martes, 11 de septiembre de 2012

Decir mucho con pocas palabras

"Una enorme bolsa interna catalana, formada en su mayoría por castellanohablantes (entre los que abundan los parados y los que han abandonado los estudios), parece tener su propio código de señales: entusiasmo por la roja, cultura Telecinco, fricciones con la nueva inmigración. ¿Cómo se comportará este segmento de la sociedad catalana que no participa de los valores y emociones catalanistas? ¿Quién lo articulará políticamente", Antoni Puigverd, "Catalunya, en la encrucijada", La Vanguardia, 10 de septiembre de 2012.
Difícilmente se puede decir más con menos palabras: los castellanohablantes en Cataluña somos personas con dificultades para encontrar trabajo y con pocos estudios; nos quedamos embobados viendo el fútbol, nuestra cultura no da para más que seguir Telecinco y tenemos tendencias xenófobas. Pese a todo eso seguimos siendo catalanes y hay que contar con nosotros, por lo que alguien tendrá que asumir la difícil tarea de "articularnos" (¿encuadrarnos?) a fin de que o bien pasemos a asumir los valores y emociones catalanistas -valores y emociones a los que ahora somos ajenos- o, al menos, no molestemos excesivamente en el proceso de construcción nacional que de forma tan decidida están iniciando los auténticos catalanes; esos que se expresan en catalán, no tienen dificultades para encontrar trabajo, no abandonan los estudios, desprecian a la roja, han desconectado Telecinco de su televisor y son personas tolerantes y acogedoras con los "nouvinguts", los nuevos inmigrantes que tan mal son tratados por ese segmento de la población castellanohablante que no comparte los planteamientos rupturistas.
Todo proceso de construcción nacional supone un algo de mito, un algo de ficción, un algo de leyenda y un algo de irracionalidad; pero es siempre conveniente ser cuidadoso con las personas. Mentir sobre lo que supuso la Guerra de Sucesión o inventarse una fecha para datar los mil años de Catalunya está en el mismo apartado que la sublimación de la conquista de Granada, del descubrimiento de América, de la batalla de Covadonga o del Cid Campeador (y del sitio de "El Álamo", de Napoleón Bonaparte o del canciller Bismarck). Intentar dividir a los catalanes entre los buenos (los catalanistas de siempre, ahora independentistas, caracterizados por su laboriosidad, cultura y generosidad) y los malos (los que hablan castellano y se alegran cuando gana la selección española, fácilmente identificables por ser poco trabajadores -"abundan los parados"-, con escasa formación y cultura y una limitada capacidad de acogida) es otra categoría de juego, un juego muy peligroso. Ya digo que demasiado bien entiendo que no se puede ser excesivamente riguroso cuando de lo que se trata es de construir una nación; pero lo que es intolerable es que se etiquete a las personas con semejante frivolidad.
Mucho se podría hablar sobre el castellano y Cataluña, los castellanohablantes y lo que significa este país; el independentismo, los independentistas y quienes no lo son (somos); pero creo que no sería apropiado comentar estas cosas en una entrada que comienza con unas frases tan desafortunadas como las que aquí recojo. Opiniones como esas no merecen más que la crítica y el desprecio.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Las cuestiones nacionales

