viernes, 11 de noviembre de 2011

Hunger!

Hoy todos hablan de parálisis, crisis y recesión. Parece ser que Europa no crecerá según lo previsto, que la economía se estanca y que la disminución del PIB acecha. Tras año y medio de medidas de ajuste y restricción parece ser que la economía sigue sin funcionar; al revés, se encuentra cada vez más deprimida.
Qué casualidad que era esto mismo lo que predecían hace un año los "Economistas Aterrados" que se unieron para lanzar un manifiesto que era una advertencia: en épocas de crisis las políticas restrictivas son un suicidio. Enseguida se echaron sobre estos economistas los "ortodoxos" que mantienen que lo que sirvió en 1930 en Estados Unidos no serviría ahora y que lo mejor es continuar con la destrucción del Estado y del resto de las administraciones, la confianza ciega en los mercados y en que esto se arreglará por si solo sin intervención pública; los mismos ortodoxos que construyeron el contexto que permitió el desastre de 2008, la crisis de los activos tóxicos y el descontrol de los mercados de deuda.
En fin ¿seguiremos por la senda equivocada? Mucho me temo que sí, nuestros "líderes" no parece que sepan encontrar otro camino. Así el futuro que nos espera no es muy halagüeño que digamos.

Habrá que revisar el vídeo que se puede ver en este enlace:

martes, 8 de noviembre de 2011

Cosas que se aprenden viendo un debate


Hace años, creo que en 2003, me sorprendió que en una entrevista Zapatero -que entonces ya comenzaba a parecer el aprendiz de estadista que ahora es- ante la pregunta de si creía que sería algún día presidente del gobierno contestó sin dudar que estaba seguro que lo sería. Entonces no nos parecía a los profanos que fuera fácil que se cumpliera la profecía: el PP gobernaba con una mayoría absoluta inquebrantable, la economía iba bien, la sucesión de Aznar era un espectáculo de unanimidad y magnificencia envidiable... sin embargo Zapatero sabía lo que decía, era consciente de que para ser presidente del gobierno en España lo único que hay que hacer es mantenerse el tiempo suficiente al frente del PP o del PSOE. El sistema electoral y político que tenemos prima a los grandes partidos, dificulta hasta la imposibilidad el crecimiento de nuevas formaciones, por creciente que sea su apoyo popular y, además, PP y PSOE se ponen rápidamente de acuerdo si de lo que se trata es de evitar que entren nuevos invitados en su fiesta particular (y la vergonzante reforma de la Ley Electoral de este mismo año es un buen ejemplo de ello).
Zapatero sabía todo eso y, por tanto, era consciente de que lo único que tenía que hacer para ser presidente del gobierno era esperar al frente del PSOE el momento oportuno que más tarde o más temprano acabaría llegando. Y llegó, como todos sabemos. Me da la sensación de que Rajoy tiene el mismo conocimiento, y ya lo tenía en 2004, cuando inesperadamente perdió con Zapatero. Rajoy sabía que más tarde o más temprano llegaría su momento y que lo único que tenía que evitar es que lo movieran de la presidencia del PP antes de que su turno llegara.
Y tras el debate de ayer estoy convencido de que Rubalcaba piensa lo mismo. Rubalcaba asume que perderá (lo hizo explícito en más de una ocasión durante el debate) y se limitó a intentar forzar a Rajoy para que soltara alguna frase que pudiera serle útil en los debates que piensa que tendrá con él durante los siguientes años. Sabe Rubalcaba que lo único que tiene que evitar es que le muevan de la cúspide del PSOE y que si consigue eso más tarde o más temprano (en cuatro, en ocho años, en diez o doce a lo sumo) será presidente del gobierno. Su única preocupación habrá de ser el control del partido, pero en eso Rubalcaba parece gato viejo, y me parece que piensa que a partir de ahora lo único que tiene que hacer es esperar a que el gobierno de España caiga en su mano como fruta madura cuando le llegue la hora.
Lamentable, evidentemente; porque de esta forma lo que conseguimos es que personas que no son excepcionales nos gobiernen. Ayer durante el debate no vi a ningún estadista. Rajoy leyó más que habló (y sorprende en alguien que se ha sacado las oposiciones a registrador de la propiedad) y su expresión en determinados momentos inspiraba de todo menos confianza (esos ojos como platos, ese tic en la ceja). Rubalcaba por su parte perdió completamente el hilo del debate en la segunda parte, parecía perdido y la impresión era la de que no dominaba en absoluto los temas de los que hablaba (sanidad y educación). En un momento dado parecía ya cansado, como ido. Yo me preguntaba "y si tiene que negociar algo importante en Bruselas o en una cumbre internacional ¿cómo lo hará? ¿son conscientes en el extranjero que no aguanta más de una hora, que no tiene fuelle para más?"
¿Son éstas las mejores personas para gobernarnos? No me parece, y solamente podemos achacarnos a nosotros haber llegado a este punto de degradación. Me gustaría que los que se presentan a las elecciones fueran conscientes de que o ganan o se van para casa o tienen que volver a empezar de cero (como suele suceder en Estados Unidos). El sistema partitocrático en el que vivimos nos dio ayer una muestra más de la mediocridad a la que estamos condenados.


