viernes, 27 de marzo de 2009

Se abre el telón

En unas pocas horas comenzará la competición. Con el inicio de la calificación para el Gran Premio de Australia se descubrirán ya casi todas las cartas y sabremos a qué atenernos respecto a los que nos espera en el Mundial de Fórmula 1 de este año.
Por lo pronto, parece que será un Campeonato muy diferente al del año pasado. En el 2008 la lucha por el título fue un diálogo entre Ferrari y McLaren, ganando al final quien menos mal lo hizo. Se demostró que para ganar el Campeonato es importante que en el equipo se tenga claro quién es el líder. El año pasado ganó McLaren, que tenía claro quién era el jefe, y en el 2007 este mismo equipo lo perdió por la lucha entre sus dos pilotos. Los dos campeonatos de Alonso se cimentaron en su indiscutible liderazgo en Renault y qué vamos a descubrir ahora sobre los Mundiales que ganó para Ferrari Schumacher.
Este año las cosas serán, con toda probabilidad, distintas. Los cambios en la reglamentación parece que, finalmente, han traído la igualdad entre los equipos, con el añadido de que las distintas interpretaciones del reglamento en relación al tema del difusor han permitido que, de momento, se coloquen como dominadores equipos con los que hasta hace dos meses no se contaba.
Se me puede decir que todavía no se ha disputado una sóla carrera y que, por tanto, es pronto para hablar de equipos dominadores; pero apuesto a que Brawn, Toyota y Williams estarán arriba en este comienzo de temporada. No tenían nada que perder y arriesgaron con el tema del difusor. La FIA les da la razón de momento y esto obligará al resto de equipos a copiar el diseño de aquéllos, lo que, previsiblemente, hasta que las carreras lleguen a Europa McLaren, Ferrari y Renault estarán por detrás o, como mucho, a la par que estos otros equipos.
Tengo la impresión de aquí la FIA está jugando con el reglamento para igualar el campeonato. Es decir, si el difusor revolucionario fuera cosa de Ferrari o McLaren lo hubieran declarado ilegal; con la decisión de mantenerlo la FIA favorece a los equipos "modestos" (aunque en presupuesto Toyota no lo sea en absoluto) para incrementar el espectáculo. A mediados de temporada la ventaja que ahora tienen Brawn, Williams o Toyota se habrá disipado, pero esto garantiza un campeonato emocionante hasta el final.
Por otro lado está el tema del KERS. Los equipos que mejor están yendo no equiparán el KERS en estas primeras carreras, lo que podría suponer una ventaja para Renault, Ferrari y McLaren en el momento de la salida. Quizá nos encontremos el domingo con que Alonso, Massa y Hamilton, situados en la mitad del pelotón, remontan en la primera vuelta gracias al KERS, con lo que la carrera puede resultar tremendamente emocionante.
En fin, son especulaciones. Mañana empezaremos a saber de verdad dónde está cada uno, aunque después de los ensayos de hoy, viernes, ya se puede adelantar que los favoritos de hace dos meses tendrán que luchar para salir por delante de la tercera línea. En la calificación las diferencias se reducirán respecto a los entrenamientos, pero no me extrañaría nada que la pole se la disputaran Barrichello, Button, Trulli y Rosberg. Quedan pocas horas para salir de dudas.



