New York Times

sábado, 14 de junio de 2008

Iceman v. Maximun attack



Casi todo el mundo ha sufrido un percance de tráfico, o al menos ha sido testigo del mismo. Un pequeño choque, un bollo, un faro roto. Nada importante, pero, con demasiada frecuencia, este tipo de incidentes concluye con una discusión, palabras en tono elevado o, incluso, algún que otro agarrón. Ocasiones ha habido en el que en el curso de la discusión armas de fuego han salido de las guanteras... No sería, quizás, mala idea alguna campaña para tranquilizar los ánimos de quienes se ven envueltos en estos accidentes, más peligrosos en ocasiones por los reproches que se cruzan los conductores que por la colisión misma.
Si se emprendiera una campaña como esta que propongo el vídeo de la colisión entre Hamilton y Raikkonen en el último gran premio de Canadá podría resultar útil. Rebobinemos: Hamilton lidera la carrera, Kubica y Raikkonen le siguen. Estamos en la vuelta 17 y un accidente obliga a salir al coche de seguridad. Los pilotos que lideran la carrera entran en boxes a repostar. El repostaje de Raikkonen es más rápido que el de Hamilton y el finlandés se coloca en la calle del pit lane por delante del inglés. Al final de la calle el semáforo está rojo. Raikkonen se detiene y junto a el Kubica, que también ha adelantado a Hamilton. Éste viene por detras, seguramente enfadado por haber perdido el liderato, e, inexplicablemente, ni ve la luz roja del semáforo ni a los coches que tiene delante. Cuando quiere frenar es tarde y se lleva por delante a Raikkonen. La parte delantera del coche del de McLaren y la trasera del de Ferrari quedan destrozadas. Ambos fuera de carrera.
Me imagino a los miles, millones de ferraristas en todo el mundo en aquel momento. Me los imagino levantándose de sus asientos de un salto, profiriendo improperios contra el inglés en todas las variadas lenguas que utilizan los seguidores de la escudería del "cavallino". No pocos habrían estrangulado en aquel momento a Hamilton si lo tuvieran cerca. Casi los veo de pie frente al televisor con las manos como garfios rodeando el aire e imaginando que es el cuello del inglés el que tocan. En fin, todas las manifestaciones del forofismo deportivo.
Esto es lo que en aquel momento, hacia las 1930 cet del domingo 8 de junio, tantas personas hacen frente a su televisor enfundados en camisetas, gorras y bufandas de Ferrari. Y en ese mismo momento en Canadá Raikkonen sale de su coche, que ha dejado apartado a un lado de la salida del pit lane, se dirige tranquilamente caminando hacia su box y al pasar junto a Hamilton se limita a hacerle el típico gesto de pinza con los dedos que todo automovilista entiende como una referencia a la luz, en este caso a la luz del semáforo que Raikkonen señala a Hamilton con su brazo. Cuando vi la escena por televisión me pareción que Raikkonen, incluso, parecía forzarse a decir algo o hacer algo respecto a Hamilton. Algo así como si pensara: "no puede ser que este tipo me haya desgraciado la carrera de una manera tan tonta y no le diga nada. Algo tendré que hacer. No es lógico que -como me apetece- pase a su lado tranquilamente y le ignore como si formara parte de la decoración". Quizá en aquel momento Raikkonen pensó en sus ingenieros y mecánicos, en los trabajadores de Ferrari y Fiat y en los millones de seguidores que tiene por todo el mundo y en atención a todos ellos se dignó a mostrar su disgusto, aunque fuera mínimamente. Me da la sensación de que por él no le habría dicho nada a Hamilton.
Y es que el Raikkonen que vemos en los circuitos es un piloto muy especial. Le llaman Iceman, pero el apelativo encaja muy mal con su forma de conducir. Impulsivo, rápido, siempre buscando los límites. En alguna ocasión esta táctica del maximum attack no le ha salido bien y ha perdido puntos importantes por intentar siempre ir más rápido. Me lo imagino bajo su casco con los ojos fijos, concentrados, dominado por el ansia de ir rápido, un ansia que se sobrepone a la ambición de luchar por podios o por ganar carreras o, incluso, por ser campeón del mundo.
Esta rabia, esta vitalidad al volante se convierte en calma como por arte de magia cuando se baja del coche. El mismo piloto que enlazaría curvas de forma inverosímil en cuanto el semáforo se pusiera verde se convierte en un tipo gélido, casi apático en cuanto sus pies tocan el asfalto. Es curioso, muy curioso... un tipo interesante Raikkonen.
Este incidente que acabo de repasar es lo que más me ha llamado la atención del Gran Premio de Canadá. Tras la extraña carrera de Mónaco nos hemos encontrado, inesperadamente, con otro gran premio en el que es difícil sacar conclusiones. Hamilton fue rápido en calificación y carrera hasta su accidente; pero nos queda la duda de las cargas de combustible que llevaba cada uno. Ferrari, que parecía destinado a dominar hace unas carreras, no mostró una gran superioridad. Massa se limitó a deambular en la calificación y aunque en carrera estuvo brillante no dio la impresión de ser un posible campeón. McLaren estuvo rápido con Hamilton como digo, pero Kovalainen no dio muestras de disponer de un coche ganador. Los BMW dominaron, es claro, pero también es cristalino que sin el choque entre Hamilton y Raikkonen no hubieran hecho doblete.
En definitiva, mucha igualdad, alternancia en el dominio de los equipos punteros y la permanente amenaza de la "segunda división", capaz en cualquier momento de dar un susto a Ferrari, McLaren y BMW. El mundial más divertido de los últimos años, sin duda.

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