New York Times

domingo, 28 de octubre de 2012

Sobre la gobernanza universitaria (II)

En la entrada anterior sobre gobernanza universitaria aventuraba que quizás uno de las debilidades actuales de la Universidad española, la escasa empleabilidad de sus graduados, fuera más culpa del entorno económico que de la propia Universidad y concluía que quizás fuera más adecuado centrarse en las causas que explican que con menos recursos que Universidades de otros países se alcance un nivel de formación semejante. Finalizaba formulando la hipótesis de que esta diferencia entre el input que recibe la Universidad (recursos) y los resultados obtenidos (formación de los graduados) se explica por un elevado número de profesores con sueldos mileuristas, lo reducido del personal de administración y servicios y las muchas horas de docencia de los profesores universitarios españoles. Si esto es así podemos sacar algunas conclusiones sobre cómo se podría modificar en la organización de la Universidad para ser todavía más eficientes; pero dejémoslo de momento aquí porque antes tenemos que examinar otras cuestiones.



Una clara deficiencia de la Universidad española es lo retrasado de su posición en los diferentes rankings internacionales. La preocupación por este dato está presente en los medios de comunicación cada vez que se publica alguno de estos rankings y se constata que no hay ninguna Universidad española entre las cien primeras o las doscientas primeras del Mundo. Ahí comienza el "interrogatorio" a la Universidad por las razones que explican que estemos tan mal situados en tales rankings y, usualmente, se acaba echando la culpa a la mala organización de la Universidad, la endogamia, la falta de internacionalización, etc. y desde la Universidad se suele responder pidiendo más recursos. En cualquier caso se trata de un debate que no es fructífero, pues no permite avanzar en lo que parece ser el objetivo implícito en las demandas de la sociedad y los anhelos de la sociedad: que las Universidades españolas estuvieran mejor situadas en los rankings internacionales.
Mi planteamiento es que si éste es realmente el objetivo así tiene que formularse. Esto es, tiene que decirse claramente que lo que deberíamos conseguir es que las Universidades españolas subiesen posiciones en estos rankings e, incluso establecer objetivos concretos (situar a tal Universidad entre las cincuenta primeras del Mundo o entre las cien primeras o entre las diez primeras).
La siguiente pregunta es la de cómo conseguir este objetivo. Adelanto ya que la que podría parecer intuitivamente la respuesta fácil y clara: aumentar la calidad de las Universidades tiene muy poca utilidad, porque aparte de ser una generalidad susceptible de múltiples interpretaciones no tiene gran cosa que ver con el objetivo pretendido. Si el objetivo es que, pongamos por caso, la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona) se sitúe entre las cincuenta primeras del Mundo en un determinado ranking lo que debemos hacer es ver qué es lo que mide el ranking para ajustar la programación a las exigencias de dicho ranking.
De lo primero que hay que ser conscientes es de que los rankings internacionales utilizan distintas metodologías y miden diferentes variables (puede consultarse aquí y aquí una buena reflexión sobre la naturaleza de los distintos rankings universitarios); deberemos considerar cuáles nos interesan y estudiar su metodología para ver a partir de ahí en qué forma se pueden mejorar los indicadores que van a ser considerados. Evidentemente siempre puede pasar que te varíen la metodología, pero supongo que la variación no será nunca total y que podrá ir ajustándose la programación a las variaciones metodológicas que utilice el ranking de que se trate.
Quizás alguien se sorprenda de un planteamiento como el que hago y piense que cómo vamos a ajustar la política universitaria a los vaivenes de quien realiza el índice de Shangai o del Times Higher EducationWorld University Rankings. Recuerdo que no es mi propuesta, sino la conclusión lógica e irrefutable de plantearse como objetivo de la política universitaria que las Universidades españolas estén situadas en los más altos lugares del ranking. En una segunda fase se verá si dicho objetivo es compatible o no con otros; aquí tan solo se trata de determinar racional y objetivamente qué ha de hacerse para poder estar en las posiciones más altas de dichos rankings.