sábado, 7 de marzo de 2009

El Dios desconocido

Estoy jugando con un libro que encontré por azar este viernes. Es la Historia de los Heterodoxos Españoles, de Menéndez Pelayo. Había leído fragmentos en Internet; pero nunca lo había tenido en mi mano. Buscando otra cosa (un libro de fitness, hay que ver) lo vi y no pude resistir la tentación de comprarlo.
Apenas lo empiezo a hojear y caigo en la siguiente frase (p. 62 del volumen I): "Celtas y celtíberos adoraban al Dios desconocido (Dios anónimo le llama Estrabón), como si dijéramos, al alma del mundo".
¡Qué hermosura de frase! Es cierto que, al menos para mi gusto, va perdiendo, puesto que comienza con una idea chispeante, sugerente, iluminadora; "el Dios desconocido"; para de ahí pasar a la sequedad del calificativo de Estrabón y acabar con cierto aire a tópico; pero, aún así, qué fuerza y cuánto sugiere. De hecho -ya se ve- no he resistido la tentación de redactar una entrada sólo para hacerme constar el descubrimiento de una idea sobre la que, intuyo, volveré.
"El Dios desconocido", qué maravilla, con qué sencillez se explica no solamente el origen de la religión, sino también la forma en que esa divinidad nos persigue, nos embarga, nos fortalece y nos llena de dudas; a todos, a la Humanidad y también a cada uno de nosotros. "El Dios desconocido", o quizás, a veces, el Dios escondido. Adorar al Dios que no se conoce, que no se manifiesta. Y, sin embargo, ahora, cuántos y con cuánta rotundidad hablan en su nombre... Cuánto tendríamos que aprender de quienes vivieron antes que nosotros.
En otro libro que me encantó, las Redes Humanas, de J.R. McNeil y W.H. McNeill, se lee lo siguiente (p. 17):
"El animismo, que es el nombre moderno de esta idea, era y es todavía la cosmovisión más emocionalmente accesible que ha creado la humanidad. Dado que lo comparten los cazadores-recolectores que áun existen en toda la tierra, podemos suponer que probablemente formaba parte del bagaje cultural que los seres humanos llevaban consigo durante su expansión mundial. Los sistemas religiosos y filosóficos que furgieron más adelante nunca lo desplazaron del todo, y tampoco lo han hecho las ideas científicas modernas. Ninguna visión del mundo ha durado tanto ni explicado tantas cosas a tantas personas de forma tan convincente. Por ello merece nuestro respeto."
Historia de los heterodoxos españoles y Las redes humanas. Dos libros tan diferentes en todo y, sin embargo, algo de lo que cuentan está profundamente emparentado; precisamente algo que no vemos y que, sin embargo, quizás forma parte del sustrato más profundo de todos nosotros y del mundo en el que vivimos.

