sábado, 1 de febrero de 2014

El fin del Oasis catalán

Cuando llegué a Cataluña a mediados de los años noventa me incorporé al masivo juego de rol en el que participábamos todos o casi todos los habitantes del país.
Se trataba de un juego divertido y complejo (en Cataluña -como me dice un compañero- las cosas no son nunca lo que parecen y nunca parecen lo que son) en el que partíamos de algunos elementos de la realidad para construir una representación, para levantar una sociedad distinta a la real que, al menos a los efectos del juego, sustituía a ésta.
Como digo todos (casi todos) participábamos en la representación. Cataluña es una Comunidad Autónoma dentro de España; pero todos hacíamos como si España no existiera, como si fuera un accidente o una circunstancia irrelevante. En la televisión oficial, la previsión del tiempo se ofrecía asumiendo que el verdadero encaje de Cataluña son "los Países Catalanes", y así recibía un tratamiento más detallado la previsión de Alicante que la de Zaragoza o Madrid (situadas en el mismo plano que la de París o Roma). Las banderas españolas estaban reducidas al mínimo y todos (o casi todos) asumían que quien de verdad nos representaba en el fútbol o en otros deportes era el Barça, no la selección española.
La lengua mayoritaria de los catalanes es el castellano; pero en las administraciones autonómicas o locales, en las escuelas y hasta en las asociaciones de vecinos parecía que lo "normal" era solamente utilizar el catalán para cualquier comunicación que tuviera el mínimo aspecto de oficial. En el Parlamento de Cataluña solamente se hablaba en catalán y se suponía que si era posible las presentaciones o intervenciones oficiales deberían ser también en catalán. Por ley se estableció también que la rotulación de los establecimientos debería hacerse también en catalán.
La realidad es que la historia de Cataluña es una parte de la historia de España; pero todos (o casi todos) asumían la ficción de que eso no era así. Así, en Cataluña la guerra de la independencia no se llama así, sino "la guerra del francés" y todas las representaciones medianamente oficiales del pasado catalán asumen que Cataluña es una entidad que tan solo por vía de enfrentamiento se ha relacionado con el resto de España (con España en la terminología propia del juego de rol al que me refiero). La integración de Cataluña en la Corona de Aragón se disimulaba mediante la invención de una inexistente "Corona Catalano-Aragonesa", etc.
Se trata de una situación curiosa: una serie de sobreentendidos y ficciones crean una ilusión en la que todos participan y en la que todos tienen un papel. Los términos del debate político se mueven tan solo en los límites de este "mátrix", pues si alguien no lo acepta es excluido como un apestado o, para ser más precisos, como si fuera alguien "que no entendiera la realidad". Esto sucedió cuando se creó "Ciutadans" (C's). Recuerdo que entonces "Polònia", ese programa imprescindible para asumir los elementos estructurales del "mátrix", describía a los promotores de la formación como marcianos que precisamente por serlo desconocían cuál era "la realidad". No les faltaba razón. C's rechazaba participar en el juego de rol y, por tanto, para quienes en él chapoteaban eran ajenos -los fundadores de C's- a la "realidad"; esto es, propiamente a la ficción de quienes habían creado ese espectacular decorado que era la política catalana.
Desde afuera a ese inmenso escenario en el que todos (casi todos) parecían sentirse tan cómodos se le denominó "el Oasis catalán". En realidad era tan solo un decorado que, como en la maravillosa película "El Atlas de las Nubes" escondía paredes grises entre suelos y techos bastos y oscuros.


