Libre

lunes, 11 de junio de 2018

Insurrección

Está tomado del libro de Sandrine Morel, corresponsal en España de Le Monde, "En el huracán catalán. Una mirada privilegiada al laberinto del procés".


La periodista relata lo que le cuenta un chico que había participado en las ocupaciones de colegios el día 1 de octubre. Como puede verse explica con todo lujo de detalles cómo habían preparado una emboscada a la policía que había acudido a cumplir con las órdenes judiciales relativas al cierre de los colegios electorales y a la incautación del material que allí se encontrara. La autora no da crédito a la falta de conciencia de lo que está relatando: una acción conscientemente dirigida a rodear a una fuerza armada.
El día 2 de octubre me entrevistaban en la Radio de la UAB. El periodista comenzaba leyéndome un artículo de Jordi Évole donde decía que había visto sangrar a señoras que podrían ser su madre y me preguntó qué opinaba. Le dije que me parecía que lo que había sucedido el día 1 de octubre tendría que ser investigado a fondo, que había estado durante todo el día viendo las imágenes y que me parecían extraordinariamente preocupantes, que había visto cosas que no eran propias de una democracia; que había visto cómo la gente rodeaba a la policía. Ahí el periodista me interrumpió y me dijo: "¿cómo gente rodeando a la policía? Será al revés ¿no?". "No, no", le contesté. "He dicho lo que quería decir y lo que yo vi, personas rodeando y acosando a la policía que estaba allí para cumplir con las órdenes judiciales". Entramos en una discusión en la que me preguntaba si negaba las imágenes de la violencia policial y yo le dije que no ponía en duda tales imágenes, pero que yo le explicaba lo que había visto, y esto también formaba parte del 1 de octubre.
Y lo mantengo. En el libro de Sandrine Morel se explica muy bien. La policía que había acudido a los colegios electorales se encontró con una resistencia organizada que en algunos casos llegó a ser violenta, como aquí se describe. También vi las patadas que daba un policía a personas que estaban en un centro, y también los disparos de balas de goma; y todo tiene que ser analizado en profundidad; pero tampoco pueden desvincularse unas cosas de otras.
De hecho, las imágenes que yo he visto de actuación más contundente de la policía se suelen corresponder con aquellos momentos en los que la policía es acosada o rodeada por los congregados, quienes en ocasiones también lanzan piedras u otros objetos a los policías. En esas circunstancias, y especialmente cuando los policías están subiendo a sus vehículos para irse, momento en el que son especialmente vulnerables, ningún acoso o intimidación puede ser admitido y en esas circunstancias es lógico que la policía reaccione porque ha de protegerse y ha de proteger su equipo, entre el que se incluyen armas de fuego.



Por supuesto también existen imágenes de violencia policial fuera de ese contexto y, como digo, han de ser investigadas; pero ahí también ha de tenerse en cuenta que la policía acude a los colegios con órdenes judiciales y que quienes allí les esperan están decididos a impedir que cumplan esas órdenes. Tal como explica Sandrine Morel, la resistencia estaba perfectamente organizada.
Cuando la policía ha de cumplir una orden judicial y se encuentra con un grupo de personas que pretenden impedirlo ha de pedir educadamente que se retiren. Si no lo hacen ha de ordenar la retirada. Si la orden no es atendida ha de explicar que en caso de que no les dejen cumplir con su trabajo emplearán la fuerza; y si ante esa advertencia se mantiene la actitud de resistencia la policía está legitimada para emplear una fuerza proporcional.
Habrá que investigar si el día 1 de octubre se cumplió con este protocolo y si la fuerza que se empleó fue proporcional; pero mi impresión es que sí lo fue; como muestra que el número de heridos hospitalizados por los incidentes generalizados en toda Cataluña fuera de unas pocas personas. Y el más grave de ellos, la persona que ha perdido la visión de un ojo, como consecuencia de los enfrentamientos con la policía, no con la fuerza empleada por ésta para desalojar a quienes obstaculizaban su acceso a los colegios.
En la Cataluña de Disneylandia que se han inventado los nacionalistas la gente puede desafiar a la policía, desobedecerla, escupirles o lanzarles piedras sin que estos puedan defenderse o reaccionar. Y si lo hacen, según las reglas de esa misma Cataluña del helado de postre cada día, son unos fascistas.
Las cosas no son así. Cuando se participa en una insurrección hay que estar dispuesto a asumir las consecuencias.
Recomiendo el libro de Sandrine Morel. Explica muy bien lo que ha pasado en Cataluña en los últimos años.


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