sábado, 5 de noviembre de 2011

Did Richard Bancroft write William Shakespeare's works?

This summer I saw the theatrical release poster of "Anonymous", a movie that presents Edward de Vere as the true author of William Shakespeare's plays. I do not believe that de Vere is the "real" Shakespeare, but that poster of the film made me think again about this old mystery: who wrote Shakespeare's plays and poems?
As is widely known, since the 19th century, some scholars have argued that it is not easy to admit that a person like Shakespeare (low origin, few studies, small Latin and less Greek) had enough skills and culture to create one of the most magnificent (or, perhaps, the most splendid) individual contribution to Western literature ever. Doctors must discuss this issue. I have only read a part of William Shakespeare's works (maybe ten or twelve plays, no more) and I know nothing of literary criticism, so many of the arguments in the debate are far beyond my own knowledge.
However, it is true that I wonder how a person without a good education, as Shakespeare was, had assimilated the knowledge of the history of England, of Greek and Latin classics and of political science that is shown in Shakespeare's plays. If I were compelled to bet on this issue, my bet would be that later or earlier the true author of Hamlet and all the other wonderful works attributed to he actor from Stratford-upon-Avon will be discovered.
But, how to deal with this search, closer to Sherlock Holmes than to brainy professors of literature? The first clue is that Shakespeare stopped writing abruptly, or almost abruptly. A quick consultation to Wikipedia confirms that the last work that Shakespeare wrote alone was "The Tempest", which dates from 1611 (five years before Shakespeare's death). If this were a thriller, the conclusion would be that the real author behind Shakespeare, his ghostwriter, would have died in 1611 or 1610. The second clue is that the ghost author was, probably, a known person. If the "real" Shakespeare were a person without a public presence, why should he or she hide his or her name behind an actor's name?
Taking into account these two clues, the next step in our search is to see who died in England in 1610 and 1611. If we consult wikipedia again it is easy to obtain a "short list" of possible "Shakespeares". And in this list there is a name that could be interesting: Richard Bancroft.


Richard Bancroft, Archbishop of Canterbury died in 1610. He had a good education, including a stay in Cambridge. Born in 1544, he obtained a Doctorate in 1585. The same year, he was appointed treasurer of St. Paul's cathedral in London. In 1589, when Shakespeare's plays began to be represented Bancroft was in London, in a prestigious position that made impossible for him to work openly as a playwright. If Richard Bancroft had artistic inclinations, he had to find somebody who could lend him a name to be put on the first page of each of his works. It was absolutely impossible to be at the same time treasurer of St. Paul's cathedral (and Bishop of London since 1597 and Archbishop of Canterbury since 1604) and writer of plays and poems.
Of course, what I have just written proves nothing, but there are some significant coincidences between Bancroft and Shakespeare. First, we have already seen that Bancroft's death and the end of Shakespeare as playwright were almost simultaneous. Second, in 1600 Richard Bancroft was sent to Emdem (North Germany) as a member of an embassy aimed to solve certain problems between England... and the Kingdom of Denmark! Hamlet, prince of Denmark -Shakespeare's play- was written between 1599 and 1600. Is that just a coincidence?
Finally, it has been questioned whether Shakespeare was involved in the King James Bible. The King James Bible is the English translation of the Bible by the Church of England. This translation was ordered by King James I in 1604 and was completed in 1611. Although William Shakespeare was not a member of the team of translators, it has been argued that the style of the Bible is close in some points to Shakespeare's works. It seems that there is no direct evidence of Shakespeare implication in the translation of the Bible, but oddly, the "chief overseer" of the translation was... Richard Bancroft! Is that -again- just a coincidence?
Maybe nobody has argued, till now, that Bancroft is Shakespeare's ghostwriter, but al least, somebody has thought that Shakespeare was Bancroft's ghostwriter. I would like to think that that great author (Bancroft), unable to make public his work under his own name, gave free rein to his hidden talent in the translation of the Bible. Maybe he was not worried by the fact that somebody could discover his secret. Maybe at that point he hoped that somebody would understand that the same hand that had translated into English the Psalms and the Book of Judith had written Macbeth and Julius Caesar. Maybe he wished that in the future will shine the name of the true author of that wonderful plays and poems, the true name of the greatest talent of the literature in English. Maybe... 


