Canto de ira y fuego 2018

sábado, 27 de enero de 2018

El editorial que me hubiera gustado leer

El día 25 de enero la redacción de Crónica Global fue atacada por unos encapuchados, que realizaron pintadas y rompieron cristales. Unas horas después, Arran, la organización juvenil de la autodenominada izquierda independentista, ¡reivindicó el ataque!



Debería causar estupor que una organización legal reivindique una actuación ilegal que supone, además, la utilización de la violencia con fines políticos. Es de tal gravedad la desvergüenza de quienes hacen alarde de que consideran la violencia como legítima en la actuación política que lo que ahora causa estupor y vergüenza es lo limitado de la reacción tanto de los medios de comunicación como de las fuerzas políticas. Echo en falta, por ejemplo, un editorial que exprese la contundencia con la que los demócratas han de rechazar la violencia política y la determinación con la que las fuerzas democráticas han de comprometerse a impedir que el debate público se vea condicionado por quienes creen que la coacción a los adversarios políticos resulta admisible en nuestra sociedad. Un editorial que dijera mas o menos lo que sigue:

"El pasado jueves unos encapuchados atacaron la sede del medio digital "Crónica Global". Lo que podría haber sido un acto de vandalismo como otros que, por desgracia, se suceden en Cataluña, cambió de dimensión cuando Arran, la organización juvenil independentista reivindicó el ataque. En el documento que se publicó en su página de facebook se indica que el ataque tiene como fin "poner sobre la mesa el papel de algunos medios de comunicación" en lo que para ellos es encubrimiento de grupos neonazis y ataques fascistas, refiriéndose, en concreto, a la cobertura de las manifestaciones convocadas por Societat Civil Catalana, las multitudinarias y pacíficas manifestaciones de octubre en las que cientos de miles de personas salieron a la calle para reclamar el fin del proceso secesionista y la devolución del Estado de Derecho a Cataluña.
Estremece que con naturalidad se admita la utilización de la violencia, y más cuando esta violencia se dirige a un medio de comunicación y para forzar un cambio de su línea editorial. Supone un atentado inadmisible a los principios más básicos en el debate democrático. Ciertamente, es posible discutir sobre si resulta jurídicamente tolerable que se viertan acusaciones falsas como las que se incluyen en el comunicado en relación a "Crónica Global"; pero no deberían existir dudas sobre la gravedad de dar el paso de intentar envenenar el debate público con mentiras que pretenden estigmatizar a quienes se oponen al nacionalismo, a utilizar la violencia como herramienta política.
Este paso obliga a una condena contundente y unánime de las fuerzas democráticas, que han de exigir a la justicia que actúe para estudiar las responsabilidades penales que puedan derivarse del ataque y de su reivindicación, sin descartar tampoco la ilegalización de Arran en tanto que organización que utiliza y defiende la violencia como instrumento.
Más allá de esto, es necesaria una acción decidida que expulse de la vida política a quienes no son merecedores de ocupar el espacio público. Arran tiene vínculos con partidos como la CUP y con organizaciones juveniles como el SEPC que han mostrado ya sobradamente sus nulos escrúpulos para la utilización de la violencia como herramienta de acoso contra quienes discrepan del nacionalismo. Hemos visto cómo se atacaban sedes de partidos políticos no nacionalistas y también a SCC en el campus de la UAB, campus en el que se tolera que el símbolo del SEPC luzca en los edificios públicos de la Universidad.
La tolerancia institucional o política hacia quienes utilizan la violencia es inadmisible, y este rechazo ha de extenderse a quienes defienden esa utilización. Finalmente, tal como vimos hace lustros en relación al terrorismo etarra, tampoco aquellos que rechacen condenar dicha violencia han de ser admitidos a la vida política.
Detengamos ahora la violencia en Cataluña, antes de que tengamos motivos para lamentar haber tolerado lo intolerable".

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