domingo, 22 de febrero de 2009

Política ficción

Hace unos días, Jordi Pedret publicaba en su muy recomendable blog (http://jordipedret.blogspot.com/) un artículo sobre el discurso en el Parlamento Europeo de Vaclav Klaus. En dicho artículo planteaba la necesidad de reaccionar ante el "sueño de la razón" que estaba produciendo discursos monstruosos como el del Presidente Checo. En un comentario a la entrada yo proponía tres reformas que podrían ayudar a que Europa diera un paso adelante. Mis propuestas eran:
1- Elección de un presidente europeo por sufragio de todos los ciudadanos. Dicho presidente tendría competencias en materia de defensa y política exterior.
2- Competencia fiscal plena para el Parlamento Europeo.
3- Competencia legislativa plena para el Parlamento Europeo.
Apuntaba también que prefería que la elección al Parlamento Europeo se hiciese por sistema mayoritario en circunscripciones en las que solamente se eligiese a un parlamentario.
Jordi mantenía que no estaba convencido de un sistema presidencialista para Europa y que no creía conveniente un sistema de elección mayoritario para el Parlamenteo Europeo, siendo preferible un sistema basado en listas realmente transnacionales.
A mi la ficción me gusta y el tema de Europa me apasiona; así que, en vez de escribir un largo comentario en el blog de Jordi, prefiero hacer esta entrada para poder explayarme a gusto sobre estos dos puntos: el Presidente Europeo y el modo de elección del Parlamento Europeo.
Sobre el Presidente Europeo:
Tal como he expuesto en otras entradas, la necesidad de una auténtica política exterior y de defensa europea me parece fuera de toda duda. También mantengo que estas políticas no tienen que basarse en la coordinación de las políticas de defensa nacionales. Esta coordinación es imposible, tanto en lo que se refiere a la política exterior como a la política de defensa (y si hubiera alguna duda sobre este último punto, la colisión de hace unas semanas entre dos submarinos nucleares francés y británico nos ha dejado claro lo eficaz de los mecanismos actuales de coordinación entre los aliados europeos); y siendo imposible operar medieante la armonización de las políticas estatales se hace necesaria la creación de una política europea propia, autónoma respecto a las que puedan desempeñar los Estados (aunque, evidentemente, intereaccionará con ésta). A este respecto, un Presidente europeo que tenga legitimidad directa y capacidad de acción propia tanto en materia de política exterior como de política defensa es indispensable. Es claro, sin embargo, que este Presidente Europeo tendrá que contar con el Parlamento Europeo para el desarrollo de sus funciones, aunque no sea más que porque el poder fiscal debería descansar en el Parlamento, tal como mantenía en la segunda de mis propuestas.
El Presidente Europeo, además, podría asumir parte de las funciones de la Comisión, en concreto las de impulso legislativo (compartida con el Parlamento y con los Estados). Además, quizá pudiera atribuírsele también la competencia de designar al Presidente del Banco Central Europeo; aunque nada más fuera para identificar un responsable político a quien culpar porque no se bajen o suban los tipos de interés del dinero.
Sobre el Parlamento Europeo:
El Parlamento Europeo debería asumir, tal como es tradicional en los sistemas parlamentarios, la capacidad de fijar impuestos. De esta forma, el presupuesto comunitario no dependería de la voluntad de los Estados, lo que resulta imprescindible para que Europa pueda avanzar como organización política. Además el Parlamento debería tener competencia legislativa plena, como cualquier otro Parlamento, de tal forma que podría plantear iniciativas legislativas y resolvería tanto sobre las por el introducidas como por las presentadas por el resto de sujetos habilitados (el Presidente Europeo, los Estados miembros...). De esta forma el Parlamento sería un auténtico representante del pueblo europeo y un contrapeso al Presidente europeo.
Y aquí viene el tema de la elección. Yo propongo un sistema de elección basado en circunscripciones donde se elija un solo candidato, mientras que Jordi plantea listas transnacionales. La diferencia no es de matiz ni técnica, sino de objetivos propuestos. Lo que hay detrás de mi propuesta es un intento de que no todo el poder se vaya a los partidos políticos. Si el sistema se basa en listas en la práctica los partidos controlarán quien es o deja de ser diputado, por lo que la legitimidad de los parlamentarios se basará en su adscripción al partido, quedandole a los electores únicamente la posibilidad de elegir entre unos u otros partidos. No digo que el sistema no tenga ventajas, que las tiene y muchas; pero no me satisface. Yo preferiría que todos y cada uno de los parlamentarios tuvieran una legitimidad popular, basada en haber ganado en la circunscripción por la que se han presentado enfrentándose directamente a otros candidatos en dicha circunscripción.
Y ya dentro de este esquema, el tamaño del Parlamento europeo tiene mucho que decir. Si el Parlamento europeo acoge a 700 y pico parlamentarios, tal como sucede ahora, cada circunscripción sería de, aproximadamente, 700.000 personas. La ciudad de Barcelona, por ejemplo, elegiría a dos diputados al Parlamento europeo. No me parece mal. Sabríamos quien es nuestro representante en Europa y podríamos seguir lo que hace, lo que vota, con quien se alia. Y luego daría cuenta directa a sus electores de sus años de servicio en Estrasburgo.
Como digo, no estaría mal; pero preferiría que el Parlamento Europeo tuviera menos diputados. Si en vez de 700 tuviera 200 cada diputado sería elegido por circunscripciones de unas 2.000.000 de personas. Cada parlamentario tendría más poder y los partidos políticos dejarían de tener el poder omnímodo que tienen actualmente en Europa. Yo creo que esto sería bueno porque los ciudadanos tendríamos la sensación (a lo peor solamente la sensación) de que tenemos algo que decir en la política europea, que actualmente se siente muy alejada de cada uno de nosotros. Si la elección al Parlamento Europeo se hace por medio de grandes listas transnacionales tendríamos la sensación de que todo está controlado por las grandes élites políticas, las que tienen el poder de decidir quién va en el número 3 de la lista y quién va en el 33.
Pero bueno, al fin y al cabo esto no es más que política ficción...

lunes, 9 de febrero de 2009

Febrero 2009

Con gris satisfacción observas cómo
en clara vaguedad las voces fluyen
para que a los que escuchan suave arrullen.
En la mesa aparentan un aplomo,
que no oculta un latido agrio, romo,
ansioso de placeres que de él huyen.
Ideas y palabras lucen, bullen,
llenan los corazones sin asomo
de vida ni alegría ni verdad.
Jauría de corderos que de lobos
disfrazan, sin saberlo, su bondad.
Enfados y también tiernos arrobos
mudan las caras llenas de frialdad
de los que creen ser letales bobos.

