domingo, 28 de septiembre de 2008

Singapur (la noche blanca y negra)

Ay, ay, ay... que me parece que me he equivocado. Apostaba por Massa frente a Hamilton en anteriores comentarios. Pensaba que el brasileño ya había agotado la mala suerte esta temporada; pero me equivocaba. En Singapur ha vuelto el cenizo a restregar su mano por la chepa de Felipinho y le ha dejado una cara de "no me puedo creer lo que está pasando" que es un poema.

Y es que sin la manguera dichosa otra historia se estaría contando. Hasta ese momento Massa había dominado a Hamilton. Puede que fuera más corto de gasolina que el inglés; pero ahí el safety car jugaba en su favor. Todos tenían que entrar juntos a repostar y, por tanto, la ventaja que pudiera tener Hamilton no serviría de nada. Quizás no hubiera ganado la carrera; pero en cualquier caso Hamilton se hubiera quedado detrás.
Pero todo se torció. La manguera se enganchó y Massa salió a la calle del pit lane con ella adherida a su vehículo. ¡Qué imagen! ¡Qué desesperación! Hasta ahí tuvo mala suerte Massa. No se podía querar parado allí bloqueando la calle de boxes. Tenía que seguir hasta encontrar dónde aparcar; y para su desgracia Ferrari es el campeón del año pasado, y eso implica que su box es el primero de todos. Si su box fuera el último podría parar inmediatamente y arreglar el entuerto. Como era el primero, tuvo que hacer un desfile de la vergüenza ante los ojos incrédulos de toda la familia de la F1. La carrera de los mecánicos de Ferrari tras el coche de Massa fue el complemento perfecto para una actuación ridícula de la escudería italiana. La imagen de Kimi estrellándose contra el muro en las últimas vueltas de la carrera sirvió de colofón a una noche negra para los de rojo. Sin excesivo esfuerzo, Hamilton obtuvo el premio de seis puntos más de ventaja sobre Massa.

Y ganó Alonso. En otro comentario apuntaba que cualquier safety podría tener como consecuencia de que un piloto del fondo de la parrilla con una estrategia arriesgada se viera favorecido. Como hay muchos pilotos que no tienen nada que perder es fácil que cualquier alteración del ritmo normal suponga que gane quien ha acertado con la estrategia adecuada para las especiales circunstancias del gran premio. En este caso el beneficiado fue Alonso. Si el safety car entra dos vueltas antes o tres después no le hubiera servido de casi nada al asturiano. Al producirse el accidente de Piquet justo tras el repostaje de Alonso, éste se encontró con la primera posición virtual, que se convirtió en real cuando entraron a repostar quienes iban a una sóla parada y se cumplieron las sanciones impuestas a quienes repostaron con el pit lane cerrado.
Lo anterior no quiere decir que Alonso no tenga mérito. Lo tiene, y mucho, porque en las primeras vueltas adelantó hasta cuatro puestos en un circuito en el que resulta muy difícil sobrepasar al coche que tienes delante y, una vez que se vio en las primeras posiciones, rodó con un ritmo constante y muy alto. Es claro que si no hubiera tenido el problema en la calificación y la carrera se hubiera desarrollado normalmente hubiera estado peleando por la victoria. Tras la calificación y en una carrera normal lo más probable es que hubiera acabado por detrás de la décima posición. El coche de seguridad permitió que alcanzara la primera victoria tras la del Gran Premio de Italia en 2007.

En fin, una noche blanca de luz en la primera carrera de Fórmula 1 nocturna, que fue luminosa para Renault y Alonso, y negra para Massa y Ferrari.
Lo de la noche blanca y negra fue tema de un comentario que hice en el blog de Lucía Angélica Folino hace unas semanas y aprovecho la coyuntura para colocar aquí aquel comentario con una mínima alteración, no sin recomendar antes una visita a dicho blog.