viernes, 28 de octubre de 2011

Más sobre Richard Bancroft

Vuelvo con la locura ésta de que el verdadero autor de las obras de Shakespeare es Richard Bancroft, arzobispo de Canterbury y contemporáneo del actor a quien se atribuye una de las obras literarias más impresionantes de Occidente (si no la más impresionante). Dando vueltas por Internet en búsqueda de alguien que haya lanzado la hipótesis de que Bancroft es el verdadero Shakespeare me tropiezo con la información de que en algún momento se ha planteado la duda acerca de si Shakespeare participó en la redacción de la versión de la Biblia del Rey Jaime, una magna obra de traducción de toda la Biblia al inglés en la que participaron cincuenta y cuatro traductores y que estuvo supervisada por... ¡Richard Bancroft!
No he encontrado -todavía- que alguien haya defendido que Brancroft es Shakespeare; pero sí la duda sobre si Shakespeare participó en una obra en la que sabemos a ciencia cierta que colaboró Bancroft. ¿Podríamos pensar que ese gran escritor (Bancroft), imposibilitado de dar a conocer su obra bajo su propio nombre, había dando rienda suelta a su talento oculto en la traducción de la Biblia sin ser capaz de  disimular que la misma pluma que traducía o supervisaba la versión inglesa de los Salmos o del Libro de Judit era la que había escrito Macbeth o Julio Cesar? O, quizás, deseando que en algún momento su secreto fuera descubierto y finalmente brillara con luz propia el auténtico autor de las más grandes tragedias que en la escena se han representado, el talento más grande que ha conocido la lengua inglesa. ¿Hay alguien ahí afuera que me responda?

¿El auténtico William Shakespeare?