miércoles, 21 de enero de 2009

Yes, we can

Ayer, cuando leía el discurso inaugural de Barack Obama, echaba de menos una frase que pasara a la historia, equivalente a la famosa "No te preguntes qué puede hacer tu país por tí, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país" de Kennedy. No la hallé. Luego pensé que esa fase ya existe, es el "Yes, we can" que se ha convertido en lema y enseña de la Obamanía.
A mí me da un poco de miedo, si voy a ser sincero. Esta devoción, esta entrega por una persona me produce una cierta desazón, a veces semeja una cierta reminiscencia de nuestras características más ancestrales y tribales. El casi mesianismo que genera Obama me hace preguntarme constantemente si no estaremos ante los comienzos de una religión, más que de un movimiento político.
Seguramente es bueno cultivar estos temores pues la democracia y la libertad son frutos delicados que puede estropear cualquier helada intempestiva o un sólo día caluroso de verano; pero tampoco conviene obsesionarse con ellos. Lo importante de Obama debería ser el mensaje, y en este sentido sus palabras están llenas de contenido positivo. Parece que tiene una idea, un planteamiento, y que ese planteamiento es mejor que el que nos estuvo rigiendo en los últimos ocho años; así que bienvenido sea. Si, además, sabe articular un discurso, domina la retórica y transmite la suficiente credibilidad como para hacernos confirar en él, estupendo. El tiempo nos dirá dónde le coloca la historia.
Obama es un político excepcional, no cabe duda; pero con esto sólo no bastaría para generar la expectación que ha creado. Yo creo que -como ha sucedido con todos los grandes nombres de la Historia hasta ahora- estaba en el sitio correcto en el momento adecuado. El Mundo cruzó una frontera invisible hace unos años; algún caprichoso escolar de dentro de unos siglos fijará quizá como inició de una nueva era el año 1989 (caída del Muro de Berlín), 1991 (disolución de la Unión Soviética) o 2001 (11-S). Yo propondría 1993 (conclusión de la Ronda de Uruguay y creación de la OMC); pero no creo que prospere. Sea como sea, el caso es que el contexto en el que vivimos ha cambiado, el Mundo es diferentes, los referentes culturales, políticos, sociales, internacionales han variado... y todavía no nos hemos adaptado a ello. En estas circunstancias, cualquiera que aparente ofrecer una cierta seguridad, aunque sea al coste de exigir sacrificio y responsabilidad será bien recibido ¿cuánto aguantará sobre la ola?

martes, 20 de enero de 2009

Reflejos

Forma la lluvia efímeros espejos
en la tierra mojada del camino
que recorren los pies del peregrino.
Surgen del suelo robles, pinos, tejos;
de montañas y soles los reflejos.
"Corta es nuestra existencia, triste el sino
de la vida que mata el asesino
que supera a los árboles añejos.
¡Quién pudiera el crepúsculo admirar
y de la noche ver, rojo, el confín!"
Comienza el sol los charcos a secar,
vence de los reflejos el motín;
vuelve el camino a frío y seco estar
y la montaña ve de su eco el fin.