Rojo, verde, azul;
colores primarios
relucen bajo un cielo estrellado
en la noche blanca y negra
que iluminan tus muslos
acerados. 
Descansa la luna en ellos
y el reflejo tornasolado
de sus rayos
hace estallar campo y flores
¿Quien pudiera contar
lo que fue aquella noche,
clara como el día,
en que tus caderas fueron almohada
y compañía?
No recuerdo olores
no recuerdo sabores,
tan solo recuerdo colores
en la noche blanca y negra.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Gaiet y Oriour

Gaie et Oriour
(canción anónima francesa medieval)


Lou samedi a soir fat la semainne,
Gaiete et Oriour, seeurs germainnes,
main et main vont bagnier a la fontainne.
Vante l'ore et li raim crollent:
ki s'antraimment souef dorment.


L'anfes Gerairs revient de la cuitainne
S'ait chosit Gaiete sor la fontainne,
antre ces bras l'ait pris, souef l'a strainte.
Vante l'ore et li raim crollent:
ki s'antraimment souef dorment.


«Quant auras, Oriour, de l'ague prise,
reva toi an arriere, bien seis la ville:
Je remainrai Gerairt, ke bien me priset;
Vante l'ore et li raim crollent:
ki s'antraimment souef dorment.


Or s'an vat Oriour teinte et marrie;
Des yeuls s'en vat plorant, de cuer sospire,
cant Gaiete sa seeur n'anmoinnet mie.
Vante l'ore et li raim crollent,
ki s'antraimment souef dorment.


«Laise», fait Oriour, «com mar fui nee
J'ai laxiet ma seeur an la vallee.
l'anfes Gerairs l'anmoine an sa contree.»
Vante l'ore et li raim crollent:
ki s'antraimment souef dorment.


L'anfes Gerairs et Gaie s'an sont torneit,
Lor droit chemin ont pris vers la citeit:
Tantost com il i vint, l'ait espouseit.
Vante l'ore et li raim crollent:
ki s'antraimment souef dorment.


Versión (que no traducción) al español :


Gaiet y Oriur, las dos hermanas,
manos llevan entrelazadas,
camino de la fuente van.
Al viento las ramas se mueven,
quienes se aman tranquilos duermen.

Gerard mira cómo ellas pasan
y a Gaiet a la fuente llama
suave la coge y la abraza.
Al viento las ramas se mueven,
quienes se aman tranquilos duermen.


“Cuando agua bastante tuvieres,
la vuelta sola que hacer tienes:
Yo aquí me quedo, que él me quiere”.
Al viento las ramas se mueven,
quienes se aman tranquilos duermen.


Oriur sola y dolida viene.
Es a Gaiet a la que pierde,
y ella es su hermana, a la que quiere.
Al viento las ramas se mueven,
quienes se aman tranquilos duermen.


"Maldito el día en que nací.
A mi hermana –dice- perdí
y es con él que goza de sí".
Al viento las ramas se mueven,
quienes se aman tranquilos duermen.


Los amantes han regresado.
A la ciudad presto han llegado
y de inmediato se han casado.
Al viento las ramas se mueven,
quienes se aman tranquilos duermen.


jueves, 18 de septiembre de 2008

Ha nacido una estrella

Ya sé, ya sé, es un tópico; pero creo que esta vez completamente justificado. La victoria de Vettel en Monza no es una casualidad ni un fruto de la mera fortuna. Tengo la impresión de que dentro de muchos años los que hemos visto la carrera contaremos a quien nos quiera escuchar "recuerdo la primera victoria de Vettel en la Fórmula 1, fue en Monza, bajo el agua". Probablemente cuando contemos esto Vettel ya haya ganado algún título Mundial o, incluso, puede estar tranquilamente retirado, convertido en una leyenda del mundo del motor. Y los que tuvimos la suerte de ver, aunque sólo fuera por televisión, el Gran Premio de este domingo sonreiremos como hacen los que han sido testigos de algo histórico.

Se veía venir. El año pasado el muchacho ya protagonizó carreras muy buenas en agua. En China fue cuarto y en Japón estaba en posición de podio cuando un golpe por detrás le arruinó la carrera. Recuerdo la imagen del chaval (veinte años) llorando en su box tras aquello. Reconozco que entonces yo no pensaba que tardaría tan poco en conseguir acabar entre los tres primeros en una carrera; pero, vaya, el chico es bueno de verdad y a la primera oportunidad que ha tenido, ¡zas! a por la victoria.