Aquí es imposible ni siquiera esbozar cuáles deberían ser las actuaciones para conseguir ascender en los múltiples rankings existentes; me limitaré a lanzar un par de ideas en relación a uno solo de tales rankings; uno de los que acabo de mencionar, el Times Higher Education World University Rankings. En su última versión las primeras Universidades españolas en la clasificación son la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Barcelona y la Universidad Politécnica de Catalunya, también de Barcelona, situadas las tres entre los puestos 201 y 225 del mundo (a partir del puesto 200 la clasificación se hace por bloques de 25). De acuerdo con el ranking referido únicamente a Universidades europeas resulta que hay 84 Universidades europeas por delante de las primeras españolas. Estas Universidades europeas son en su mayoría británicas (31). Hay también universidades holandesas (12), alemanas (11), suizas (7), francesas (6), suecas (5), belgas (4), danesas (3), finlandesas (1), irlandesas (1) y austriacas (1). En todos estos países la inversión por estudiante universitario y año es superior a la que hace España (consúltese el Informe de la OCDE sobre educación y, en concreto, la tabla de la p. 203), por lo que podría responderse que tendríamos que probar a aumentar la inversión en educación para que mejoraran los resultados, pero, evidentemente, esta es también una respuesta demasiado simple.
Un planteamiento algo más riguroso exigiría, tal como adelantábamos, consultar lo que miden los indicadores (el indicador, una vez que hemos reducido el examen al Times Higher Education World University Rankings, THEWUR por abreviar). La metodología que utiliza este indicador puede consultarse aquí y como veremos hay algunos ítems en los que es relativamente fácil incidir, otros en los que es fácil identificar cómo influir aunque más complejo conseguir tal incidencia y otros que es difícil incrementar de forma directa, aunque sí por vías indirectas o como consecuencia de la mejora de otros indicadores.



El ranking THEWUR mide cinco áreas: enseñanza, investigación, citas, innovación e internacionalización. Cada una de estas áreas se compone de distintos índices.
Si comenzamos por el área de enseñanza vemos que el resultado de este apartado se basa en primer lugar en el resultado de una encuesta dirigida a más de 16.000 académicos en todo el mundo. El resultado de esta encuesta supone el 15% de la nota final de la Universidad. El siguiente ítem que se mide es la ratio profesores/alumnos. El resultado de esta relación supone un 4,5% de la nota total. Evidentemente cuantos menos sean los alumnos por profesor mejor será la calificación en este apartado. El siguiente ítem que debe ser considerado es la relación entre alumnos de grado y alumnos de posgrado. Una mayor presencia de alumnos de posgrado supone también una mejor calificación en este apartado que supone un 2,25% de la nota final. También se tiene en cuenta en este apartado de enseñanza el número de doctorados obtenidos en la Universidad así como el número de investigadores postdoctorales en relación al número total de alumnos y de profesores. Un alto número de doctorados y de investigadores postdoctorales también hace subir la nota en este apartado que supone un 6% del resultado final. Finalmente se mide la financiación de la Universidad dividida por el número de profesores que tiene. Cuanto más alta sea la inversión por profesor mejor será la nota en este apartado, que supone un 2,25% de la calificación final que obtendrá la Universidad.
Como puede verse, los ítems de este apartado ya nos dan algunas pistas sobre qué se podría hacer para mejorar la posición en este ránking. Poca capacidad de incidencia directa se tiene en las entrevistas que se hace a los académicos; aunque podría pensarse que una mayor internacionalización, las facilidades para que investigadores extranjeros nos visiten y la organización de reuniones internacionales incidiría en una mejor nota en este apartado, aunque siempre de forma indirecta. Más fácil es incidir en otros índices. Así, por ejemplo, en la ratio profesor/alumno (solo hay que aumentar el número de profesores o disminuir el de alumnos) o la inversión por profesores (solo hay que aumentar la inversión o disminuir el número de profesores). Sin hacemos una consideración conjunta de los dos ítems que acabamos de considerar resultará que mejoraremos en los ránkings si, manteniendo la financiación actual, hacemos descender tanto el número de profesores como de alumnos; pero en mayor medida el número de alumnos que de profesores o si, por el contrario, mantenemos el número de alumnos pero aumentamos el número de profesores y la financiación que recibe la Universidad dividida por el número de profesores. O sea, o menos alumnos o más profesores y más dinero para la Universidad, tan sencillo como eso.
También se puede incidir en el número de estudiantes de posgrado, en los doctorados obtenidos y en el número de investigadores postdoctorales. Una reforma en los planes de estudio que lleve a que el grado sea de tan solo tres años y convierta en prácticamente "obligatorio" el posgrado implicará muy probablemente una mejora de la ratio entre alumnos de grado y de posgrado. Conseguir un mayor número de lectura de tesis doctorales es más difícil y debería conseguirse de forma indirecta (mejor planificación del doctorado, concesión de becas y ayudas, etc.). Finalmente, el contar con un número relevante de investigadores postdoctorales depende en gran medida de las ofertas que haya. Una mayor inversión en este punto facilitaría que se realizaran más contrataciones de investigadores postdoc. La posibilidad de atraer candidatos del extranjero pasa por intensificar los contactos internacionales y la participación en las redes transnacionales. Para conseguir esto es precisa financiación y que los profesores dispongan de tiempo no dedicado a las clases para llevar a cabo estas tareas, con lo que, de nuevo nos encontraríamos con la necesidad de contratar más profesorado y reducir las horas de dedicación docente, tema sobre el que volveremos más adelante.