No está mal el artículo que hoy publica en La Vanguardia José Antonio Zarzalejos. Me parece, además, significativo porque muestra un importante cambio de tono hacia la cuestión de las nacionalidades. El título es muy contundente ("La independencia no es opción"); pero si se lee el contenido se ve que se van repartiendo culpas a diestro y siniestro con una conclusión clara: es preciso dar una respuesta suficiente a las demandas de autogobierno de Cataluña (y también del País Vasco y de Galicia). Son  necesarias nuevas reglas del juego que permitan salir adelante de una situación que está dañando profundamente al conjunto de la Nación (o de las Naciones o del Estado o de como se quiera llamar) y, sobre todo y eso es lo más importante, al conjunto de los ciudadanos.
Ahora bien, el problema que existe es que no creo que se den las circunstancias precisas para esa reformulación de las reglas del juego; o, lo que es lo mismo, para un nuevo proceso constituyente. El artículo de Zarzalejos parece también asumir esta falta de las condiciones adecuadas para superar un distanciamiento entre el centro y la periferia que cada vez se hace más profundo. El articulista no ahonda excesivamente en las causas de esta carencia; pero me parece bastante importante identificarlas y, a partir de ahí determinar qué se puede hacer y lo que puede pasar si, como parece probable, no se hace nada.
A mi me parece que el punto de partida ha de ser la distinción entre acuerdos y consensos, de la que ya me ocupé hace años (aquí y aquí). El día a día de la política se basa en los acuerdos; pero tales acuerdos precisan de un contexto que no esté sometido a los vaivenes de las negociaciones y las componendas; es preciso que haya algún punto en el que todos estén de acuerdo; es decir, que se cumpla no porque así se consiga otra cosa, sino porque se entiend que es la mejor opción. Durante la Transición en España se tejieron algunos de esos consensos, y eso implicó que se dejaron fuera del debate diario algunas cuestiones básicas. Una de ellas, quizá la más importante, fue la de la estructura del Estado, en la que casi todos estaban de acuerdo en que España como Estado no debía romperse siempre que las nacionalidades históricas gozaran de un volumen suficiente de competencias.
Desde hace años vemos cómo ese consenso básico (y otros; también, aunque es menos importante, la cuestión de la forma del Estado, monarquía parlamentaria o república) se ha roto, con la consecuencia indeseable de que se mezcla la negociación sobre cuestiones puntuales con debates sustanciales. A esto se une una propensión generalizada a la descentralización hasta llegar al punto en el que las tendencias secesionistas están a punto de conseguir la fragmentación del Estado.
En esta situación lo racional es sentarse y diseñar un mapa de relaciones que suponga una nueva asunción de consensos. Consensos no quiere decir acuerdos, como decía. Un acuerdo supone que yo cedo en algo para que tú cedas en otras cosa. Un consenso, en cambio, implica que todos los que negociamos encontramos un punto de encuentro; una forma de actuar o de ver la realidad en la que se produce una coincidencia. Como digo estos consensos son necesarios para que la vida política pueda seguir su curso y podamos centrarnos en las cosas que realmente importan: cómo conseguir que la vida de las personas sea mejor cada día, que la sociedad sea un marco adecuado para el desarrollo personal y colectivo.
En la actualidad la búsqueda de ese consenso en España tiene un elemento adicional que no existía hace cuarenta años y que contribuye a dificultar su consecución. Cualquier solución no puede hacerse de espaldas a Europa. Los españoles nos hemos integrado en la Unión Europea y estamos todos de acuerdo (éste sí que es un auténtico consenso) que Europa es el camino, que no hay salvación fuera de Europa. Así pues, cualquier nuevo pacto constituyente precisa que se resuelva el tema de la forma en que Europa se hará presente en él.
En cualquier caso la búsqueda de ese consenso precisa análisis rigurosos y claros de la realidad. Para mi esa es la principal dificultad para llegar a una solución. Por desgracia desde hace años observamos que el debate sobre la estructura del Estado se hace con una tremenda falta de rigor y una apelación constante a instintos primarios que hacen imposible cualquier planteamiento serio. Zarzalejos habla del "España nos roba" que tanto se repite en Cataluña; pero también encontramos exabruptos del otro lado. Esta mañana misma leía que el presidente de Extremadura decía que "Cataluña pide y Extremadura paga", obviando que Catalunya en su conjunto es un contribuyente neto a las arcas públicas españolas, situación que, me parece, no es la de Extremadura. O dicho con más precisión: el conjunto de impuestos pagados por los contribuyentes con residencia fiscal en Catalunya es superior a la cantidad de dinero que el Estado invierte en Catalunya o transfiere a administraciones públicas con sede en Cataluña (Comunidad Autónoma, Diputaciones y Ayuntamientos); mientras que el conjunto de impuestos pagados por los contribuyentes con residencia fiscal en Extremadura es inferior a la cantidad de dinero que el Estado invierte en Extremadura o transfiere a administraciones con sede en Extremadura (Comunidad Autónoma, Diputaciones, Ayuntamientos). Pueden consultarse algunos datos sobre esto, publicados por el Gobierno de España, aquí (véase la p. 6).
En fin, lo importante no es la anécdota, sino la constatación de que falta el más minimo rigor y cualquier voluntad de intentar construir un escenario adecuado para el conjunto de los ciudadanos. Los políticos parecen atrapados por los plazos entre elección y elección y preocupados como parece estar la mayoría tan solo por mantener sus cuotas de podre se me antoja inasumible intentar siquiera un planteamiento como el que aquí propongo.
De todas formas, si se decidieran a  realizar el ejercicio, las soluciones posibles son aparentemente sencillas; o al menos a mi así me lo parece. En primer lugar me parece que resulta completamente inasumible continuar con un debate eterno sobre la estructura del Estado. Afortunadamente los partidos nacionalistas ya hablan con naturalidad de lo que siempre ha sido su objetivo último, la independencia, con lo que por este punto es más fácil plantear con claridad los términos del debate que no son otros que una ruptura del Estado o, por el contrario, la renuncia a la independencia en el marco de un Estado que satisfaga las aspiraciones de autogobierno de sectores mayoritarios en algunas Comunidades Autónomas.
Planteadas así las cosas el orden del debate creo que resulta claro: es necesario agotar las posibilidades de reestructuración del Estado antes de pasar a su alternativa: la planificación de su voladura controlada.
En lo que se refiere a una posible reestructuración del país creo que tendrían que hacerse propuestas diáfanas; supongo que cada cual tiene la suya. La mía a estas alturas ya es clara: Cada Comunidad Autónoma ha de disponer de la capacidad de regular sus propios impuestos con el fin de obtener los recursos necesarios para gestionar las importantes competencias que tiene (Sanidad y Educación sobre todo). El Estado debería, a su vez, tener sus propios impuestos para obtener los recursos precisos para la gestión de sus propias competencias (Defensa, Justicia, Asuntos Exteriores y muy poco más). Serían necesarias, además, normas para articular las distintas políticas fiscales y evitar el fraude (instalación de sociedades en Comunidades Autónomas que hubieran establecido un impuesto significativamente bajo, por ejemplo). Evidentemente la Seguridad Social debería ser estatal pues la única forma en que podría sobrevivir, más en las circunstancias actuales. Las representaciones que actualmente tienen algunas comunidades autónomas en el extranjero deberían integrarse en las oficinas diplomáticas o consulares del Estado ya que la política exterior ha de ser competencia del Estado y a este fin es necesaria una estrecha coordinación de toda la acción exterior de las Comunidades Autónomas. El Estado, vía sus propios impuestos, podría realizar políticas de solidaridad con territorios que necesitaran un mayor apoyo, pero tales políticas habrían de ser claras y transparentes.
A mi este escenario (claramente federal) me parece bastante asumible. Existen ciertas cuestiones que deberían cuidarse también, por ejemplo, la utilización por la administración federal de las lenguas propias de las Comunidades Autónomas que las tengan, pero creo que en una situación de confianza y ausencia de recelos se trata de temas que se irían resolviendo solos.
Evidentemente si si no se consigue un consenso sobre el mantenimiento del Estado la alternativa es la demolición de éste. A mi me parecería una muy mala noticia, máxime en las circunstancias actuales, en las que vemos cómo en Europa los países pequeños (Irlanda, Grecia, Portugal) se ven asfixiados por Bruselas y Berlín mientras que los grandes (Italia, España) son capaces de desviar las políticas del BCE y así evitar males mayores para su población. Desde luego para Berlín y París sería, a la larga, una buena noticia la desintegración de España, pues se desharían de un partner que en ocasiones puede llegar a ser molesto, para ser sustituido por una pluralidad de Estados pequeños que no tendrían papel significativo alguno en el dibujo de Europa (véase sino cómo Holanda y Finlandia tuvieron al final que cesar en su oposición a la compra de deuda por parte del BCE una vez que Alemania la asumió). El conjunto de los que ahora somos españoles tendríamos mucho menos que decir sobre cómo se hacen las cosas en Europa. Pero, bueno, si no hay más remedio qué se le va a hacer. En cualquier caso, esa demolición del Estado debería ser previo acuerdo y consensuada con Europa, porque una declaración unilateral de independencia sería un suicidio.
En fin, que estamos entretenidos.

martes, 4 de septiembre de 2012

Ignominia y traición a Europa


"La Unión [Europea] se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre hombres y mujeres" (art. 2 del Tratado de la Unión Europea).