Es grande lo que ha hecho Vettel. Ganar una carrera de Fórmula 1 es difícil, muy difícil. Solamente seis pilotos han conseguido ganar una carrera este año: los dos de Ferrari, los dos de McLaren, Kubica y Vettel. Y si sumamos a las catorce carreras de este año las diecisiete del años pasado nos sale que en esas 31 carreras solamente han ganado siete pilotos: los seis mencionados y Fernando Alonso. Las dieciocho carreras del año 2006 solamente añaden tres nombres a la lista: Fisichella, Schumacher y Button. Es decir, en 49 carreras solamente diez pilotos han podido ver la bandera a cuadros en primer lugar. Que Vettel haya ingresado en este club con un coche que no es puntero solamente puede explicarse porque nos encontramos ante un piloto muy sólido. Es cierto que tuvo su punto de suerte con la catástrofe de Raikkonen y Hamilton en la calificación y luego, ya en carrera, con el error que cometió McLaren al colocar neumáticos de lluvia extrema a Hamilton en su último repostaje; pero hay que estar ahí para aprovecharse de esas circunstancias y Vettel estaba. Chapeau por él.

Dentro de unos años lo único que recordaremos de la carrera será la victoria de Vettel; pero ahora conviene comentar un par de cosas más. En primer lugar la remontada de Hamilton. ¡Qué gran piloto! Este tiene sangre en las venas, está claro. Algún día tendrá un problema por esta manía suya de echar a la gente de la pista; pero es espectáculo puro.

De los pilotos de Ferrari mejor no hablar. En fin, en Maranello sabrán lo que hacen...

Y para acabar, la carrera de Alonso. Los comentarios han sido "gran estrategia de Renault", "acierta el equipo". No estoy muy de acuerdo. Renault había cargado el coche hasta los topes. El resultado de ello fue que en las primeras vueltas de la carrera Alonso destrozó los neumáticos, lo que le obligó a rodar muy lento. Un montón de coches le habían pasado en el momento de hacer el repostaje. Si los coches que paraban delante de él hubieran hecho lo lógico, poner intermedios, Alonso hubiera acabado del décimo para abajo. Tuvo la suerte de que casi todos los equipos fueron conservadores, calzaron neumáticos de lluvia extrema y eso les obligó a realizar una parada adicional. Gracias a esa parada Alonso adelantó los seis u ocho coches que le permitieron llegar a la cuarta posición. Estrategia inteligente hubiera sido haber cargado menos el coche para conservar mejor los neumáticos en la primera fase de la carrera. Estoy casi seguro que de esa forma Alonso hubiera acabado en el podio; pero bueno, siempre es fácil analizar a toro pasado.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Bailén, 19 de julio de 1808 (II)

José guardó otra vez la navaja en el bolsillo. Se echó en el suelo boca abajo y miró por el agujero que acababa de hacer en la retama que le servía de parapeto. Ahora podía ver a los franceses que subían olivar arriba. Ante sí distinguía a cuatro o cinco que marchaban casi hombro con hombro. Tras ellos aún se veía otra línea y quizás tras esta aún había otra. Desde allí no podía saberlo.

Agarró el fusil que tenía a su lado. Ya estaba cargado y con la bayoneta calada. Aún no había llegado el momento de disparar, pero quería tenerlo cerca. Los correajes, a los que aún no estaba acostumbrado, le molestaban al moverse en aquella posición poco natural. Sentía que la ropa le quedaba grande en algunos sitios y pequeña en otros. Le picaba la entrepierna y sentía el sudor en la espalda y en la frente, bajo el sombrero reglamentario que no osaba quitarse. Le dolían los riñones y los hombros.
Había pasado la noche en ese sitio, casi sin poder moverse. A derecha e izquierda más soldados de su compañía inmóviles, aguardando, sin poder levantarse para no descubrir su posición. Tras ellos, a pocos pasos, otra hilera de soldados que aprovechaba la protección de aquella línea de matorrales. No podían hablar para evitar descubrirse, por eso las órdenes pasaban de boca en boca, casi al oído: "cargar fúsiles", les habían dicho. Pensaba que la batalla comenzaría enseguida, su corazón se aceleró y repasó lo que debía hacer. A la orden de "preparados" debía ponerse en pie, apuntar y disparar. Agacharse inmediatamente para que pudiera disparar la segunda línea y, tras la descarga, sin esperar orden para ello, levantarse, cargar el fusil, sacar la baqueta antes de disparar -esto era importante, si no la retiraba, la baqueta saldría disparada, se perdería, el fusil sería ya inútil y, en caso de sobrevivir a la batalla, el sargento le daría una buena paliza- y disparar de nuevo.

