Ley y política en Cataluña

viernes, 19 de octubre de 2012

Tendencias, tendencias...

Leo con gran interés el artículo que publica en El País Joan Majó en el que analiza las tendencias sobre la evolución de las grandes economías del Mundo en las próximas décadas. El autor parte de la situación actual y toma en cuenta las proyecciones sobre evolución del PIB que realiza el Banco Mundial para dibujar el escenario del Mundo en el año 2015, 2020, 2040.
En el año 2011 el ranking de potencias por su PIB (a paridad de poder adquisitivo) es el siguiente:

1- EEUU: 15,3 billones de dólares.
2- China: 11,4 billones de dólares.
3- Japón: 4,4 billones de dólares.
4- India: 3,7 billones de dólares.
5- Alemania: 3,1 billones de dólares.
6- Rusia: 2,4 billones de dólares.
7- Reino Unido: 2,3 billones de dólares.
8- Francia: 2,2 billones de dólares.

Como puede verse, ya en la actualidad nos encontramos con que los países europeos han abandonado los lugares privilegiados que en estas clasificaciones habían mantenido desde hace un siglo o siglo y medio. El primer país europeo, Alemania, se encuentra en el puesto 5, estando por delante de todos los países europeos no solamente Estados Unidos y Japón, sino también China y la India.
La previsión para el año 2040 es la siguiente:

1- China: 45 billones de dólares.
2- EEUU: 34 billones de dólares.
3- India: 28 billones de dólares.
4- Brasil: 8 billones de dólares.
5- Japón: 7 billones de dólares.
6- Rusia: 6 billones de dólares.
7- México: 6 billones de dólares.
8- Alemania: 5 billones de dólares.
9- Reino Unido: 5 billones de dólares.
10- Indonesia: 5 billones de dólares.
11- Francia: 5 billones de dólares.

De acuerdo con esta previsión dentro de veintiocho años la primera potencia europea ya no será Alemania, sino Rusia, y estará situada en el sexto lugar del ranking mundial. El primer país de la UE será Alemania en el puesto octavo. En los cinco primeros lugares encontramos tres países asiáticos (China, India y Japón) y dos americanos (Estados Unidos y Brasil). A partir de estos datos Joan Majó se pregunta si el siglo XXI será el siglo de Asia tras haber sido el siglo XX primero el siglo de Europa y luego el de Estados Unidos.
De acuerdo con los datos de los que disponemos y de la evolución de las diferentes economías en las últimas décadas pocas dudas tiene que haber de que efectivamente el siglo XXI será el siglo de Asia y también, aunque en menor medida, de otros Estados americanos diferentes de Estados Unidos, en concreto de Brasil y de México. Quizás esto pueda sorprender a muchos europeos demasiado acostumbrados a una visión eurocéntrica del Mundo; pero no debería causar excesivo estupor a quien esté familiarizado con la Historia Mundial. Si observamos ésta con una perspectiva suficiente veremos que "lo normal" es que Asia, y más en concreto la India y China, estén en los primeros lugares de la economía mundial; siempre ha sido así y tan solo en un corto período que no llega a doscientos años estas dos grandes potencias se han visto superadas por las naciones europeas.
Con frecuencia se explica la Historia del Mundo desde el fin de la Edad Media como un progresivo e inexorable avance de Occidente. El Renacimiento es presentado como una etapa de gran desarrollo técnico, intelectual y económico que sitúa a Europa en una posición de predominio sobre otras áreas del Globo que irá acrecentándose durante los siglos siguientes hasta llegar a lo que parecería ser la culminación natural de la Historia: una Europa hegemónica que, agotada, había pasado el testigo a su hijo predilecto, Estados Unidos, la Europa al otro lado del Atlántico que continuaría la obra civilizadora e imperial de las naciones del Viejo Continente.



Este es un dibujo apto para niños, pero que no responde a la realidad. Lo cierto es que la producción industrial del conjunto de Europa era todavía inferior a la de la India en el año 1750, y a la de China ¡en el año 1820! Reparemos en el dato: si sumamos la producción industrial de todos los países europeos durante la época de las Guerras Napoleónicas, cuando ya se había iniciado la Revolución Industrial en el Reino Unido, aún sería inferior a la producción industrial de China. Estados Unidos, por su parte, solamente superó en producción industrial a la India en 1865 y a China 10 años después (los datos están tomados de R.B. Marks, Los orígenes del mundo moderno. Una nueva visión, Barcelona, Crítica, 2007, p. 181).



No es cierto, por tanto, que la preponderancia europea estuviera marcada por el destino y fuera fruto del superior desarrollo tecnológico (y mucho menos del científico y cultural). En verdad la conquista de la India a mediados del siglo XVIII por los ingleses algo tuvo que ver con el desmantelamiento de la hasta entonces próspera industria textil india, y si China cayó en manos de las potencias occidentales entre finales del siglo XIX y comienzos del XX no fue porque la "atrasada" China se tropezara con el "desarrollado" Occidente, sino porque a mediados del siglo XIX China sufrió una terrible guerra civil que causó ¡entre veinte y treinta millones de muertos! (J. Gernet, El Mundo Chino, Barcelona, Crítica, 1999, p. 487) y que, como se puede uno imaginar, dejó el país casi completamente arrasado.



En definitiva, la hegemonía de Occidente no deja de ser un accidente en la Historia que mucho tiene que ver con la capacidad militar de las Naciones Europeas debida en parte al éxito de la construcción nacional que se desarrolló durante la Edad Moderna y Contemporánea, construcción que permitió una toma centralizada de decisiones, la acumulación de capitales y el mantenimiento de ejércitos potentes y bien armados (merced a la incorporación de las innovaciones que resultaban de la floreciente industria). La explotación de los recursos provenientes de América seguramente también tuvo mucho que ver con el auge de los tradicionalmente pobres y poco significativos territorios europeos. Ahora estas circunstancias bonancibles para Europa han pasado: los recursos de América son explotados por los propios americanos, que parecen ya capaces de desligarse del pesado yugo de las políticas coloniales y neocoloniales (y de ahí que no deba sorprender el desarrollo ya no solo de Estados Unidos, sino también de Brasil y México), y Asia vuelve a ser lo que siempre fue: la zona más rica, desarrollada y poderosa del Planeta.




La conclusión que ante este panorama saca Joan Majó es clara: Europa debe unirse para poder seguir jugando un papel global en un Mundo en el que la tendencia parece haberse girado en su contra. En el año 2040 el producto interior bruto de la UE se encontraría aún entre el de EEUU y el de la India; es decir, si la UE fuera realmente un Estado (o equivalente) todavía sería la tercera potencia mundial y los europeos podríamos aún ser protagonistas de nuestro destino y no meros instrumentos en manos de las corrientes económicas y sociales que se pactarían o decidirían en Delhi, Pekín, Washington, Tokio o Brasilia. Es muy claro que nuestra única opción es la unidad.
Y entre tanto no somos capaces ni de ponernos de acuerdo sobre cómo gestionar la crisis de la banca y de la deuda soberana. ¡Porca miseria!




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