viernes, 28 de octubre de 2011

Más sobre Richard Bancroft

Vuelvo con la locura ésta de que el verdadero autor de las obras de Shakespeare es Richard Bancroft, arzobispo de Canterbury y contemporáneo del actor a quien se atribuye una de las obras literarias más impresionantes de Occidente (si no la más impresionante). Dando vueltas por Internet en búsqueda de alguien que haya lanzado la hipótesis de que Bancroft es el verdadero Shakespeare me tropiezo con la información de que en algún momento se ha planteado la duda acerca de si Shakespeare participó en la redacción de la versión de la Biblia del Rey Jaime, una magna obra de traducción de toda la Biblia al inglés en la que participaron cincuenta y cuatro traductores y que estuvo supervisada por... ¡Richard Bancroft!
No he encontrado -todavía- que alguien haya defendido que Brancroft es Shakespeare; pero sí la duda sobre si Shakespeare participó en una obra en la que sabemos a ciencia cierta que colaboró Bancroft. ¿Podríamos pensar que ese gran escritor (Bancroft), imposibilitado de dar a conocer su obra bajo su propio nombre, había dando rienda suelta a su talento oculto en la traducción de la Biblia sin ser capaz de  disimular que la misma pluma que traducía o supervisaba la versión inglesa de los Salmos o del Libro de Judit era la que había escrito Macbeth o Julio Cesar? O, quizás, deseando que en algún momento su secreto fuera descubierto y finalmente brillara con luz propia el auténtico autor de las más grandes tragedias que en la escena se han representado, el talento más grande que ha conocido la lengua inglesa. ¿Hay alguien ahí afuera que me responda?

¿El auténtico William Shakespeare?

lunes, 17 de octubre de 2011

Los soldados del Rey

Y los soldados del Rey se los llevaron a todos a un castillo lejano y en el castillo les dijeron: "habéis sido elegidos para ser los soldados más valientes y feroces de nuestro Rey. Aquí os convertiremos en los mejores guerreros; pero para eso tenéis que olvidar a vuestras madres y a vuestros padres, a vuestros hermanos y vuestras casas". Los niños se preguntaban cómo podría ser eso; pero enseguida se lo aclararon: "vendrá el Mago y os dará un brebaje que os convertirá en fuertes y valientes y hará que os olvidéis de los que habéis dejado atrás". Entonces hizo su aparición en el patio del castillo, donde estaban formados todos lo niños, un Mago de vestido largo y sombrero con plumas en la cabeza. Llevaba una bandeja con seis copas y ofreció de ellas a todos los niños. Los niños cogieron la copa y bebieron; todos menos uno, que disimuladamente derramó el líquido mientras aparentaba beberlo. Cuando hubieron bebido el Mago se dirigió a uno de ellos: "Te acuerdas de tu padre", le preguntó. "No", respondió el niño. "Te acuerdas de tu madre". "No", volvió a decir el niño. "Te acuerdas de tus hermanos". "¿Qué son hermanos?" respondió otra vez el pequeño. "Te acuerdas de tu casa". "Nunca he tenido casa", fue lo que contestó el muchacho". "Bien" dijo complacido el Mago. "Ahora toma esta espada y parte ese tronco de un solo golpe", y le dio una espada al niño. El niño se dirigió al tronco y de un solo golpe lo partió en dos.
El niño que no había bebido el brebaje se acordaba de su padre, de su madre y de sus hermanos; pero temía no tener la fuerza que ahora tenían sus compañeros y se descubriera que no había tomado el brebaje. Así que decidió entrenarse por su cuenta para adquirir la misma fuerza que ahora tenían el resto de niños. Levantaba pesas, hacía flexiones y corría por las noches escapándose de la habitación en la que dormían. Tanto se esforzó que acabó siendo el más rápido y fuerte de todos los niños, y también el más diestro con las armas y en todos los ejercicios que les proponían.
Pasaron los años y el entrenamiento acabó. Los niños se convirtieron en soldados y tuvieron que ir a la guerra. El niño que no había tomado el brebaje fue designado jefe de sus compañeros por su valor, habilidad y fuerza. Con pericia les guió en sus primeros combates y derrotaron a los enemigos del Rey. Tras la primera guerra vino otra en la que también lucharon con valor y vencieron. Casi no había acabado ésta cuando el Rey llamó a los seis guerreros a su palacio y les dijo: "Todavía tenéis que derrotar a otro enemigo mío, un traidor que me ha robado una parte de lo que era mi reino y traído a su causa a los habitantes". Dirigíos allí y exterminad a todos, no dejéis a nadie vivo de los que allí encontréis."
Los guerreros asintieron, tomaron sus armas, montaron en sus caballos y se lanzaron al galope hacia donde les decía el Rey. Dos días después de su partida estaban llegando a las tierras que les habían indicado. A medida que se acercaban a la primera aldea que debían arrasar el soldado que de niño no había bebido el brebaje comenzó a recordar campos y casas. Se dio cuenta de que aquella era su propia aldea. Estaban ya casi junto a las primeras casas del pueblo y se disponían a atacar cuando ordenó que todos se detuvieran. Nadie entendió la orden, pero era el comandante y había que obedecerle. "No atacaremos hoy, acamparemos junto a aquellos árboles y mañana arrasaremos el pueblo". Dieron media vuelta y establecieron el campamento allí donde había indicado.
A la noche el jefe de los guerreros no podía dormir. No sabía cómo evitar que el pueblo del que tan bien se acordaba fuera arrasado. Paseando por los alrededores del campamento se llegó a la vera de un río. Allí, a la luz de la luna vio a una joven y hermosa mujer que parecía estar lavándose los pies en el agua.
- ¿Qué te preocupa, joven guerrero? - le preguntó.
El guerrero, sorprendido, le contó toda su historia y su angustia al no encontrar la forma de evitar que fuera él mismo quien destruyera su pueblo.
- Haz que tus soldados beban del agua del río, si lo hacen recordarán todo lo que el brebaje les hizo olvidar.
A la mañana siguiente el guerrero ordenó a sus soldados que llenaran sus cantimploras en el río, pero que no bebieran hasta que él se lo ordenase. Todos obedecieron, llenaron las cantimploras y montaron en los caballos lanzándose al galope hacia el pueblo.
Cuando estaban dispuestos en torno al pueblo para lanzarse al ataque el jefe les ordenó que bebieran. Todos lo hicieron y a todos les vino a la vez el recuerdo de aquel sitio que habían abandonado hacía tantos años. Estaban sorprendidos y fue el jefe quien les tuvo que explicar todo lo que había pasado. Cuando se dirigieron al pueblo ya habían abandonado las armas y entraron en él a pie, cogidos los caballos de las bridas, sintiéndose todavía los niños que eran cuando fueron raptados.
Sus madres, padres, hermanos y amigos les reconocieron y abrazaron, volvieron a sus casas y durmieron en las camas de su infancia. Durante dos días recobraron la niñez que habían perdido.
Al cabo de dos días, el jefe de los guerreros les reunió.
- No podemos seguir aquí indefinidamente - les dijo- el Rey mandará más soldados para arrasar el pueblo al ver que nosotros no lo hacemos. Tenemos que ser nosotros los que ataquemos. Iremos a la capital y derrocaremos al Rey.
Todos se juramentaron, tomaron sus armas, se subieron en sus caballos y se lanzaron como flechas hacia el palacio real.
Como eran tan buenos guerreros derrotaron a todos los soldados que les trataban de impedir el paso, llegaron al palacio del Rey y lo capturaron. Por todos sus crímenes lo encerraron en una celda para el resto de sus días.
Hubo entonces que nombrar un nuevo Rey, y el elegido fue el niño que no había tomado el brebaje, el jefe de los guerreros, que era una niña y se llamaba Cecilia, y sus compañeros eran Iker, Jordi, Joel, Maria y Laia.