Inspirado por "When I Have Fears", de John Keats

viernes, 26 de diciembre de 2008

Pensamiento único, pensamiento corporativo



La justicia es, sobre todo, cosa de papeles. Demandas, providencias, autos, recursos, incidentes, ejecutorias, certificados, mandamientos, interlocutorias, rogatorias... un sinfín de documentos que cumplen una función precisa: garantizar que todo el inmenso poder coactivo del Estado no se ponga en marcha más que cuando es justo, cuando es adecuado; y es necesario que sea así. La justicia puede quitártelo casi todo. En España no la vida, pero sí la libertad, tu casa, tu dinero, la posibilidad de ver a tu hijo... Nadie es tan poderoso en España como el Estado y la manifestación última del Estado es la administración de justicia; porque ella es la que tiene la última palabra en todo litigio, toda disputa, incluso en toda sanción que pueda dictar una administración cualquiera.
Desde hace siglos existe conciencia de que ese inmenso poder debe sujetarse al procedimiento. El procedimiento no es más que la sucesión de actuaciones, necesariamente documentadas para que existan garantías, que conducen desde la denuncia o la demanda a ese momento terrible en el que la puerta de una prisión se cierra o se procede a la subasta de la casa de alguien.
Todos esos papeles son gestionados por las distintas sedes de la administración de justicia: juzgados de primera instancias, juzgados de instrucción, juzgados penales, juzgados de lo contencioso administrativo, de lo laboral, audiencias provinciales, audiencia nacional, tribunales superiores de justicia, tribunal supremo... Las necesidades de la justicia, del procedimiento exigen que todos esos papeles vayan de una a otra oficina, de uno a otro tribunal; generando este movimiento, a su vez, más papeles, ya que todo debe constar, quedar por escrito, documentarse. Es necesario para que existan las debidas garantías, ya lo he dicho antes.
Es claro que por el volumen de los papeles que se generan en la administración de justicia, por la importancia sustancial de lo que representan y por la necesidad de una eficaz comunicación entre los distintos órganos jurisdiccionales sería necesario que esta administración de justicia estuviera dotada de medios excelentes, personal, equipamientos informáticos, intranets de gestión, etc. Curiosamente, sin embargo, en nuestro país nada de esto sucede. Es experiencia común de quien se acerca al Registro Civil, por ejemplo, asombrarse de que en el siglo XXI aún no se haya producido la informatización de los documentos que allí constan. Cualquiera que se pase por un Juzgado comprueba que los legajos, papeles y escritos se acumulan entorno a los ordenadores antediluvianos que aún conviven con máquinas de escribir en no pocas oficinas judiciales.
No es por tanto, extraño que se extravíen papeles, que se acumulen retrasos y que, en ocasiones, no sea hasta años después de concluido un plazo que se dicta la decisión que era debida. Son circunstancias habituales en nuestra administración de justicia que tienen mucho que ver con la escasez de medios y de personal. En lo primero contaré que conozco a una magistrada que se pasa una vez a la semana por la Audiencia, mete en una maleta los expedientes sobre los que tiene que resolver y se va con ellos a su casa, porque no dispone en su lugar de trabajo de una mesa. Sobre lo segundo diré que, al menos hace unos años, cuando consulté el dato, resultaba que en Alemania el número de jueces era cuatro veces el número de jueces de España. Teniendo en cuenta que la población de Alemania es, aproximadamente, el doble de la población española, resultaría que en España deberíamos tener el doble de jueces de los que disponemos en la actualidad para que su volumen de trabajo fuera el de un juez aleman.
La falta de personal y de medios de la justicia es uno de los tópicos más conocidos por cualquiera que tenga el mínimo contacto con el derecho en España, la existencia de errores, traspapeles y retrasos es también experiencia común de todos los que tienen un mínimo conocimiento del funcionamiento de los tribunales. No es nada nuevo, y año tras años se ven pasar gobiernos, ministros y consejeros sin que se haya apreciado un interés serio por cambiar sustancialmente la política de medios y de personal de la justicia española.
Es por todo lo anterior que me sorprende un tanto la reacción del Gobierno en el asunto de la sanción al juez Tirado. Confieso que no tengo conocimiento directo del asunto (como supongo que la mayoría de los que están opinando en tertulias y periódicos sobre el mismo), por lo que me limitaré a transmitir mis impresiones personales sobre el desarrollo de los acontecimientos, enmendables por cualquiera que tenga más información que yo.