Pero la batalla no empezaba, el fusil cargado estaba a mano, los minutos pasaban, el cielo comenzaba a clarear y la batalla no empezaba. Le picaban las piernas, la nariz... aquella inmovilidad le mataba. Claro, tenía dieciséis años, y a esa edad uno no está hecho para permanecer quieto. Cuando se incorporó al ejército de Castaños hacia un mes no pensaba que estaría tanto tiempo quieto. Se imaginaba que la mayor parte del tiempo se la pasaría matando franceses, que para eso se había alistado. En su imaginación los franceses morían de formas diversas: unos fusilados, otros estrangulados o ahorcados; la mayoría, sin embargo, caían bajo su navaja, y ahí, de nuevo, se abrían diversas posibilidades: cortar el cuello, rajar la barriga, hoja directa al corazón -cuando se sintiera misericordioso- o navajazo al ojo. Lo de navajazo al ojo, a su vez, permitía distintas continuaciones. Por un lado, enterrar la hoja en la cabeza hasta llegar a los sesos; por otro lado, profundizar lo justo para hacer saltar el ojo y repetir la operación con el otro ojo ¿qué sería más horrible, morir o quedarse ciego? Le daba vueltas a la cuestión mientras hacía guardia, cuando comía o mientras aparentaba escuchar a sus compañeros.

Podría pensarse que los pensamientos de José eran crueles; pero él no compartiría esta opinión, él no se consideraba una persona cruel. De hecho era uno de los chavales más pacíficos de su pueblo. Ni siquiera cuando era un zagal se había dedicado a martirizar lagartijas, gatos o perros, a diferencia de lo que era habitual entre sus amigos. Le disgustaba, incluso, tener que golpear a las bestias. Ocasiones hubo en que al castigar a un pollino remiso se le habían saltado las lágrimas. Ahora, sin embargo, se regodeaba en sádicos pensamientos dirigidos a seres humanos... bueno, a seres humanos exactamente, no; porque José diferenciaba entre franceses y el resto de la humanidad. Ni por asomo se le ocurriría clavar una navaja en el ojo de otro español, un italiano o un alemán. Con los franceses, sin embargo, era distinto. Cualquier persona de otra nacionalidad debería haber agraviado muy seriamente a José para llegar a mover la ira de éste; sin embargo, en lo que tocaba a los franceses bastaba la pertenencia a esta nación para que le inundara el deseo de causar mal. Era irracional -José lo sabía-; pero, a la vez, inevitable, ineludible.

En algún momento José había intentado apartar aquellas imágenes crueles de su cabeza; pero sucedía que en esas ocasiones las escenas de franceses asesinados eran sustituidas por el sol de aquella tarde de hacía un par de meses en que había tenido que recoger junto al camino el cuerpo desnudo de su hermana, cubierto de suciedad y sangre. Recordaba entonces el llanto de María y las risas de los soldados que se alejaban e, inevitablemente, su cabeza volvía a poblarse con escenas de muerte, mientras que con el pulgar repasaba el filo de la navaja, comprobando que estuviera lo suficientemente mellado como para causar el mayor dolor posible.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Bélgica

Pues sí que ha acabado bien para Massa el Gran Premio de Bélgica. Gana la carrera, le endosa cuatro puntos a Hamilton y, sobre todo, elimina a Raikkonen de la lucha por el título. En el comentario al Gran Premio de Europa decía que sería suicida para Ferrari mantener la lucha entre sus dos pilotos. Tras el resultado de Spa no creo que existan dudas acerca de la necesidad de que Raikkonen se sacrifique por Massa en las cinco carreras que quedan. Ahora el brasileño está a tan solo dos puntos de Hamilton, mientras que al finlandés le separan diecinueve puntos del británico. Bien es cierto que con cinco carreras aún por disputarse una diferencia de diecinueve puntos no es insalvable; pero es claro que la escudería debería apostar por el piloto que tiene más posibilidades, el que se encuentra a un mero tiro de piedra de Hamilton.