viernes, 14 de octubre de 2011

Ideas de bombero

Andamos todos como locos con lo de la crisis para arriba y para abajo, y no es para menos, está claro. No voy a ser menos que la mayoría y también diré que la cosas está muy mal, que no se le acaba de ver solución y que entre unos y otros van a acabar con nosotros. Son muchos los problemas que nos acucian, pero para mi el fundamental es lo bajo de los salarios, tal como ya dije aquí en varias ocasiones. De que los salarios sean bajos se deriva una escasa capacidad de consumo, problemas para el fisco (que donde tiene más fácil recaudar es de las rentas del trabajo) y potenciales problemas para la Seguridad Social, ya que las cotizaciones también están en función del salario. La claridad del problema hace que me sorprenda que no sea presentado como lo que es: la debilidad estructural más importante de la economía española y, por el contrario, se insista en medidas que conducen a una disminución acentuada de los salarios.
Ciertamente, cuando el problema parece preocupar poco a quienes nos gobiernan resulta ilusorio pedirles soluciones para ello; soluciones que, si quieren ser estructurales, han de implicar un cambio significativo del modelo productivo, lo que lleva, a su vez, a profundizar en las inversiones en sectores como la educación, universidades e investigación, yendo mucho más allá de las operaciones de maquillaje que hemos vivido en los últimos años.
Ahora bien, incluso sin llegar a esos cambios estructurales se podría hacer alguna cosa que pudiera tener incidencia en este problema. Se me ocurría así, sin contrastarlo ni meditarlo (y de ahí el título de la entrada) que quizás pudiera utilizarse el Impuesto de Sociedades a este fin. La idea sería tan sencilla como ajustar el tipo del impuesto a los salarios de los trabajadores de las empresas de la sociedad. Así, si la mayoría de los trabajadores de una sociedad tienen un sueldo que no llega a los mil euros podríamos fijar un tipo del Impuesto de Sociedades del 40% (por ejemplo); si el salario de la mayoría de los trabajadores (no la media, que con la media es muy fácil compensar sueldos paupérrimos con remuneraciones de escándalo para los directivos) se sitúa entre los mil y los mil quinientos euros mensuales el tipo bajaría al 35%, si ese salario se ubica en la franja de los mil quinientos a los dos mil euros el tipo bajaría al 25%, si está entre los dos mi y dos mil quinientos euros el tipo sería del 20%, si se coloca entre los dos mil quinientos euros y los tres mil el tipo bajaría al 10% y, atención, si supera los tres mil euros el tipo sería del 0%, no habría Impuesto de Sociedades.
La idea que se pretendería transmitir es que se potenciaría a aquellas empresas que realizan un esfuerzo de distribución equitativa de salarios y que, además, crean valor añadido, aquellas empresas que operan en sectores en los que se genera más riqueza. ¿Disminuiría la recaudación? No creo, ya que cuanto más ganen los trabajadores más será lo que paguen por IRPF. La justicia de la medida estaría en que aquellas empresas que pagan mal a sus trabajadores verán gravados sus beneficios como "compensación" (las comillas son extraordinariamente necesarias) a su ineficiencia en generar salarios lo suficientemente altos. La pregunta sería ¿es justo que tenga beneficios una empresa que no puede pagar a sus trabajadores ni siquiera mil euros al mes? ¿podemos equilibrar esta injusticia haciendo pagar un impuesto mayor sobre estos beneficios?
Ya digo que es una idea de bombero y, seguramente, impracticable; pero se trata también de un grito desesperado que nace de ver cómo estamos tirando nuestra economía, nuestra sociedad y nuestro país a la basura sin que nadie ofrezca ni una sola idea, ni un solo hálito de esperanza.