Cuando se supo que el asesino de Mari Luz tenía pendiente de cumplir una condena de prisión que no había sido ejecutada por un retraso inexplicable de la administración de justicia no me sorprendió mucho; como digo, cosas como éstas pasan con frecuencia, más por la falta de medios de la justicia que por otra cosa. Lo que me comenzó a sorprender fue la contundencia con la que entonces se manifestó el presidente del gobierno, haciendo patente su intención de llegar al fondo del asunto. Entonces pensé: "cuidado, porque el fondo del asunto es que debería haberse hecho hace años una reforma de la justicia que no se ha abordado, por lo que, teniendo en cuenta que el Presidente ya lleva cuatro años en el poder, podría resultar que en el fondo del asunto estuviera él". Evidentemente, poco se tardó en desviar el tema hacia la oficina judicial, y ahí el Ministro de Justicia, haciendo uso de la potestad que tiene sobre la secretaria del juzgado, procedió a sancionarla con dureza. Me sorprendió desagradablemente esta sanción. Aún sin conocer los detalles del caso me parece del todo punto desproporcionado el intento de responsabilizar de la muerte de Mari Luz al juzgado que no había ejecutado la orden de prisión para el asesino, e injusto pretender tapar con esta responsabilidad personal la falta de medios de la justicia.
Seguramente de ser el Ministro de Justicia competente para sancionar al juez Tirado hubiera obrado con la misma contundencia que contra al secretaria sancionada; pero, claro, al tratarse de un juez la competencia para sancionar la tiene el Consejo General del Poder Judicial, y no el gobierno. La sanción del Consejo ha sido más leve que la que en su día impuso el Ministro de Justicia, más ajustada, seguramente, a la realidad del caso y alejada, por tanto, de la tentación de un linchamiento público que viene jaleándose desde el gobierno. En estos días asistimos a la reacción del gobierno ante esta sanción, y es una reacción airada. Sinceramente, me preocupa.
Y me preocupa porque en esta reacción creo percibir el enfado porque el Consejo General del Poder Judicial se haya apartado de la línea seguida por el Gobierno. El Ministro de Justicia había marcado un camino y el Consejo prefirió seguir por otro, como digo, seguramente más justo. El Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial obraban cada uno dentro de sus competencias y creo que desde una perspectiva institucional hubiera resultado más sano que el Gobierno se hubiera abstenido de criticar (¡y con qué dureza!) la decisión del Consejo. ¿Qué hubiera pasado si el Consejo hubiera reaccionado de la misma manera ante la sanción que el Ministro de Justicia impuso a la Secretaria del Juzgado? Hubiera resultado impensable ¿verdad? pues igual de impensable debería ser que el Presidente del Gobierno se manifestara de la forma en que lo está haciendo ante el ejercicio legítimo de sus competencias que hace el Consejo General del Poder Judicial.
A mi me parece grave esta injerencia del Gobierno en el Consejo, sobre todo porque es prueba de que la falta de tolerancia de los partidos políticos ante las mínimas muestras de discrepancia que puedan darse desde la sociedad. Soy consciente de que acabo de hacer un salto lógico, he pasado del Gobierno a los partidos; pero creo que es justificable. Las auténticas estructuras de poder actual son los partidos políticos, se asciende en el partido y de ahí se pasa al Legislativo (las Cortes, los Parlamentos autonómicos) o al Ejecutivo y la Administración (el Gobierno de España, los gobiernos de las Comunidades Autónomas, los ayuntamientos, las diputaciones). En este sentido los Parlamentos y los gobiernos municipal, autonómico y central son sucursales directas y evidentes de los partidos políticos. En todos estos ámbitos los partidos colocan sin problemas, legal y legítimamente a sus miembros; pero ya no es bastante. El Poder Judicial aún se resiste, y no porque los Jueces sean impermiables a las ideologías o a los partidos, que no lo son; sino porque en este ámbito no se puede colocar directamente a los miembros del aparato del partido. No opera el Poder Judicial como un destino directo para quienes han hecho carrera en el partido. Bueno, tras la última renovación del Consejo General del Poder Judicial esto se podría matizar; pero aún estamos lejos de que los tribunales se conviertan en un equivalente de las diputaciones a estos efectos.
Tengo la impresión de que los partidos no se encuentran satisfechos con esta situación. Ellos quieren para si a toda la sociedad en un doble sentido: en primer lugar, para poder pagar servicios al partido y, en segundo lugar, para tener una influencia directa en todas las esferas donde se desarrolla actividad humana. En ese sentido allí donde hay cualquier movimiento social debe estar el partido, parece ser esta la consigna.
Y hemos llegado al punto en que cuando alguien no se quiere plegar a las exigencias de los partidos se arriesga a que sobre él caigan las iras del poderoso. "Sométete o muere". Cede al pensamiento único, a la partitocracia o atente a las consecuencias. Es por eso que las graves acusaciones de corporativismo que desde el partido en el Gobierno se han apresurado a lanzar sobre el Consejo General del Poder Judicial me producen escalofríos. En la Guerra de las Galias se cuenta cómo Julio Cesar solía ofrecer a las ciudades que sitiaba la posibilidad de rendirse. Si rechazaban su oferta eran arrasadas sin piedad, en alguna ocasión, incluso, mató a todos sus habitantes, pese a la tremenda pérdida que le suponía no poder venderlos como esclavos, tal como el mismo cuenta. Las palabras de estos días me han hecho recordar esos terribles episodios. Julio César parece haber dado ya la orden de atacar la fortaleza judicial.


