Ley y política en Cataluña

sábado, 9 de julio de 2016

Moneda de cambio


¿Cuántas décadas llevamos los catalanes siendo moneda de cambio para facilitar el gobierno de España? Desde los años 80 del siglo XX en “Madrid” se ha renunciado a ejercer con responsabilidad las competencias que el Estado tiene en esta parte del territorio nacional que se extiende (simplificando) entre el Ebro, los Pirineos y el Mediterráneo.



Lo que sucede en Cataluña es cosa de “los catalanes” -parecen pensar en la Meseta-; o, lo que es lo mismo en la concepción de la política que se tiene en Madrid, de "los nacionalistas"; y lo mejor es que allí metamos la nariz lo menos posible. Nos basta con pactar puntualmente un apoyo parlamentario aquí o allí a cambio de dejar que los nacionalistas hagan en “su” tierra lo que les venga en gana.



Así se ha dejado pasar la inmersión en la enseñanza, las multas por rotular en castellano, una administración que destaca por su corrupción (y ya tiene eso mérito en España), las esteladas hasta en la sopa y un largo etcétera de atropellos que han llegado incluso a la abierta rebelión de la Generalitat materializada en la realización de la consulta del 9 de noviembre de 2014.



En “Madrid” nada de esto parece importar mucho. Que unos cuantos millones de compatriotas estén sometidos a una administración que ha hecho explícito que actúa y actuará al margen de la ley, que les impone a un régimen educativo en el que la lengua materna de la mayoría de los catalanes, que, además, es oficial se encuentra proscrita; que las administraciones dediquen dinero de todos a promover la destrucción del Estado, que la policía amenace con volverse contra los ciudadanos, que se permita que los ayuntamientos coloquen banderas secesionistas en las plazas públicas… nada de esto provoca un solo fruncido de cejas allí donde residen las instituciones que deberían proteger y velar por el interés de todos los españoles.
Ciertamente -se nos dice- al fin y al cabo los independentistas son los que ganan las elecciones en Cataluña y, por tanto, es con ellos con quienes tenemos que tratar para conseguir esos escaños que nos hacen falta para gobernar. ¡Vaya! los escaños de los independentistas, esos 17 escaños que han conseguido en las últimas elecciones y que tanto pueden interesar ahora para formar gobierno. ¿Y los otros 30 escaños que obtuvieron fuerzas no nacionalistas? Los 11 escaños que obtuvieron C’s y el PP en Cataluña ¿para qué nos sirven? Los 7 escaños obtenidos por el PSC, seguramente a partir de votos no nacionalistas (conozco unos cuántos de sus votantes y, desde luego, de nacionalistas no tienen nada) ¿son inútiles? Los votos que los catalanes damos a partidos que no defienden el quebrantamiento de la ley, el enfrentamiento entre los catalanes y de estos con el resto de los españoles, la ruptura de nuestra comunidad política, todos estos votos ¿carecen de valor? Parece ser que sí, que los catalanes no nacionalistas somos nulos políticamente, una mera papeleta que dará un cheque en blanco a quienes luego con ella negociarán con los nacionalistas para seguir asegurando una silla aquí o allí.



Creo que en Madrid no son conscientes de la tensión que se vive en este país, creo que no asumen lo que implica que sobre tu cabeza penda la amenaza de una independencia que sería desastrosa también para el conjunto de los españoles, pero que a quienes primero afectaría es a quienes aquí, en Cataluña nos veríamos convertidos en extranjeros o bien perderíamos la posibilidad de seguir siendo ciudadanos en el resto de España. Creo que en Madrid no son conscientes de lo que implica ver cómo tus derechos son pisoteados y que con una sonrisa cínica la administración que debería protegerlos se limita a recomendarte que acudas a los tribunales, donde siempre habrá una instancia más que interponer entre tu derecho y su efectivo ejercicio.
Creo que en Madrid no se asume que cada vez que alguien habla de Cataluña identificándola con los nacionalistas y, por tanto, olvidando a los millones de catalanes que no desean la secesión, estos sienten un dolor sordo que cada vez es más insoportable.
Creo que en Madrid no se dan cuenta de que las cosas ya no serán como antes, porque los catalanes no nacionalistas estamos cada vez más hartos de ser tan solo una moneda de cambio.
Este tipo de propuestas o manifestaciones son un insulto para quienes cada día defienden una Cataluña que participe en el proyecto español y europeo, una Cataluña alejada del enfrentamiento y de la división, una Cataluña que desea un funcionamiento normal y democrático de sus instituciones.
Un insulto.

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