domingo, 9 de octubre de 2011

Sobre academias y fragatas

Me ha sorprendido el artículo de Javier Marías de hoy en El País Semanal. En él explica que hace unas semanas falleció Don Eliseo Álvarez-Arenas, almirante de la Armada y miembro de la Real Academia Española (RAE). Al hilo de la figura del recientemente desaparecido, Javier Marías explica que quizás ha habido siempre un marino en la Academia para la correcta definición de los muchos términos marinos del español. Y es aquí donde viene mi sorpresa, porque bien había pensado hasta ahora que nunca un hombre de mar había formado parte de la RAE o, al menos, que hacía décadas que ninguno se ocupaba de los términos marinos que contiene el Diccionario de la Lengua Española del que es autora tan prestigiosa institución.
Esta impresión mía (equivocada como se ve) tiene su origen en una rápida consulta al Diccionario de la RAE hace unos años. En medio de una de esas periódicas polémicas sobre la definición de este o aquel término (que si "maestra" como mujer del maestro, o las diferencias entre las acepciones de "zorra" y "zorro", ya no me acuerdo qué fue en aquella ocasión) me tropecé con la definición de "fragata". Para el Diccionario "fragata" era "Buque de tres palos, con cofas y vergas en todos ellos. La de guerra tenía una sola batería corrida entre los puentes, además de la de cubierta". Leí y releí la definición estupefacto. Ciertamente, al igual que cualquiera que hubiera disfrutado con "De grumete a almirante", "Trafalgar" de Pérez Galdós o cualquiera de las novelas de Patrick O'Brian sobre el capitán Jack Aubrey, sabía a qué se refería el Diccionario: definía el término fragata tal como era empleado en el siglo XVIII, en la época de la navegación a vela; pero a la vez me imaginaba la sorpresa de cualquier escolar actual que se dirigiera al diccionario para consultar el sentido de la palabra "fragata" empleado, por ejemplo, en la siguiente frase que bien podría encontrarse en cualquier periódico actual: "España envía una fragata al Índico para colaborar en la lucha contra la piratería"; o ésta otra del número de hoy de El País: "El mantenimiento de los cuatro barcos norteamericanos [los destructores desplazados a Rota en el marco del escudo antimisiles], dada la similitud de su sistema de combate con el de las fragatas F-100 españolas..." ¡Vaya! Así que este escudo antisimisiles está basado en barcos cuyo sistema de combate es semejante al de "buques de tres palos con cofas y vergas en todos ellos y con una sola batería entre los puentes además de la de cubierta".
¿Cómo es posible que un término como éste, "fragata" no haya sido revisado en todas estas décadas? Y digo décadas porque hace décadas que las marinas del mundo (incluida la española) utilizan buques de guerra a los que denominan "fragatas" y que nada tienen que ver con la definición del Diccionario de la RAE. Me imagino que no será un ejemplo aislado y que, por tanto, es probable que no pocas de las definiciones de dicho Diccionario resulten ya prácticamente inútiles.
Durante la elaboración de mi tesis doctoral le cogí cierta manía al Diccionario de la RAE. A veces mis directores me recriminaban que utilizaba una palabra "que no existía", y el criterio de dicha existencia era el Diccionario de la RAE, al que se le otorgaba un valor normativo. A mi siempre me pareció que las palabras existen desde que se utilizan y que ningún diccionario puede alterar eso. Los buenos diccionarios no deben ser normativos, sino ganarse un prestigio por resolver de forma acertada las dudas que puedan asaltar a los usuarios del idioma y ayudándoles en su utilización mediante definiciones rigurosas y actualizadas. Evidentemente no se trata de convertir el diccionario en una enciclopedia; pero que la definición de "fragata" en el diccionario normativo del español sea la que he transcrito me parece una tomadura de pelo. Si en la Academia había un almirante y edición tras edición el término ha permanecido inalterado es que hay un problema en esa institución, y un problema grande, además. No me extraña que el diccionario pierda prestigio entre los profesionales y que su influencia se deba cada vez más únicamente a ese presunto carácter normativo que tan antipático me resulta. Cada vez lo veo más como una de esas fragatas que define en medio de un océano lleno de barcos mucho más modernos, más rápidos y mejor armados.



