Un libro

sábado, 24 de agosto de 2013

Las elecciones importantes son las de 2014, no las de 2015. Sobre las elecciones europeas (I)


Hace casi un año escribía una entrada titulada "Ignominia y traición a Europa". Al hilo de la incalificable demolición de la economía y la sociedad griegas que está perpetrando la UE recordaba algunos de los principios básicos sobre los que se asienta la construcción europea (respeto a la dignidad humana y a los derechos humanos, solidaridad, economía social y de mercado que ha de tender al pleno empleo y al progreso social, fomento de la justicia y de la protección social, cohesión económica, social y territorial así como solidaridad entre los Estados miembros). Entonces, hace un año, la troika se planteaba pedir que la jornada laboral en Grecia se aumentara a seis días a la semana y yo me preguntaba cómo era posible que tal propuesta pudiera hacerse en el marco de una Unión que se había presentado desde sus inicios como un instrumento para el progreso y desarrollo de las personas y de sus países integrantes.
Esta Europa centrada en el pago de la deuda antes que en el acceso a la vivienda, a la educación, a la salud e, incluso, a los alimentos de sus ciudadanos; una Europa en la que se anima a la destrucción de los derechos sociales en el ara del mercado y en la que la solidaridad entre los Estados ha sido sustituida por un enfrentamiento que hace crecer la crispación, el odio y el desprecio entre los distintos pueblos del continente no es la Unión que se plantearon los padres fundadores, ni la que avanzó durante décadas en una integración cada vez más profunda para acabar extendiéndose tanto al Sur como al Este. Esta UE, que solamente se presenta como torpe instrumento en manos de los poderes financieros, está causando un daño enorme en la vida de millones de personas.



Europa es casi todo en nuestras vidas. Hace unos pocos años casi nadie era consciente de ello (¡cuántas veces tuve que responder a esa increible pregunta: "¿para qué nos sirve la Unión Europea?"!); y ahora, en cambio, es una certeza que penetra hasta el hueso. Todos recordamos el mes de mayo de 2010, cuando tras una reunión de los presidentes del Gobierno de la UE, José Luis Rodríguez Zapatero anunció aquellas medidas de recorte que hicieron que todos comprendiéramos en toda su crudeza lo que significaba haber perdido la soberanía monetaria y lo que implicaba ser miembro de la UE cuando había dificultades. Tras esto hemos tenido nuevas muestras de la enorme relevancia de la UE en nuestras vidas: prima de riesgo, compra de deuda, rescate bancario, control de fronteras, ayudas a la industria, planes de empleo juvenil, subidas y bajadas de impuestos... todo pasa por Bruselas.
Y Bruselas se nos presenta como un laberinto donde gobiernan los alemanes con mano de hierro y que adopta decisiones sobre las que no tenemos ningún control. Bien, quizás sea una presentanción interesada que pretende que no hagamos uso del enorme poder que como ciudadanos aún tenemos. Si pensamos que nada podemos hacer para cambiar las cosas nada haremos. Quizás haya quien esté interesado en que sea así, que nos quedemos sentados y desesperados en el convencimiento de que nada puede enfrentarse a los mercados financieros, la globalización y la desregulación.
Pues bien, no es cierto que no haya nada que hacer. La UE tiene un funcionamiento más complejo que un Estado, en el que los ciudadanos eligen a sus diputados y éstos al Presidente del Gobierno (o, como en el caso de Estados Unidos o Francia, los ciudadanos eligen por una parte a los diputados o senadores y en una elección diferente al Presidente); pero aún así es inteligible y, lo que resulta más importante, se trata de un sistema que también se basa en la voluntad de los ciudadanos.


Las funciones que en España desempeña el Gobierno y el Parlamento (Congreso y Senado) son asumidas en la UE por tres instituciones: Parlamento, Comisión y Consejo. La Comisión es el equivalente al Gobierno y el poder legislativo está repartido entre el Parlamento y el Consejo. De esta forma el Parlamento no tiene todos los poderes que tiene un Parlamento nacional, ya que sin el Consejo no puede legislar; pero éste precisa del Parlamento para establecer normas en muchas materias; por lo que el poder del Parlamento Europeo es real y tiene una capacidad de influencia decisiva en la marcha de la UE.