Queda por ver si Raikkonen asume este papel de escudero. Debería, ya que aún recordamos el favor que le hizo Massa el año pasado dejándole pasar en Brasil para que fuera campeón del mundo; pero, claro, el campeonato del mundo de Fórmula 1 no es un colmado donde te fían o un club de intercambio de favores. Quizás el finlandés se rebele... lo sabremos en los próximos grandes premios, el primero de ellos en Italia, precisamente ¿Será un chico obediente Raikkonen y aceptará correr con la estrategia que favorezca en mayor medida a su compañero, dejándole pasar en caso necesario? A mi me parece que a pesar de que Raikkonen le debe a su compañero un favor muy grande, no será fácil que admita correr para algo diferente de su propia victoria. Tal como ya he comentado en otras ocasiones Kimi parece un tipo muy especial, un piloto rapidísimo y poco calculador. Hoy hemos visto cómo en la pelea pierde la prudencia; y todavía recuerdo aquél Gran Premio en Alemania (no sé si era el Gran Premio de Alemania o el Gran Premio de Europa) en el año 2005 cuando reventó una rueda en la última vuelta. Estaba enfaenado en una lucha con Alonso y prefirió arriesgarse al reventón a entrar y cambiar la goma, que es lo que tocaba hacer. En fin, con estos antecedentes no me lo imagino ralentizando el ritmo cuando Massa entre en boxes, al estilo de Barrichello en los buenos tiempos de Schumacher.

Quien más favorecido puede salir de una hipotética "rebelión" de Raikkonen es Hamilton. Si los dos Ferrari van al unísono pueden hacerle mucho daño, porque él, por su parte, no parece que vaya a encontrar gran ayuda en Kovalainen. Hamilton es, sin duda, un grandísimo piloto. Hoy lo ha vuelto a demostrar manteniendo la cabeza fría durante cuarenta vueltas y atacando justo en el momento en el que tenía que hacerlo: cuando empezó a llover. Además lleva un coche excelente. A estas alturas todos los equipos excepto los dos que están luchando por el título parecen encontrarse más centrados en el desarrollo del coche del año que viene, por lo que será difícil que los cuatro primeros no sean en cada carrera los Ferrari o McLaren, salvo accidente o jugada afortunada tipo la que llevó a Piquet al segundo puesto en el Gran Premio de Alemania.

En estas condiciones Hamilton puede centrarse en batir a los Ferrari y nos encontraremos con carreras interesantes, tanto en la estrategia como en el desarrollo. Ahora bien, yo sigo creyendo que aquí Ferrari tiene ventaja. Es cierto que en Bélgica los coches estaban igualados; pero no hay que perder de vista que las temperaturas eran muy bajas, y que parece ser que los Ferrari necesitan algo más de calor, lo que probablemente se encuentren en Italia, Singapur y Brasil. Además, Ferrari gestiona mejor estas situaciones que McLaren. A lo mejor los británicos han aprendido de sus errores pasados y este año nos sorprenden; pero, como digo, mi apuesta es Ferrari.