sábado, 1 de octubre de 2011

El árbol de la vida



Ayer vi "El árbol de la vida", de Terrence Malick y salí del cine con ganas de llorar; de llorar de pena al ver de qué forma tan estúpida se había malogrado la que podía haber sido una muy buen película.
Si no fuera porque se trata de Malick, a la media hora de proyección estaría pensando que me habían tomado el pelo, que había una cámara oculta o que el distribuidor de la película se había vuelto borracho y hacía pasar por película de ficción lo que no era más que un documental, ingenuo y pretencioso, sobre el origen de la vida; un documental que recorre unos cuantos miles de millones de años en unos minutos y acaba en el momento de la extinción de los dinosaurios; un documental que no es que esté mal; pero que ganaría si se quitara la música grandilocuente que le acompaña y se sustituyera por una voz en off que fuera explicando lo que se ve ("aquí podemos ver cómo se forman los primeros seres con ADN, obsérvese el antecedente de la conocida doble hélice"; "vean ahora cómo este avance supone una rápida proliferación de la vida por todo el planeta, no sólo en los océanos sino también en la tierra firme", etc.). Como digo, hubiera ganado el documental, aunque seguiría siendo un documental, no una película.
La película comienza a la media hora (más o menos, no miré el reloj para ir comprobando los tiempos); y es una muy buena película. La historia de una familia de clase media americana en los años cincuenta del siglo XX. El padre, la madre, tres hijos a los que se ve nacer y que durante la mayor parte de la historia tienen entre ocho y catorce años aproximadamente. Una historia bien contada a partir no de los grandes acontecimientos, sino de los sucesos ordinarios de la vida y que transmite a través de escenas cotidianas las grandes tensiones, los grandes dramas que en las familias son trasunto de conflictos universales: la autoridad del padre, la relación de éste con la madre; la forma en que los hijos toman a ambos como modelos; el cariño hacia los hijos y, a la vez, la violencia sobre éstos; las tensiones entre los hermanos (en parte por competir en la búsqueda del cariño de los padres); el descubrimiento de la sexualidad... Un buen puñado de humanidad bien presentado y en el justo término entre la historia concreta y los principios universales que representa. Muy buena y con momentos memorables en su aparente sencillez.
Y cuando llevas ya hora y media disfrutando de la película de verdad y ya casi no te acuerdas de las explosiones solares, las amebas y los meteoritos del comienzo; cuando crees que pese a todo te vas a quedar con un buen sabor de boca... ¡pumba! otro cuarto de hora (más o menos) de imágenes pretendidamente transcendentes y en realidad bastante ingenuas (una puerta en un espacio abierto, playas, terrenos rocosos...; todo de un simbolismo bastante básico, vaya); bonitas, pero carentes de la profundidad del mejor Malick, el de "La delgada línea roja" o "Días de cielo". Un cuarto de hora en el que, además, campa a sus anchas un Sean Penn que claramente no sabe qué es lo que se espera de él (y seguramente no es suya la culpa). Si, aún confundido por el buen recuerdo que deja la parte nuclear de la película, uno duda sobre si otorgar más valor a esas imágenes del final que el que aparentemente tienen; una patética repetición de un plano con girasoles que se retoma del comienzo de la película y el tópico plano final acaban por confirmar que en esta película Malick no ha acertado. Es una pena, porque, como digo, elementos hay de una buena película; pero para haberla conseguido hubiera sido preciso renunciar a todo el simbolismo fácil, que no hace más que estorbar, y concentrarse en esa historia de familia que tanto juego da. Ahí hay una película; el resultado final es, sin embargo, un tedioso, largo y pretencioso documental en el que hay que poner mucha voluntad para disfrutar del buen cine que en él se esconde.

martes, 27 de septiembre de 2011

De crisis y prioridades

Decir que estoy estupefacto es poco. Si vives en España y, más en concreto en Cataluña, la presión permanente que sientes por la presencia constante de la crisis es insoportable. Recortes y más recortes, y la amenaza constante de nuevos recortes. Permanentes llamadas a la austeridad y a la responsabilidad; medidas absolutamente excepcionales como es el recorte de la mitad de la paga extra de Navidad a un colectivo tan importante para la sociedad como son los profesionales sanitarios. Recorte que se anuncia a finales de septiembre sin que haya acuerdo ni nada que se le parezca con el sector. Una auténtica expropiación de varios cientos de euros a médicos, enfermeros y demás personal de la sanidad pública. Un atraco, vaya; justificado, de acuerdo con el Gobierno, por la situación excepcional que vivimos.
Y en medio de este panorama, junto a la noticia del mencionado atraco al personal sanitario, y del retraso en el pago a las residencias concertadas, leemos la noticia de que se va a dedicar un millón cuatrocientos mil euros al doblaje de películas en catalán. Va a aumentar, se dice, el número de espectadores de películas en catalán. Pero, ¿se dan cuenta de que no habrá quien vaya al cine? ¿Se dan cuenta de que cada vez hay más personas en paro, más personas que han perdido el subsidio y que caen rápida e inexorablemente en el pozo de la exclusión social? ¿Se dan cuenta de que mientras hablan de aumentar el número de espectadores en los cines gracias al dinero de todos hay personas que ven retrasados meses su operación, que disminuye el número de maestros, profesores de instituto y de universidad? ¿Se dan cuenta de que es inmoral dedicar dinero a una distracción que ya solamente está al alcance de una porción de la clase media (unos sesenta euros por familia para una tarde de cine tirando para abajo)?
¿Cómo se nos puede convencer de que estamos prácticamente en una economía de guerra, en una situación excepcional en la que se nos asusta con que los empleados públicos no cobrarán la nómina del próximo mes, con que los recortes en la sanidad y en la educación no han hecho más que empezar, o con la insostenibilidad del sistema público de pensiones y, a la vez, introducir ayudas millonarias para el cine o mantener las existentes a espectáculos reservados a una muy pequeña parte de la población como son ciertas programaciones de ópera? ¿Cómo se puede reducir el presupuesto de educación o las ayudas a las escuelas municipales de música y mantener la ayuda pública al Liceo (11 millones de euros por parte de la Generalitat de Catalunya en la temporada 2008/2009), que se recorta en un 15%, muy por debajo del recorte que se aplica a las escuelas de música (23%) y no sensiblemente superior a los recortes que se están aplicando en sectores mucho más transcendentales como puede ser la sanidad?
Hace unos meses ya indicaba que CiU era un partido tremendamente coherente. Lo malo es que su coherencia nos acabará hundiendo a todos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