"La Unión establecerá un mercado interior. Obrará en pro del desarrollo sostenible de Europa basado en un crecimiento económico equilibrado y en la estabilidad de los precios, en una economía social de mercado altamente competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social, y en un nivel elevado de protección y mejora de la calidad del medio ambiente. Asimismo, promoverá el progreso científico y técnico
La Unión combatirá la exclusión social y la discriminación y fomentará la justicia y la protección sociales, la igualdad entre mujeres y hombres, la solidaridad entre las generaciones y la protección de los derechos del niño.
La Unión fomentará la cohesión económica, social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros.
La Unión respetará la riqueza de su diversidad cultural y lingüística y velará por la conservación y el desarrollo del patrimonio cultural europeo" (art. 3.2 del Tratado de la Unión Europea).

"La Unión y los Estados miembros, teniendo presente derechos sociales fundamentales como los que se indican en la Carta Social Europea, firmada en Turín el 18 de octubre de 1961, y en la Carta comunitaria de los derechos sociales fundamentales de los trabajadores, de 1989, tendrán como objetivo el fomento del empleo, la mejora de las condiciones de vida y de trabajo, a fin de conseguir su equiparación por la vía del progreso, una protección social adecuada, el diálogo social, el desarrollo de los recursos humanos para conseguir un nivel de empleo elevado y duradero y la lucha contra las exclusiones (art. 151.1 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea).



La negrita en todos estos artículos ha sido añadida por mí. Me acordaba de ellos ayer, cuando leía que la troika europea había propuesto a Grecia que se aumentara la jornada laboral a seis días. La noticia era adelantada por Eduardo Rojo en facebook y luego la ví confirmada en El País. Si se tratara de una noticia aislada pensaría que es una broma de mal gusto; pero como no es así, como se trata de una propuesta que, por desgracia, es tremendamente coherente con lo que está pasando lo que provoca no es extrañeza, sino indignación, una indignación profunda y dolorosa.
Se trata de una traición a lo que es Europa, a aquello por lo que fueron creadas la Comunidades iniciales y a los objetivos esenciales del proyecto europeo. Los artículos que aquí reproduzco del Tratado de la Unión Europea y del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea no son simple retórica, sino que traducen lo que significa Europa para la mayoría de los europeos: un lugar en el que es posible vivir y desarrollarse como persona sin temor a la miseria y a las injusticias que asolan gran parte del Mundo. Un oasis que tendría que servir de ejemplo para otros ámbitos y donde nadie ha de sentirse abandonado por la sociedad, por sus semejantes. Un lugar en el que las estructuras económicas y políticas están al servicio de las personas.
¿Son conscientes quienes han propuesto esta barbaridad, el alargamiento de la jornada laboral, lo que significa Europa, para qué fue creada? ¿Saben que surgió tras una guerra espantosa en la que fueron pisoteados como en ninguna otra los derechos fundamentales de las personas? ¿Se dan cuenta de que Europa es creada por personas que habían sufrido en sus propias carnes las consecuencias que se derivan de una sociedad injusta y excluyente; personas plenamente conscientes de que si la sociedad no es próspera para todos, los peores demonios saldrán a la luz? Creo que estos funcionarios ni saben nada de esto ni son conscientes del papel que han de jugar como representantes de una de las construcciones políticas y económicas más importantes de la Historia.



El fracaso de Europa en la crisis que nos asola es descorazonador. ¿Cómo puede la Unión Europea no solo tolerar, sino ahondar en la destrucción de la economía griega? ¿Cómo es posible que no solamente se tolere sino que se promueva la exclusión social, la disminución de los salarios, la destrucción del Estado de bienestar? ¿Cómo es posible que el ejemplo griego no haya servido de advertencia y que ahora mismo también Portugal se encuentre en una situación que comienza a ser preocupante y que la tercera y la cuarta economías de la zona euro (Italia y España) estén también sufriendo un castigo en su población profundo e injusto? ¿Cómo es posible que se tolere la destrucción de derechos sociales, la disminuación de la protección social, la alteración de las reglas del juego que han permitido que Europa permaneciera próspera y en paz por más de cincuenta años?
Estamos ante una traición a Europa que no puede dejarnos indiferentes, ante la que hay que reaccionar. Quienes no estén de acuerdo con esta Europa miserable que lo digan, que griten, que actúen. Hay una tarea por delante porque el diagnóstico de lo que sucede es claro: Europa existe como sociedad y como economía, pero Europa no está gobernada por Europa, sino por los Estados. Son los intereses estales y las componendas las que guían el continente al desastre. Muchos lo han dicho, yo mismo lo denunciaba hace años y entonces planteaba que el no asumir un cambio institucional profundo podría tener nefastas consecuencias a medio plazo. Han transcurrido tres años, pero las nefastas consecuencias ya están aquí. En Europa unos ganan y otros mueren. La debacle está aquí mismo y ni siquiera quienes ahora se benefician se verán libres de padecer las consecuencias de una política errada. Una vez que el sur de Europa sea un campo arrasado le llegará el turno al norte, que nadie se equivoque.
Ante esto hay que construir una auténtica política europa. Solamente hay una vía, solamente una solución, solamente una esperanza: Europa, más Europa. Hace poco así lo indicaba un artículo con el que estoy plenamente de acuerdo escrito por tres alemanes. Tiene que haber más iniciativas en este sentido y aquí los partidos políticos tienen que actuar. Los partidos en España, pero seguramente no solo en España, tienen una deuda con la sociedad, que les ha permitido convertirse en los monopolizadores de lo público. Les hemos entregado todo el poder y han de utilizarlo para que las condiciones de vida de todos nosotros sean mejores. Para conseguir esto no hay más solución que una integración política europea y tal integració pasa por la coordinación primero y la fusión después de partidos políticos hasta conseguir auténticos partidos europeos que defiendan políticas europeas no solamente en el Parlamenteo Europeo, sino también en los Parlamentos Nacionales y en los Gobiernos. Los partidos que no opten por esta vía no merecen ninguna credibilidad.