lunes, 17 de octubre de 2011

Los soldados del Rey

Y los soldados del Rey se los llevaron a todos a un castillo lejano y en el castillo les dijeron: "habéis sido elegidos para ser los soldados más valientes y feroces de nuestro Rey. Aquí os convertiremos en los mejores guerreros; pero para eso tenéis que olvidar a vuestras madres y a vuestros padres, a vuestros hermanos y vuestras casas". Los niños se preguntaban cómo podría ser eso; pero enseguida se lo aclararon: "vendrá el Mago y os dará un brebaje que os convertirá en fuertes y valientes y hará que os olvidéis de los que habéis dejado atrás". Entonces hizo su aparición en el patio del castillo, donde estaban formados todos lo niños, un Mago de vestido largo y sombrero con plumas en la cabeza. Llevaba una bandeja con seis copas y ofreció de ellas a todos los niños. Los niños cogieron la copa y bebieron; todos menos uno, que disimuladamente derramó el líquido mientras aparentaba beberlo. Cuando hubieron bebido el Mago se dirigió a uno de ellos: "Te acuerdas de tu padre", le preguntó. "No", respondió el niño. "Te acuerdas de tu madre". "No", volvió a decir el niño. "Te acuerdas de tus hermanos". "¿Qué son hermanos?" respondió otra vez el pequeño. "Te acuerdas de tu casa". "Nunca he tenido casa", fue lo que contestó el muchacho". "Bien" dijo complacido el Mago. "Ahora toma esta espada y parte ese tronco de un solo golpe", y le dio una espada al niño. El niño se dirigió al tronco y de un solo golpe lo partió en dos.
El niño que no había bebido el brebaje se acordaba de su padre, de su madre y de sus hermanos; pero temía no tener la fuerza que ahora tenían sus compañeros y se descubriera que no había tomado el brebaje. Así que decidió entrenarse por su cuenta para adquirir la misma fuerza que ahora tenían el resto de niños. Levantaba pesas, hacía flexiones y corría por las noches escapándose de la habitación en la que dormían. Tanto se esforzó que acabó siendo el más rápido y fuerte de todos los niños, y también el más diestro con las armas y en todos los ejercicios que les proponían.
Pasaron los años y el entrenamiento acabó. Los niños se convirtieron en soldados y tuvieron que ir a la guerra. El niño que no había tomado el brebaje fue designado jefe de sus compañeros por su valor, habilidad y fuerza. Con pericia les guió en sus primeros combates y derrotaron a los enemigos del Rey. Tras la primera guerra vino otra en la que también lucharon con valor y vencieron. Casi no había acabado ésta cuando el Rey llamó a los seis guerreros a su palacio y les dijo: "Todavía tenéis que derrotar a otro enemigo mío, un traidor que me ha robado una parte de lo que era mi reino y traído a su causa a los habitantes". Dirigíos allí y exterminad a todos, no dejéis a nadie vivo de los que allí encontréis."
Los guerreros asintieron, tomaron sus armas, montaron en sus caballos y se lanzaron al galope hacia donde les decía el Rey. Dos días después de su partida estaban llegando a las tierras que les habían indicado. A medida que se acercaban a la primera aldea que debían arrasar el soldado que de niño no había bebido el brebaje comenzó a recordar campos y casas. Se dio cuenta de que aquella era su propia aldea. Estaban ya casi junto a las primeras casas del pueblo y se disponían a atacar cuando ordenó que todos se detuvieran. Nadie entendió la orden, pero era el comandante y había que obedecerle. "No atacaremos hoy, acamparemos junto a aquellos árboles y mañana arrasaremos el pueblo". Dieron media vuelta y establecieron el campamento allí donde había indicado.
A la noche el jefe de los guerreros no podía dormir. No sabía cómo evitar que el pueblo del que tan bien se acordaba fuera arrasado. Paseando por los alrededores del campamento se llegó a la vera de un río. Allí, a la luz de la luna vio a una joven y hermosa mujer que parecía estar lavándose los pies en el agua.
- ¿Qué te preocupa, joven guerrero? - le preguntó.
El guerrero, sorprendido, le contó toda su historia y su angustia al no encontrar la forma de evitar que fuera él mismo quien destruyera su pueblo.
- Haz que tus soldados beban del agua del río, si lo hacen recordarán todo lo que el brebaje les hizo olvidar.
A la mañana siguiente el guerrero ordenó a sus soldados que llenaran sus cantimploras en el río, pero que no bebieran hasta que él se lo ordenase. Todos obedecieron, llenaron las cantimploras y montaron en los caballos lanzándose al galope hacia el pueblo.
Cuando estaban dispuestos en torno al pueblo para lanzarse al ataque el jefe les ordenó que bebieran. Todos lo hicieron y a todos les vino a la vez el recuerdo de aquel sitio que habían abandonado hacía tantos años. Estaban sorprendidos y fue el jefe quien les tuvo que explicar todo lo que había pasado. Cuando se dirigieron al pueblo ya habían abandonado las armas y entraron en él a pie, cogidos los caballos de las bridas, sintiéndose todavía los niños que eran cuando fueron raptados.
Sus madres, padres, hermanos y amigos les reconocieron y abrazaron, volvieron a sus casas y durmieron en las camas de su infancia. Durante dos días recobraron la niñez que habían perdido.
Al cabo de dos días, el jefe de los guerreros les reunió.
- No podemos seguir aquí indefinidamente - les dijo- el Rey mandará más soldados para arrasar el pueblo al ver que nosotros no lo hacemos. Tenemos que ser nosotros los que ataquemos. Iremos a la capital y derrocaremos al Rey.
Todos se juramentaron, tomaron sus armas, se subieron en sus caballos y se lanzaron como flechas hacia el palacio real.
Como eran tan buenos guerreros derrotaron a todos los soldados que les trataban de impedir el paso, llegaron al palacio del Rey y lo capturaron. Por todos sus crímenes lo encerraron en una celda para el resto de sus días.
Hubo entonces que nombrar un nuevo Rey, y el elegido fue el niño que no había tomado el brebaje, el jefe de los guerreros, que era una niña y se llamaba Cecilia, y sus compañeros eran Iker, Jordi, Joel, Maria y Laia.