De sentencias y leyes

Parece que el virus de Zapatero se extiende a los miembros de su Gobierno. Hoy me han sorprendido las declaraciones del Ministro de Justicia en relación al auto del TSJC que establece un plazo de dos meses para que la Generalitat de Catalunya adopte las medidas precisas para que el castellano sea lengua vehicular en la enseñanza en esa Comunidad Autónoma. Según recoge entrecomillada La Vanguardia, el Ministro dijo que "las sentencias son para casos concretos" y que "lo que regula la conducta general de todos se llama ley, no sentencia".
Vamos por partes. Es cierto que lo que regula la conducta general es la ley, entendida "ley" no en sentido estricto (las leyes que elaboran las Cortes españolas y los Parlamentos de las Comunidades Autónomas) sino en sentido amplio, incluyendo junto a las leyes en sentido estricto las normas generales que dictan las Administraciones, lo que se conoce como Reglamentos. Tanto la ley en sentido estricto como las normas reglamentarias regulan la conducta general. Hasta aquí nada que objetar (así interpretado).
Lo que causa estupor es que este carácter general de la ley se utilice para hacer resaltar que las sentencias son para casos concretos, como queriendo excluir que por una sentencia se pueda modificar lo que establece una norma general. En el contexto en el que se dice la frase parece dirigida a mantener que el auto del TSJC (y la sentencia del TS que se ejecuta por medio de ese auto) solamente tendrá relevancia para las concretas familias que impugnaron, pero sin que pueda afectar al sistema educativo catalán en su conjunto, pues este está regulado por ley y no puede ser cambiado por una sentencia. Este, como digo, parece ser el sentido de la contraposición que hace el Ministro entre lo que hace la ley (regular la conducta general de todos) y lo que hace la sentencia (resolver los casos concretos).
Pues si esto es lo que quería decir el Ministro se olvida (y es mucho olvidar) que la jurisdicción contencioso-administrativa (la que dictó la sentencia de la que trae origen todo este follón) puede anular disposiciones reglamentarias, esto es, leyes en el sentido en el que utiliza la expresión el ministro. O sea que sí que es posible que una sentencia afecte a la conducta general; no regulándola directamente, sino anulando la norma que hasta la sentencia regulaba esa conducta general. Además, tampoco hay que olvidar que en nuestro sistema jurídico incluso las leyes en sentido estricto pueden ser anuladas por el Tribunal Constitucional. Cuando se trata de una ley en sentido estricto (no una norma reglamentaria) los tribunales no pueden anularla, tan solo el Tribunal Constitucional tiene esa potestad; pero esta posibilidad de anulación de la ley por el Tribunal Constitucional (del que fue Letrado el Sr. Caamaño) bien claro deja que las sentencias pueden afectar a la conducta general.
Por si lee esto alguien que no haya estudiado Derecho, le diré que todo lo que he explicado hasta aquí es materia más que sabida por los alumnos que hayan completado el primer curso de la carrera; se trata de cuestiones que, con frecuencia son explicadas en los primeros meses de la materia Derecho Constitucional. Creo que ahora se entenderá el estupor que me causaron las palabras del Ministro; y no tanto por su condición de Ministro; sino porque el Dr. Caamaño ha sido Letrado del Tribunal Constitucional y es Catedrático de Derecho Constitucional. ¿Será que la cercanía con el Sr. Zapatero tiene  el efecto de eliminar los conocimientos que se tuvieran con anterioridad al contacto con el todavía Presidente del Gobierno?

martes, 23 de agosto de 2011

El próximo congreso del PSC

A raíz de la última entrada de este blog, Eduardo Rojo me ha enviado la Ponencia Marco para el próximo congreso del PSC. Como creo que es importante que todos los ciudadanos (incluidos por supuesto lo que carecemos de militancia y nos limitamos a votar cuando se nos llama a ello) estemos al corriente del debate político más allá de los insultos, tópicos y vacuidades con que nos regalan los medios de comunicación tradicionales y los políticos en campaña electoral; cuelgo aquí la versión de dicha ponencia en su original catalán y su traducción al castellano.
En teoría este es un documento importante, pues servirá de base para adoptar el programa del PSC hasta el próximo congreso. Lo lógico es que las enmiendas que se planteen a esta ponencia la transformen; pero probablemente las grandes líneas se conservarán por lo que este documento de 60 páginas es una imagen bastante aproximada de lo que quiere ser el PSC. Otra cosa, desde luego, es que luego en la actuación política del día a día se sea más o menos fiel a este documento; pero si fuéramos un país serio este texto debería ser la base de los programas y las actuaciones de este partido en los próximos años.