Hemos de reaccionar, hemos de actuar. Tenía razón Eugenia Rico cuando escribía que "Al hombre se le puede quitar todo con tal de que se le quite poco a poco". Ella pone esta frase en boca de un personaje que explica cómo fue posible que los alemanes acabaran privando a los judíos de todo lo que tenían, incluida finalmente su vida. Ahora empiezo a tener la sensación de que nos enfrentamos a la misma estrategia. Reaccionemos antes de que sea tarde.

viernes, 31 de agosto de 2012

Del cine a la palabra

Dejo aquí dos cosas que escribí y que están inspiradas por películas. No sé si será muy fácil o muy difícil adivinar de qué películas se trata:

Otros dioses

Ya son ancianos
quienes fueron engendrados
entre paracaídas,
en noches luminosas,
en tierras lejanas.
Son los dioses humanos;
pero más hermosos, honestos, sanos.
Si mueren, se les recuerda;
ninguna palabra en ellos es vana.
No hay dudas ni errores;
un devenir perfecto, inmaculado.
No son los dioses
espíritus solitarios,
siempre están en el centro
de mil miradas.
La luz restalla en sus rostros hermosos,
sol y lluvia respetan
el momento en que su boca
besa de otro dios sus bellos labios.
Son los dioses crueles y generosos,
su camino no se tuerce,
derriba los obstáculos,
aplasta a quien se opone.
No son misericordiosos los dioses,
matan y mueren,
mueren y matan.
Son dioses de la guerra,
dioses que engendran,
dioses que aman,
dioses que viven,
dioses que matan,
dioses que mueren.
Habitan en el tiempo,
como nosotros.
No son eternos,
como nosotros no somos.
Son como somos,
pero no existen,
como nosotros.

Sangre

Llama la atención
la poca importancia
que tiene.
Un líquido rojo,
fluye poco a poco.
Llevas la mano al vientre
y es como un pequeño
riachuelo
Refresca la mano
y ves el final.
Sientes como te vas.
Miras abajo,
al precipicio
por el que caerás.
Es extraño,
tu estás inmovil
en medio del caos
de piedras y árboles,
nubes y azules.
Tu amor ya no está,
se borra mientras viene
la oscuridad.
Pronto te llegará
el final.


lunes, 20 de agosto de 2012

Todo se va cumpliendo

Una de mis obsesiones es la disminución de los salarios. Desde hace años se viene observando que el peso de las rentas salariales es cada vez menor en el PIB de la mayoría de los países desarrollados (sino en todos) y en España los datos son escalofriantes, porque ya antes de los últimos zarpazos derivados de la reforma laboral y los recortes en las retribuciones de los empleados públicos resultaba que más del 60% de los trabajadores españoles cobraban 1000 euros o menos al mes.
Hace tiempo que preveía que esta disminución de los salarios supondría graves dificultades para la financiación de la administración (muy dependiente de la tributación sobre las rentas del trabajo) y para el mantenimiento de las pensiones. No es posible que con unos salarios decrecientes se mantengan pensiones que en ocasiones superan con bastante lo que cobra actualmente un empleado que realiza un trabajo equivalente al que desempeñaba el ahora jubilado cuando se encontraba en activo.
Así, hemos asistido en los últimos años a una depauperación muy significativa de lo púbico. Se disminuyen las prestaciones sociales, se aumenta la ratio en las escuelas, se introduce el copago en los medicamentos. Además no se han renovado contratos en la administración e incluso se ha comenzado a despedir a empleados públicos; y también se ha producido una rebaja sensible de los salarios de estos empleados, rebaja que en los últimos dos años se acerca al 20% si se suma a la rebaja del nominal la pérdida de poder adquisitivo derivada de la inflación. El último reducto que quedaba por tocar eran las pensiones; pero parece que éstas finalmente también se verán afectadas por los recortes.
Es lógico, tal como planteaba hace año y medio. Si no se producen reformas profundas no son sostenibles pensiones tan desviadas de los salarios como las que tenemos actualmente. Como pese a la gravedad de la crisis no se han introducido reformas estructurales significativas (recortar no es lo mismo que reformar) estamos abocados a una espiral descendente de la que no se intuye todavía el final.

La alternativa es, por una parte, introducir medidas que, pese al enorme paro, intenten mantener un nivel salarial digno de los empleados. Por otra parte, es preciso realizar reformas en el sistema fiscal que eviten la dependencia que actualmente se tiene del IRPF, un impuesto que se ha vuelto profundamente injusto pues solamente grava realmente a los asalariados.
Existe una medida que aúna ambos objetivos: reformular el Impuesto de Sociedades para que tributen más aquellas empresas que peor pagan a sus empleados. Además, se podía hacer disminuir el peso del IRPF aunque fuera a costa de aumentar los impuestos indirectos, el IVA en concreto. El problema que tenemos con el IRPF y con el Impuesto de Sociedades es que existen formas de eludir el pago de tales impuestos a través de ingeniería fiscal internacional (véase, por ejemplo, el caso de los impuestos que paga Apple en España, en materia de Impuesto de Sociedades o el tema de las SICAV en IRPF). Los impuestos indirectos no son tan fáciles de eludir, por lo que suponen una fuente de financiación más fiable para la Administración. Es cierto que no son progresivos (eso nos explicaban a todos en Hacienda Pública y en Derecho Financiero y Tributario), pero también es verdad que el IRPF hoy tampoco es un impuesto excesivamente progresivo como consecuencia de los mecanismos que habilitan para su elusión y el fraude en la declaración en el que incurren bastantes de quienes no cobran por nómina. Creo que hay que encontrar medidas que garanticen que todo el mundo paga en función de lo que realmente gana; pero en tanto no se consiga sería más justo y eficaz disminuir el IRPF en los pocos que aún lo seguimos pagando e incrementar los impuestos indirectos; eso sin olvidar el primero de los objetivos que tendría que tener la política económica de este país: aumentar el nivel de los salarios.
Por otra parte, dado que es tan difícil encontrar trabajo, sería bueno facilitar extraordinariamente el desarrollo de actividades económicas. En España sigue siendo engorroso montar cualquier actividad o negocio. Si se facilitara la creación de empresas y se eliminaran trabas burocráticas todos saldríamos ganando. Quizás muchos de los que ahora están buscando trabajo dejarían de pedir permiso para ganarse la vida. Ojalá.

