Castelldefels

domingo, 25 de agosto de 2013

No es Red Bull, es Vettel


Cinco años después vuelvo a escribir sobre Vettel. En 2008, tras su primera victoria en la Fórmula 1, redacté una entrada titulada "Ha nacido una estrella" en la que predecía que en unos años sería campeón del Mundo y una leyenda del deporte del motor. Me alegro de haber acertado, aunque haya sido a costa de mi piloto favorito, Fernando Alonso, a quien sigo desde antes de haber llegado a la Fórmula 1.
La carrera de Vettel de hoy ha sido redonda; pero, además, es la confirmación definitiva de que no solamente tiene un gran vehículo, sino que es un grandísimo piloto, de los que hacen ganar unas cuantas décimas por vuelta al coche que conducen. En los últimos años Alonso se ha quejado amargamente de que no disponía de un coche que estuviera a la altura de los Red Bull, y tiene toda la pinta de tener razón; pero es claro que con el Ferrari de este año Alonso dominaría a los Red Bull... si uno de ellos no estuviera conducido por Sebastian Vettel. No sabremos quién es mejor piloto, si Alonso o Vettel; pero es claro que el problema de Fernando este año no es solamente Adrian Newey, tal como ha sostenido en más de una ocasión; sino el piloto alemán, que es capaz de sacar rendimiento extra a un coche que ya es excelente.


Hoy Alonso disponía de un coche competitivo. La clasificación no le salió bien por culpa de un trompo que le impidió correr la vuelta buena, la que en la Q3 se dio ya sin lluvia y en donde sus rivales más directos consiguieron los primeros puestos de la parrilla; pero eso no fue transcendente. En la Fórmula 1 actual lo importante es el ritmo de carrera porque con el DRS se puede adelantar y de esta forma los coches más rápidos acaban estando delante. No creo que Alonso hubiera podido ganar la carrera ni siquiera aunque hubiera conseguido la pole position, Vettel tenía un ritmo superior y se hubiera acabado imponiendo. Lo real es lo que vimos desde la vuelta 14 o 15, a partir del momento en el que Vettel y Alonso se colocaron primero y segundo. Durante 30 vueltas ambos lucharon en una distancia que nunca fue inferior a 6 segundos y que llegó a los 16 al final de la carrera. Alonso apretaba y Vettel apretaba, conseguía un buen colchón de segundos y se relajaba; entonces Alonso podía simplemente igualar los tiempos de Vettel; ahora bien, cuando Vettel apretaba en cada vuelta le metía entre medio segundo y un segundo al piloto español. Esta era la diferencia que hoy había entre ellos.
Y por detrás, el resto. Hamilton no podía con Alonso y acabó a 10 segundos de Alonso, una distancia del mismo orden que la que Vettel impuso entre él y Alonso. Más atrás Rosberg, Webber, Button y Massa. Es importante fijarse en la diferencia de Alonso con Webber, porque ésta quizá nos de la medida real de lo que cómo iría el campeonato si el otro Red Bull no estuviera conducido por Vettel. Webber acabó a 16 segundos de Alonso (la misma diferencia entre Alonso y Webber que entre Vettel y Alonso); lo que nos indica que contra un piloto "normal" Alonso estaría en condiciones de ganar la carrera; pero Vettel es mucho Vettel y fue capaz de meterle al final casi 34 segundos a su compañero de equipo.
¿Implica lo anterior que el Ferrari es mejor que el Red Bull y tan solo es mérito de Vettel estar donde está? Yo no diría tanto. Vettel le metió 34 segundos a Webber; pero Alonso aventajó en la meta en 37 segundos a Massa; lo que nos indica que Alonso es también un piloto que hace rendir al coche por encima de sus posibilidades. Ahora bien, como decía, esta carrera permite apreciar que sin Vettel Red Bull no sería Red Bull. Conviene reconocer la grandeza del campeón alemán porque ya no se sostiene que es solamente el coche el que se impone: sin el piloto que tiene, otros grandes pilotos en buenos coches (Alonso en Ferrari, Hamilton en Mercedes y Raikkonen en Lotus) le estarían poniendo las cosas muy, muy difíciles a los monoplazas de Adrian Newey.

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