Quizás el Oasis hubiera podido mantenerse indefinidamente; pero hace unos años comenzó a resquebrajarse; algo pasó que lo cambió todo. Quizás el desmoronamiento viniera de que CiU fuera expulsada del gobierno de la Generalitat en 2003, quizás ese fue el primer "fallo de programación" que desestabilizó todo el software (aún recuerdo la perplejidad entonces de algunos políticos de CiU que se mostraban casi indignados por verse obligados a realizar un traspaso de poderes a otro partido, como si se tratase de un acto contra natura); quizás; pero no es seguro, porque las primeras señales inequívocas de que el escenario había cambiado se produjeron en 2010, con motivo de la disparatada reacción a la Sentencia del TC sobre el Estatuto de Autonomía de 2006 y se confirmaron en 2012 con el inicio de la campaña por la independencia de Cataluña a la que se ha sumado el Gobierno de la Generalitat y todo su aparato más una parte significativa de periodistas e intelectuales.
En los últimos dos años el "Oasis" ha cambiado de naturaleza. En primer lugar se ha intensificado la alteración de la realidad que se deriva del escenario diseñado por los creadores del "matrix". Los ejemplos podrían multiplicarse, pero baste recordar cómo se pretende, contra todas las evidencias, que una Cataluña independiente permanecería en la UE o que el Derecho internacional ampara el derecho a la autodeterminación de Cataluña (y ahí está el bochornoso espectáculo de la falsificación de la decisión del Tribunal de La Haya sobre la decisión de Kosovo).
Esta profundización en la ilusión no es, seguramente, fruto de la casualidad. Durante décadas en Cataluña se actuó como si no se fuera parte del Estado español. A partir de 2012 se pretende que esa ilusión se convierta en realidad. Ahora bien, de nuevo esa transformación se pretende que sea también obra de la ilusión. La dureza e incertidumbres de un proceso tan traumático como es la separación del Estado en el que se ha estado integrado durante siglos se presenta como un acontecimiento casi trivial y sin consecuencias. El método del "Oasis" debe adquirir así una nueva función, pero, mucho más compleja. Mientras se mantuvo en los límites del Estado español la ficción catalana contó con la aquiescencia del resto del Estado, quien también actuó en el marco de esta recreación (véase, por ejemplo, cómo se tolera que el grupo de CiU en el Congreso se denomine "Grupo Catalán", favoreciendo así la identificación de Cataluña con una determinada opción política, o el escasísimo interés del Estado por conseguir la aplicación de las decisiones judiciales que obligaban a que el castellano estuviera presente en la educación pública catalana). Cuando el "mátrix" pretende alcanzar el ámbito internacional es preciso que sean cómplices otros Estados y las instituciones internacionales. La ausencia de esta complicidad se ve compensada con una labor de propaganda para mero consumo interno que llega al ridículo. Se trata de un intento que casi parece desesperado por mantener la realidad alejada de ese mundo ideal en el que se pretende que se desarrolle el debate político y social.
Porque al pretender convertir en real la ficción, al adentrarse por la senda de la independencia es más probable que los espectadores rechacen participar en la función. Muchos hemos abandonado el juego de rol en los últimos dos años. Participamos en él durante lustros o décadas porque pensábamos que quizás era un forma inteligente de conseguir un equilibrio en la sociedad catalana que permitiera mantener el status quo; pero esa misma complicidad se nos antoja imposible cuando el juego pasa a convertirse en real. Podemos disfrutar con la simulación de un combate de esgrima; pero si nos damos cuenta de que las espadas carecen de botón y los filos están preparados para cortar es probable que entreguemos nuestros disfraces y rechacemos participar en la obra. Para una parte cada vez mayor de catalanes la realidad se está convirtiendo en el auténtico escenario de su vida, una realidad en la que no has de forzar la utilización del catalán, en la que no has de esconder que te sientes representado por las instituciones del Estado, en la que pides explicaciones por el sistema de inmersión que hace prevalecer por razones nacionalistas a una lengua sobre la materna de la mitad de los catalanes, etc. Una parte cada vez mayor de los catalanes ha decidido dejar un juego de rol en el que, como sucede a veces en las novelas de misterio, te acabas dando cuenta de que los muertos son de verdad.
Para muchos catalanes, en cambio, esa transformación en realidad del juego es el resultado de una aspiración largamente sentida. Durante décadas estos catalanes jugaron a algo en lo que creían mucho más que sus compañeros de partida. Seguramente para esos catalanes este es el momento histórico que deseaban y en el que se acercan a su objetivo final: la independencia de Cataluña. Para ellos "el Oasis" solamente ha sido una etapa necesaria pero frustrante, pues impedía presentar con total claridad sus propuestas. Quizás ha sido el hartazgo de los diseñadores del juego lo que ha precipitado los acontecimientos que vivimos. Quizás.
El resultado de todo ello es que ya no tenemos un escenario común en el que movernos. Es probable que quienes asumieron sin mayores problemas una prevalencia del catalán en las aulas que, sin embargo, para ellos no era esencial; sean ahora reacios a admitirlo. Quizás quienes asumieron como una necesidad la protección del catalán ya no la consideren como tal. Cabe la posibilidad de que quienes rechazaron la utilizaron de los símbolos del Estado en Cataluña reclamen ahora su presencia. Frente a estos los convencidos de la independencia plantearan ésta como un resultado irrenunciable.
En medio de ellos solamente quedan ya los restos del Oasis, que son un montón de mentiras cada vez más grandes a las que me refería un poco más arriba que pronto, seguramente, serán abandonadas por inútiles y nos quedaremos solamente con el crudo enfrentamiento de dos voluntades.
El Paraíso ha sido clausurado.




6 comentarios:

Anónimo dijo...

Uno de los textos más lúcidos y estremecedores que he leído sobre la catástrofe que está a punto de suceder en Cataluña y España. Yo mismo he jugado a este juego de rol.

Anónimo dijo...

El oasis se acabó cuando Extremadura, Andalucía , Murcia y otras comunidades autónomas españolas alcanzaron el mismo desarrollo y nivel de vida que los catalanes,porque los catalanes les habían impedido desde el siglo XIX tener este nivel de vida, al apropiarse ellos los catalanes de todas las industrias y oportunidades de modernización. Desde los años 80 los andaluces,murcianos, etc, han aprendido cómo hay que llevar sus negocios y sus empresas al esilo actual y desde entonces el oasis catalán se ha acabado, porque Cataluña ha pasado a ser una comunidad autónoma española más como las otras, sin nada de especial, que es lo que joroba a los independentistas, siempre acostumbrados a que los catalanes fueran los más ricos y avanzados de la Península.

Unknown dijo...

Jugué al mismo juego, llegué a creermelo, pero dejé de jugar hace ya unos años.
Para mí una muy interesante lectura en la que me siento identificado. Para otros, versos satánicos.

Anónimo dijo...

Brillante ¡¡¡

Jaime M.G. dijo...

Buenisimo, me saco el sombrero.

crcarova dijo...

Un análisis muy lucido.Espero que lo lean independentistas inteligentes