia se pueda modificar lo que establece una norma general. En el contexto en el que se dice la frase parece dirigida a mantener que el auto del TSJC (y la sentencia del TS que se ejecuta por medio de ese auto) solamente tendrá relevancia para las concretas familias que impugnaron, pero sin que pueda afectar al sistema educativo catalán en su conjunto, pues este está regulado por ley y no puede ser cambiado por una sentencia. Este, como digo, parece ser el sentido de la contraposición que hace el Ministro entre lo que hace la ley (regular la conducta general de todos) y lo que hace la sentencia (resolver los casos concretos).
Pues si esto es lo que quería decir el Ministro se olvida (y es mucho olvidar) que la jurisdicción contencioso-administrativa (la que dictó la sentencia de la que trae origen todo este follón) puede anular disposiciones reglamentarias, esto es, leyes en el sentido en el que utiliza la expresión el ministro. O sea que sí que es posible que una sentencia afecte a la conducta general; no regulándola directamente, sino anulando la norma que hasta la sentencia regulaba esa conducta general. Además, tampoco hay que olvidar que en nuestro sistema jurídico incluso las leyes en sentido estricto pueden ser anuladas por el Tribunal Constitucional. Cuando se trata de una ley en sentido estricto (no una norma reglamentaria) los tribunales no pueden anularla, tan solo el Tribunal Constitucional tiene esa potestad; pero esta posibilidad de anulación de la ley por el Tribunal Constitucional (del que fue Letrado el Sr. Caamaño) bien claro deja que las sentencias pueden afectar a la conducta general.
Por si lee esto alguien que no haya estudiado Derecho, le diré que todo lo que he explicado hasta aquí es materia más que sabida por los alumnos que hayan completado el primer curso de la carrera; se trata de cuestiones que, con frecuencia son explicadas en los primeros meses de la materia Derecho Constitucional. Creo que ahora se entenderá el estupor que me causaron las palabras del Ministro; y no tanto por su condición de Ministro; sino porque el Dr. Caamaño ha sido Letrado del Tribunal Constitucional y es Catedrático de Derecho Constitucional. ¿Será que la cercanía con el Sr. Zapatero tiene  el efecto de eliminar los conocimientos que se tuvieran con anterioridad al contacto con el todavía Presidente del Gobierno?

2 comentarios:

Joan Calsapeu dijo...

Rafael, la hipòtesi que planteges a la fi del post en forma de pregunta, em sembla plausible. I vet aquí que aquesta relació Caamaño-Zapatero em recorda un acudit que circulava fa anys sobre la guàrdia civil. El resumeixo.

Un home vol convèncer una amic seu, guàrdia civil, que compri uns peixos singularíssims, perquè són "neurotransmissors": en contacte amb una intel·ligència superior, la imiten. L'home fa una demostració: fica un dit dins la peixera, sacseja el braç esquerre i els peixos fan el mateix amb l'aleta esquerra. Admirat, el guàrdia civil s'anima a fer ell la prova: fica un dit dins la peixera... i ja me'l tens boquejant talment fos un lluç.

Salutacions!

Rafael dijo...

Hola Joan, ¡qué satisfacción verte por aquí! No sé si alguna vez he comentado en tu blog; pero lo sigo por recomendación inicial de un buen amigo mío y doy la enhorabuena por la coherencia, el interés y, sobre todo, por lo bien escrito que ésta. No conozco el catalán lo suficiente como para poder decir esto con ninguna autoridad, pero creo que tu talento y la riqueza de tu lenguaje llegan a poco que te manejes en la lengua.
Conocía el chiste en otra versión y es uno de los que más repito; pero no se me había ocurrido que pudiera explicar lo de Caamaño; pero ahora que leo tu comentario creo que sí; que curiosamente a veces la en teoría mente superior se somete a la también en teoría inferior. Un abrazo.