El ranking THEWUR mide también la investigación, y para ello utiliza tres ítems. De nuevo aquí la parte más importante de este indicador procede de las entrevistas hechas a académicos de todo el Mundo (más de 16.000 según se indica en su página web). Este ítem vale un 18% en la nota global. El segundo ítem en este apartado es la inversión en investigación, considerando la paridad de poder adquisitivo y el número de profesores. Esto es, se mide -grosso modo- el dinero del que dispone cada investigador de la Universidad. Este ítem tiene un peso en la nota final de un 6%. El tercer indicador se basa en la producción científica, cuenta un 6%, toma como base los artículos publicados en revistas indexadas por Thomson Reuters y tiene en cuenta también el tamaño de la Universidad; esto es, se mide la productividad de sus investigadores, no el número total de publicaciones.
De nuevo aquí hay factores en los que se puede incidir y otros en los que no. En lo que se refiere a las entrevistas poco se puede hacer aparte de lo que ya se indicó en relación a estas mismas entrevistas cuando fueron mencionadas en el apartado de enseñanza. Evidentemente el factor de inversión es relativamente fácil de alterar; basta con aumentar la inversión en investigación o, alternativamente, mantener la inversión pero disminuyendo el número de investigadores para que así la ratio de inversión por investigador suba. Finalmente está el tema del número de publicaciones. Aquí hay que tener en cuenta un primer factor sobre el que volveremos más adelante, se trata de que los profesores dispongan de tiempo y medios para publicar. Si el profesor tiene una carga alta de gestión y de docencia dispondrá de menos tiempo para investigar y, por lo tanto, producirá menos artículos o publicaciones de otro tipo, o publicará las mismas pero de inferior calidad. Como digo volveremos sobre este tema más adelante, en la tercera entrega de estas entradas sobre gobernanza universitaria.
El segundo factor que tiene que tenerse en cuenta es que no se valoran todas las publicaciones, sino solamente aquellas que figuran en el índice que elabora Thomson Reuters. En función de la especialidad cada uno tendrá su propia valoración acerca de la fiabilidad de la selección que realiza Thomson Reuters. En el caso de mi especialidad, Derecho, la lista me plantea algunos problemas. Solamente encontramos revistas en inglés (por vía de excepción hay alguna revista en castellano); lo que deja fuera a la rica bibliografía jurídica que se publica en francés, alemán, italiano, castellano, etc. De hecho si examino el listado de revistas jurídicas que allí aparecen encuentro muchas de las que uso habitualmente, pero me faltan muchas más de las que están. Objetivamente no creo que se pueda decir que los trabajos científicos que se publican en esas revistas sean mejores que los que se publican en revistas no incluidas en el índice de Thomson Reuters. Creo que, por ejemplo, el comentario que la Common Market Law Review (que si está en el índice de Thomson Reuters) publicó sobre la STJUE de 6 de octubre de 2009 (As. C-123/08, Dominik Wolznburg), publicado en el núm. 3 del año 2010 de la mencionada revista (pp. 831-845) no es superior a otros comentarios que han aparecido en otras revistas o, incluso, el que Miquel Gardeñes y yo mismo colgamos en el blog del área de DIPr de la UAB.
Pero, en fin, esto es secundario. Con independencia de que los índices respondan más o menos a criterios de calidad lo cierto es que si el objetivo es que la Universidad suba posiciones en esos rankings los profesores deberán optar por publicar en revistas indexadas, lo que implica que o bien aquellas en las que se publica habitualmente pasan a ser incluidas en el índice (y seguro que se pueden llevar a cabo actuaciones orientadas en esa dirección) o bien los profesores optan por no remitir sus trabajos más que a estas revistas (y también existen mecanismos para orientar hacia ese objetivo).

El tercer ámbito que es considerado por THEWUR es la influencia de la investigación. Este factor es medido a partir del número de citas que reciben los trabajos publicados por los profesores de la Universidad que se valora y cuenta un 30% en la nota final. De nuevo aquí el elemento clave son las publicaciones que aparecen en el índice de Thomson Reuters, pues solamente éstas serán consideradas a efectos de identificar las citas que se realicen por lo que se pueden realizar las mismas apreciaciones críticas que acabamos de ver y también el mismo diagnóstico: se hace preciso que las revistas de los ámbitos en los que se mueven los investigadores de la Universidad se incluyan en esos listados, muy escorados hacia el mundo anglosajón, lo que quizás esté justificado en materia de físicas, matemáticas, medicina o geología; pero de más difícil explicación en materia de ciencias sociales.