¿Y qué es lo que quiere ser el PSC de acuerdo con estas 60 páginas? Advierto que me las he leído solamente una vez y en diagonal, por lo que puedo incurrir en imprecisiones o errores; pero me parece importante lanzar un debate que no se limite a eslóganes, creo que es nuestra responsabilidad como ciudadanos preocuparnos aunque solo sea mínimamente de estas cuestiones.
Los temas que se tratan en la Ponencia Marco son muy variados y me limitaré a hacer un recorrido breve por los que me han llamado más la atención. En primer lugar (no sigo el orden de la Ponencia) existe una llamada constante a la apertura del partido y a la implicación de la militancia. Se reconoce que el militante ha sido en ocasiones un mero espectador y se hace preciso que se le ofrezca un papel más activo en la toma de decisiones, en la configuración de la voluntad del partido a la vez que se insiste en la necesidad de ampliar la base del partido y tejer alianzas con diversos sectores de la sociedad. Desde luego esta vocación de apertura y participación me parece positiva y relevante; y seguramente no está desconectada de algunas de las demandas del 15-M.
En segundo término, existe una posición clara en materia de mantenimiento del Estado de Bienestar. En el debate que enfrenta a partidarios de la máxima liberalización y de la regulación la opción por la regulación, por la defensa de lo público y, en concreto, de los servicios públicos (sanidad y educación fundamentalmente) es clara. Se analizan las razones profundas que explican el retroceso actual del Estado de Bienestar, razones que se vinculan con la globalización, la desregulación y la disminución del poder del Estado y se apuesta por orientar la acción política en la línea de mantener unos niveles suficientes de protección social, incluyendo la posibilidad de una renta básica de ciudadanía. A mi esto también me gusta, soy un convencido de la necesidad de mantener lo público y encontrar mecanismos que garanticen la seguridad de las personas, lo que incluye sanidad y educación universales y mecanismos de prevención de las situaciones de exclusión social. Soy consciente de que no todo el mundo piensa así y que existen argumentos para defender un modelo diferente, un modelo basado en el Estado mínimo, la reducción de impuestos y la eficacia del mercado como mecanismo regulador; pero yo, como digo, soy de otra opinión y es por eso por lo que estoy de acuerdo con el planteamiento que de estos temas se hace en esta Ponencia; cosa distinta es cómo se consiga este objetivo de mantenimiento de unos servicios públicos de calidad; pero este es un tema que merece párrafo independiente.

La Ponencia, como digo, me gusta en sus grandes líneas; sobre todo en lo que se refiere a la apertura del partido y a la defensa de lo público; ahora bien, tratándose de la ponencia de un partido político y no un texto doctrinal creo (pero puedo estar equivocado) que debería ir más allá de este análisis general; debería ser algo diferente de, por ejemplo, "Algo va mal" de Tony Judt; libro que acabo de leer y que recomiendo vivamente. Y es aquí donde hay algo que no encaja. Existen propuestas concretas en el tema de la organización del partido (refuerzo de las agrupaciones sectoriales, eliminación de la sectorial virtual, preferencia por el sistema de primarias...); pero ¿qué se hará para conseguir el mantenimiento de los servicios públicos en una época de crisis como la actual? Aquí la concreción es mucho menor, y esa falta de concreción deriva en parte, en mi opinión, de un problema mucho más básico, que es el de la falta de concreción del marco de actuación del PSC (y esto nos remite al problema que trataba en la entrada de ayer).
Leyendo la ponencia, como digo, quedaba convencido con sus análisis más generales, válidos no solamente para Cataluña, sino para todo el mundo occidental; pero a la hora de examinar las políticas concretas me quedaba un tanto desconcertado; tan pronto se habla de una coordinación a nivel europeo o internacional (la reforma de las Naciones Unidas y del FMI, por ejemplo, son mencionadas, p. 48) como se dedica un análisis bastante detallado a la política Euromediterránea o se habla de la armonización fiscal a nivel español y europeo. La pregunta que me hago es ¿qué papel juega el PSC en todo esto?
Y es que como decía ayer el PSC es un partido catalán; pero, que, a la vez "representa" en Cataluña (permítaseme esta expresión poco técnica) a un partido español, el PSOE. Creo, por tanto, que debería estar claro en el PSC qué proyecto tienen para Cataluña pero también qué proyecto tienen para España ¿nos encontramos aquí ante una mera remisión a los planteamientos del PSOE o, por el contrario, existe un proyecto de España propio del PSC? Y esto no es una mera cuestión de principios, puramente teórica o testimonial ya que algunas de las propuestas que se hacen en la Ponencia solamente pueden ser abordadas a nivel estatal. En este sentido la articulación de las relaciones entre el PSC y el PSOE es fundamental y en la Ponencia sobre este tema se pasa de puntillas. He hecho un recuento de las veces en que aparecen las siglas PSOE en el documento y el resultado es que solamente sale en seis ocasiones.
Ahora bien, la cuestión de cuál es el proyecto del PSC para España o, más propiamente, cuál es el papel de España en el proyecto del PSC no se limita a la articulación de las relaciones con el PSOE; más allá de esto es preciso, y más en el momento actual, determinar cuáles son las líneas maestras para el PSC del encaje de Cataluña en España. Y aquí de nuevo el planteamiento del ponencia es, a mi juicio, insuficiente.
En primer lugar, en ningún momento se plantea de forma directa (salvo error u omisión por mi parte) la posibilidad de la independencia de Cataluña y se hacen múltiples referencias a la búsqueda de una España federal. Si se quisiera buscar un titular se tendría que decir que el objetivo del PSC es una España federal. Ahora bien, esto aún no es decir mucho. Federales son Estados Unidos y Alemania y las competencias de la federación y de los estados en uno y otro país varían sensiblemente. En España, sin ser un Estado federal, algunas competencias autonómicas superan a las que tienen los Länder en Alemania. La palabra federal sin una concreción de competencias no dice mucho. La única concreción significativa que encuentro en la Ponencia es el apoyo a un pacto fiscal solidario; aunque sin concretar su contenido.
Así pues, en la concreción del futuro de la relación entre Cataluña y el conjunto de España la Ponencia es ambigua; no se si conscientemente ambigua; pero sí ambigua. Existe una referencia al Estatuto de 2006 votado por los catalanes como objetivo; pero a la vez se habla de pleno autogobierno (¿qué quiere decir pleno?), no exclusión de una España confederal (que implicaría el derecho de separación de los Estados soberanos que la integrarían) y acercamiento a los grupos soberanistas de izquierdas. La conclusión que saco es que tanto está abierta la permanencia en España como la independencia pasando por todos los estadios intermedios. Es lógico que en el marco de esta ambigüedad las relaciones con el PSOE no sean objeto de un especial tratamiento pese a las evidentes tensiones que se han vivido en los últimos tiempos como consecuencia del proceso que condujo al Estatuto de Autonomía de 2006 y a la Sentencia del Tribunal Constitucional. Encuentro así explicación a las declaraciones de Francesc Vallès a las que me refería ayer. El PSC parece querer suficiente espacio como para poder atraer a todos los votantes progresistas de Catalunya sin que la cuestión, capital, de la estructura del Estado y sus relaciones con el PSOE sean un obstáculo para esta llamada universal al voto de izquierdas. El resultado es un planteamiento en el que hay mucha socialdemocracia teórica pero muy poca acción política. Y si se pretende escamotear el debate sobre el encaje de Cataluña en España al Congreso, órgano máximo del Partido (art. 6 de sus Estatutos) ¿cómo nos podemos creer la voluntad que manifiesta la Ponencia de dar una mayor participación a los militantes y a la que me refería antes? Pareciera que esa mayor participación está reservada a aquellos ámbitos en los que ni hay decisión tomada por quien manda ni tampoco un especial interés en cuál sea la solución. Desde esta perspectiva resultaría que los temas que aparecen tratados con mayor detalle en la Ponencia (globalización, servicios públicos, participación, el papel de Europa, las relaciones euromediterráneas...) son, precisamente, los menos relevantes. Como dijo Wittgenstein, la parte más importante de un libro es la que no está escrita.