viernes, 14 de octubre de 2011

Ideas de bombero

Andamos todos como locos con lo de la crisis para arriba y para abajo, y no es para menos, está claro. No voy a ser menos que la mayoría y también diré que la cosas está muy mal, que no se le acaba de ver solución y que entre unos y otros van a acabar con nosotros. Son muchos los problemas que nos acucian, pero para mi el fundamental es lo bajo de los salarios, tal como ya dije aquí en varias ocasiones. De que los salarios sean bajos se deriva una escasa capacidad de consumo, problemas para el fisco (que donde tiene más fácil recaudar es de las rentas del trabajo) y potenciales problemas para la Seguridad Social, ya que las cotizaciones también están en función del salario. La claridad del problema hace que me sorprenda que no sea presentado como lo que es: la debilidad estructural más importante de la economía española y, por el contrario, se insista en medidas que conducen a una disminución acentuada de los salarios.
Ciertamente, cuando el problema parece preocupar poco a quienes nos gobiernan resulta ilusorio pedirles soluciones para ello; soluciones que, si quieren ser estructurales, han de implicar un cambio significativo del modelo productivo, lo que lleva, a su vez, a profundizar en las inversiones en sectores como la educación, universidades e investigación, yendo mucho más allá de las operaciones de maquillaje que hemos vivido en los últimos años.
Ahora bien, incluso sin llegar a esos cambios estructurales se podría hacer alguna cosa que pudiera tener incidencia en este problema. Se me ocurría así, sin contrastarlo ni meditarlo (y de ahí el título de la entrada) que quizás pudiera utilizarse el Impuesto de Sociedades a este fin. La idea sería tan sencilla como ajustar el tipo del impuesto a los salarios de los trabajadores de las empresas de la sociedad. Así, si la mayoría de los trabajadores de una sociedad tienen un sueldo que no llega a los mil euros podríamos fijar un tipo del Impuesto de Sociedades del 40% (por ejemplo); si el salario de la mayoría de los trabajadores (no la media, que con la media es muy fácil compensar sueldos paupérrimos con remuneraciones de escándalo para los directivos) se sitúa entre los mil y los mil quinientos euros mensuales el tipo bajaría al 35%, si ese salario se ubica en la franja de los mil quinientos a los dos mil euros el tipo bajaría al 25%, si está entre los dos mi y dos mil quinientos euros el tipo sería del 20%, si se coloca entre los dos mil quinientos euros y los tres mil el tipo bajaría al 10% y, atención, si supera los tres mil euros el tipo sería del 0%, no habría Impuesto de Sociedades.
La idea que se pretendería transmitir es que se potenciaría a aquellas empresas que realizan un esfuerzo de distribución equitativa de salarios y que, además, crean valor añadido, aquellas empresas que operan en sectores en los que se genera más riqueza. ¿Disminuiría la recaudación? No creo, ya que cuanto más ganen los trabajadores más será lo que paguen por IRPF. La justicia de la medida estaría en que aquellas empresas que pagan mal a sus trabajadores verán gravados sus beneficios como "compensación" (las comillas son extraordinariamente necesarias) a su ineficiencia en generar salarios lo suficientemente altos. La pregunta sería ¿es justo que tenga beneficios una empresa que no puede pagar a sus trabajadores ni siquiera mil euros al mes? ¿podemos equilibrar esta injusticia haciendo pagar un impuesto mayor sobre estos beneficios?
Ya digo que es una idea de bombero y, seguramente, impracticable; pero se trata también de un grito desesperado que nace de ver cómo estamos tirando nuestra economía, nuestra sociedad y nuestro país a la basura sin que nadie ofrezca ni una sola idea, ni un solo hálito de esperanza.