El Parlamento, además, nombra al Presidente de la Comisión, el Gobierno europeo; por lo que su papel se acerca al de los Parlamentos nacionales, que también designan al Presidente del Gobierno. Las elecciones al Parlamento europeo son, por tanto, unas elecciones importantes porque no solamente estaremos decidiendo la configuración del Parlamento, sino también indirectamente al Presidente de la Comisión (el puesto que ocupa actualmente Durao Barroso). Será importante saber en el momento de las elecciones al Parlamento europeo qué candidato a Presidente de la Comisión presenta cada agrupación de partidos europeos para que los ciudadanos podamos votar con conocimiento de causa. Hay que tener en cuenta que el cargo de Presidente de la Comisión no es en absoluto intranscendente.
Las propuestas y actuaciones de la Comisión nos condicionan cada día (recordemos temas como el de las ayudas a los astilleros, el conflicto de Gibraltar, el objetivo de déficit, las propuestas de rebajas de los salarios o las modificaciones de impuestos, etc.). Con frecuencia oímos que Bruselas impone esto o lo otro; bien, en las elecciones europeas los ciudadanos europeos tendremos la ocasión de decidir quién es ese "Bruselas" misterioso, pues elegiremos de forma directa o indirecta a los diputados del Parlamento Europeo y al Presidente de la Comisión.

Y si esto es así ¿por qué los alemanes mandan tanto? Junto con el Parlamento y la Comisión, la tercera institución que gobierna la UE es el Consejo, integrado por los representantes de los Gobiernos de todos los Estados miembros; pero en los que cada país dispone de un poder de voto que depende de su población. En el Consejo, formado por Ministros o Presidentes de Gobierno (y en este último caso se denomina Consejo Europeo) cada país juega sus cartas para atraerse amigos, aislar a quienes se le oponen y conseguir sus objetivos. Ángela Merkel ha maniobrado con habilidad y tiene una posición de predominio evidente en estas reuniones. En parte por el peso demográfico de Alemania (que le hace tener más votos que Francia, Italia o el Reino Unido, los otros países grandes de la UE) y en parte por su posición económica y la habilidad para tejer alianzas con unos y otros países (Francia en ocasiones, Holanda y Finlandia en otras, Austria, etc.). Este es un juego más opaco al ciudadano, pero en el que no podemos olvidar que quienes lo juegan también han sido elegidos por los ciudadanos europeos; en esta ocasión en las elecciones de cada uno de sus países, que es donde se decide quien ejercerá el Gobierno y, por tanto, quien se sentará en el Consejo y en el Consejo Europeo. Ahora bien, ni Alemania es la dueña del Consejo (y es responsabilidad de los Gobiernos de otros países no encontrar vías o valor para mitigar el predominio alemán) ni el Consejo es toda la UE, la Comisión y el Parlamento tienen competencias suficientes como para cambiar la orientación de la política europea; sobre todo si en el Consejo encuentran aliados suficientes.



Así pues, y en contra de lo que con frecuencia se nos quiere hacer creer, las políticas europeas descansan en última instancia en la voluntad de los ciudadanos, que somos quienes determinamos la configuración del Parlamento europeo y, a partir de ahí, quién es el Presidente de la Comisión. Las elecciones europeas son importantes y no un mero entretenimiento insertado entre las elecciones generales y las elecciones autonómicas. Sé que con frecuencia los partidos políticos en España así lo presentan; pero los ciudadanos debemos reivindicar, por encima de esa apatía de los partidos, la importancia de estas elecciones. Es por esto que escribo este post; porque estamos a menos de un año de las próximas elecciones al Parlamento Europeo, que se celebrarán en el mes de mayo de 2014 y todo me hace sospechar que hay mucha gente en la política española que está interesada en que ni nos enteremos de la fecha. Bien, vamos a decir que esta vez no nos la colarán y que nos tomaremos en serio esta elección transcendental.

