Antifascistas

domingo, 15 de noviembre de 2009

Poder fáctico, poder político

El estupendo blog "europe@s" es fuente constante de ideas y debates en torno a la Unión Europea. En su último post (por el momento) "Un presidente (democrático) para Europa" se han planteado algunos temas de discusión que me parecen realmente interesantes. Como el comentario que tendría que escribir al respecto sería demasiado largo, me aprovecho de dicho debate para escribir este post.
Son muchos los temas que han ido saliendo entre el post y los comentarios al hilo de la designación del próximo Presidente del Consejo Europeo. En este post me referiré tan sólo a uno de ellos: la localización del obstáculo a la elección directa de un Presidente Europeo. Mi planteamiento es el de que son las élites políticas de los Estados las que recelan de una elección directa; fundamentalmente por la pérdida de poder que supondría para los Estados y por las incógnitas que plantea la creación de un espacio político realmente europeo.
Frente a esta opinión, Emilio sostiene que no son los políticos, sino los poderes fácticos que operan a la sombra los que se opone a tal elección directa. Tales poderes fácticos estarían contentos con una Europa más débil políticamente que les permitiría "ir colando" normativas tendentes a favorecer la libre circulación de capitales y mercancías.
La incidencia de los poderes fácticos en los políticos es un viejo tema; Emilio plantea que la situación es diferente ahora y en el siglo XIX. Mientras en el siglo XIX el poder político controlaba a los poderes fácticos ahora sería a la inversa, debiendo buscar, por tanto, en tales poderes las auténticas razones que explicaran el actual déficit democrático en la elección del Presidente del Consejo Europeo.
A mi me parece que esta dialéctica "poderes fácticos/poderes políticos" puede ser útil; pero, en cualquier caso, es excesivamente esquemática. Poderes fácticos hay muchos; están las empresas, aisladamente o agrupadas de varias formas, están las asociaciones de consumidores, los medios de comunicación, las administraciones... dependiendo del ámbito en el que nos encontremos identificaremos mil y una formas en las que quienes no tienen el poder formal de decidir inciden en quienes sí tienen ese poder. Los ejemplos son muy antiguos. En la Inglaterra del siglo XVIII los fabricantes de productos textiles consiguieron imponer un fuerte arancel a los tejidos que provenían de la India con el fin de preservar su industria; y luego decidieron, directamente, ocupar la India y desmantelar su industria. Aquí el poder político obró como longa manu de claros intereses económicos, los de los fabricantes ingleses de productos textiles.
En el seno de la Unión Europea la influencia de los grupos de interés está ampliamente contrastada y estudiada. Es muy conocido que cuando el Reino Unido se incorporó a la Comunidad Europea presionó para que en la normativa sobre competencia judicial se reconociera la posibilidad de que en los contratos de grandes seguros se permitiera la elección de tribunal, cosa que hasta entonces no estaba permitida. Las grandes aseguradoras marítimas británicas (Lloyds) estaban detrás de esta medida. De igual forma, más recientemente, los grupos mediáticos han presionado (y conseguido) que los daños derivados de la difamación en medios de comunicación haya sido excluida de la regulación comunitaria en materia de responsabilidad extracontractual.
Los ejemplos pueden ser tantos como los que se quiera y no muestran más que algo evidente: que todo el que tiene capacidad de influencia (mayor o menor) intenta utilizarla frente a quien hace las leyes. Es así y ni siquiera lo valoro negativamente, es algo que forma parte de la dinámica de toda sociedad. Otra cosa es cómo se pretenda conseguir esa influencia. Una cosa es intentar convencer a quien tiene el poder de las ventajas o inconvenientes de determinada política y otra es sobornar o coaccionar a quienes tienen la responsabilidad política. Lo primero es saludable y lo segundo delictivo.
Ahora bien, lo que no tengo claro es que estos poderes fácticos estén impidiendo la profundización en la construcción Europea. En primer lugar no sé si les interesa (en el caso de que se pudiera hablar de ellos como una unidad, cosa altamente improbable porque ¿qué tiene que ver un gran banco con General Motors, Microsoft, Boeing o Telefónica?). Emilio apunta que lo que no se puede colar a nivel estatal puede conseguirse por medio de una directiva; pero esto depende mucho del ámbito y del país. En España, por ejemplo, la regulación que tenemos de la actividad económica (control sobre la economía) es, en gran parte, de origen comunitario. Nuestro derecho sobre libre competencia y sobre competencia desleal, la protección al consumidor y a los agentes comerciales no existirían sin el Derecho comunitario. En este sentido, aquí ha pasado a la inversa. La libertad que tenían los empresarios de acuerdo con el Derecho español se ha convertido en control por obra del Derecho comunitario.
El esquema de regulación comunitario es complejo. No se basa en la simple liberalización de la circulación y servicios, sino que esta liberalización se ve equilibrada con una regulación bastante profunda de la actividad económica con el fin de garantizar la eficacia del mercado y la protección de los consumidores, entre otros aspectos. Este esquema no creo que responda a ninguna maniobra oculta por parte de los poderes fácticos (¿cuáles?) sino que es fruto de diversos factores: el pensamiento dominante en la Europa de mediados del siglo XX y la evolución de éste desde entonces, las influencias de agentes económicos y sociales y presiones específicas de determinados gobiernos. A veces los intereses son muy concretos, a veces más generales; pero, en cualquier caso, no permiten identificar una voluntad alternativa que maquine en una u otra dirección.
Por otra parte, aunque realmente esos poderes fácticos no concretados tuvieran interés en no favorecer la elección directa del Presidente del Consejo Europeo ¿tendrían capacidad para convertir sus deseos en realidad? Tendrían que ser poderes fácticos muy poderosos, de una importancia mayor que Microsof o Boeing, ya que estas empresas se las tienen tiesas con la Comunidad Europea, en concreto con el Servicio de Defensa de la Competencia. Si estas empresas no tienen capacidad para "doblar el brazo" a la Comisión Europea en cuestiones que son fundamentales para ellas ¿van a poder afectar de una manera tan decisiva a cuestiones políticas más generales? Y si no estamos hablando de las mayores empresas del Mundo ¿de quién hablamos cuando nos referimos a poderes fácticos?
No creo que exista un gobierno mundial en la sombra, y menos que ese gobierno conspire para que Europa se mantenga en la situación en la que se encuentra ahora, sin avanzar ni retroceder significativamente. Creo que la sociedad es compleja, que intervienen muchos factores en cada toma de decisión y que cada cambio es fruto de una pluralidad de circunstancias; y creo que, en concreto, el status quo de la Comunidad Europea es responsabilidad de unas élites políticas que se sienten cómodas en la situación actual, temen perder poder con un cambio y no tienen claro cuáles serían las consecuencias de crear un espacio político europeo.

2 comentarios:

ADELFA MARTIN dijo...

Tal vez no tendrìan mucho que ver -en apariencia-las empresas que mencionas, pero definitivamente, si se unirìan, o al menos dejarìan de lado ciertas diferencias, en caso de ver su poder mermado o en peligro...los dueños del dinero prefiereren limar asperezas antes que permitir que se cuelen otros intereses...

como siempre...dictando càtedra...

un abrazo

Rafael dijo...

Afortunadamente no son fáciles los acuerdos entre unos y otros. Quizá sea el egoísmo de los lobos lo que salva a las ovejas. Quien sabe...
Un abrazo.