domingo, 9 de octubre de 2011

Sobre academias y fragatas

Me ha sorprendido el artículo de Javier Marías de hoy en El País Semanal. En él explica que hace unas semanas falleció Don Eliseo Álvarez-Arenas, almirante de la Armada y miembro de la Real Academia Española (RAE). Al hilo de la figura del recientemente desaparecido, Javier Marías explica que quizás ha habido siempre un marino en la Academia para la correcta definición de los muchos términos marinos del español. Y es aquí donde viene mi sorpresa, porque bien había pensado hasta ahora que nunca un hombre de mar había formado parte de la RAE o, al menos, que hacía décadas que ninguno se ocupaba de los términos marinos que contiene el Diccionario de la Lengua Española del que es autora tan prestigiosa institución.
Esta impresión mía (equivocada como se ve) tiene su origen en una rápida consulta al Diccionario de la RAE hace unos años. En medio de una de esas periódicas polémicas sobre la definición de este o aquel término (que si "maestra" como mujer del maestro, o las diferencias entre las acepciones de "zorra" y "zorro", ya no me acuerdo qué fue en aquella ocasión) me tropecé con la definición de "fragata". Para el Diccionario "fragata" era "Buque de tres palos, con cofas y vergas en todos ellos. La de guerra tenía una sola batería corrida entre los puentes, además de la de cubierta". Leí y releí la definición estupefacto. Ciertamente, al igual que cualquiera que hubiera disfrutado con "De grumete a almirante", "Trafalgar" de Pérez Galdós o cualquiera de las novelas de Patrick O'Brian sobre el capitán Jack Aubrey, sabía a qué se refería el Diccionario: definía el término fragata tal como era empleado en el siglo XVIII, en la época de la navegación a vela; pero a la vez me imaginaba la sorpresa de cualquier escolar actual que se dirigiera al diccionario para consultar el sentido de la palabra "fragata" empleado, por ejemplo, en la siguiente frase que bien podría encontrarse en cualquier periódico actual: "España envía una fragata al Índico para colaborar en la lucha contra la piratería"; o ésta otra del número de hoy de El País: "El mantenimiento de los cuatro barcos norteamericanos [los destructores desplazados a Rota en el marco del escudo antimisiles], dada la similitud de su sistema de combate con el de las fragatas F-100 españolas..." ¡Vaya! Así que este escudo antisimisiles está basado en barcos cuyo sistema de combate es semejante al de "buques de tres palos con cofas y vergas en todos ellos y con una sola batería entre los puentes además de la de cubierta".
¿Cómo es posible que un término como éste, "fragata" no haya sido revisado en todas estas décadas? Y digo décadas porque hace décadas que las marinas del mundo (incluida la española) utilizan buques de guerra a los que denominan "fragatas" y que nada tienen que ver con la definición del Diccionario de la RAE. Me imagino que no será un ejemplo aislado y que, por tanto, es probable que no pocas de las definiciones de dicho Diccionario resulten ya prácticamente inútiles.
Durante la elaboración de mi tesis doctoral le cogí cierta manía al Diccionario de la RAE. A veces mis directores me recriminaban que utilizaba una palabra "que no existía", y el criterio de dicha existencia era el Diccionario de la RAE, al que se le otorgaba un valor normativo. A mi siempre me pareció que las palabras existen desde que se utilizan y que ningún diccionario puede alterar eso. Los buenos diccionarios no deben ser normativos, sino ganarse un prestigio por resolver de forma acertada las dudas que puedan asaltar a los usuarios del idioma y ayudándoles en su utilización mediante definiciones rigurosas y actualizadas. Evidentemente no se trata de convertir el diccionario en una enciclopedia; pero que la definición de "fragata" en el diccionario normativo del español sea la que he transcrito me parece una tomadura de pelo. Si en la Academia había un almirante y edición tras edición el término ha permanecido inalterado es que hay un problema en esa institución, y un problema grande, además. No me extraña que el diccionario pierda prestigio entre los profesionales y que su influencia se deba cada vez más únicamente a ese presunto carácter normativo que tan antipático me resulta. Cada vez lo veo más como una de esas fragatas que define en medio de un océano lleno de barcos mucho más modernos, más rápidos y mejor armados.