lunes, 22 de agosto de 2011

PSC - PSOE

Acabo de leer una noticia que me ha dejado un tanto sorprendido. El responsable de la elaboración del programa del PSC para las elecciones generales del 20-N, Francesc Vallès, indica que se está preparando un programa muy ambicioso en materia de autogobierno (de Cataluña) que dará visibilidad al PSC. Queda pendiente, sin embargo, la articulación de los diputados del PSC con (o en) el grupo socialista; cuestión sobre la que no parece haber una decisión definitiva, decisión que deberá adoptarse en el congreso del PSC ¡que se celebrará en diciembre!
Aquí es donde me he perdido. Las elecciones son en noviembre; pero no será hasta diciembre cuando el PSC decida si se integra en el grupo socialista o si forma grupo propio en el Congreso (y, supongo, en el Senado también). Quien en noviembre vote PSC no sabrá si los diputados que elegirá se integrarán en la disciplina del grupo socialista (PSOE) o si, por el contrario, formarán un grupo aparte que, con independencia de que, evidentemente, estará muy próximo al PSOE, actuará con independencia de criterio.
Esta incertidumbre no tendría mayor importancia si se asumiera hasta sus últimas consecuencias lo que es formalmente cierto: que el PSC es un partido distinto del PSOE. De hecho las declaraciones de Vallès son perfectamente coherentes en esta clave; esto es, se asume sin complejos que el PSC es un partido con programa y planteamientos propios, soberano en el juego político. El mensaje no puede ser otro que quien vota PSC vota PSC, no PSOE.
El planteamiento es, como digo, formalmente impecable; pero las dudas vienen de que la realidad no es tan clara. Basta pasearse por cualquier ciudad del extrarradio de Barcelona para darse cuenta de que muchos votantes del PSC lo son, en realidad, del PSOE. Muchos votantes ni siquiera se dan cuenta de que están votando a un partido distinto del PSOE. Por coherencia sería necesario explicar con mucha claridad a todos esos votantes que pensarán el 20-N que "votan a Rubalcaba" (cuando no que votan a Felipe, lo he oído más de una vez) que en realidad su voto va a un partido distinto del PSOE, a un partido que puede decidir, por ejemplo, que en el Congreso votará en ciertas cuestiones de forma diferente a lo que hará el PSOE.
Y esa tarea de explicación la tendría que hacer fundamentalmente el PSOE porque si el PSC marca con tanta claridad su personalidad propia, su diferenciación del PSOE, su perfil propio ¿por qué el PSOE no se presenta en Cataluña? La respuesta es clara: si PSC y PSOE se presentan por separado los dos perderán. Seguro que se tienen hechos estudios profundos sobre ese escenario; estudios que yo desconozco, pero que intuyo que indicarán que una parte de los actuales votantes socialistas se quedarán en casa ante la confusión generada; y una parte de los que vayan a votar se inclinarán por otras opciones (ni PSOE ni PSC). Parte de los votos actuales del PSC podrían irse a IC o a CiU y una parte muy importante iría al PSOE. El PSC seguramente bajaría, sin que pudiera compensarse esa bajada por la hipotética afluencia de votos "catalanistas" que no votaban a un PSC vinculado al PSOE pero que sí votarían a un PSC independiente. El PSOE, por su parte, evidentemente no capitalizaría todos los votos del actual PSC y la suma de los obtenidos por ambos partidos sería así inferior a la cantidad que se consigue actualmente. Como remate, esta disminución de votos tendría, probablemente, una repercusión mucho mayor en los diputados obtenidos ya que el sistema electoral español prima a los partidos grandes sobre los pequeños, y PSOE y PSC por separado serían probablemente dos partidos medianos en Cataluña que, incluso sumando sus diputados, se verían superados por CiU y quizás, hasta por el PP.
Ante este panorama no es extraño que ni PSC ni PSOE quieran aclarar sus posiciones. Lo lógico ante un planteamiento como el que está haciendo el PSC es que el PSOE se presentara en Cataluña; pero eso no pasará. Cuando se acerque el momento de las elecciones las dos partes harán votos por su unión sin fisuras sin reparar en que el PSC plantea "unas altas cotas de autogobierno" que, probablemente, no podrían ser aceptadas por los socialistas asturianos, gallegos, andaluces o madrileños si se tomaran en serio. El tema del grupo propio será aireado en Cataluña e ignorado por el PSOE en el resto de España confiando en que de esta forma la cosecha de votos en Cataluña, especialmente en Barcelona, sea máxima. Se intentará pescar a los más catalanistas con un planteamiento rupturista confiando en que, a la vez, el "votante PSOE" no se entere mucho de estas cuestiones. Para ese votante basta con el discurso sobre los peligros de la derecha y la eterna dialéctica "pobres/ricos".
Lo que más me molesta es que se nos tome por tontos.