miércoles, 24 de diciembre de 2008

No es el mejor día...

Leo en el blog de Eduardo Rojo (http://eduardorojoblog.blogspot.com/) que hoy, día de Nochebuena, hoy precisamente se publica en el Diario Oficial de la Unión Europea la Directiva de Retorno. De la Directiva de Retorno se habló hace unos meses, levantó una cierta polvareda y, luego, fue enterrada bajo esa misma polvareda para ser aprobada de una manera poco ruidosa. Se trata de una norma de la Unión Europea (permítaseme ser poco preciso en este punto) que habilita a los Estados miembros para que regulen las vías de retorno de los nacionales de terceros países (esto es, nacionales de países que no sean miembros de la Unión Europea) que se encuentren en situación irregular en el territorio comunitario.

Es casi un sarcasmo que un día como hoy, en que todos son buenas palabras: amor, fraternidad, etc., por tópicas y vacías que puedan ser; se aproveche para hacer oficial una norma que muestra de nuestra falta de voluntad de acogimiento hacia aquellos que pretenden una vida mejor para ellos y sus familias, una norma que hace oficial la fortaleza europea -vivamos nosotros felices y allá con lo que les pase a los que se encuentran fuera de nuestros muros- una norma que permite que una persona que no ha cometido ningún delito esté en prisión (internada dice la norma, con cínica expresión) hasta dieciocho meses.

No es esta la vía de hacer una Europa justa; pero tampoco es la vía de hacer una Europa fuerte. Los países que históricamente han sido fuertes lo han sido porque han sido foco de atracción y de integración. La inmigración es una tremenda oportunidad para Europa y satanizándola no solamente hacemos un flaco favor al resto del Mundo, sino también a nosotros mismos.

Paz y Amor para todos. Felices Fiestas.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Lo de Bombay

Se queja en El País Ignasi Guardans, eurodiputado español presente en Bombay durante los últimos atentados, de que en medio de la crisis que padecía la ciudad, los ciudadanos europeos volvían a ser españoles, franceses, italianos o polacos. Las representaciones diplomáticas en la India de los Estados de la Unión velaban sólo por la vuelta "de los suyos", sin preocuparse de la suerte del resto de ciudadanos europeos.
No me sorprende, la verdad, y además es coherente con lo que ya he dicho en otras entradas: la política exterior europea tiene que ser algo diferente de la coordinación (imposible) de las políticas exteriores de los Estados miembros. Mientras no exista un Ministro de Asuntos Exteriores europeo (y un Ministro de Defensa) con legitimidad autónoma, presupuesto autónomo e infraestructura propia no podemos esperar que las representaciones diplomáticas de los Estados miembros actúen de forma diferente a como lo hacen.
En definitiva, la política exterior europea debe sumarse a las políticas exteriores de los Estados miembros; pero sin sustituirlas y sin conformarse con ser una mera puesta en común o coordinación de las políticas nacionales. La crisis de Bombay es el último ejemplo de lo inútil que resulta continuar por esta vía.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

¿Es tan mala la Universidad española?

Uno de los chistes que más me gustan es aquél en el que un señor se encuentra de noche bajo una farola aparentemente buscando algo. Un transeúnte se le acerca y le pregunta qué ha perdido. El señor responde que sus llaves. El transeúnte, con ánimo de ayudar, pregunta si se le han caído por allí y el señor responde, para asombro del viandante, que no, que se le han caído hacia allá, y señala un punto lejano. “Entonces, por qué está buscando las llaves aquí”, le pregunta, y el señor responde: “Porque aquí es donde hay luz”. Es claro que no es un mero chiste. De hecho, como chiste ya no tiene ni gracia porque es muy conocido y ya no sorprende; pero esta pequeña historia encierra alguna lección importante. Ayer me volví a acordar de ella leyendo las noticias que publicó El País sobre el informe de Lisboa sobre la calidad de las Universidades europeas.

La noticia publicada por el periódico era bastante alarmista. Comenzaba diciendo algo así como que ya se sabía que la Universidad española no resistía ninguna comparación seria con las Universidades de nuestro entorno, pero que ahora esto era evidente porque el Infome de Lisboa nos colocaba en último lugar entre diecisiete países. A partir de aquí se desarrollaba un discurso bastante catastrofista en el que se mezclaba nuestra pésima calidad científica con nuestro éxito en el programa Erasmus, debido, según el articulista, a la fiesta que se vive en España y que atraía a estudiantes extranjeros poco interesados en aprender realmente algo en nuestras lamentables universidades.