sábado, 1 de octubre de 2011

El árbol de la vida



Ayer vi "El árbol de la vida", de Terrence Malick y salí del cine con ganas de llorar; de llorar de pena al ver de qué forma tan estúpida se había malogrado la que podía haber sido una muy buen película.
Si no fuera porque se trata de Malick, a la media hora de proyección estaría pensando que me habían tomado el pelo, que había una cámara oculta o que el distribuidor de la película se había vuelto borracho y hacía pasar por película de ficción lo que no era más que un documental, ingenuo y pretencioso, sobre el origen de la vida; un documental que recorre unos cuantos miles de millones de años en unos minutos y acaba en el momento de la extinción de los dinosaurios; un documental que no es que esté mal; pero que ganaría si se quitara la música grandilocuente que le acompaña y se sustituyera por una voz en off que fuera explicando lo que se ve ("aquí podemos ver cómo se forman los primeros seres con ADN, obsérvese el antecedente de la conocida doble hélice"; "vean ahora cómo este avance supone una rápida proliferación de la vida por todo el planeta, no sólo en los océanos sino también en la tierra firme", etc.). Como digo, hubiera ganado el documental, aunque seguiría siendo un documental, no una película.
La película comienza a la media hora (más o menos, no miré el reloj para ir comprobando los tiempos); y es una muy buena película. La historia de una familia de clase media americana en los años cincuenta del siglo XX. El padre, la madre, tres hijos a los que se ve nacer y que durante la mayor parte de la historia tienen entre ocho y catorce años aproximadamente. Una historia bien contada a partir no de los grandes acontecimientos, sino de los sucesos ordinarios de la vida y que transmite a través de escenas cotidianas las grandes tensiones, los grandes dramas que en las familias son trasunto de conflictos universales: la autoridad del padre, la relación de éste con la madre; la forma en que los hijos toman a ambos como modelos; el cariño hacia los hijos y, a la vez, la violencia sobre éstos; las tensiones entre los hermanos (en parte por competir en la búsqueda del cariño de los padres); el descubrimiento de la sexualidad... Un buen puñado de humanidad bien presentado y en el justo término entre la historia concreta y los principios universales que representa. Muy buena y con momentos memorables en su aparente sencillez.
Y cuando llevas ya hora y media disfrutando de la película de verdad y ya casi no te acuerdas de las explosiones solares, las amebas y los meteoritos del comienzo; cuando crees que pese a todo te vas a quedar con un buen sabor de boca... ¡pumba! otro cuarto de hora (más o menos) de imágenes pretendidamente transcendentes y en realidad bastante ingenuas (una puerta en un espacio abierto, playas, terrenos rocosos...; todo de un simbolismo bastante básico, vaya); bonitas, pero carentes de la profundidad del mejor Malick, el de "La delgada línea roja" o "Días de cielo". Un cuarto de hora en el que, además, campa a sus anchas un Sean Penn que claramente no sabe qué es lo que se espera de él (y seguramente no es suya la culpa). Si, aún confundido por el buen recuerdo que deja la parte nuclear de la película, uno duda sobre si otorgar más valor a esas imágenes del final que el que aparentemente tienen; una patética repetición de un plano con girasoles que se retoma del comienzo de la película y el tópico plano final acaban por confirmar que en esta película Malick no ha acertado. Es una pena, porque, como digo, elementos hay de una buena película; pero para haberla conseguido hubiera sido preciso renunciar a todo el simbolismo fácil, que no hace más que estorbar, y concentrarse en esa historia de familia que tanto juego da. Ahí hay una película; el resultado final es, sin embargo, un tedioso, largo y pretencioso documental en el que hay que poner mucha voluntad para disfrutar del buen cine que en él se esconde.

martes, 27 de septiembre de 2011

De crisis y prioridades

Decir que estoy estupefacto es poco. Si vives en España y, más en concreto en Cataluña, la presión permanente que sientes por la presencia constante de la crisis es insoportable. Recortes y más recortes, y la amenaza constante de nuevos recortes. Permanentes llamadas a la austeridad y a la responsabilidad; medidas absolutamente excepcionales como es el recorte de la mitad de la paga extra de Navidad a un colectivo tan importante para la sociedad como son los profesionales sanitarios. Recorte que se anuncia a finales de septiembre sin que haya acuerdo ni nada que se le parezca con el sector. Una auténtica expropiación de varios cientos de euros a médicos, enfermeros y demás personal de la sanidad pública. Un atraco, vaya; justificado, de acuerdo con el Gobierno, por la situación excepcional que vivimos.
Y en medio de este panorama, junto a la noticia del mencionado atraco al personal sanitario, y del retraso en el pago a las residencias concertadas, leemos la noticia de que se va a dedicar un millón cuatrocientos mil euros al doblaje de películas en catalán. Va a aumentar, se dice, el número de espectadores de películas en catalán. Pero, ¿se dan cuenta de que no habrá quien vaya al cine? ¿Se dan cuenta de que cada vez hay más personas en paro, más personas que han perdido el subsidio y que caen rápida e inexorablemente en el pozo de la exclusión social? ¿Se dan cuenta de que mientras hablan de aumentar el número de espectadores en los cines gracias al dinero de todos hay personas que ven retrasados meses su operación, que disminuye el número de maestros, profesores de instituto y de universidad? ¿Se dan cuenta de que es inmoral dedicar dinero a una distracción que ya solamente está al alcance de una porción de la clase media (unos sesenta euros por familia para una tarde de cine tirando para abajo)?
¿Cómo se nos puede convencer de que estamos prácticamente en una economía de guerra, en una situación excepcional en la que se nos asusta con que los empleados públicos no cobrarán la nómina del próximo mes, con que los recortes en la sanidad y en la educación no han hecho más que empezar, o con la insostenibilidad del sistema público de pensiones y, a la vez, introducir ayudas millonarias para el cine o mantener las existentes a espectáculos reservados a una muy pequeña parte de la población como son ciertas programaciones de ópera? ¿Cómo se puede reducir el presupuesto de educación o las ayudas a las escuelas municipales de música y mantener la ayuda pública al Liceo (11 millones de euros por parte de la Generalitat de Catalunya en la temporada 2008/2009), que se recorta en un 15%, muy por debajo del recorte que se aplica a las escuelas de música (23%) y no sensiblemente superior a los recortes que se están aplicando en sectores mucho más transcendentales como puede ser la sanidad?
Hace unos meses ya indicaba que CiU era un partido tremendamente coherente. Lo malo es que su coherencia nos acabará hundiendo a todos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