domingo, 12 de agosto de 2012

Por fin, un plan

Acabo de leer el artículo que aparece hoy en El País y que ha sido escrito conjuntamente por Jurgen Habermas, Peter Bofinger y Julian Nida-Rümelin, inicialmente en el Frankfurter Allgemeiner, y que también ha sido reproducido en otros medios de Europa. Me parece extraordinario.
El análisis de la situación actual es claro: las soluciones que impone Alemania a la crisis actual (recortes y más recortes) no funcionan, y no se buscan alternativas porque éstas exigirían una integración política europea mayor que la que existe actualmente. Ahora bien, de mantenerse la situación actual el desastre es más que evidente, por lo que solamente cabe o bien acabar con el euro y que cada país se enfrente en solitario a los mercados financieros globales o, por el contrario, profundizar en la construcción europea para que un auténtico poder político europeo disponga de los mecanismos para regular el mercado financiero de una manera efectiva. Evidentemente los autores defienden la segunda opción, ya que la primera no supone más que prolongar la agonía de las democracias frente al mercado; una lucha que si cada país emprende de forma separada solamente tiene un vencedor posible.
Urge, por tanto, profundizar (y con rapidez) en la construcción Europea. Solamente Europa puede ser un agente con el suficiente poder como para regular los mercados financieros y devolver la soberanía a los ciudadanos que ahora mismo asisten impotentes al expolio del que son objeto para sostener a los causantes de una crisis que no causaron y que ahora les golpea con dureza.
Aquí hay un diagnóstico, un plan y un proyecto. Hace tiempo que decía que sin una Europa de verdad estábamos perdidos. En el 2009 pronosticaba que en la década siguiente veríamos cómo ya no éramos capaces de incidir en la toma de decisiones que nos afectaban directamente. Ahora ya lo estamos sufriendo: el FMI nos dice que ha de subirse el IVA o bajarse el sueldo de los funcionarios. El BCE, que debería ser un ser un instrumento al servicio de los ciudadanos nos advierte de que los salarios no han bajado suficientemente. La democracia solamente es real si previamente existe un poder público con capacidad de incidir en la realidad, de tomar decisiones que favorezcan a los individuos; si no es así, si la democracia nos permite elegir solamente a gobiernos que carecen de los instrumentos para cambiar nuestras vidas es una pura pantomima. Sabíamos que la globalización podría conducir a esto; y ahora es el momento de ajustar las estructuras políticas a esta nueva situación. Construir una Europa de verdad es el primer paso para ello.

jueves, 2 de agosto de 2012

Sobre fiambreras

Desde hace meses sabemos que un número creciente de niños han abandonado los comedores escolares. La prensa acabó haciéndose eco de un fenómeno que difícilmente puede dejar indiferente a nadie que tenga la más mínima sensibilidad. Hay algo profundamente sórdido en que las dificultades económicas conduzcan a un cambio en los hábitos alimentarios de los niños. No quiero dramatizar excesivamente; no digo que los niños que lleven fiambrera no estén igual o mejor alimentados que los que se quedan en el comedor; pero no estamos ante una opción tomada libremente por los padres, sino forzada por la crisis económica. Familias que antes  dejaban a sus hijos en el comedor escolar deciden dejar de hacerlo con el fin de ahorrarse los cien o ciento cincuenta euros por niño y mes que supone el servicio de comedor. No es posible afrontar ya ese gasto y se han de buscar alternativas. Mandar al hijo al colegio con una fiambrera puede ser una alternativa; pero seguramente no me equivoco si digo que a muchos padres y a muchas madres se les debe de encoger el corazón cada mañana cuando meten la fiambrera en la mochila de su hijo. Se trata de un gesto que implica que el niño tendrá que hacerse responsable de su comida probablemente antes de lo que quisieran sus padres; que no puede disfrutar de aquello que tenía hace unos meses; que no se les puede dar ya todo lo que desearían; que hay una posibilidad de que lo que ellos tendrán será menos de lo que uno tiene.
Creo que una sociedad ha de ser sensible ante problemas como éste, que han de buscarse mecanismos que permitan que los hijos que no pueden comer en sus casas puedan hacerlo en un comedor escolar debidamente atendido y con una calidad suficiente en la alimentación.
Han pasado meses y no tenía noticia de que se estuviesen estudiando mecanismos de ayuda a las familias que se habían visto obligadas a sacar a sus hijos del comedor escolar. Hoy el tema ha vuelto a salir en la prensa; pero la noticia no es la de que se van a intentar dotar más becas de comedor; que se ha intentado llegar a un acuerdo con las empresas que prestan este servicio para que se pueda producir una rebaja en los precios; que se ha intentado que las AMPAS y los departamentos responsables de enseñanza en las Comunidades Autónomas puedan establecer mecanismos de socorro para las familias más necesitadas. No, no se trata de nada de eso, sino de que en Cataluña los niños que acudan al comedor con fiambrera deberán pagar hasta tres euros al día por la utilización de la nevera, de los microondas, la organización de los espacios...
¿Es una broma? ¿Están locos? ¿Se dan cuenta de que la fiambrera se llevaba precisamente para ahorrar? Ahora ¿qué pretenden? ¿que ni fiambrera se lleve? porque habrá familias para las que también será inasumible pagar cincuenta euros por niño y mes por... usar una nevera y un microondas. Las patéticas explicaciones con las que va acompañada la noticia (no sé qué sobre que la calidad de la comida comienza en casa, que se darán indicaciones en una página web sobre cómo tienen que ser las comidas y otras sandeces por el estilo) son el complemento perfecto para una noticia que muestra que "el gobierno de los mejores" carece de la más mínima sensibilidad a la hora de establecer prioridades. Ahí siguen, por ejemplo, costosos organismos de más que dudosa utilidad (tribunal catalán de defensa de la competencia, embajadas, consell de garanties estatutàries...) mientras se deja de pagar a las entidades que se ocupan de atender a ancianos y dependientes; y ahí siguen también los no sé cuántos canales de TV3 y las ayudas millonarias a los periódicos mientras los niños  han de pagar ¡tres euros diarios por poder llevar una fiambrera al colegio!
Lo peor, con todo, no es que carezcan de sensibilidad a la hora de establecer prioridades; sino que parecen no darse cuenta de que en las circunstancias actuales esta noticia es una afrenta, un insulto a todos los que lo están pasando mal ante una situación que nos supera y supera a quienes nos gobiernan. Si no saben hacer algo más que cobrar tres euros por día a cada niño por llevar una fiambrera al colegio, por favor, váyanse ya.

domingo, 22 de julio de 2012

Sobre cómo comentar la Fórmula 1 y acerca de los problemas estructurales de una sociedad