Veremos.

martes, 2 de septiembre de 2008

Amanecer

Un manto negro pálido, rosado
en azul se transforma poco a poco.
Gotas de rocío en el pelo toco,
vibra en el cielo un gemido ahogado,
de los labios el hueco ya cerrado.
Son dioses antiguos los que yo invoco,
son males eternos los que revoco
en este aire puro transfigurado.
Que este primer rayo de la mañana
selle el sacramento de nuestro amor.
Que esta claridad sea luz que sana
de olvidos y reproches el ardor
y que al saber la oscuridad cercana
la esperemos juntos y sin temor.


sábado, 30 de agosto de 2008

Los desastres de la educación

El otro día leía la noticia de que solamente un 30% de los alumnos de 3º de ESO (14 años) de la Comunidad de Madrid habían aprobado una prueba de nivel en matemáticas. Noticia preocupante, claro; que un 70% de los alumnos no llegue al nivel mínimo esperado es para darle vueltas al asunto. Hoy, El País publica algunos de los problemas planteados a estos alumnos, siete, en concreto y me he quedado sin palabras ¿Es eso lo que llaman matemáticas? ¿Son esos los problemas que no pueden resolver nuestros estudiantes de tercero de ESO? ¿Es ese el nivel que se espera de un alumno de 14 años? ¡Pero si son problemas que yo (y todos los de mi generación) resolvíamos con diez o doce años! Pero, ¡Dios mío! ¿a dónde vamos? ¿y son estos los problemas que no podían resolver 7 de cada 10 alumnos de tercero de ESO, lo que en mi época era 1º de BUP?
Ya sé que tras este post alguien vendrá y dirá: "Estas son las típicas críticas de los que no tienen ni idea de pedagogía ni educación, las críticas de los ignorantes que no saben que la calidad de la enseñanza en nuestro país ha subido en los últimos veinte años porque hemos conseguido integrar a un número muy importante de niños y niñas que antes estaban fuera del sistema".
Fin de las comillas y respuesta a este "argumento" que tantas veces he oído: Falso, la calidad de la enseñanza no aumenta porque se escolarice a más niños. La calidad de la enseñanza aumenta si los niños escolarizados saben más cosas, son capaces de hacer más cosas y tienen asentados mejores valores. Meter más niños en el sistema para que a los catorce años no sepan resolver problemas que no exigen más que sumar, restar, multiplicar y tener un poco de sentido común no es mejorar la calidad de la educación.
Pero ¿por qué no reaccionamos ante tamaño desastre? ¿por qué seguimos manteniendo al frente de nuestros sistemas educativos a los profetas del "aprender a aprender", "las nuevas metodologías docentes", "la armonía en el aula" y demás -permítaseme la expresión- chorradas? Ya sé que estoy haciendo puntos para que se me replique que lo único que demuestro es mi propia ignorancia en las sutilezas de la educación, ya lo sé; pero es que estoy hasta las narices de ver cómo tiramos a la basura el sistema educativo de este país, y detrás del sistema educativo va todo lo demás.
Me he cabreado.

viernes, 29 de agosto de 2008

Noche

Fría, cubierta por ceniza
sola y oscura presencia.
Inmenso espacio desolado
giran furtivos entre ruinas
sin tocarse, sin mirarse;
los ojos hacia adentro, ansiosos.
El silencio aquieta las aguas,
desciende el alma a lo profundo
y allí se deshace
fluyen oscuros los glaciares,
hielo silente que penetra
en las entrañas de la tierra.
No hay recuerdos;
tan solo una noche sin día,
sin ayer, sin mañana, sin hoy.
Una existencia vaporosa, cenagosa.
Negro en el cielo, silencio,
y, en el último rincón del pensamiento,
una risa,
verde y rojo,
la brisa.
¿Un consuelo?
No,
tan solo el eco
de por lo que allí fueron.