THEWUR mide también la innovación (2,5% sobre la nota global) y que, propiamente, mide la transferencia, ya que se consideran los ingresos que recibe la Universidad de la industria, teniendo en cuenta el número de profesores; esto es, cuanto mayor sea el ingreso por profesor derivado de pago de royalties, dictámenes u otras formas de transferencia mayor será la nota que la Universidad consiga en este apartado.
De nuevo este es un factor que solamente de forma indirecta puede verse alterado. Que la industria (o más en general, la sociedad) recurra a la Universidad depende en gran medida de lo sofisticado de sus necesidades. Una economía que no se base en la innovación no recurrirá a la Universidad, por lo que probablemente el resultado de este ítem no será alto. En cambio Universidades que operen en ámbitos donde el desarrollo económico tiene como eje la investigación y la creación de valor añadido recibirán más ingresos de empresas e instituciones, por lo que se verán beneficiadas en este índice.

Finalmente, THEWUR mide el nivel de internacionalización de la Universidad. Aquí se tiene en cuenta, en primer lugar, el porcentaje de alumnos internacionales respecto a los nacionales. Cuanto mayor sea el porcentaje de alumnos procedentes del extranjero mayor será la nota en este apartado, que vale un 2,5% en la nota final. También se tiene en cuenta la procedencia del profesorado. Si el número de profesores provenientes del extranjero es alto se obtendrá también una buena calificación en este apartado, que cuenta también un 2,5% sobre la nota final. En este apartado el tercer ítem que se tiene en cuenta es el número de publicaciones hechas por profesorado de la Universidad que cuenta con un coautor internacional. Este ítem se valora también con un 2,5% sobre la nota final.
Como se puede ver, no es sencillo incidir de una manera directa en la mejora de los ítems de este apartado. Conseguir que vengan alumnos del extranjero puede potenciarse por medio de mecanismos de información y difusión; pero se tratará siempre de una incidencia indirecta. Lo mismo en lo que se refiere a la atracción de profesores extranjeros. El que se ofrezcan unas buenas condiciones económicas y de trabajo es requisito necesario pero no suficiente para conseguir atraer talento. Finalmente, la consecución de un número mayor de coautorías internacionales no es sencillo pues dependerá en gran medida de los usos de cada ámbito académico, aunque es claro que facilitar los intercambios internacionales, las estancias de investigación y la participación en redes transnacionales servirá para sentar las bases de una mejora en la calificación de este ítem.

En definitiva, vemos cómo la mejora en los rankings internacionales puede conseguirse, por una parte, mediante una serie de medidas que directamente afectarán positivamente a esos rankings; y por otra parte, mediante actuaciones que favorezcan el que se den las condiciones de que dicha mejora en los ítems medidos se de. En lo que se refiere a las primeras medidas, las que afectan directamente a los ítems medidos, el aumento de la financiación por estudiantes es la más clara; ya que esto no solamente supondrá una incidencia directa en la calificación final de la Universidad, sino que también implicará, probablemente, una disminución del número de profesores por alumno (lo que también se valora positivamente). El aumento en la contratación de investigadores postdoctorales también supondrá una mejora en el ranking, así como el aumento de los alumnos de posgrado, lo que podría conseguirse mediante reformas en el plan de estudios.
La mejora en los índices relativos a investigación requiere dotar a los profesores de tiempo para dedicarse a esta tarea y, sobre todo, de políticas que favorezcan que los medios en los que habitualmente se publica pasen a ser considerados por Thomson Reuters. La alternativa, publicar tan solo en las revistas que aparecen en el índice de Thomson Reuters puede ser adecuada en determinados ámbitos científicos, pero no es realista en otros.
Finalmente, la mejora en otros índices (innovación e internacionalización) puede hacerse solamente de forma indirecta; siendo necesario que se articulen medidas concretas que, teniendo en cuenta los ítems valorados, planteen propuestas que permitan presumir mejoras en tales índices (campañas de difusión de la Universidad, incentivos a la contratación de profesores extranjeros, mejora de las condiciones económicas que conviertan en atractiva la Universidad para investigadores procedentes de otros países, etc.).



Con lo anterior solamente quería poner de relieve el tipo de análisis que me parece que necesitamos. No se trata de construir frases bonitas con palabras que suenan bien; sino de identificar el objetivo que queremos conseguir para luego con rigor determinar qué se puede hacer para conseguirlo. Si de lo que se trata es de que la Universidad suba en el Times Higher Education World University Rankings lo que hay que hacer es lo que acabo de indicar: repasar cada uno de los 13 ítems que se consideran y ver en qué forma se puede mejorar cada uno de ellos. Por cierto, en ninguno de ellos ha salido para nada el tema de la organización de la Universidad, cuestión que de forma directa no afecta al tema que nos ocupa y cuya incidencia indirecta no es tampoco evidente. Veremos si en la siguiente entrega se aclara el por qué de tanta preocupación por la organización de la Universidad cuando por lo visto hasta ahora poco tiene que ver con calidad de la docencia que se imparte ni con la posición de la misma en los rankings internacionales.

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