Hace mucho que no escribo sobre Fórmula 1. Durante bastante tiempo comentaba casi cada carrera y especulaba sobre cómo podrían ir las siguientes. Hace un par de años se produjo un cambio significativo en la normativa y me dio la sensación de que me quedaba "descolgado", que ya había demasiadas cosas que se me escapaban. Ahora veo las carreras mucho más perdido que antes, y eso es bueno porque todo es bastante impredecible, lleno de sorpresas y cambios. Más divertido en definitiva.
Si hoy vuelvo a la Fórmula 1 no es para hablar de la carrera de este domingo o de carreras anteriores, sino -digámoslo con toda claridad- para meterme con los comentaristas de este deporte en televisión.
Este año ya no sintonizo a Lobato (que ahora está en Antena 3; pero que, me imagino, seguirá haciendo lo mismo que hacía en La Sexta y antes en Telecinco) y me he ido directamente a TV3. El año pasado y muchos de los anteriores los comentarios de Lobato eran soportables porque con él estaba el que, sin duda, es el mejor comentarista de Fórmula 1 que hay en España, Pedro Martínez de la Rosa. Como este año corre no comenta y aunque me alegra que esté en la parrilla echo de menos sus comentarios informados, ponderados y con el punto justo de gracia (¡qué listo Pedro, todavía recuerdo cómo toreaba hace unos años a un comentarista de Telecinco bastante osado y, a mi juicio, un tanto desinformado).
En TV3 hay un equipo que en general está bien y con el asesoramiento experto de Joan Villadelprat, quien normalmente ofrece comentarios que aportan, que muestran conocimiento y criterio; pero en los dos últimos grandes premios no han estado en su mejor momento.
Comencemos por el Gran Premio de Gran Bretaña en Silverstone hace quince días. La calificación fue una pesadilla, con condiciones cambiantes y tanta lluvia en un momento dado que se suspendió la Q2 por un buen rato. Al final Alonso, quien estuvo a punto de caer eliminado en la Q2, se hizo con la pole. Fue una calificación interesante en la que Alonso estuvo inconmensurable gestionando unas condiciones muy difíciles. Si uno consultaba la prensa extranjera no costaba mucho encontrar comentarios elogiosos de los periodistas especializados que se quitaban el sombrero ante la exhibición del piloto de Ferrari en la clasificación. Mientras esto sucedía en el extranjero, el comentarista de TV3 no dejaba de insistir en que "a Alonso le había tocado la lotería" y que qué pillo había sido al pedir la suspensión de la Q2 cuando estaba lloviendo tanto y él estaba fuera (como si se suspendiera la calificación porque lo pidiera un piloto, vaya).
Quizás haya una reacción contraria al forofismo de Lobato y compañía que pasa por tratar a Alonso como a cualquier otro piloto, no como al piloto local (y sobre si es local o no para TV3 tendríamos mucho que hablar y sería un debate que nos llevaría muy lejos); pero lo que no puede hacerse es irse al extremo contrario y minusvalorar lo que hace o consigue, porque se puede caer en el ridículo.



Hoy nuevo ejemplo de desinformación. Casi al final de la carrera Vettel adelanta a Button por fuera del circuito. La primera impresión de cualquier aficionado al ver la maniobra es que se trataba de una maniobra ilegal. Ningún comentario en ese sentido por parte de quienes transmiten la carrera y cuando se oye por radio que Button se queja a su equipo del adelantamiento Joan Villadelprat se burla del inglés ("se queja como un niño: ¡mira! me han adelantado por afuera", dijo) y se ratifican en que el adelantamiento de Vettel no planteaba ningún problema porque, según ellos (los comentaristas) "no había cortado ninguna chicane" y "Button no le había dejado sitio y por eso se había ido por afuera". Se trata de comentarios que muestran que no se conoce excesivamente bien el Reglamento de la FIA, que en su art. 20 claramente indica que si un coche se sitúa fuera de la pista ha de regresar a ésta cuando sea seguro y sin obtener ninguna ventaja; es decir, no se puede adelantar por fuera de la pista; más claro el agua. No es preciso que se corte ninguna chicane para que la norma opere. El hecho de que fuera Button quien forzara a Vettel a salir de la pista no habilita a éste último para que pueda volver a la pista obteniendo alguna ventaja.



Es cierto que está prohibido echar a un coche fuera de la pista, tal como indica el art. 16.1 del Reglamento (y, como por cierto, intentó Vettel precisamente contra Button en la salida del Gran Premio de Japón del año pasado); y en el caso de que la salida de Vettel hubiera sido causada por Button se podría haber investigado la acción de éste último y, en su caso, sancionado al británico; pero esto no cambiaría el que la maniobra de Vettel era ilegal. Evidentemente, además, Button no fue el que echó de la pista a Vettel; el inglés simplemente seguía su trazada y Vettel no tenía sitio para adelantar; y como no tenía sitio se salió de la pista para adelantar lo que, como digo, esto está claramente prohibido. No es extraño, pues, que los comisarios hayan sancionado al alemán con veinte segundos de penalización. De libro, tal como me imagino que se habrá explicado en otras televisiones.
En TV3, como acabo de explicar, el incidente fue relatado de una manera completamente distinta: Button era un llorón y Vettel no había cometido ninguna irregularidad; eso es muestra de un desconocimiento de la normativa que no es admisible en quienes cobran por informarnos y que me molesta profundamente. No entiendo cómo se puede acudir a comentar un Gran Premio de Fórmula 1 sin haberse estudiado previamente el Reglamento; es de una falta de profesionalidad preocupante; y esto es lo más grave porque no sucede solamente en los comentarios de las transmisiones deportivas.




Me molesta, por ejemplo, comprobar que con frecuencia el cliente de la tienda de móviles sabe más de teléfonos que el vendedor. Y esto no solamente pasa en el campo de las telecomunicaciones. Todavía recuerdo mi sorpresa cuando al visitar un concesionario de automóviles le pregunté al vendedor cuántos litros de capacidad tenía el maletero del coche que estaba viendo y me dijo que no lo sabía. ¿Cómo es que un vendedor de coches desconoce los datos básicos del coche que está vendiendo? ¿Cómo es que un vendedor de teléfonos móviles no sabe desconectar la línea de datos de uno de los teléfonos que forman parte de su catálogo? ¿Cómo es posible que ninguno de los tres comentaristas de un Gran Premio de Fórmula 1 se conozca el Reglamento de la competición? Como dice mi hermano, España es el paraíso del "masbaratismo". El que las cosas se hagan bien, que los trabajadores estén formados y que haya seriedad no cuenta, lo único que interesa es pagar lo menos posible. Así estamos hundiendo el país y cuando me encuentro con ejemplos de falta de rigor me cabreo, lo mismo da que sea en un aula universitaria, en un banco, en la oficina de correos, en la tienda de móviles, en un concesionario de móviles o viendo por televisión una carrera de Fórmula 1. Son cosas que me sublevan y como no las escriba me subirá la tensión, cosa que no me conviene.