De sentencias y leyes

Parece que el virus de Zapatero se extiende a los miembros de su Gobierno. Hoy me han sorprendido las declaraciones del Ministro de Justicia en relación al auto del TSJC que establece un plazo de dos meses para que la Generalitat de Catalunya adopte las medidas precisas para que el castellano sea lengua vehicular en la enseñanza en esa Comunidad Autónoma. Según recoge entrecomillada La Vanguardia, el Ministro dijo que "las sentencias son para casos concretos" y que "lo que regula la conducta general de todos se llama ley, no sentencia".
Vamos por partes. Es cierto que lo que regula la conducta general es la ley, entendida "ley" no en sentido estricto (las leyes que elaboran las Cortes españolas y los Parlamentos de las Comunidades Autónomas) sino en sentido amplio, incluyendo junto a las leyes en sentido estricto las normas generales que dictan las Administraciones, lo que se conoce como Reglamentos. Tanto la ley en sentido estricto como las normas reglamentarias regulan la conducta general. Hasta aquí nada que objetar (así interpretado).
Lo que causa estupor es que este carácter general de la ley se utilice para hacer resaltar que las sentencias son para casos concretos, como queriendo excluir que por una sentencia se pueda modificar lo que establece una norma general. En el contexto en el que se dice la frase parece dirigida a mantener que el auto del TSJC (y la sentencia del TS que se ejecuta por medio de ese auto) solamente tendrá relevancia para las concretas familias que impugnaron, pero sin que pueda afectar al sistema educativo catalán en su conjunto, pues este está regulado por ley y no puede ser cambiado por una sentencia. Este, como digo, parece ser el sentido de la contraposición que hace el Ministro entre lo que hace la ley (regular la conducta general de todos) y lo que hace la sentencia (resolver los casos concretos).
Pues si esto es lo que quería decir el Ministro se olvida (y es mucho olvidar) que la jurisdicción contencioso-administrativa (la que dictó la sentencia de la que trae origen todo este follón) puede anular disposiciones reglamentarias, esto es, leyes en el sentido en el que utiliza la expresión el ministro. O sea que sí que es posible que una sentencia afecte a la conducta general; no regulándola directamente, sino anulando la norma que hasta la sentencia regulaba esa conducta general. Además, tampoco hay que olvidar que en nuestro sistema jurídico incluso las leyes en sentido estricto pueden ser anuladas por el Tribunal Constitucional. Cuando se trata de una ley en sentido estricto (no una norma reglamentaria) los tribunales no pueden anularla, tan solo el Tribunal Constitucional tiene esa potestad; pero esta posibilidad de anulación de la ley por el Tribunal Constitucional (del que fue Letrado el Sr. Caamaño) bien claro deja que las sentencias pueden afectar a la conducta general.
Por si lee esto alguien que no haya estudiado Derecho, le diré que todo lo que he explicado hasta aquí es materia más que sabida por los alumnos que hayan completado el primer curso de la carrera; se trata de cuestiones que, con frecuencia son explicadas en los primeros meses de la materia Derecho Constitucional. Creo que ahora se entenderá el estupor que me causaron las palabras del Ministro; y no tanto por su condición de Ministro; sino porque el Dr. Caamaño ha sido Letrado del Tribunal Constitucional y es Catedrático de Derecho Constitucional. ¿Será que la cercanía con el Sr. Zapatero tiene  el efecto de eliminar los conocimientos que se tuvieran con anterioridad al contacto con el todavía Presidente del Gobierno?