lunes, 25 de agosto de 2008

Valencia

Pues tampoco ha sido hoy. Tras cada gran premio me apresuro a leer la columna de Joan Viladeprat en El País, esperando que, finalmente, haga un pronóstico sobre quién será el campeón del mundo de Fórmula 1. Hoy esperaba que se decantara por Hamilton o Massa. Si la previsión se hubiera realizado en favor de Hamilton es casi seguro que Massa sería el campeón; y si Viladeprat apostase por este último mi propia apuesta sería por Hamilton. Hasta ahora ha sido un valor seguro el que descartaba el señor Viladeprat. En el año 2005 su apuesta era Raikkonen, y acabó ganando Alonso; en el 2006 apostaba por Schumacher, y ganó Alonso; en 2007 creía que ganaría Alonso, y -como todos sabemos- gano Raikkonen. En fin, cosas que pasan.
Como digo, deberemos, sin embargo, seguir esperando, porque en su colaboración en El País de hoy, 25 de agosto, no hace un pronóstico, sino que se limita a señalar que Ferrari tiene un problema de fiabilidad. Pero como él no se moja, pues lo haré yo; y creo que ganará Massa. ¿En qué me baso? Pues, en primer lugar, en que el Ferrari es más rápido. En Valencia Massa hizo pole, vuelta rápida y se alzó con la victoria final. Los McLaren no tuvieron posibilidades reales de arrebatarle la victoria en ningún momento. En segundo lugar, creo que a partir de ahora Ferrari apostará claramente por Massa. Es cierto que Raikkonen está a "sólo" 13 puntos de Hamilton; pero a falta de seis carreras seguir jugando a dar igualdad de oportunidades a sus dos pilotos sería suicida; sobre todo porque en McLaren Kovalainen trabajará claramente para Hamilton, y para probarlo no hace falta más que recordar lo que pasó en Hungría hace tres semanas.
Ciertamente, el vaticinio que hago es arriesgado. McLaren tiene un coche rápido y fiable, y Hamilton está pilotando muy bien. De hecho, tras Australia opinaba que Lewis era un firme candidato al título y así se está demostrando en una temporada que, en principio, parecía muy igualada; pero mi pálpito es que al final serál los coches rojos los que se lleven el gato al agua.
¿Y en cuanto a la carrera de Valencia? Pues que fue aburrida. No hubo adelantamientos ni tensión por las estrategias. Solamente las desventuras de Raikkonen, primero atropellando a un mecánico y luego rompiendo el motor, perturbaron un Gran Premio bastante anodino. Todo el mundo habla maravillas del circuito de Valencia; pero a mi, he de confesarlo, no me impresiona. Puede que sea bonito de conducir; pero para que ese disfrute del piloto se traslade al espectador debe haber acciones arriesgadas que no se han producido. Como decía Joan Viladeprat en su comentario los muros imponen y los pilotos no han querido arriesgar.
Sí que me pareció interesante el entorno del circuito, frente al glamour empalagoso de Mónaco, Valencia se presentaba como un circuito más rudo, más industrial, más auténtico. Los boxes parecían colocados en una lonja o en un almacén y los alrededores del circuito transmitían ese aire casi abandonado de las inmediaciones de los grandes puertos. No esperarías encontrarte por allí un play-boy con gorra de capitán de yate; sino marineros con mirada perdida tras semanas en un petrolero. Ya está bien que, aunque solamente sea en eso, la Fórmula 1 se acerque a los mortales.

viernes, 15 de agosto de 2008

Príncipe

Brillan las blancas piedras de la plaza
en la luz alegre de la mañana.
El príncipe dirige su mirada,
alta, altanera, clara
al bullicio que vibra,
a las chicas que pasan,
escucha las voces
de los vendedores.
Un cristal le separa en su palacio
de aquel fluir insensato.
Con fría calma estudia el escenario
buscando, sin saber, lo más cercano.
Su vista se detiene,
cesa su devaneo.
Una túnica blanca, pelo negro;
un cántaro en la cadera apoyado,
ojos vivos, prendidos.
Claridad y agua fresca,
suave brisa en el rostro.
Vida pura rebosa
en el leve ondear
de la figura hermosa.
El mundo se resume
en aquellos ojos,
en el aire que exhala,
el corazón que golpea,
la carne que lo rodea...
¡Cuánto no daría él
por sentir un instante
aquel aire en su rostro,
el latido en su pecho!
Crece en él el deseo,
la rabia.
Una vida perdida,
destrozada.
Regala una sonrisa
la muchacha
y el joven agraciado
suelta la carcajada.
El puño se crispa
junto a la ventana.
A la noche redoblan los tambores
se juntan las filas de los guerreros,
el príncipe mira con ojos fieros.
Las hogueras ya iluminan el cielo.
Muertos, gritos, prisioneros.
Muchos han pagado
del príncipe el deseo.