lunes, 16 de julio de 2012

Leer el BOE y morir

Leo el BOE y no doy crédito. Esta mañana mi amiga y compañera Lídia Santos me comentaba que el último Decreto-ley perpetrado por el Consejo de Ministros, el de la subida del IVA, la reducción del sueldo de los funcionarios, y la disminución de la prestación por desempleo a partir del sexto mes "para incentivar la búsqueda activa de empleo" en palabras del Presidente del Gobierno; este Decreto-ley, el vigésimo en lo que va de año, incluía también una especie de prohibición de salida al extranjero de los desempleados. Comentamos por encima las dificultades de encaje que tendría esta prohibición con el Derecho de la UE y quedamos en mirar la norma. Nada más colgar el teléfono busco el Decreto-ley en la página web del BOE y me pongo a leerlo (puede consultarse aquí).
Enseguida aparece la disposición que ando buscando. La leo y no doy crédito, me froto los ojos y la vuelvo a leer. No hay duda, ahí está. Se trata del art. 21 del Decreto Ley que modifica el art. 2 del RD 1369/2006, de 24 de noviembre, por el que se regula el programa de renta activa de inserción para desempleados con especiales necesidades económicas y dificultad para encontrar empleo. En este RD se regula la renta activa de inserción, que va dirigida a personas que tienen una renta escasa y que se encuentran con especiales dificultades para encontrar trabajo. De acuerdo con el apartado 1 del art. 2 del RD pueden ser beneficiarios de la renta activa de inserción los mayores de 45 años que estuvieran inscritos como desempleados durante 12 meses o más, que no tengan derecho a las prestaciones o subsidios por desempleo o a la renta agraria y que carezcan de rentas de cualquier naturaleza que sean superiores al 75% del salario mínimo interprofesional.
El Decreto-ley del sábado lo que hace es añadir ciertas condiciones para poder ser beneficiario de la renta activa de inserción (haber buscado activamente empleo, no haber rechazado ofertas apropiadas ni haberse negado a participar en acciones de promoción, formación o reconversión profesional). Además -y este es el punto al que quería llegar- se establece que:

"La salida al extranjero por cualquier motivo o duración interrumpe la inscripción como demandante de empleo a estos efectos"

Es decir, si un desempleado sale al extranjero durante el período de doce meses de inscripción como demandante de empleo que ha de pasar antes de poder aspirar a la renta activa de inserción el cómputo de esos doce meses se interrumpe y si quiere aspirar a la renta deberán pasar otros doce meses ininterrumpidos de inscripción como demandante de empleo. El tiempo comienza a contar de nuevo.
Esta exigencia de permanencia en España plantea algunos problemas. Así, en primer lugar, puede darse de bruces con el Derecho de la UE sobre libre circulación de trabajadores, ya que, por una parte, coloca en peor posición a los que se desplazan a otro Estado miembro de la UE a buscar trabajo que a los que se limitan a buscar trabajo en España. Además podría suponer un fuerte desincentivo a que trabajadores de otros Estados miembros se desplacen a España, ya que en caso de hacerlo no podrán regresar a su país de origen por ningún motivo, aunque sea por un plazo breve, si no quieren perder la ayuda de la que podrían beneficiarse en España transcurridos los doce meses de inscripción como demandantes de empleo.
Y aquí nos vamos acercando a la auténtica barbaridad que supone la norma, porque ésta bien clarito especifica que la interrupción se producirá con independencia del "motivo o duración" de la salida al extranjero. Esto es, si un trabajador residente en España (español o extranjero, lo mismo da) recibe la noticia de que su padre o su madre o su hijo o su cónyuge han sufrido un accidente en el extranjero, se encuentran hospitalizados o han fallecido deberá elegir entre desplazarse a donde se encuentra su familiar accidentado, hospitalizado o muerto o perder la posibilidad de conseguir la renta activa de inserción ¿tiene esto algún sentido?
Es más, si el demandante de empleo no quiere perder la posibilidad de dicha renta de inserción deberá renunciar a viajar al extranjero para, por ejemplo, someterse a un tratamiento médico. A mi me parece que esto vulnera la normativa de la UE sobre libre prestación de servicios ya que restringe la posibilidad de desplazarse a un Estado miembro de la UE para recibir el servicio; y dicha posibilidad de desplazamiento ha sido considerada como parte integrante de la libre prestación de servicios. Veremos que opina la Comisión de esta norma.
Pero es que el absurdo puede ser todavía mayor. Un demandante de empleo en España ¿no puede visitar el apartamento que le ha dejado en herencia su tía de Perpignan si quiere aspirar a la renta de inserción? ¿no es esto contrario al derecho a la libre circulación que recoge el Derecho de la UE? Es más, tal como me indicaba mi compañero y amigo Josep Maria de Dios ¿qué sucede si el demandante de empleo vive en Llivia ¿no puede visitar Puigcerdà? Porque para ir de Llivia a Puigcerdà (o de Puigcerdà a Llivia) no hay más remedio que pisar suelo francés, y eso es una salida al extranjero que, dado que no importa el motivo o duración de la misma (véase el texto de negrita más arriba) supondría la interrupción del cómputo de los doce meses precisos para aspirar a la renta de inserción.
Finalmente me queda una duda ¿qué es el extranjero? ¿siempre que se sale de España estamos ante una salida al extranjero o, por el contrario, para que se produzca ésta es preciso entrar en el territorio de un país extranjero? La diferencia no es baladí, porque en cualquier viaje entre la Península y las Islas Baleares se sale de España, ya que parte del recorrido se hace por o sobre aguas internacionales. Si el extranjero es todo lo que no sea España, incluidos los espacios que no están sometidos a ninguna soberanía, los aspirantes de una renta activa de inserción tendrían vedado viajar entre las Islas Baleares y la Península. Desde luego lo que estaría completamente excluido es el viajar entre las Islas Canarias y la Península, pues el vuelo pasa por encima del espacio aéreo marroquí, y eso, técnicamente, supone que se está en territorio marroquí, por lo que es una salida al extranjero.
Quizás se me diga que estoy llevando las cosas al extremo, pero no soy yo el extremista, sino que me limito a leer la norma que se publicó en el Boletín Oficial del Estado del pasado sábado, 14 de julio (¡que ironía!, el día de la Fiesta Nacional de Francia en que se conmemora la toma de la Bastilla).