Como he intentado explicar, es mucho lo que nos jugamos todos los ciudadanos en estas elecciones. En los últimos años hemos sufrido la Europa insolidaria, egoista, insensible a los dramas de los afectados por la crisis. Hemos padecido una Europa sin política exterior, movida por los acontecimientos e incapaz de utilizar el gran poder económico y político que tiene para conseguir que el Mundo en su conjunto sea mejor. Hemos tenido que soportar a una UE que se muestra incapaz de garantizar en un mundo que cambia a gran velocidad el "European Way of Life". En vez de luchar contra el dumping social que se practica en muchos países de Asia, África y América, hemos adaptado las estructuras económicas y de trabajo europeas a las que nos impone la competencia con esos países. En lugar de hacer más robusto el Estado social en la época de crisis que vivimos estamos contribuyendo a desmantelarlo; en vez de potenciar las energías alternativas y la independencia energética del continente hemos puesto éste en manos de quienes controlan los recursos energéticos que vienen de Asia o África, dejando como única alternativa la peligrosísima energía nuclear.
En todos estos temas la UE tiene o todo o mucho que decir y los ciudadanos debemos ejercer un voto consciente y coherente en el próximo mes de mayo, cuando seamos llamados a las urnas para elegir a nuestros diputados europeos. Y, por desgracia, deberemos ser los ciudadanos quienes exijamos a los partidos políticos una posición clara y programas específicos en estas elecciones europeas. Tenemos que evitar que para los partidos conviertan los comicios de mayo de 2004 en un mecanismo para jubilar a políticos molestos o que ya están fuera de la circulación. En las elecciones al Parlamento europeo nos jugamos mucho y necesitamos un Parlamento de gente convencida, entusiasta, con conocimiento y capacidad. Un Parlamento que ejerza las importantes funciones que ahora ya tiene encomendadas, que designe un Presidente de la Comisión adecuado para los intereses de los ciudadanos europeos y que sea también militante en favor de una mayor integración política en Europa, la única solución para poder salir del pozo en el que ahora estamos metidos.
 
 

Las elecciones europeas son, por tanto, muy importantes. Las del 2014 podrían llegar a ser tan determinantes para España como las generales que presumiblemente tendremos en el 2015. La política europea nos afectará decisivamente y a esta política no le será indiferente lo que decidamos en mayo de 2014. Una u otra configuración del Parlamento Europeo incidirá en cómo sea esa política y conviene que los ciudadanos seamos conscientes de ello.
Desde la perspectiva interna española esas elecciones europeas pueden ser también decisivas; pero en un sentido diferente al que aquí he planteado hasta ahora. En una próxima entrada abordaré las elecciones de mayo de 2014 desde este punto de vista: la política interna española.

1 comentario:

Rafael Arenas García dijo...

Introduzco aquí un comentario que me amablemente me ha hecho llegar Emilio Fuentes Romero:

"Vamos a ver si en esta ocasión tengo más suerte que con el comentario "volatilizado" de ayer: Recuerdo que comentaba lo que dices de los principios en los que se asienta la UE: efectivamente, esos principios "parecen" olvidados (más por los que cortan el bacalao que por los ciudadanos) y sustituidos por principios tan metafísicos como la prima de riesgo, la deuda pública, el PIB, la competitividad, etc. En el fondo, Rafa, sabes dónde reside el problema? En que la UE no ha sabido adaptarse a la globalización: Sus dirigentes creían que este nuevo vocabulario era suficiente. Pero no lo es. La UE debería haber liderado nuevas instituciones europeas y globales para gobernar, para embridar la globalización. Esa tarea no se hizo en su momento, Como tampoco ha sido capaz de elaborar y aprobar una Constitución europea. Ne parece que nadie se lo tomó en serio. Espero que esta maldita crisis contribuya a crear esas instituciones. Por lo demás, ya sabes lo que te he dicho en otras ocasiones: sería necesario comentar muchas sugerencias que aportas en tu entrada y este espacio es muy limitado. Deberías organizar algún tipo de encuentro para "despacharnos" a gusto. Un abrazo: emilio"