Esta noticia, como digo, me hizo acordarme de la historia de la farola. Y es que cuando se plantean determinados problemas es más fácil buscar donde hay luz (en la Universidad) que analizar con rigor la causa de esos problemas.

El País, a partir del informe de Lisboa concluye en la pésima calidad de nuestras universidades. Bien, en cualquier análisis sobre calidad ha de estar claro qué se mide. Si estamos hablando de calidad de un sistema educativo la medición debería hacerse a partir de lo que aprenden los estudiantes. Creo que es el criterio más lógico.. Si se trata de la Universidad es preciso medir también la producción científica de la misma. A partir de aquí podemos discutir sobre en qué forma deben mesurarse estos dos elementos (aprendizaje de los estudiantes y producción científica); pero pocas dudas me caben de que esto es lo que determina la calidad de la Universidad.

¿Mide el informe de Lisboa el nivel de conocimientos y capacidades de los estudiantes y la producción científica de las Universidades? La respuesta es no. De acuerdo con la información de El País, lo que mide es el número de titulados en relación a la población que podría estudiar, la empleabilidad de los titulados y la capacidad de adaptación del sistema Universitario. He creído entender que este último elemento se medía a partir del grado de implementación del proceso de Bolonia en cada Universidad; pero de esto último no estoy seguro. En cualquier caso, no creo que esta mayor o menor adaptación o capacidad de adaptación sea, en sí misma, un elemento que tenga relación directa con lo que saben los alumnos o producen científicamente los profesores, por lo que no me parece un indicador adecuado para medir “la calidad” de un sistema universitario.

Pasemos a los otros dos: el primero es el número de titulados en relación a la población que podría estudiar. Es claro que este indicador tampoco tiene gran cosa que ver con la calidad del sistema universitario. Las causas de que no acudan estudiantes a la Universidad pueden ser tan variadas que atribuir toda la culpa a una pretendida falta de calidad del sistema universitario me parece una especulación gratuita. Y si el problema no es que no acudan estudiantes, sino que no consiguen graduarse de nuevo las causas pueden ser variadas, desde los déficits de la formación con la que se accede a la Universidad hasta la escasa dedicación de los alumnos o -también es posible- defectos en el sistema universitario. Es cierto que la calidad de la Universidad puede incidir en la escasez de titulados; pero de nuevo ha de determinarse en qué medida esta hipotética falta de calidad es la responsable del mal resultado, sin que éste, por sí solo pueda atribuirse en su totalidad a pretendidas –y no explicitadas- deficiencias de la Universidad.

El último factor que nos queda por analizar es el relativo a la empleabilidad de los titulados. Para mi, el indicador cuyo análisis resulta más relevante. De nuevo aquí nos encontramos con que en el análisis periodístico la poca empleabilidad de los titulados es consecuencia de las deficiencias de la Universidad; pero esta es una conclusión que no es evidente por si misma y que sería preciso demostrar. Como decía antes la calidad ha de medirse por lo que saben y saben hacer los titulados. Si el nivel de conocimientos y capacidades es alto (a partir de los criterios que se acuerden establecer) no se puede culpar a la universidad de la escasa empleabilidad, porque en estas circunstancias será el conjunto de la sociedad la responsable de no saber sacar partido a la formación de los graduados universitarios.

El núcleo del problema se encuentra aquí, en la oscuridad de la calle y no en la fácil luz de la farola universitaria. El caso es que nuestra economía tiene una productividad muy baja, fruto de una dedicación excesiva a sectores con poco valor añadido y alejados de los ámbitos punteros en tecnología o servicios. El ladrillo y el turismo dan para lo que dan, y en una economía basada en estos elementos no es necesaria formación sofisticada. Si soltamos un ingeniero aeroespacial perfectamente formado en medio de un poblado en, pongamos por caso, Somalia; y este ingeniero no es capaz de encontrar trabajo no creo que resulte legítimo culpara a la Universidad que lo ha formado por esta falta de empleabilidad.

¿Supone lo anterior una visión complaciente de la Universidad española? Por supuesto que no. Hay muchas cosas que mejorar; pero precisamente para conseguir dicha mejora es necesario acertar en el diagnóstico, y siguiendo al estela de artículos como el publicado ayer en El País nos precipitaremos en la realización de reformas que se situarán justamente en la dirección contraria a aquélla en la que deberíamos avanzar.