Es este BOE del 14 de julio el que incluye una norma que leída en su literalidad (y la literalidad de la norma es siempre el primer criterio de interpretación) permite a la administración negar la renta de inserción a quien se hubiere desplazado a Francia o a Portugal a ver si encontraba trabajo, a quien viajó a Burdeos para ser operado mediante una técnica que solamente se practica allí, a quien tuvo que ir a recoger el cadáver de un ser querido en cualquier país del mundo, a quien se desplazó a casa de unos primos en Toulouse para pasar un fin de semana o a quien, simplemente, se perdió en una excursión en el Pirineo y acabó en un pueblecito francés sin darse cuenta de que había salido de España.
Se me podrá decir también que el legislador no quería llegar a este resultado; pero entonces la pregunta es: si no quería ¿por qué lo hizo? ¿no podía expresarse de una manera más ajustada a sus verdaderos propósitos? ¿No podría decir, por ejemplo, que las salidas al extranjero, salvo que fuesen de corta duración y por razones de necesidad, supondrían la interrupción de la inscripción como demandante de empleo, a salvo siempre de los desplazamientos que vengan permitidos por el Derecho de la UE? Podría, pero no lo hizo, y no creo que sea inocente.
Lo que se quiere no es solamente mandar, sino amedrentar y humillar; este "por cualquier motivo o duración" tiene la misma carga de desprecio y afrenta que la explicación de Mariano Rajoy para la disminución de la prestación por desempleo a partir del sexto mes con la que empezaba esta entrada (hacia el minuto 2 del vídeo que cuelgo a continuación):


o el ya tristemente famoso "que se jodan" de la diputada Fabra


Alguien tendría que recordar a esta gente que el ganar las elecciones no da derecho a hacer lo que a uno le venga en gana, despreciando no solo los principios básicos del ordenamiento, sino la lógica, la coherencia y, lo que es peor, la dignidad de las personas, de las personas a las que tendrían que servir.

viernes, 6 de julio de 2012

El fin de un escritor

Entristece leer noticias como ésta, en la que se da cuenta de que la demencia senil de García Márquez le impedirá volver a escribir. Me pregunto, sin embargo, por qué me entristece. No conozco personalmente a García Márquez y lo que le sucede tampoco puede ser calificado de una desgracia extraordinaria, ya que afecta a no pocas personas de su edad e incluso más jóvenes. Además García Márquez tampoco es uno de esos escritores que me hayan subyugado. Leí "Cien Años de Soledad" cuando estaba en el instituto y me entusiasmó, tanto como para animarme a leer la novela que por entonces acababa de publicar Gabo, "El amor en los tiempos del cólera". La acabé, pero no me gustó gran cosa, la verdad. Luego empecé, sin llegar a terminar, otros trabajos suyos y en ningún momento volví a sentir la pasión con la que devoré "Cien años de soledad". No es, por tanto, un escritor de cabecera para mí; y aún así sigue entristeciéndome la noticia de que no escribirá más; que vivirá probablemente todavía bastantes años; pero ya muerto como escritor.
Cuando intento averiguar por qué me entristece la noticia descubro que, como casi todo, tiene más que ver conmigo que con la persona a la que se refiere la noticia. "Cien años de soledad" es una obra especial para mí. Pueden ser tonterías, pero me siento unida a ella. Se publicó el mismo año en el que yo nací, 1967 y recuerdo oír hablar de ella cuando estaba en el colegio, allá por la mitad de los años 70. Entonces la novela era reciente y ya era un mito, algo extraordinario, como Cruyff en fútbol o la llegada del hombre a la Luna unos años antes. Ya entonces, con apenas siete u ocho años pensaba que debía leer ese libro. Afortunadamente no lo intenté hasta diez años después, cuando ya en el adolescencia devoré un ejemplar prestado (no recuerdo ahora por quién) y que lucía en la portada la imagen de una mujer vestida de negro y sentada en una silla; una imagen que en cierta forma también me era familiar (largas tardes en casa de mi abuela entre el final del cole y la hora de cenar, novelas en la radio, juegos y partidas de cartas).
Recuerdo la primera frase de la novela, una de las mejores primeras frases que he leído nunca: "Muchos años después, ante el pelotón de fusilamiento, el coronel José Arcadio Buendía recordó el día en el que su padre le llevó a ver el hielo" (no sé si la frase es exacta, me niego a comprobar ahora la cita y la dejo tal como la tengo en la memoria) y recuerdo la sensación de ligero abandono con que me perdía entre las sucesivas generaciones de Buendías como quien se pierde en un bosque misterioso sin el temor de más osos o lobos que los que quiera poner nuestra imaginación.
Recuerdo la fuerza de la historia, el calor de aquel Macondo imaginado, la forma en que la vida se colaba en esa catedral de la literatura que es "Cien años de soledad". Recuerdo haberla disfrutado y recuerdo, por tanto, cómo pasó a ser parte de mi vida; y de esa forma, inevitablemente, también García Márquez, su autor. Es curioso, porque comenzaba diciendo que no conozco personalmente a Gabo, y es cierto; pero a la vez siento que de alguna forma me es próximo por haber compartido sus obsesiones de forma intensa durante unas semanas (las que dediqué a leer su libro) y de manera más comedida pero constante desde entonces hasta el día de hoy. Entiendo ahora que los lectores quieran conocer a los autores y que se sientan traicionados si el autor niega una firma, un saludo o una foto. Racionalmente diríamos que el autor tiene derecho a mantener la distancia con quienes no son más que desconocidos; pero yo le diría que ese privilegio le fue retirado en el mismo momento en el que dio a leer su obra; a partir de entonces ha de sentirse obligado a corresponder a ese gesto de extrema intimidad que es leer lo que otro ha escrito, porque lo cierto es que los autores son parte de la vida de sus lectores, y parte normalmente más importante que la de los vecinos o, incluso, los parientes de esos mismos lectores.
Así voy entendiendo porque me ha entristecido la noticia de la demencia senil de García Márquez. En cierta forma la muerte como escritor del autor de "Cien años de soledad" traslada al pasado mi propia experiencia como lector de su obra, mi entusiasmo adolescente por la historia de Macondo, mi curiosidad infantil por aquella novela de la que hablaban todos los mayores, el recuerdo de aquella portada que me transportaba a las tardes que de niño pasaba en casa de mi abuela. En definitiva, me entristece no por García Márquez, sino por mí. Como dijo Donne, las campanas siempre doblan por nosotros.