sábado, 6 de agosto de 2011

¿Quién es el autor de Hamlet?

El otro día vi el cartel que anuncia la película "Anonymous", cuyo estreno está previsto para el otoño y que, parece ser, vuelve sobre la cuestión de la autoría de las obras atribuidas a Shakespeare. Como es sabido, desde hace bastante se cuestiona que una persona como Shakespeare (bajo origen, escasos estudios, poco latín y menos griego) tuviera los conocimientos y cultura necesarios para componer la pléyade de trabajos que integran una de las más esplendorosas (o, quizás, la más esplendorosa) aportación individual a la literatura occidental. Desde luego, doctores tiene la Crítica Literaria para debatir sobre esta cuestión, yo tan solo he leído una parte de la obra de Shakespeare (quizás diez o doce trabajos, no más) y no sé nada de crítica literaria; así que se me escapan buena parte de los argumentos que se emplean en debate sobre la mencionada autoría.
Es verdad que a mí también me extraña que una persona del perfil de Shakespeare hubiera asimilado el conocimiento de la historia de Inglaterra, de los clásicos latinos y griegos y de la ciencia política que muestran sus obras; y si tuviera que apostar apostaría que más tarde o más temprano se encontrará quién fue el verdadero autor no solamente de Hamlet, sino también de todo el resto de maravillosas obras atribuidas al actor de Stratford-upon-Avon.
Pero ¿cómo abordar esta búsqueda, más propia de Sherlock Holmes que de sesudos catedráticos de Filología? Una primera pista nos la da que Shakespeare deja de escribir abruptamente, o casi abruptamente. Una rápida consulta a la wikipedia confirma que la última obra no escrita en colaboración es "La Tempestad", que data del año 1611. Si esto fuera una película de detectives la conclusión es que el verdadero autor que se esconde tras Shakespeare (su ghost writer) habría muerto en 1611 o 1610 dejando sin materiales al actor y empresario. A partir de ahí solamente habría que consultar, también en la wikipedia, quien murió en Inglaterra en 1610 y en 1611 para encontrar una lista de candidatos a ser el verdadero Shakespeare. En principio, el auténtico autor debería ser una persona de relieve, porque no tendría explicación alguna que una persona de escasa presencia pública tuviera motivos para ocultarse tras la fachada de un actor de provincias.



Y la consulta de los fallecimientos acaecidos en 1610 nos aporta un nombre que podría resultar interesante, Richard Bancroft, arzobispo de Canterbury. Este Richard Bancroft tuvo una excelente formación, incluyendo una estancia en Cambridge. Nacido en 1544, obtuvo su doctorado en 1585, siendo ese mismo año nombrado tesorero de la Catedral de San Pablo, en Londres. En 1589, cuando Shakespeare comienza a dar a conocer sus obras se encuentra, por tanto, en Londres en una posición acomodada y de prestigio; pero que, desde luego, le imposibilitaba para ejercer de autor teatral. En caso de que tuviera veleidades artísticas le sería forzoso recurrir a alguien que quisiera prestarle su nombre, puesto que él mismo no podría nunca figurar como autor dada su condición eclesial. Ya hemos dicho que fallece en 1610, justo el año antes de que se represente la última obra de Shakespeare escrita en solitario y, sorprendámonos, en 1600 Richard Bancroft es enviado a Emdem (norte de Alemania) como miembro de una embajada dirigida a resolver ciertos problemas entre Inglaterra y ¡el reino de Dinamarca! Curiosamente, Hamlet, príncipe de Dinamarca, fue escrito entre 1599 y 1601. ¿Casualidad?
En fin, no sé si Richard Bancroft figura en la larga lista de personajes a los que se han atribuido las obras de Shakespeare. Si es así seguramente ya habrá sido refutada su autoría; si no está todavía en esa lista quizás mereciera la pena que alguien se detuviera a examinar la posibilidad de que el Arzobispo de Canterbury fuera el verdadero autor de las obras completas de William Shakespeare.